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IMAGINARIOS - EL AMARILLITO -

 

 

 Hace poco nos llamaron de la fiscalía para conversar sobre las amenazas que recibió Periferia a mediados del 2008. Y teniendo en cuenta que en solo cuatro meses la Dijin, con el apoyo del FBI, logró identificar al responsable de poner a circular en su facebook las amenazas de muerte contra Jerónimo Uribe, el hijo menor del presidente, creímos que nuestro caso tenía que estar resuelto ya, pues habíamos interpuesto la denuncia por las amenazas contra el Periódico hacía año y medio. Pero nos equivocábamos, la fiscalía apenas pretendía tomarnos la primera declaración sobre el caso, para abrir la investigación.

Caminando entre la miseria

Eran las 10:30 de la noche, hacía mucho frió, me encontraba al frente de un bar, por la Avenida Primero de mayo esperando el bus de Robledo, tres cuadras debajo de donde parquean. Ya estaba cansado y decidí esperarlo. Aunque solo había vagabundos y borrachos, me parecía peligroso subir. EL ambiente era pesado, pasaban muchos buses menos el que yo esperaba, a mi lado estaban dos señores esperando, no me percaté de uno de ellos que se me acercó y me dijo:

– Qué bus está esperando. Yo estoy muy cansado de caminar y tengo mucha hambre, bendito sea Dios. Mire hombre, ya no sé qué hacer, estoy desesperado, me estoy volviendo loco. Discúlpeme no le voy a hacer nada.

Ya uno no le cree a nadie y pensé de pronto que me iba a atracar. Me quedé callado sin decir nada, el me siguió hablando y yo no le puse atención. Empezó a hablar de su trágica situación  y de sus hijos, luego noté que no tenia intensiones de robarme, lo detallé bien y le notaba lo cansado, estaba muy delgado y ojeroso. Me atreví a preguntarle de dónde venía.

– Bendito sea mi Dios, vengo caminando desde San Javier. Estoy que me desmayo del cansancio, estoy por acá mirando a ver qué me puedo rebuscar, mis hijos deben tener hambre, los dejé con un conocido mientras me buscaba cualquier cosa que llevarles.

La verdad sentí mucha lástima de él, no sabía qué hacer, apenas tenía 5.000 pesos en el bolsillo pero al día siguiente tenia que volver al centro y necesitaba pasajes. Por eso nada más le di 1000 pesos, me lo agradeció tanto, le cambio la cara.

- Mijo, gracias. Estos mil pesitos son sagrados, los tengo que cuidar mucho.

Mientas yo esperaba con paciencia escuchaba que me decía:

 -Esta situación está muy dura, nunca me había tocado así, solo Dios sabe. Ni agua le dan a uno, a los únicos que sí les dan son a esos viciosos, a ellos sí les dan plata para el vicio. Pero bueno, qué más se va hacer, nadie sabe lo de uno, a nadie le importa, este es un sufrimiento muy berraco.

Fueron palabras muy profunda, pero ya las  he escuchado antes. Me he hecho fuerte o más bien me he insensibilizado con aquellas personas que están en una situación crítica. Me imagino que hay mucha gente así y ya no me sorprende. Sin embargo, traté de alentarlo pero no encontraba palabras, la verdad ahí, como estaban las cosas, no se podía hacer nada. Entonces le dije:

–Yo lo veo muy cansado a usted, no le digo que me acompañe a mi casa porque, ¿después como se devuelve? Lo único que le puedo decir es que busque dónde pueda quedarse esta noche, se que es difícil pero no falta quien tenga buen corazón, o devuélvase para san Javier, yo le doy los pasajes. Descanse y mañana será otro día, mire a ver si donde tiene a los hijos le pueden prestar dinero. No sé, pero así como está en estos momentos no va a hacer nada.

