Antonio Molina

Antonio Molina

 

Por Anyela Heredia

mordiscos

Creo que todos vimos el mordisco del jugador uruguayo Luis Suárez durante el partido de su selección contra el equipo italiano. La jugada, para los que veíamos el partido en directo, pasó desapercibida, pareció un codazo del italiano contra el uruguayo, pero no, con la repetición en cámara lenta pudimos ver la jugada real. El jugador italiano mostraba su hombro al árbitro buscando evidenciar algo que parecía increíble.

Tuesday, 01 July 2014 17:12

A propósito del mundial y de las mafias

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Hace rato quería escribir sobre la mafia en el fútbol. Pensaba por dónde comenzar una historia tan real pero a la vez escondida, tan expuesta y sin embargo negada por los medios, y no encontraba cómo. Lo que están viviendo ahora los brasileros con el mundial me ofrece la posibilidad concreta de abordar el tema desde una realidad bien conocida.

En el fútbol como en otras actividades de la vida llegamos al punto de no pedir que se acabe la impunidad, que los crímenes sean castigados, todos, los de los ricos y los de los pobres, es un asunto de impunidad; pero sí, y con mucha categoría, pedimos más cámaras, empadronamientos de la población (lo que llaman carnetización), represión y represión. Tenemos que exigir que los delitos sean castigados, pero todos, sin distinción, en el estadio, en las calles, en los barrios, en el Congreso de la República.

 

Tuesday, 23 March 2010 16:03

Música y lucha por la tierra

xiste, no solo en Colombia sino en casi todo el resto del mundo, excepto algunos contados y dignos países, un problema que sigue siendo estructural y que explica la agudización permanente de esta situación de desigualdad. Con el surgimiento de la propiedad privada, surge también la acumulación y la desigualdad. Esto lo retrata muy bien un grupo que recientemente nos canta “No pase, no siga sin ser autorizado/ Que este terreno ya ha sido comprado/ No se sabe/ quién le compro a quién,/En todo caso lo partió muy bien./ Ya no puedo pasar, ya no puedo hacer nada ¡Ahora todo es propiedad privada!/ Y si me paso, las fronteras /nacionales/ Doblemente y con lesiones personales me devuelven/ Porque no soy de allá pero tampoco de acá,/ Porque la tierra, ya esta vendida, por unos cuantos que la tienen dividida…” (Para todos todo. Dr krapula. Bombea. 2005)

Ya larga es la historia de las luchas en Colombia por la tierra. Desde el siglo XIX, los campesinos se han organizado para luchar contra los dueños de la tierra. Colonos, aparceros, arrendatarios, etc., contra los hacendatarios, los terratenientes; contra los que la acumulan cada día más. Es la historia de Colombia, la de los últimos 140 años, la que hasta el momento han perdido siempre los campesinos, pues ha podido más la voracidad, la guerra que han emprendido desde la clase que nunca ha perdido en Colombia, los terratenientes.

Esa lucha de los campesinos de tierra para el que la trabaja, esa consigna que todavía articula no solo muchas de las peticiones sino de las luchas mismas por tierra para el que no la tiene y por poder producirla para los que poseen. “Yo pregunto a los presentes- Como dice un canto muy conocido- si no se han puesto a pensar que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más. Yo pregunto si en la tierra nunca habrá pensado usted que si las manos son nuestras es nuestro lo que nos den. ¡A desalambrar, a desalambrar! que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José. Si molesto con mi canto a alguien que no quiera oír le aseguro que es un gringo o un dueño de este país.” (A desalambrar. Daniel Viglietti).

Esta ha sido, es y será parte fundamental de la lucha social del país, de ese país que muchos ya desconocen o quieren mantener en el olvido, porque de los campesinos ya no se habla ni en “el profesor yarumo”, el programa de televisión que al menos mantenía una imagen del campesino. Es Colombia olvidada en el campo, condenada a la violencia perpetua, al control del Estado en todas sus modalidades violentas, pero no a la ayuda de éste; esa Colombia que desde el periodo denominado “La Violencia”, después de la muerte de Gaitán, y después del incumplimiento de la reforma agraria se encierra en una guerra fratricida, donde el único victorioso es quien tiene poder, tierra y dinero, no los campesinos que colocaban los muertos. Esa violencia hoy no para, tiene más de 4 millones de esos campesinos deambulando por el país, perdiendo su tierra, que ha sido en muchos casos arrebatada y tomada por quienes hicieron esta guerra.

