Katherin Julieth Monsalve

Katherin Julieth Monsalve

Siendo adolescente Evelyn Loaiza se hizo la pregunta por el deber ser: “¿yo debería ser así o de otra manera?” Nació en Medellín, el 16 de enero de 1990 en el Hospital General. Una niña de estrato tres, que creció rodeada de sus primos, abuelos, abuelas, en la comuna nueve, “y eso hizo que de cierta manera viviéramos desde muy temprana edad el tema de las bandas, del narcotráfico, Pablo Escobar, y que los pelaos querían ser como él. De cierta manera nos empiezan a normalizar, o a mí —acentúa— me empiezan a normalizar esa idea de lo que era vivir en Medellín en esa época: no saque esas cosas a la calle, esté pendiente por si alguien lo va robar, esté pendiente por si en cualquier momento se arma una balacera”.

Pero esa pregunta era el eco de un planteamiento que había respondido su abuelo con su propia vida. Martín Emilio Quiceno Cuartas nació en Armenia, Antioquia, en 1941. Vivió el país de la Violencia, el de los movimientos sindicales, el de “la política de Pablo Escobar: ser mafioso y adueñarse del país”; por eso asegura que en Colombia no ha dejado de haber violencia desde 1948.

“Yo en el 48 tenía ocho añitos. Entonces yo era un inocente, porque al fin y al cabo campesino, teníamos mucha oscuridad en cuanto a lo mental que adquiere una persona; por una parte la niñez, por otra parte ser campesino, falta de comunicación, porque no podíamos participar en una reunión familiar donde hubiera mayores, nos retiraban y si preguntábamos alguna cosa nos daban en la boca. Papá nunca tuvo una palabra para nosotros. Yo pensaba que cuando tuviera mi familia iba darme a ellos”.
Se casó con Rosalba Berrio en 1966. Tuvieron seis hijos, de esos seis hijos cuatro fueron mujeres. Con ellos construyó una vida familiar que alternaba con las acciones en "la sociedad comunitaria". Martín participaba en el comité pro defensa de la escuela Santo Tomás de Aquino en el barrio Loreto, ubicado en las laderas orientales de la ciudad. Allí se tomaron unos kioscos que estaban siendo apropiados por las barras de fútbol manejadas por Pablo Escobar. Los kioscos fueron solo una excusa para quitarles un espacio activo en el que había un parque y una cancha. Trabajó en la empresa Tejicondor por 26 años. Fue dirigente sindical en 1967. Se volvió opositor del sistema capitalista, y en 1973 dirigió el sindicato de la Industria Textil de Colombia.

Martín recibe una llamada, y dice:

—Que coloque: me reservo el derecho a reclamar.
Y finaliza:
—Cuídese y váyase despacio.
Sospecho que era una de sus hijas.

"Eso sumado al hecho de lo que mi abuelo venía contando –agrega Evelyn sobre la pregunta por el deber ser–, mi abuelo siempre ha sido activo, hay un problema y él no se queda con el problema. Por ejemplo, en el barrio Loreto se necesitaba un pasamanos porque la gente se estaba cayendo a un hueco, entonces mi abuelo veía ese problema, todo el mundo se quejaba, toda la vida habíamos vivido con ese hueco ahí, y mi abuelo sencillamente fue, puso la tutela para que mandaran a poner el pasamanos. Esa idea de hacer acciones silenciosas, es decir: ey, hay algo qué hacer, cómo yo aporto a que mi entorno sea mucho mejor".

Evelyn también habla de su abuelo gestionando dinero con las empresas para dar regalos de Navidad a los niños del barrio. Cuando la reprendía a ella y a sus primos. Las invitaciones a las marchas del 1 de Mayo con la correspondiente explicación: ese es el día de los trabajadores.

Por eso, cuando entró a la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, y se enfrentó a la pregunta ¿cuál va a ser su apuesta artística? Lo supo: el conflicto social. Evelyn ha trabajado el performance a partir del cuerpo, ha tocado el tema del valor de la vida en la ciudad, el asesinato sistemático de líderes sociales, la contaminación en las quebradas de Medellín. Ahora la pregunta por su deber ser está resuelta en su vida.

—¿Por qué mañana marcha un país? —les pregunto a ambos:
—Marchamos por la defensa de los intereses de las clases. Hay cinco puntos peligrosos: la reforma laboral, rebaja de impuestos a empleados con la farsa de que generen empleo
los jóvenes que no tienen acceso a la educación, el punto de las pensiones, la salud, entre otras —responde Martín.
—Creo que lo más fundamental es la defensa de la vida. También porque es el derecho a la protesta, de cierta manera ha generado un miedo, y es un miedo entre nosotros mismos. La posibilidad de defender la vida diciendo no estoy de acuerdo con ciertas cosas, que esas ciertas cosas se puedan cambiar, que podamos generar un gobierno al cual se le pueda cuestionar y las cosas puedan cambiar; que no esté ese miedo de salir a la calle, ese por favor déjennos salir, salga por la acerita y no haga absolutamente nada, sino que es un asunto de reclamación por la vida y por cosas que son necesarias. Y que de todas maneras tiene que haber compromiso por parte de las personas que estamos marchando y es hacerle veeduría a ese tipo de cosas para que esos procesos sí se sigan, y ahí viene el compromiso ciudadano: hacer esas exigencias pero que también trabaje con la comunidad —concluye Evelyn.

Ese 21 de enero, Evelyn y Martín se encontraron en la calle Junín. Luego fueron a marchar.