Esas palabras no fueron muy reconfortantes, la verdad tal vez ni él podía hacer eso. La plata que tenía era para el agua de panela, y es que los conductores no lo llevarían gratis. Luego de escucharme me dijo:

– Tranquilo mijo, ahí yo miro a ver que hago, ¿usted donde vive?:

- En Robledo. Pero estoy preocupado de que ya no haya más buses a esta hora; ellos recogen a la gente más arriba, sino que me da pereza subir.

- Venga vamos -me dijo –yo lo acompaño hasta allá, esto por acá es muy peligroso y no vaya a ser que le pase algo.

Cuando se prestó a acompañarme pensé un montón de cosas malas, pero luego me despreocupé. La tristeza y aburrimiento que tenía en los ojos se le notaban, era inofensivo, en la forma en que caminaba parecía que se fuera a desmayar.

- ¿Usted qué estudia?- me preguntó

- Derecho en la Universidad de Medellín- le dije.

- Yo he trabajado muchos años de mesero, pero ya estoy muy viejo, y a esa gente no le sirven ya las personas viejas. En estos momento necesito trabajar en lo que sea; un señor de la minorista me dijo que si me conseguía 10 mil pesos me daba un bulto de limones para vender, pero yo de dónde 10.000 pesos, eso es mucha plata para mi.

Cuando llegamos al bus, antes de despedirme le di unas monedas que tenía, aunque sé que no le servirían de mucho, al otro día estaría igual o peor. Pero yo no tenía otra forma de ayudarlo. Además, sé que no es el único y que las limosnas no los ayudan mucho. Solo es el sentir que aun soy sensible y que me duele la realidad de los que están en la miseria, aunque con una limosna no los pueda ayudar.

Después de los escándalos de las conversaciones telefónicas sostenidas por el rector de la Universidad Industrial de Santander- UIS, Jaime Alberto Camacho Pico, con el presunto jefe paramilitar alias Félix, para acordar un plan pistola contra los miembros de la comunidad académica que estén realizando oposición política, la Universidad ha venido convirtiéndose en algo así como la Ubérrima guarnición donde impera el militarismo.

El Mexicano Paco Ignacio Taibo II ha escrito un hermoso libro titulado Arcángeles, dedicado a doce revolucionarios herejes del siglo XX, así les dice él. La característica de los doce es el valor, la terquedad, la irreverencia. Ninguno de los doce pudo ver sus obras realizarse, todos murieron en el intento y a la mayoría no los recuerda nadie. Uno de ellos, a quien dedicamos este escrito, Raúl Díaz Argüelles es, según el autor, “un personaje secreto en una historia que no acaba de contarse”. Seguramente porque Raúl, a pesar de haber sido un joven radical y valiente hasta las últimas consecuencias, de haber participado en el proceso cubano y la toma del poder el primero de enero de 1959, de haber trabajado incansablemente en la transformación socialista de su país y convertirse en un internacionalista con gran responsabilidad en el triunfo de la revolución de Angola en África, no es precisamente el más nombrado dentro de los héroes de la revolución cubana.

 

Raúl Díaz Argüelles juega un papel fundamental para el proceso revolucionario cubano, en mi concepto, porque se desempeñó con gran valor en la lucha urbana y esta condición lo pone bien arriba, ya que no es lo mismo luchar contra una dictadura asesina, contrainsurgente y proimperialista, como la de Batista, en sus propias narices, que hacerlo desde lo espeso de la selva de la Sierra Maestra. Atentar en el terreno del enemigo contra el dictador, contra un cuartel de la guardia con ráfagas de ametralladora desde un auto en movimiento o contra un alto político o militar en las calles de la Habana, con un arma corta, requiere no sólo de valor, entrenamiento, amor por la causa de la liberación, sino de convicción ideológica sobre las ideas que persiguen una sociedad mejor para todos. Un joven con tan solo 18 años ya contaba con todas esas condiciones, además era otra de sus responsabilidades proporcionar armas y logístican a la guerrilla del Directorio Revolucionario, otro proyecto armado que creció en la Sierra del Escambray y se unió después a la columna dirigida por el Ché.

