Mural de la resistencia en Cabrera

 

En el marco del centenario de Cabrera (Cundinamarca), celebrado el pasado 11 de septiembre del 2011, fue presentado a manera de “ritual” el muro titulado “historia desde abajo”. En el isomorfismo del mural es posible llegar a toda una atmosfera simbólica que re-crea estructuras imaginarias de forma sincrónica. En ese sentido, si observamos el muro desde abajo, hacia arriba, es posible asociar el mito de reforma agraria como un juego de sombras donde se representan significativamente relatos orales como “historia desde abajo”, pues intenta darle voz a clases y procesos “sub-alternos”, no presentes en la historia tradicional.

 

A través de la imagen se habla de y con los desposeídos de la historia convencional, de aquellos que exigieron una valorización del trabajo y de los militantes agrarios. En una aproximación preliminar el dibujo habla de dimensionales temporales envueltas en conflictos por la tierra dados entre 1920 y 1970, en el Alto Sumapaz y más específicamente en Cabrera.

En un primer plano, se ven reflejados todos y cada uno de los y las militantes que conformaron las autodefensas campesinas, lideradas por figuras como Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela. Éstos, influenciados por corrientes progresistas, hacen de Cabrera uno de los polos de la resistencia armada contra el Estado y las elites locales. Así, sería tentativo calificar éstos hechos como una rebelión primitiva, término utilizado por Hobswabwn, significando el campesino alzado contra los terratenientes usureros, exigiendo el derecho a la tierra.

Más allá de recordar, el muro toma sentido como dispositivo de defensa y conservación ideológica de un pasado que convive en la tradición oral pero es llevado a la clandestinidad por regímenes elitistas y conservadores. De esta forma, el discurso dominante es naturalizado, generando tensión cuando se encuentra con sus contrarios. Resistente a los prejuicios de la “emblemática” derecha disfrazada. Lo cierto es que la imagen se presenta como un eco que relaciona el mito con el rito para intentar canalizar y normalizar las formas de vivir todo un pensamiento reivindicatorio.

Cada trazo explica un vehículo imaginario que traduce relatos orales contados por “Chuco Cala”,  la “Nena Ríos” y “Juanita de Varela”, esposa de Juan de la Cruz. En el caso del mural, se resaltan los dos primeros personajes a los cuales la historia les debe su lugar. “Chuchito” “el compañero”, congénito de las familias fundadoras del municipio. A sus 92 años de edad, nos conduce a la idea de reforma agraria no como sueño contado, sino más bien como una realidad vivida. Él construye con la narrativa una memoria del lugar, entre banderas rojas, cultivos, azadones, machetes, algarabías de choque entre hombres, mujeres y niños que esconden secretos de páramo. Cada uno de estos detalles parece no escaparse y es re-presentado de manera redundante tratando de vencer el discurso, los tiempos y la muerte.

Para muchos, el muro causa contradicción. Entre la derecha y la izquierda, entre el caos y el orden, la revuelta y la ceguera, lo único que parece mediar son los arquetipos orales como el cuento, el mito y el dinamismo simbólico que lo sustenta. Por otro lado, el mural fortalece el busto de Juan de la Cruz Varela, el cual podemos apreciar en el parque municipal. En ese sentido, las dos personificaciones imaginarias pasan a ser consideradas lugares comunes que pueden ser reivindicadas como propios, aportando atributos para construir una identidad reivindicatoria. Por otro lado, tanto el busto como el mural despiertan la intriga de caminar por senderos orales aun no descubiertos en donde es posible rescatar voces subalternas, procesos escondidos y estructuras antropológicas de imaginarios en determinada cultura política, capaz de ser representada con murales, al mejor estilo del mexicano Diego Rivera.

Finalmente, queda por esperar si, en metáfora de Nietzsche, el mito reivindicatorio retorna entonando la organización y lucha para defender el legado de las nuevas generaciones; por ejemplo, el agua, pues como señala un campesino del municipio, “si nuestros hitos revolucionarios lucharon antes por la tierra, llega el momento de nosotros… de luchar por el agua”. Lo anterior haciendo mención a los agravios protagonizados por el mega proyecto de EMGESA, en donde Cabrera se señala como la bocatoma principal que desviaría el cauce del río Sumapaz por túneles, causando serios daños ambientales y privatizando un bien natural y humanitario.

 

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Julián Almonacid

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