Futbol y control social en los estadios: a propósito de la ley de seguridad

En el fútbol como en otras actividades de la vida llegamos al punto de no pedir que se acabe la impunidad, que los crímenes sean castigados, todos, los de los ricos y los de los pobres, es un asunto de impunidad; pero sí, y con mucha categoría, pedimos más cámaras, empadronamientos de la población (lo que llaman carnetización), represión y represión. Tenemos que exigir que los delitos sean castigados, pero todos, sin distinción, en el estadio, en las calles, en los barrios, en el Congreso de la República.

 

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Varias preguntas me surgen desde que salió la ley de seguridad para el fútbol, que no es más que un estatuto de seguridad o el proyecto de control sobre la población, esta vez desde el tema del fútbol. Muy buena disculpa se ha dado para tal logro el gobierno. ¿Quién le garantizará a un ciudadano cualquiera su seguridad frente a esta policía asesina que tenemos en Colombia? ¿O será que olvidamos tan fácil que esta policía a la cual se le pide mayor control de la vida es la misma que ha asesinado a miles de colombianos por mucho menos que un delito, por una recompensa, por un premio o unos días de descanso, en fin; por un plato de lentejas? Sólo desde un punto de vista garantista, ¿Quién desde la ley va a garantizar que al hincha (ciudadano) se le respeten sus derechos? No hay nada que hable de eso en la ley, está hecha sólo para castigar al ciudadano (hincha), pero no para el obligatorio cumplimiento por parte del Estado ni para castigar a quien infrinja la ley dentro de él.

Si vas al estadio y te agrede un policía, como pasa todos los días, la ley no contempla nada para sancionarlo. El 25 de septiembre de 2005 (hace 6 años) un policía agredió a 6 hinchas con un arma de fuego dentro del estadio, donde tienen prohibido portar su arma de dotación. Y este hecho sigue impune. El año pasado, en Medellín, la barra del Nacional puso cerca de 10 denuncias oficiales contra la policía. En ellas incluye intento de homicidio y amenazas de muerte o robo. Sin contar, por ejemplo, que la información de la policía no la verifica nadie, como en el clásico de este año que dijo haber incautado más de 400 armas pero no había un solo detenido ni retirado del estadio por este motivo. Lo que apareció en medios de comunicación como un enfrentamiento entre barras de Nacional y Millonarios el año pasado no fue tal, pues los hinchas de Millonarios iban saliendo de la ciudad. Lo que si pasó fue una reacción de los hinchas a una agresión de un policía del ESMAD -Escuadrón Móvil Antidisturbios- que lanzó un gas lacrimógeno al interior de la tribuna, sin justificación alguna, cosa que luego reconoció el comandante de la policía Antioquia.

Pero vuelve la pregunta ¿Qué dice la ley ante esto? ¿Por qué si todos los diagnósticos sobre el problema de la violencia en el fútbol dicen que son muchos actores, la ley sólo castiga al hincha?¿Y por qué se quiere hacer parecer que son los hinchas pobres los del problema?

Debo decir y aceptar que quedo perplejo con la capacidad del sentido conservador de nuestro bello pueblo. Así, con dolor en el alma, quiero manifestar mi pesar por ver que se puede elaborar desde sectores no gobiernistas tan estructurada defensa de la represión. Y pues vuelve a nuestra mente algo que sé no me he inventado pero retoma vigencia: ¿Hay autoritarismo de izquierda? Y pues creo que sí. El autoritarismo se construye no sólo desde las voces más radicales de la derecha, también de la izquierda y el centro y ya casi no se salva nadie a este paso. Acá debo recordar la sanción colectiva promovida por la Personería de Medellín a la hinchada de Nacional después de una agresión de “unos” hinchas a una patrulla de la policía. De este hecho no hubo detenidos, ni investigación, pero sí sanción de la alcaldía y promovida como dije por la Personería. 

El pensamiento conservador tiene una característica fundamental y es tener dos discursos, o lo que llamamos doble moral. Entonces criticamos este Estado corrupto y delincuente, pero le pedimos y casi exigimos a ese mismo delincuente que controle la vida de todos bajo el argumento inútil y, por decir lo menos, estéril, pero sí muy controlador: el argumento de la seguridad. Vuelve la necesidad de la vigilancia por encima de todo, de la educación, de la justicia, de la ley. Legitimamos tan fácil el discurso del control, que es tan cercano al fascismo.

¿Cuántos de los casos que se ven en televisión están seguros que son verdad? Somos muy críticos con RCN en el trato con los movimientos sociales, pero nos creamos una visión de otros tantos temas con lo que ellos mismos nos dicen. Por eso pregunto ¿Acaso no sabemos que los medios en Colombia no investigan, que se quedan sólo con la posición del Estado, aún cuando éste sea el culpable?

Desde que un grupo de hinchas llega a una ciudad queda a cargo y bajo la vigilancia y “seguridad” de la policía, que está en la obligación de organizar un buen operativo de seguridad ¿Estamos seguros que la policía hace los operativos de seguridad? ¿O en algunos casos les convendrá crear falsos positivos en fútbol? ¿Cómo decirle al joven que perdió un ojo en Bucaramanga que fue un operativo “mal hecho” y que la policía obligó al bus de hinchas visitantes a pasar exactamente por donde estaba reunida la barra local?¿Y que después de perder el ojo lo convirtieron en delincuente y esto sigue impune? El año pasado, durante un partido en Bogotá, mientras los hinchas estaban dentro del estadio, la policía robó todas las pertenecías dejadas en los buses ¿Quién responde por esto? Cuando la gente salió y se dio cuenta, se enfrentó a la policía y las noticias dijeron que los revoltosos hinchas querían sólo pelear. ¿Todavía no creemos que en el estadio hayan amenazas y agresiones por parte de la policía todos los días?

Acaso no vemos que el control ahora no sólo es en la Universidad de Antioquia, donde no hay derecho a un espacio tan íntimo y privado como los baños, donde ya se instalaron cámaras de video. También será en el estadio, y más allá del estadio, en todos los escenarios de la vida cotidiana, hasta meterse en la intimidad de la vida privada. El consumo de drogas, que por ejemplo es una disculpa para el control, no es un invento del estadio o de las barras de fútbol; los que vamos hace años a fútbol sabemos que es de toda la vida, como en toda la ciudad. ¿O acaso no se ve en universidades, conciertos, calles, bares, en todo lado? Lo que nos tenemos que preguntar es por la drogadicción en general, pero no satanizar un hincha porque también consume en el estadio.

No podemos caer en la criminalización de la juventud y la pobreza. El Estado hace años viene haciendo un señalamiento que tiene como objetivo los jóvenes de la ciudad, y no es un problema de ser “cultos o no”, es un problema sí, de convivencia. Es algo muy útil a los políticos colombianos, porque aleja el centro del problema que son ellos y se lo traslada a los jóvenes. Pero esta es una visión facilista que pretende mejorar la situación con cámaras de seguridad. ¿Se ha reducido el robo en las ciudades donde existen cámaras de seguridad? ¿Actúa la policía para detener a los asaltantes? Para información de todos, los dos primeros muertos en Medellín por fútbol los asesinó un policía en una estación del Metro, en febrero de 2002; los asesinatos, un policía y un hincha de Medellín, siguen impunes.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Antonio Molina

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