Su vida
Raúl provenía de una familia adinerada pero consecuente con la causa revolucionaria; él ya había estudiado en Estados Unidos en una academia militar, pero regresó a su país para unirse a la guerra urbana que, contra la dictadura, se organizaba en la universidad de la Habana en cabeza de la Federación Estudiantil Revolucionaria (FER) y cuyos principales dirigentes eran Fructuoso Rodríguez y José Antonio Echavarría, jóvenes imberbes recién salidos de la adolescencia. Hay que decir que a mediados de los años 50 era común encontrar los cuerpos sin vida de jóvenes estudiantes en las calles de la Habana y de Santiago con señales de tortura a manos de la dictadura como muestra del terrorismo de Estado. Pero también hay que anotar que en vez de sentir temor, los jóvenes se sumaban cada vez más a la lucha por derrocar al dictador Batista y parecían competir en una carrera en donde el más valiente se llevaría un trofeo, la gloria.

En este contexto Díaz Argüelles se destaca como un verdadero militante y un hombre sin nervios y con una audacia sin igual. En 1955 Raúl participa en la preparación de un ataque directo al palacio presidencial, pero son descubiertos y el arsenal con que realizarían la acción cae en manos de la dictadura. Raúl sale ileso y tiene que clandestinizarse por cerca de tres meses. A finales de este año es elegido en la dirección del directorio revolucionario de la FER. Pareciera que su nueva distinción le exigiera más al joven revolucionario porque en esos mismos días participa en un tiroteo contra la policía, coloca una bomba en el cuartel de La Lisa y participa en un atentado directo contra el dictador Fulgencio Batista. Con 19 años de edad Raúl ya es uno de los revolucionarios más buscados por la dictadura.

En 1956, el mismo año que desembarca el Granma con el joven abogado Fidel Castro, el Che, Camilo Cienfuegos y otros héroes anónimos que sumaban 82 y que se constituirían en la guerrilla de la Sierra Maestra, Raúl, violentamente perseguido, sale al exilio. Pero desde allí se entrena, hace colectas para armas y regresa en el 57. Desafortunadamente para ese año los mejores cuadros de la FER han sido asesinados y el movimiento ha fracasado en sus golpes militares. El destino parece condenar a Raúl a dirigir, con apenas 20 años, la guerra armada urbana. Dicen que ese año él  irrumpió solo en el canal 4 de televisión batistiana y ajustició al director del canal; también realizó una acción militar al estilo Hollywood, llevando una avioneta cargada de armas desde Miami y, aterrizando de emergencia en plena carretera, alcanzó a repartir los fusiles e incendiar el aparato y escapar ante un ejército de uniformados que lo tenían rodeado. Nuevamente tuvo que salir a USA y preparar otro golpe, pero esta vez en barco y en compañía de muchos hombres del directorio revolucionario en el exilio; así lo harían en febrero de 1958. Al llegar, después de incontables peligros, se repartirían en dos grupos, unos hombres para montar un nuevo frente guerrillero en la Sierra del Escambray, y los demás para reactivar la lucha clandestina en la Habana, entre ellos Raúl.

Este año de 1958 estuvo lleno de contrastes, mientras la guerrilla de la Sierra crecía y propinaba tremendos golpes al ejército de Batista, los jóvenes clandestinos urbanos sufrían bajas en medio de osadas acciones; ya no tenían en dónde esconderse y a pesar de ello Raúl y Gustavo Machín que ahora se llamaban comando No. 1 realizaban tareas un poco alocadas y llenas de valor. Un día, estando en medio de una reunión, se enteran que un alto político de la dictadura irá a una cita médica y salen corriendo a su encuentro y lo agarran a tiros hiriéndolo y escapando. La guerrilla en la Sierra les ordenó subir para que protegieran sus vidas ante la persecución desbordada y el asesinato de casi toda la dirigencia, pero Raúl no pudo ir porque en esos días, mientras cumplía una cita, fue emboscado y para escapar tuvo que saltar desde un tercer piso y huir en un auto mientras era ametrallado; casi pierde la pierna y por ello no pudo viajar; debió asilarse en la embajada de Brasil y allí fue operado. En menos de dos meses ya estaba de nuevo en acción y con el fin de sabotear las elecciones, ametrallaron desde un carro en movimiento un cuartel de policía propinándole siete bajas y varios heridos.

