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Crecen los Territorios Campesinos Agroalimentarios

Los Territorios Campesinos Agroalimentarios (TCAG) son una figura territorial creada desde las comunidades campesinas e indígenas que viven en el campo, que producen la tierra y viven de comercializar sus productos agrícolas o pecuarios. Estos tienen el objetivo de fortalecer los ejercicios de autonomía y soberanía alimentaria de las comunidades, quienes a través de sus organizaciones propias, asociaciones y cooperativas, se reúnen para consolidar la Junta de Gobierno, el plan de trabajo territorial y el despliegue logístico del TCAG.

Bajo esta premisa, el pasado mes de noviembre se constituyeron el TCAG “Vida y soberanía popular”, ubicado en los Distritos 2 y 6 del municipio de Saravena, y el TCAG del “Piedemonte araucano”, ubicado en el Distrito 1 de Fortul, ambos en el departamento de Arauca. Durante la declaración oficial de estos territorios, hombres y mujeres lucieron orgullosos los productos de su finca o sus proyectos económicos. En medio del mercado campesino, vecinos e invitados conversaron, creando lazos afectivos que contribuyen a fortalecer el tejido social.  

Con esta declaración y constitución se ponen en práctica tres vocaciones que históricamente han tenido estos pueblos araucanos. La primera es el tipo de democracia que desde la llegada de los colonos han aplicado, la de carácter participativo. Es decir que en asambleas, reuniones, comités y vocerías, la comunidad participa directamente en la construcción de su futuro, sin intermediación de actores externos que no representan sus intereses y necesidades.   

La otra vocación que hace posible el TCAG es la agrícola y pecuaria, porque permite que las comunidades continúen produciendo alimentos bajo la agricultura orgánica, limpia de agrotóxicos, como forma de preservar su salud y la vida de las personas y la naturaleza, evitando que las parcelas sean vendidas a empresas. Por eso, en las instalaciones de los TCAG encontramos papaya, yuca, plátano, naranjas, hortalizas, gallinas criollas, vacas, frutas de todo tipo, cacao, e incluso las mujeres impulsan proyectos como la elaboración de chocolates, postres, vinos de frutas, entre otros. De esta manera, también permiten que las comunidades exijan a las instituciones el apoyo a sus proyectos productivos.
La tercera vocación es la defensa y permanencia en el territorio, porque si bien es cierto que la tierra debe ser para quien la trabaja, también se debe defender con lucha y organización y no permitir el despojo por parte de los megaproyectos viales o petroleros como Caño Limón, o Verilo llano 58 y 51, en Saravena y Fortul, los cuales han dejado grandes afectaciones ambientales, sociales y culturales. Esta responsabilidad de defender el territorio recae en toda la comunidad, que se ha organizado en la Guardia Campesina, Étnica y Popular para poder tener una herramienta encargada de esta labor.

La guardia campesina garantizará que las multinacionales no invadan el TCAG; así mismo motivará a que la organización del territorio sea estable y sus miembros sigan el ejemplo de disciplina que caracteriza a los miembros de la guardia. Su carácter siempre será defensivo, porque su lógica es proteger y preservar, no destruir. Para lograr su objetivo, se valen de un bastón hecho con la madera más resistente que ofrezca el territorio, el cual no dudarán en usar si una amenaza pretende dañar el TCAG.

Lo que sigue de aquí en adelante es hacer realidad el plan de trabajo de las TCAG, de la mano de las Juntas de Gobierno, figura por elección democrática. En estos miembros de las comunidades recae la responsabilidad de llevar a cabo las propuestas hechas por la gente, hablando de igual a igual con las Alcaldías, Consejos municipales, Gobernación, y demás entidades del Estado para que sea reconocida la autonomía y soberanía de estos territorios.

Desde el Coordinador Nacional Agrario se impulsa la creación de estas figuras territoriales populares, que se encaminan al reconocimiento del campesino como sujeto de derechos, siguiendo el ejemplo de los pueblos hermanos indígenas y afrodescendientes. Solo queda por decir que donde haya una familia campesina trabajando la tierra para que tenga comida en su mesa, hay todo un ejercicio político de preservar la vida. Debemos darle dignidad a ese acto bondadoso con la movilización, organización y lucha popular en el campo.

 

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Acerca del Autor

Wilmar Castillo