Música, paz y resistencia


 
“No me pidan poemas de amor, cuando quiero cantar la verdad, es la vida la que hay que enfrentar, yo no puedo esconderla en la flor… El niño que amamanta, en las tetas resecas, de la madre del tiempo, con canciones de lucha, quiero verlo crecer, con canciones de lucha, con canciones de pan, y por menos sufrir le cantaré a los hombres con guitarra y fusil.”
 
Esta es una de las letras más contundentes del cantante venezolano Alí Primera. Y es que la música, como parte del arte expresa también todo el mundo en que es construido. En este sentido sirve para muchas cosas: denuncia, resistencia, esperanza, o también para generar posiciones críticas frente a la sociedad de la cual es producto. En ese sentido también podrá ser solo para disfrutar un momento sin preguntarse por condiciones de existencia, ante lo cual han pretendido llamar “neutralidad”.

Esa neutralidad es bien promocionada por los gobiernos que lo que realmente buscan es la indiferencia, esa neutralidad tan inexistente. Pero no se sabe qué es peor: que alguien no esté comprometido o que lo promueva su “neutralidad” como valor fundamental y en este caso de la música, desconociendo y parándose de este modo sobre tantos cantores que dieron su vida por sus diferentes pueblos, sufrieron torturas, desapariciones y muerte.

Por eso hoy podemos hablar de una música y una actitud musical dedicada a promover la paz de Colombia, la misma que han promovido todos los gobiernos, y con ellos buena parte de nuestros habitantes y ahora Juanes, al que con estupor escuchamos decir que la música está por encima de la política, que no son compatibles, que la música es algo neutro. Esta “paz” tan vacía, que dice todo y no dice nada, que está parada sobre miles de muertos que no se reconocen, pero que solo tiene voz para condenar una violencia, la que se genera en respuesta al Estado. Esto me recuerda a un cantor argentino, Horacio Guaraní, que cantaba: “Si se calla el cantor se quedan solos/ los humildes gorriones de los diarios/los obreros del puerto se persignan/ quién habrá de luchar por su salario… Que ha de ser de la vida si el que canta/no levanta su voz en las tribunas/por el que sufre, por el que no hay/ninguna razón que lo condene a andar sin manta”.

Juanes sí ha tomado posición, y hace mucho. La tomó por el Estado, por el gobierno de Uribe, que en este país histórica y específicamente ha cometido todo tipo de crímenes contra campesinos, obreros, estudiantes, etc., en diferentes lugares. No la tomó por los pobres, no por las víctimas, esas que cantan desde el pacífico, los Renacientes desde Cacarica, denunciando el desplazamiento producido por el Estado, o desde el Valle, Zona Marginal o en Santader, Furibundo Chacon, Dr Krápula, o tantos otros. O en Medellín Los Pasajeros, ahora en el exilio por cantar y apoyar las luchas del pueblo, o Semillas de Libertad… tantos que podríamos enumerar acá solo en Colombia. O cuando Ana y Jaime nos cantaban la historia de nuestros campos y ciudades: “Ricardo reunió a los hombres y les habló tan despacio, palabras verde esperanza teñidas de sal y selva, les dijo la vida es nuestra también es nuestra la tierra… un disparo cortó el viento con sed de sangre emboscada, y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra. Ricardo murió ese día hermano de hombre y semilla, murió mirando la vida que entre sus manos moría”, historia esta que se repite hasta hoy.

Desde la música “Light” o la de entretenimiento, muy válida también, no puede desconocerse, como tratan de hacerlo, a tantos músicos y cantantes comprometidos con el pueblo y sus luchas, con la denuncia y contra el olvido, con el arte también pensado y hecho para el pueblo, contando el transcurrir de los días, que es otra forma de denuncia. Porque en la más básica cotidianidad está expresada una forma de vida, una sociedad, unos valores incrustados en ella. Porque la vida de los barrios y los pueblos se lleva así, sobreviviendo, a las malas, este canto muchas veces es lo único que les queda, la única oportunidad de que quede un registro, una memoria para no perderse en el olvido.

Porque Juanes, cuando reconociste no haber visto un pueblo más alegre que ése (el cubano), tienes que reconocer que es precisamente la alegría que da vivir en un país en paz de verdad, donde la gente, el pueblo tiene la libertad de vivir y gozarse la vida, la alegría que da la igualdad, esa que no encontrarás fácilmente en otros pueblos, en otros países. Lo que pasó es totalmente evidente (paradójico para algunos) ¿por qué mientras en Cuba la gente feliz, cantó y bailó, en Miami, el grupo que se hace llamar exiliados mostró su verdadera cara, la del odio, de la amenaza, de la destrucción?

En la discusión que generó el concierto de Juanes en la Habana se evidencio (una vez más) que lo que está en juego entre Cuba y Miami son dos modelos de sociedad, dos visiones del mundo y una escogencia: “Gente que vendió por comodidad su razón de ser y su libertad… Oye latino, oye hermano, oye amigo, nunca vendas tu destino por el oro ni la comodidad/ nunca descanses, pues nos falta andar bastante/ vamos todos adelante para juntos terminar/Con la ignorancia que nos trae sugestionados/ con modelos importados que no son la solución (Rubén Baldes. Plástico).

Valga entonces por último un reconocimiento a otro grupo colombiano, contemporáneo, que dentro de lo comercial expresan algunas posiciones, Los Aterciopelados, que en uno de sus últimos trabajos titulado “Oye” hace un homenaje a los cantores de música protesta: “suena otra canción protesta, pero no la llamen terrorista, no es que sea antipatriota, es que trae otro punto de vista… Violeta ye, Silvio, Ali primera, Atahualapa, Mercedes, Rubén Blades…” Y pues sé que esta enumeración es de alguna manera injusta con cientos de cantores, cantantes que comprometidos ponen el pecho en cada recital, en cada concierto, cada día. Pero es un buen reconocimiento de la música como expresión de protesta, denuncia y resistencia.

Para terminar este texto es necesario hacer una invitación a Juanes, a sus colegas, la juventud, cantantes y cantores, de ahora y siempre y en un pequeño homenaje, pues acaba de morir Mercedes Sosa y qué mejor homenaje que recordarla en una de las canciones que interpretó, por que la paz no es una palabra vacía, la paz se construye a diario, con lucha y resistencia: “Díganlo como yo, alcen la bandera y conquistemos hoy la liberación. Ándale paisano y conquistemos ya la liberación, hoy la liberación. Díganlo como yo: ¡ya la liberación!” para todos… Y parafraseando a Benedetti “el que pacifique a los pacificadores, un buen pacificador será”
Modificado por última vez el 16/06/2012

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Antonio Molina

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