Para viajar hacia la sierra del Escambray a la columna 8 comandada por el Che, se hicieron pasar por locos y entraron a un sanatorio en donde serían recogidos. Pero fracasaron; entonces tuvieron que disfrazarse de choferes y así llegaron. Esto ocurre a finales de 1958. Es necesario aclarar que una cosa es la guerrilla del 26 de julio liderada por Fidel y el Che y otra era la del directorio revolucionario de la FER; de todas maneras las dos firmaron la unidad revolucionaria en el pacto del Pedrero. El 10 de diciembre de 1958 inicia la más veloz y agresiva campaña revolucionaria para tomar de una vez por todas el poder y hacer rendir a Batista, el objetivo unificado para la columna liderada por el Ché y el directorio Revolucionario comandado por Faure Chomón es la ciudad de Santa Clara y todas las poblaciones que se encontraran en su camino y en donde se acuartelaban cientos de soldados del régimen que superaban 8 a 1 a los rebeldes. En todas estas batallas, y sin experiencia en la montaña, participó con éxito Díaz Argüelles, todas las pequeñas poblaciones fueron tomadas por los rebeldes, el ejército de Batista fue derrotado y cientos de soldados tomados prisioneros. Tras su última victoria en Trinidad, el dos de enero de 1959, Raúl Díaz Argüelles, con tan sólo 22 años de edad, entra triunfante a la Habana con el grado de capitán.

Más allá de la victoria
Cualquier joven embriagado por la fama, por la admiración de niños, hombres y mujeres que los veían como héroes habría sucumbido, pero Raúl no se detendría a celebrar, pronto fue nombrado jefe de investigaciones de la policía y sin tener la mayor experiencia tuvo que enfrentar la mafia de la droga, el juego y el bajo mundo que para la época dominaba la Isla como rezago de una dictadura bajo el imperio norteamericano. La tarea no sólo no le quedó grande al joven Raúl, sino que jamás sucumbió a los ofrecimientos de jugosas sumas de las mafias y acabó con todos, ganando fama de implacable ante la corrupción y el crimen. En 1961, mientras Fidel enfrenta la invasión a Bahía Cochinos, Raúl lo hace en Matanzas y la Habana enfrentando las redes que la contrarrevolución tejía en estas zonas de la Isla.

En 1963 es nombrado jefe artillero del ejército y en el 66 miembro del estado mayor en Matanzas. En ese cargo dirige y participa en las campañas de corte de caña, creación de escuelas y organizando talleres mecánicos. Raúl nunca se sintió por encima de sus subordinados, trabajaba hombro a hombro con ellos y evitaba ser distinguido por su cargo entre los soldados, por lo tanto se quitaba los distintivos del uniforme, era un ejemplo tal como lo fue el Che. En 1967 lo sacude la noticia del asesinato en Bolivia del Che y de su mejor amigo Gustavo Machín, el mismo con el que convivió en las más duras situaciones, aquel con el que se disfrazó de loco y de chofer para subir al Escambray y luchar al lado del Che en la victoria final. No podemos dudar que su mayor dolor era
 no haber estado allí con ellos.