Surge otro problema que sigue siendo una constante en Colombia: “Ricardo reunió a los hombres y les habló tan despacio /palabras verde esperanza teñidas de sal y selva /les dijo la tierra es nuestra también es nuestra la tierra y las palabras que traigo son semillas también nuestras… un disparo cortó el viento con sed de sangre emboscada y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra /Ricardo murió ese día hermano de hombre y semilla /murió mirando la vida que entre sus manos moría… Ricardo murió ese día haciendo bien sus quehaceres /cayó sembrando semillas de nuevos amaneceres” (Ricardo Semilla. interpretes Ana y Jaime). Y es que quien ha intentado o intente hablar, denunciar, organizar a los campesinos para defender lo que es suyo, o para pedir algo a lo que tiene derecho, como la tierra, ha sido asesinado, desaparecido, desterrado. Siempre ha podido más la avaricia, la intención de acumulación de más y más tierras, dejando a la mayoría de la población del campo en la miseria y el abandono, más aun, quitándole incluso la posibilidad del abandono, cuando les prohíben volver a su tierra, cuando en el mismo caso, se apropian de lo que se ha obligado a dejar. “Gritó Emiliano Zapata quiero tierra y libertad y el gobierno se reía cuando lo iban a enterrar” (Ska-P. Eurosis 1998)

Sin embargo, la lucha sigue, los campesinos siguen en resistencia, en lucha por tierra. Algunos en las ciudades creen que esto hace parte del remoto pasado, del siglo XIX y principios del XX, o de los que, según el Estado, siguen anacrónicos pidiendo tierra y dignidad en el siglo XXI. Hoy todavía se dan luchas de campesinos. Las “nuevas” luchas, o mejor, las luchas que actualmente se desarrollan también son por tierra, como lo muestran ahora Venezuela, Bolivia, o en los 90 los zapatistas y que nos lo canta Todos Tus Muertos cuando ese mismo Pedro, Maria, Juan y José de Viglietti cambian solo de nombre: “En su caballo blanco, Ramona, David, Felipe y Javier a seis años del 2000 golpean con un machete la miseria y la muerte ¡Alerta guerrillas! (Alerta guerrillas. Todos Tus Muertos. Dale aborigen. 1996)

Todavía luchamos por un país para todos, por un continente para todos, por un mundo para todos, sin exclusión, sin clases sociales, donde todos trabajamos por todos. Retomo el inicio:  “Este país es mío/ Este país es suyo y mío, el continente es mío, el continente es suyo y mío, este planeta es mío, este planeta es suyo y mío, el universo no es de ellos, el universo es suyo y nuestro… ¡Todo para todos! (Para todos todo. Dr krapula. Bombea. 2005). Queremos y seguimos luchando por un país, un continente y un mundo donde la paz, la justicia y la democracia real no sean solo un juego de palabras ni una justificación para aliviar la conciencia de alguna cantante o político de turno. Como dice Ska-p “tened fe, seguimos en pie, la utopía es una cerveza fría… bebed / tened fe, seguimos en pie, Rebeldía, yo nunca me arrodillaré… muy pronto va a amanecer” (Ska-P. Eurosis 1998)

Por último, para aquellos que creen en estas épocas sombrías que ya han logrado la victoria, les decimos: seguimos en pie, cantando Viene la erupción, lava de justicia /el volcán no duerme está latente /agua hirviendo para el mate del Che /dale fuego al agua caliente (Todos Tus Muertos. Dale Aborigen). Porque no basta con decirlo seguimos y seguiremos con el pueblo en la lucha. Y como dice Tijuana No! “A defender la dignidad, gritando fuerte… Tierra y Libertad!”
Thursday, 14 January 2010 16:46

Himno de los olvidados o prohibido olvidar...

“Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas… Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta” (Fiesta. Serrat) Estas son las palabras mas ajustadas a estos días ya de descanso y desenguayabe, cuando pasa toda la bulla, la música, la parranda, y vuelve la necesidad del trabajo, vuelve para muchos la cabeza fría, vuelve  el rebusque. Estos días en que la ciudad vive así, de fiesta, es imposible no pensar en eso que a diario sigue sucediendo, esta violencia crónica que ya parece inherente a la ciudad.

 

Creo que ya no hay más formas de nombrar la violencia de nuestros barrios, es casi ya una triste tradición, que se empeñan en perpetuar los que nos quieren muertos o entretenidos enterrando los que mueren. Es la triste historia de nuestros barrios. Donde es más fácil conseguir un fierro que un libro, una navaja que un pincel. Como nos dice Ruben Blades en su canción Maestra vida “Maestra vida de justicias e injusticias, de bondades y malicias. Aún no alcanzo a comprenderte!... Y vi espinas y vi rosas. Vi morir seres queridos, vi bellezas. Fui testigo de maldades y de guerras. Vi lo bueno de este tierra, y vi el hambre y la miseria y, entre el drama y la comedia avanzando entre agua y fuego.” (1979). Así es la vida en nuestra ciudad, la calle que nos enseña, contradictoria, alegre y festiva pero de luto permanente y con la tristeza más profunda que una ciudad pueda tener.

Con este trabajo planteó una propuesta a través de lo que denominó “FOCILA”, su proyecto artístico para un Folklore de Ciudad Latinoamericana.

Ese Rubén Blades que nos enseñó que no importa el ritmo para describir la sociedad en que vivimos, la denuncia y la resistencia a través de la canción, a través de la salsa. Un género que no estaba acostumbrado a eso, a hacer música protesta en ritmo de Salsa. Pero no solo protesta, Rubén hizo música de la ciudad, en la que contó todo lo que pasa dentro, en los barrios, donde habita el trabajo, la necesidad, pero también la esperanza y la solidaridad, en todos los barrios de nuestra Latinoamérica. Sus canciones son tan universales como los barrios populares latinoamericanos.

