El gran verrugoso de Anchicayá

El 21 de julio de 2001 a la represa del Bajo Anchicayá, implantada en el río del mismo nombre en territorio ancestral de la comunidad anchicagüeña en Buenaventura, le hicieron una apertura intempestiva de la compuerta de fondo. Con esto se descargaron aguas abajo sobre dicha comunidad, y de una sola vez, quinientos mil metros cúbicos de sedimentos venenosos. Estos sedimentos son llamados por las comunidades negras del Pacífico colombiano como vite porque son una nata quebradiza, fétida y nauseabunda sobre aguas en descomposición. Estos sedimentos estaban allí albergados desde hacía muchos años y comenzaban a afectar la toma de captación de aguas para las turbinas de generación eléctrica de la central.

La reacción del Estado en sus diversas instancias (local, regional y nacional) fue indolente. En este contexto, un sector del liderazgo de la comunidad afro-anchicagüeña agudizó su reacción o resistencia y comenzó a señalar esa arquitectura de la hidroeléctrica como monstruosa y a percibirla y nombrarla como un gran verrugoso (nombre cultural de una serpiente muy grande y muy venenosa que tiene su hábitat en el Pacífico colombiano).

En la sabiduría o conocimiento local de la comunidad afro-anchicagüeña, el verrugoso es una serpiente o víbora nativa muy grande y muy venenosa, que tiene una uña en su cola y que para atacar necesita agarrarse de un árbol o de una base que le posibilite estirarse o lanzarse contra la presa o víctima. Tiene unos colmillos curvos y, por tanto, para poder sacarlos luego de clavarlos debe destrozar el área puntual donde los ha clavado.

Según el biólogo manizalita Héctor Charry Restrepo,  el veneno del verrugoso es altamente tóxico y por su gran tamaño corporal puede inocular enormes cantidades del mismo, hasta 3ml en ejemplares adultos. Esta cantidad en veneno seco o deshidratado puede llegar a pesar hasta 500 y más mg. “Este veneno posee una violenta acción local… necrotizante (de ahí el nombre de “pudridora”), y sus severos efectos sistémicos son de tipo coagulante, hemorrágico y neurotóxico”. La mortalidad por accidentes de mordedura de un verrugoso alcanza el 80% y los pacientes que sobreviven suelen quedar con lesiones severas e incapacitantes de carácter permanente.

La gravedad de lo ocurrido el 21 de julio del 2001 y, por tanto, la responsabilidad del propietario de la represa, la Empresa de Energía Eléctrica del Pacífico S. A. EPSA E.S.P., con mayoría de acciones en ese entonces en poder de la transnacional española Unión Fenosa, ameritó una demanda que diez años y medio después aún no se concreta y ni siquiera existe un fallo definitivo al respecto.

A los nueve años de los hechos del 2001 y después de haber permanecido rotas las relaciones entre la Unión Fenosa – EPSA y la comunidad anchicagüeña integrada al pueblo negro, la empresa COLINVERSIONES de la fracción del capital “de la ciudad de Medellín” compró la mayoría de las acciones de la EPSA. De inmediato propuso un nuevo proceso de resarcimiento con la disposición y aval de esta comunidad. Un primer paso de este relacionamiento, aunque obligatorio por la normatividad ambiental para la EPSA, ha sido la formulación conjunta del Plan de Manejo Ambiental (PMA) de la Central Hidroeléctrica del Bajo Anchicayá (CHBA) durante el 2011. Además, se dispuso a la aplicación, también obligatoria, de los derechos fundamentales a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado

Durante la Asamblea General del Consejo Comunitario Mayor del Anchicayá y de la Organización de Negros Unidos por los Intereses del Río Anchicayá – ONUIRA en el 2011 se hizo un sondeo entre grupos de participantes acerca del significado de El Gran Verrugoso y, efectivamente, confirmaron su alusión a la represa del Bajo Anchicayá, apelando sobre todo a los daños que les ha generado desde el 2001. Por otro lado, en el equipo cultural y técnico para la formulación del PMA de la CHBA sustentamos el carácter de El Gran Verrugoso como nombre cultural o etnotopónimo, haciendo uso del derecho cultural que tiene la comunidad anchicagüeña integrada al pueblo negro de nombrar ese lugar de acuerdo a su propia percepción.

Quienes estaban mediando en esta negociación cultural y política del PMA (fase del 2011) interpelaron, manifestando que habían entendido la denominación de El Gran Verrugoso como una jocosidad de parte de la comunidad y no más allá de esta dimensión. Según ellos, pretender darle otro carácter al término, tal como por ejemplo el de un derecho cultural en el contexto de la negociación del PMA, resultaba para EPSA – COLINVERSIONES una agresión. La debilidad de este argumento salta a la vista, es decir, no se reconoce como agresión la imposición de esa gran infraestructura sobre el territorio ancestral de la comunidad afro-anchicagüeña y todos sus daños ocasionados y por ocasionar aún.

Los conocimientos involucrados
La formulación y definición de un PMA a través de una negociación entre una empresa con mucho poder y unas comunidades integradas al pueblo negro es de todos modos muy asimétrica y revela diferencias muy ostensibles. Una de estas es la valoración de los conocimientos de cada una de las partes. Del lado de la empresa y del Estado el tipo de conocimiento que se invoca es el científico y tecnológico y desde éste se derivan los principales parámetros para la formulación y definición de los PMA. Sin embargo, esta ciencia y tecnología no se corresponden con la sabiduría ancestral o los conocimientos locales de parte de una comunidad como la afro-anchicagüeña, desde donde ésta también deriva otros parámetros, más acordes con sus perspectivas e intereses culturales.

Esta problemática es precisamente la que pretende tramitarse a través de la aplicación de los derechos fundamentales a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado. Es decir, a la luz de estos derechos son también válidos los conocimientos locales y la sabiduría ancestral y, por tanto, esto debe considerarse a la hora de reconocer los parámetros definitorios para la evaluación de impactos, por ejemplo, y por consiguiente para los diferentes tipos de medidas a acometer.

El topónimo entonces de la CHBA consolida un tipo de conocimiento desde la Ciencia y la Tecnología que, al estar subordinada a la relación social del Capital, no es nada neutral y responde a un modo de producción donde subyace un modo de vida, una concepción cultural. El etno topónimo “El Gran Verrugoso - EGV” a su vez, visibiliza y apuntala otro tipo de conocimiento, el local o desde la sabiduría ancestral que, al estar concatenada con otro tipo de relaciones sociales, incuban otras relaciones de producción desde donde subyace otro modo de vida, de cultura. Acá es importante reconocer que entre estos dos modelos culturales se libra una batalla también desigual, pues el último se encuentra cada vez más avasallado por el primero, aunque aún no logra liquidarlo por completo.

Producto de esta desigualdad, en las negociaciones de la mesa no se logra posicionar la referencia al gran verrugoso como forma de nombrar la represa, lo cual implica invisibilizar los efectos nefastos de este monstruo del capital sobre la comunidad. No obstante, esta es apenas la primera fase de la discusión sobre la implementación del PMA de la Central Hidroeléctrica del Bajo Anchicayá, en donde se anuncia ya la necesidad de reforzar la resistencia del pueblo anchicagüeño y la solidaridad de otras organizaciones y comunidades para defender los derechos de la comunidad afectados por este Gran verrugoso.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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