Diáz Argüeyes en África
En los años 70 Raúl Díaz acompaña a Fidel en sus giras por Chile y por África, su cargo ahora está en el ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en labores de colaboración militar y amistad con otros procesos revolucionarios en el ámbito global. Siendo coronel, Díaz Argüelles es seducido por la causa de los rebeldes africanos y sin dudarlo se va para Guinea a luchar contra los colonizadores portugueses logrando al lado de Amílcar Cabral la independencia de Guinea en 1974. Dicen que también participó en la guerra de los seis días al lado del ejército sirio y que fue responsable de detener a los invencibles blindados israelíes. Pero en 1975, tras la débil independencia de Angola de manos de los portugueses y la amenaza de recaer bajo el dominio sudafricano y norteamericano en complicidad con supuestas fuerzas independentistas de Angola, el gobierno cubano acude en apoyo del Movimiento para la liberación de Argelia (MPLA) dirigido por Agostinho Neto.

Quien sería sino el coronel Raúl Díaz Argüelles con el seudónimo de Domingos Da Silva, quien se dispondría a dirigir más de 480 cubanos especializados llegados en tres barcos dispuestos a entrenar a los militantes del MPLA y luchar en una guerra regular contra poderosos ejércitos amparados por las potencias. Había que detener el avance de las poderosas fuerzas sudafricanas y el FNLA auspiciado por la CIA y los mercenarios portugueses, británicos y franceses y el ejército oficial de Zaire, los unos por el sur y los otros por el norte. En la capital bajo dominio del MPLA de Agostinho Neto y ahora de Díaz Argüelles resistían mientras se llegaba la fecha acordada a nivel internacional para proclamar la independencia el 11 de noviembre de 1975.
Todos los ejércitos contrarrevolucionarios apoyados por las grandes potencias avanzaban hacia la capital masacrando pueblos enteros a su paso; pero los revolucionarios de Agostinho Neto y Díaz Argüelles, o mejor Domingos Da Silva, se jugarían literalmente la vida para detenerlos. A finales de octubre, Díaz Argüelles logra con fuerza de artillería detener a más de mil soldados del ejército de Zaire, a los falsos revolucionarios del FNLA y los mercenarios portugueses a menos de 30 kilómetros de la capital. Nadie lo creía; aun en la huida los contrarrevolucionarios arrasaron lo que encontraron a su paso con actos de antropofagia.

En los primeros días de noviembre Díaz Argüelles ya estaba en el sur enfrentando a los sudafricanos, decenas de blindados amenazan a la capital controlada por los revolucionarios que esperan aguantar unos días más hasta la fecha de proclamación de independencia. No había forma de detener al enemigo; entonces Díaz Argüelles o Dimingos Da Silva o nuestro héroe anónimo toma la decisión de hacer explotar los puentes y así generar una barrera natural para detenerlos; y en efecto lo logra, luego arrecian sobre el enemigo y en esta confrontación caen varios cubanos y africanos revolucionarios, pero también se logra unas horas más.

Entre tanto, en Cuba el Partido Comunista define por unanimidad apoyar la revolución angoleña de manera abierta y envía dos aviones que entran clandestinamente con 82 hombres de las fuerzas especiales élite de la revolución cubana, ahora Díaz Argüelles está en su mejor momento, es el 8 de noviembre de 1975, tres días antes de la proclamación. Sin embargo, las fuerzas del FLNA contraatacan con más de 24 blindados; los cubanos los esperan con lanzacohetes y vuelven a sacar corriendo a los contrarrevolucionarios; pero inmediatamente se desplazan al sur a enfrentarse con los sudafricanos, mientras Díaz Argüelles se faja contra estos, acompañado de las fuerzas élites cubanas y los mejores guerrilleros del MPLA. Allí se dan hechos de extremo heroísmo de prominentes figuras como el escritor Pepe Tela y Casano, se niegan a retirarse del frente de batalla por amor a su revolución, Casano muere y Tela es herido. Díaz Argüelles continúa luchando, mientras tanto en la capital Agostinho Neto en la madrugada del 11 de noviembre declara la independencia de Angola bajo el rugir de las bombas y la metralla.

Pero serían los siguientes días los más sangrientos y en los que se librarían las más horrendas batallas y allí siempre Díaz Argüelles al frente con sus cubanos y con sus revolucionarios angoleños enfrentando ejércitos poderosos que osaban apagar el sueño de libertad. Sería la batalla de Evo en noviembre 27 la que verdaderamente le daría la independencia a Angola y sólo hasta los primeros días de diciembre las cosas darían un vuelco a favor de la revolución con el arribo de más apoyo cubano.