Es el mismo Rubén que nos cantó Desapariciones, esa canción que sigue cada vez más vigente en nuestro país y que reflejó décadas enteras de los países latinoamericanos. El mismo que nos contó que “el plástico se derrite si le da de lleno el sol”, de Pedro Navaja, de Pablo Pueblo, de Siembra, de Maestra Vida o del Padre Antonio y su monaguillo Andrés. El mismo que nos describió en una canción lo que es ser Sicario: “Yo no sé si el tipo es bueno, o malo; solo sé que le tocó perder. En el cielo está Dios, soberano: en la tierra, la orden del cartel… Espero que la ametralladora no vuelva a trabarse ahora, como en el ensayo ayer”.

Al final del año pasado, después de ser Ministro en su país, Panamá, nos sorprende de nuevo con su trabajo “Cantares del subdesarollo”, del que él mismo plantea: “Esta producción es tan básica como lo es la vida en nuestros barrios populares: honestidad, valor y esperanza, aún frente a la dificultad o a la mayor decepción. En nuestras calles, la vida y la muerte bailan con la cerveza en la mano”.

Es sorprendente de nuevo la capacidad del artista para recrear situaciones que nos son similares, independiente del país del que hablemos o donde lo escuchemos. Pero en este trabajo hay particularmente dos canciones que parecieran escritas para Colombia. La primera se llama País portátil y nos dice en algunos fragmentos: “Se vende un país portátil / Con su autoestima en el suelo/ Con un enorme complejo/ Que lo hace antinacional/ Es un lugar sin memoria/ Donde ya nada sorprende/ Ni ver crimen indultado/ O a un charlatán presidente”. Parece estar pensado en este país indolente, que parece no importarle la miseria y los muertos que a diario produce el Estado. Este país donde plantear alguna crítica y no estar de acuerdo con el régimen de miseria y terror te transforma en antinacional, antipatriota, en enemigo del país para el gobierno. Donde el paramilitarismo fue encubierto y perdonado por sus creadores, asesinos que no pagaron ni un día de cárcel, otros, con miles de muertos y que en el mayor de los casos pagarán 8 años. Sin reparación de las víctimas, con familiares de víctimas que ahora son víctimas por denunciar. Y con un presidente que insulta a diario la inteligencia de los colombianos, que entregó el país no solo a las mafias, sino también al imperio, que trata de acabar con la pobreza acabando con los pobres.

“Se vende un país portátil/ Que castiga al que es honrado/ Y a un pueblo autocondenado/ Por no aceptar la verdad/ Se vende un país portátil/ Se ofrece en partes o entero/ Con un préstamo extranjero/ Hacerlo andar es muy fácil”. Pareciera cantarle a las víctimas del Estado colombiano en sus diferentes manifestaciones, militares y paramilitares. Esas víctimas que ahora son perseguidas por denunciar los delitos contra sus amigos y familiares, esas víctimas invisibilizadas, esas que no salen en los medios de comunicación porque el responsable sigue estando en el poder y manejándolo todo. Esté país donde el pueblo honrado y trabajador siempre es señalado como culpable de todo, de la miseria en la que nos tienen los de siempre y de la violencia que generan los poderosos. Pero como siempre, Blades sabe terminar la canción con un mensaje de esperanza y lucha a pesar de tanta adversidad diciendo… “Esta es tu raíz… Defiende al país”.

Rubén Blades termina este trabajo con una canción llamada Himno de los olvidados: “Este es el canto de la gente triste/ Este es himno de los olvidados/ Es el reclamo por lo que no existe/ Es la protesta de los desesperados/ Las ilusiones nuestras se han perdido/ Con la maldad de los que han gobernado/ Con su violencia nos han sometido/ Con la violencia serán castigados/ Lucharemos hasta ser librados…” No se puede negar la satisfacción de que se le siga cantando al humilde, al trabajador, a los que a diario se la tienen que rebuscar, a los que siguen soñando y trabajando para construir un mundo mejor… que todavía se le cante a la resistencia, a la lucha, a la desobediencia, al pueblo que se alza y construye su futuro.

O como dice en una canción de 1977, llamada Siembra Siembra: Cariño/ siembra humildad / y da frutos de esperanza a los que vienen detrás! Y para terminar otra canción de Blades… ¡Prohibido olvidar!

Friday, 20 November 2009 17:48

Música, paz y resistencia


 
“No me pidan poemas de amor, cuando quiero cantar la verdad, es la vida la que hay que enfrentar, yo no puedo esconderla en la flor… El niño que amamanta, en las tetas resecas, de la madre del tiempo, con canciones de lucha, quiero verlo crecer, con canciones de lucha, con canciones de pan, y por menos sufrir le cantaré a los hombres con guitarra y fusil.”

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