Himno de los olvidados o prohibido olvidar...

“Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas… Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta” (Fiesta. Serrat) Estas son las palabras mas ajustadas a estos días ya de descanso y desenguayabe, cuando pasa toda la bulla, la música, la parranda, y vuelve la necesidad del trabajo, vuelve para muchos la cabeza fría, vuelve  el rebusque. Estos días en que la ciudad vive así, de fiesta, es imposible no pensar en eso que a diario sigue sucediendo, esta violencia crónica que ya parece inherente a la ciudad.

 

Creo que ya no hay más formas de nombrar la violencia de nuestros barrios, es casi ya una triste tradición, que se empeñan en perpetuar los que nos quieren muertos o entretenidos enterrando los que mueren. Es la triste historia de nuestros barrios. Donde es más fácil conseguir un fierro que un libro, una navaja que un pincel. Como nos dice Ruben Blades en su canción Maestra vida “Maestra vida de justicias e injusticias, de bondades y malicias. Aún no alcanzo a comprenderte!... Y vi espinas y vi rosas. Vi morir seres queridos, vi bellezas. Fui testigo de maldades y de guerras. Vi lo bueno de este tierra, y vi el hambre y la miseria y, entre el drama y la comedia avanzando entre agua y fuego.” (1979). Así es la vida en nuestra ciudad, la calle que nos enseña, contradictoria, alegre y festiva pero de luto permanente y con la tristeza más profunda que una ciudad pueda tener.

Con este trabajo planteó una propuesta a través de lo que denominó “FOCILA”, su proyecto artístico para un Folklore de Ciudad Latinoamericana.

Ese Rubén Blades que nos enseñó que no importa el ritmo para describir la sociedad en que vivimos, la denuncia y la resistencia a través de la canción, a través de la salsa. Un género que no estaba acostumbrado a eso, a hacer música protesta en ritmo de Salsa. Pero no solo protesta, Rubén hizo música de la ciudad, en la que contó todo lo que pasa dentro, en los barrios, donde habita el trabajo, la necesidad, pero también la esperanza y la solidaridad, en todos los barrios de nuestra Latinoamérica. Sus canciones son tan universales como los barrios populares latinoamericanos.

Es el mismo Rubén que nos cantó Desapariciones, esa canción que sigue cada vez más vigente en nuestro país y que reflejó décadas enteras de los países latinoamericanos. El mismo que nos contó que “el plástico se derrite si le da de lleno el sol”, de Pedro Navaja, de Pablo Pueblo, de Siembra, de Maestra Vida o del Padre Antonio y su monaguillo Andrés. El mismo que nos describió en una canción lo que es ser Sicario: “Yo no sé si el tipo es bueno, o malo; solo sé que le tocó perder. En el cielo está Dios, soberano: en la tierra, la orden del cartel… Espero que la ametralladora no vuelva a trabarse ahora, como en el ensayo ayer”.

Al final del año pasado, después de ser Ministro en su país, Panamá, nos sorprende de nuevo con su trabajo “Cantares del subdesarollo”, del que él mismo plantea: “Esta producción es tan básica como lo es la vida en nuestros barrios populares: honestidad, valor y esperanza, aún frente a la dificultad o a la mayor decepción. En nuestras calles, la vida y la muerte bailan con la cerveza en la mano”.

Es sorprendente de nuevo la capacidad del artista para recrear situaciones que nos son similares, independiente del país del que hablemos o donde lo escuchemos. Pero en este trabajo hay particularmente dos canciones que parecieran escritas para Colombia. La primera se llama País portátil y nos dice en algunos fragmentos: “Se vende un país portátil / Con su autoestima en el suelo/ Con un enorme complejo/ Que lo hace antinacional/ Es un lugar sin memoria/ Donde ya nada sorprende/ Ni ver crimen indultado/ O a un charlatán presidente”. Parece estar pensado en este país indolente, que parece no importarle la miseria y los muertos que a diario produce el Estado. Este país donde plantear alguna crítica y no estar de acuerdo con el régimen de miseria y terror te transforma en antinacional, antipatriota, en enemigo del país para el gobierno. Donde el paramilitarismo fue encubierto y perdonado por sus creadores, asesinos que no pagaron ni un día de cárcel, otros, con miles de muertos y que en el mayor de los casos pagarán 8 años. Sin reparación de las víctimas, con familiares de víctimas que ahora son víctimas por denunciar. Y con un presidente que insulta a diario la inteligencia de los colombianos, que entregó el país no solo a las mafias, sino también al imperio, que trata de acabar con la pobreza acabando con los pobres.

“Se vende un país portátil/ Que castiga al que es honrado/ Y a un pueblo autocondenado/ Por no aceptar la verdad/ Se vende un país portátil/ Se ofrece en partes o entero/ Con un préstamo extranjero/ Hacerlo andar es muy fácil”. Pareciera cantarle a las víctimas del Estado colombiano en sus diferentes manifestaciones, militares y paramilitares. Esas víctimas que ahora son perseguidas por denunciar los delitos contra sus amigos y familiares, esas víctimas invisibilizadas, esas que no salen en los medios de comunicación porque el responsable sigue estando en el poder y manejándolo todo. Esté país donde el pueblo honrado y trabajador siempre es señalado como culpable de todo, de la miseria en la que nos tienen los de siempre y de la violencia que generan los poderosos. Pero como siempre, Blades sabe terminar la canción con un mensaje de esperanza y lucha a pesar de tanta adversidad diciendo… “Esta es tu raíz… Defiende al país”.

Rubén Blades termina este trabajo con una canción llamada Himno de los olvidados: “Este es el canto de la gente triste/ Este es himno de los olvidados/ Es el reclamo por lo que no existe/ Es la protesta de los desesperados/ Las ilusiones nuestras se han perdido/ Con la maldad de los que han gobernado/ Con su violencia nos han sometido/ Con la violencia serán castigados/ Lucharemos hasta ser librados…” No se puede negar la satisfacción de que se le siga cantando al humilde, al trabajador, a los que a diario se la tienen que rebuscar, a los que siguen soñando y trabajando para construir un mundo mejor… que todavía se le cante a la resistencia, a la lucha, a la desobediencia, al pueblo que se alza y construye su futuro.

O como dice en una canción de 1977, llamada Siembra Siembra: Cariño/ siembra humildad / y da frutos de esperanza a los que vienen detrás! Y para terminar otra canción de Blades… ¡Prohibido olvidar!

Share this article

Acerca del Autor

Antonio Molina

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.