Me cortaron el agua

 

Empecé a preocuparme seriamente cuando el señor de la tienda me dijo que a su casa el agua estaba llegando normalmente. En la noche, cuando llegué a mi apartamento y, al querer lavarme las manos, descubrí que no había agua, pensé que era un asunto temporal. Y en la mañana, cuando descubrí que seguía sin agua, pensé simplemente que el corte había sido más largo de lo común. Lo del tendero me descolocó. Sin embargo, pensé todavía ingenuo, tal vez el agua la habían quitado solamente en mi torre, para resolver algún problema. Pero de esa última esperanza me despojó un vecino que salía precisamente de allí, recién bañado y perfumado. “Sí, señor, me dijo, en mi casa no se ha ido el agua”.

 

 

Al subir las escaleras descubrí en el piso dos y en el cuarto, con algo de tristeza, sendas pocetas. Pero la administración les había quitado las perillas a la llave, tal vez para evitar que los vecinos del edificio salieran a “robar” agua. Me desesperé. Yo no había previsto esta situación y, por tanto, ahora estaba perdido; no había recogido agua ni siquiera para lavarme la cara. Miré al cielo y el sol radiante y un cielo límpido y ardiente me anunciaron calor y sofoco para todo el día. Sin embargo, me jugué la última carta para evitarlo. Alcé el teléfono y llamé a Empresas Públicas. Me atendió una muchacha formalmente amable, pero impotente.

- Sí, señor, entiendo. El sistema me reporta dos facturas vencidas, la de enero y febrero.

- Eso ya lo sé- respondí impaciente-. Lo que necesito saber es qué posibilidades tengo de que me restablezcan el servicio hoy mismo si pago.

Imposible. Era sábado y los empleados no laboraban el fin de semana. Y tampoco trabajaban en el banco donde hubiera podido pagar incluso después de nueve días de vencida la fecha de pago con recargo.

- Lo que necesito saber – pregunté ya resignado- es cuánto tiempo se demoran en conectarme el servicio después de pagar.

- Sí, señor, entiendo su preocupación. Usted paga y en las siguientes 24 horas tiene el servicio reconectado.

- Nada qué hacer. Ese fin de semana me tocaba pasar sin bañarme. Había cometido un error, y esta sociedad se encarga de que los errores cotidianos de la gente pobre no queden impunes. La mala decisión consistió en haber priorizado el pago de otros servicios al del agua, que es tan esencial. Soy profesor de cátedra – es decir, un profesional que vive en la miseria- y en los meses de enero y febrero me toca vivir de fiado, lo mismo que en julio y agosto, porque es el tiempo de vacaciones en las universidades. Decidí entonces no pagar el agua, pensando que, por ser un servicio esencial para la vida, EPM tendría otras consideraciones antes de cortarlo. Al menos eso venía pasando con el servicio de telecomunicaciones, que después del vencimiento de las facturas te cortan la posibilidad de llamar, pero te habilitan la posibilidad de recibir llamadas. Pero me equivoqué en el razonamiento. La verdad es que UNE no se abstiene de cortar definitivamente el teléfono por considerarlo esencial para la vida humana hoy, sino porque mantener la línea abierta le reporta ganancias por las llamadas que los demás hacen al hogar “infractor”.

El caso es que el chiste me salió caro. Al lunes siguiente madrugué a pagar al banco y luego llamé a EPM para reportar el pago y exigir que me conectaran el servicio. Pero siempre me contestó una maldita máquina con la voz de una mujer que me decía que si tenía los servicios cortados y ya había realizado el pago, simplemente esperara, que en el transcurso de las siguientes 24 horas el servicio sería restablecido. Eso me contestaba la máquina el lunes y me siguió contestando lo mismo toda la semana, sin que el servicio fuera conectado.

No quiero, por decencia, decir cómo viví esa semana, pero cualquiera puede imaginarlo. Es la situación en dónde uno advierte de verdad lo importante que es el agua en nuestra vida: para bañarnos, hacer agua de panela o cocinar algo de comer, para beber cuando la sed nos agobia, para echarle a las matas, para trapear la casa, después de que el perro se ha hecho pipi... Una semana sin agua es la patada, sobre todo cuando vives en un edificio donde la vecindad se muere, donde todo el mundo se encierra para que nadie más se entere de lo que pasa en su casa, donde la administración tiene la función exclusiva de evitar que una familia incomode a sus vecinas.

- El agua no se la conectan ahí mismo -me advirtió mi hermana-. Lo que tiene que hacer es buscar el contador y abrir la llave usted.

En principio no vi los contadores de agua del edificio. Pero, además, me hice la promesa de esperar a que EPM se dignara hacerse cargo. Perdí el año en esa materia.

- Es que no van a venir- me insistió otro amigo.

- Pero ¿usted porque está tan seguro?- pregunté retador.

- Pues porque soy experto. No ve que a mi me cortan el agua a cada rato.

- ¡En serio! ¿entonces qué haces?

- Pues voy al contador y abro otra vez la llave. Eso hace todo el mundo. Yo no sé vos en qué planeta vivís.-

He ahí la sabiduría del pueblo. Y yo me uní a ella después de una semana de esperar infructuosamente que EPM me conectara de nuevo el servicio. Esa sabiduría me hizo caer en cuenta de que el corte del servicio de agua es una experiencia común y reiterada de la gente pobre, a la que, con todo y ser profesor de cátedra, yo me asemejaba apenas momentáneamente. Además, vivo sólo, otro cuento sería una familia con más de cuatro personas y sin agua. Por eso no he podido dejar de preguntarme por qué EPM actúa así. Por qué se toma la molestia de enviar a un empleado a cerrar la llave, pero no hace lo mismo para abrirla después del pago. Por qué actúa así con la gente una empresa que se supone que es de todos; eso es impensable, por ejemplo, en un acueducto comunitario, donde quien administra es vecino y amigo toda la gente en su comunidad. En esas reflexiones me asaltó también la pregunta de cuánto podría gastarse EPM enviando empleados a cerrar la lleve de los contadores de agua de las familias que no han podido pagar, sabiendo que al momento la gente vuelve a abrirla.

- Pero el asunto no es así tan sencillo- me corrigió mi hermana-. Después del tercer corte ya no cierra la llave sino que la sella. A mi me pasó, y cuando no pude abrir la llave le pedí el favor a un vecino y lo que hicimos fue un daño tremendo. Ahí lo estoy pagando todavía.

 

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Ruben Darío Zapata

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