Pero entonces en su avance glorioso el blindado de Díaz Argüelles cae en un campo minado y sus piernas son despedazadas desangrándose hasta morir el 11 de diciembre de 1975 a los 39 años. Su mente y su cuerpo ahora en África,  triunfante contra los sudafricanos, habiendo logrado lo que era imposible ante los ojos del mundo se despedían para siempre. La vida, sin embargo le daba a Raúl Díaz Argüelles lo que se merecía: la eternidad.

El fin de año de la negra

a encontré aferrada a una cerca de madera, a orillas del camino polvoriento en la parte más alta del Morro, apenas a dos pasos de la casa de don Chucho. Cuando la vi, todavía un poco distante y medio cubierta por la oscuridad de la madrugada, una corriente de deseo estremeció mi cuerpo al reconocer la oportunidad. Estaba encendido por el licor que había ingerido y pensé que ella también podría tener una disposición especial por su mismo alicoramiento. Yo salía precipitado de la casa de Chucho, tratando de huirle al aburrimiento, en una noche en que se supone no hay espacio para eso; no pude sacar conmigo a mi hermano, que insistió en quedarse a pesar de reconocer lo mal que estaban tocando los músicos ya borrachos, y a pesar de querer bailar y ver cómo ellos se empeñaban en tocar guasca. Pero él también estaba lo suficientemente borracho como para sentirse a gusto en cualquier parte. Yo apenas tenía en el cuerpo el alcohol necesario para que me empujara a la aventura.

Por eso me aproximé a aquella muchacha. Con cualquier pretexto la iba a arrancar de la cerca para esconderme con ella en cualquier otra parte; pero al verla de cerca cambié súbitamente de idea y hasta me arrepentí de mis intenciones. Supe que si llegaba a soltarse no lograría sostenerse de pie por más de un segundo. Tenía la cara descompuesta por la borrachera, los ojos irritados y el cabello, que le caía apenas un poco más abajo de los hombros, revolcado. Las cargaderas de la blusa salidas de sus hombros y el bluyin, ajustadísimo, sucio en extremo como si se hubiera revolcado en un chiquero.
- Cierto que usted es la hija de Don Antonio - dije al reconocerla.
Ella también me reconoció al instante, lo supe por su mirada, aunque no hizo ni dijo nada.
-Venga niña, yo la ayudó a llegar a la casa- me ofrecí mientras la tomaba por la cintura tratando de levantarla. Pero ella se negó a mi ayuda, moviendo apenas la cabeza.
-Tranquila- insistí-. Yo sé dónde vive, yo la arrimo.
- No- dijo ella apenas con un hilo de voz-. Dígale a Rey que venga. Dígale que venga- terminó al borde del llanto.

Me paralizó de sorpresa su actitud. ¡Tanto dolor reflejado en  aquella súplica! No supe qué hacer y me quedé allí parado al lado de ella, viéndola aferrada a la cerca como si en ello le fuera la vida.

Entonces recordé que ya la había visto, aunque muy sobria, en la primera mitad de la noche. Yo estuve con Rey tomando cerveza en la tienda de Tolima. Cuando el reloj de la pared sonó anunciándonos que eran las doce de la noche, salimos escalas abajo buscando amigos y familiares para darles el Feliz año. Al llegar a la heladería Rey se quejó:
- Mi mamá no bajó. Habíamos quedado en que ella estaba aquí a las doce.
-Tranquilo- lo consolé, sin prestarle mucha atención al hecho de que la mamá viviera más bien retirada, por los lados de la cañada-. Vamos a dar el feliz año a la gente en la carretera y después subimos dónde ella.
Entramos primero a la heladería y al instante entró la negra, como si lo estuviera esperando, y se dejó ir derechita hacia Rey. Se colgó de su cuello y le dio un tremendo beso que no se deshizo al instante. Eso nunca lo esperé de aquella mulata tan seria, retraída y solitaria, que siempre miraba yo como si nada tuviera que ver con la alegría de los jóvenes, aunque no era ella misma más que una adolescente. Al verlos tan a gusto no quise interrumpirlos y me fui solo a buscar los amigos abajo en la carretera. Desde ese momento se me perdió Rey.

La historia, en principio, no parecía triste, aunque Rey lamentaba cómo había sucedido. Así me la había contado Rey hacía poco, una vez que vimos pasar cerca de nosotros a la negra, indiferente con los dos (ya se me había olvidado por lo demás y apenas ahora la recordaba como si acabara de conocerla realmente): “Esa niña fue novia mía hace poquito. Estaba en embarazo, pero el malparido del hermano la hizo abortar. Tenía ya tres meses y él le sacó al muchachito de una paliza que le dio porque no quería que tuviera hijos míos”. Aunque la historia la contaba Rey algo distante, reconocí el tono de tristeza cuando habló del aborto. Muy cruel la paliza y el aborto, creía yo, pero también era cruel el embarazo en la situación de Rey, que tenía esposa, a la cual había recogido ya con tres hijo y después le puso dos más. De todas maneras lo que no pude adivinar en ese momento fueron los sentimientos de Rey hacia la muchacha; tal vez una conquista entre muchas, me dije. Era, en todo caso, un hombre al que parecía no estorbarle los hijos.

En esas reflexiones estaba yo, cerca de la muchacha, sin saber todavía qué hacer, cuando ella insistió en la súplica.

- Dígale a Rey que venga. Qué venga.
Y era como si me dijera: “Dígale que me voy a morir aquí tirada, que si no viene ya no me encuentra más”.

No sé si me conmovió tanto por la misma alteración que me había producido el alcohol o porque su estado en sí era conmovedor.

- Tranquila. Si lo encuentro, yo le digo.
Entonces la dejé confiada a los buenos oficios de la cerca para que la sostuviera mientras Rey subía a rescatarla.

Cuando estaba cercano a la heladería, me enjugué la cara y respiré profundo. Afuera estaba Marta, la mujer de Rey, con otras amigas. Me miró inquisidora, pero yo no la reconocí al primer momento sino cuando ya estaba lejos, entonces no quise voltear. Podía estarme juzgando por algo que Rey le hubiera hecho, como si de todo fuera cómplice yo, o simplemente me reclamaba el saludo. En fin, no quise averiguarlo.

Bajé hasta la carretera, a donde me habían invitado unos amigos para hacer un sancocho de marrano. Aunque ya había amanecido, supuse que apenas lo estarían montando. Pero ni siquiera tenían el revuelto; solo la bulla y la algarabía de ellos. Allí encontré a Rey. Lo tenían dos muchachas, sentado en el andén, agarrado por los dos costados para evitar que se les fuera. Y apenas llegué me lo encomendaron, para ellas poder bailar. Estaba bastante ebrio, pero en realidad no tenía ganas de irse. En ese momento no quise decirle nada, embargado por la emoción; de todas maneras, arriba, encaramada en el barranco del frente, estaba su mujer con sus amigas, vigilándonos. Cuando vi la cosa más tranquila y menguada mi propia emoción, se lo comenté.
- Arriba estaba la negra, con una tremenda borrachera. Me dijo casi llorando que te mandara para allá.
- ¿Sí?- preguntó él sorprendido y emocionado-. Pero si hace nada la estuve buscando por allá. Y ya iba yo para su casa cuando me encontré con Marta, que me estaba buscando. Entonces me tuve que devolver con ella.
Como siempre, no pude intuir los sentimientos de Rey. Me hubiera gustado saber para qué la estaba buscando, pero su tono de voz no dejaba adivinar nada. Posiblemente no quería nada más que lo que yo mismo quería cuando la encontré colgada de la cerca.
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