Wednesday, 14 August 2019 00:00

Ruiditos desde La Escombrera

Antes de llegar a La Escombrera hay una placa en honor a los desaparecidos durante y después de la Operación Orión; al frente queda la capilla. Cuando estás allí puedes sentir el silencio, pero si te quedas un rato más esa montaña se va poblando de ruiditos: el movimiento de las hojas de los árboles se acompasa con el sonido del viento pegándote fuerte en los oídos, algunos pájaros vuelan sobre ti y cantan entre ellos, el rezago sonoro de una quebrada, el murmullo de un caserío que escuchas más cercano cuando caminas hacia La Escombrera. Todo el tiempo un ruido que parece tragarse todos los demás te martilla la cabeza: el de las volquetas que van y vienen, descargan y regresan con más escombros.

Luego, un 17 de julio de 2019, estás en una audiencia pública de la JEP en el Palacio de Justicia, en la Alpujarra. Entonces Juan Diego Mejía se para frente al atril con la foto de Herney Mejía Gómez, un joven de ojos verdes, colgando en su pecho, y les dice a todos que él hace parte de Mujeres Caminando por la Verdad. "Al principio pensábamos que se trataba de casos aislados, que eran solo nuestros familiares y no sabíamos cómo nombrarlo. No sabíamos qué había pasado con nuestro familiar, decíamos que a mi hermano se lo habían llevado; más adelante nos dimos cuenta que no era solo uno, sino muchos, el miedo nos invadió, generalmente no denunciábamos. Y por años hemos visto cómo cada día con volquetas de escombros siguen enterrando a nuestros familiares".
Esas últimas palabras de Juan Diego están en una escena que describió el docente investigador de la Universidad de Antioquia y coordinador del Observatorio de Seguridad Humana, Pablo Emilio Angarita: "Recuerdo que hicimos un acto simbólico muy especial conmemorativo. Estábamos en una misa, fue en la capilla, y en los silencios que a veces había ahí se oía pasar las volquetas, eso era un dolor porque cada volqueta de esas era como sepultando la verdad. Eso parecía una metáfora de cine, pero era real: nosotros hablando de los desaparecidos y el ruido de las volquetas pasando".

Juan Diego estaba ahí, haciendo su ruidito, diciendo el motivo de tanto silencio, porque es ahí donde la incertidumbre se desarrolla, donde la cabeza se puebla de vocecitas que interrogan: ¿Habrá preguntado por qué? ¿Qué le hicieron? ¿Se defendió? ¿Cuál fue su pensamiento en ese momento? ¿Por qué? Juan Diego estaba ahí porque otros detrás también hicieron ruiditos:

Cada víctima lucha contra la impunidad apoyándose en las experiencias de resistencia de la Comuna 13. Los partidos de fútbol nocturnos que se realizaban como respuesta al encierro de la comunidad a causa de los toques de queda impuestos por los grupos armados, y la gente que se unió para reclamar su derecho a habitar la noche. Las constantes marchas convocadas en el 2002 contra las seis operaciones militares que hubo en el territorio. La niña de 12 años con una sábana atada a un palo, seguida por una multitud con trapos, cobijas y toallas, en la denominada marcha de los pañuelos blancos, pidiendo que no dispararan a los civiles durante la Operación Mariscal el 21 de mayo de 2002. Dos días después, la marcha silenciosa, rechazando la muerte de John Wilmar Ayala de 16 años, quien murió intentando auxiliar a un hombre herido en la calle durante la misma Operación. El Manifiesto por la vida y la dignidad humana dado a conocer el 13 de julio de 2002 en una marcha con el mismo nombre, y el Festival Hip Hop Revolución Sin Muertos (acciones registradas en el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “La huella invisible de la guerra: desplazamiento forzado en la comuna 13”).

El 30 de agosto de 2018, Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, nueve familiares de personas dadas por desaparecidas y el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), presentaron una solicitud de medida cautelar sobre 16 lugares en el territorio nacional donde se presume yacen cuerpos de personas desaparecidas, ante la sección de Ausencia de Verdad y de Responsabilidad de Hechos y Conductas de la Justicia Especial para la Paz (JEP), entre los que se encuentran La Escombrera y La Arenera, ubicadas en la Comuna 13 de Medellín. Lo que se buscaba era el cierre inmediato de estos lugares.

Fue así como este 17 y 18 de julio la JEP hizo su primera audiencia pública en Medellín, en la que entidades como la Gobernación de Antioquia, la Alcaldía de Medellín, el Grupo interno de trabajo de búsqueda, identificación y entrega de personas dadas por desaparecidas (Grube) de la Fiscalía General de la Nación, y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), hablaron ante los magistrados de la JEP y las víctimas de la Comuna 13, frente a la sistemática desaparición de personas.

Los antropólogos y topógrafos de la Fiscalía le mostraron a una foto satelital de La Escombrera, tomada en el 2001, al exparamilitar Juan Carlos Villada, alias Móvil 8. Él indicó los puntos con mayor posibilidad de hallazgo, pero cuando lo llevaron al lugar en el año 2014 ya no pudo identificar los lugares que antes marcó debido a las modificaciones constantes que sufrió el terreno.

Una de las preguntas que tenían las Mujeres Caminando por la Verdad fue por qué se suspendieron las excavaciones en La Escombrera, que iniciaron el 5 de agosto de 2015 y se dieron por terminadas el 14 de diciembre de ese mismo año. Ese “por qué” lo entregó Jhon Freddy Ramírez, antropólogo forense del Grupo de identificación humana del CTI de Medellín, encargado de coordinar el proceso técnico del llamado Polígono 1 de La Escombrera: "La utilización de maquinaria pesada era fundamental, dado que era un material bastante pesado: escombros, postes, basura. El 14 de diciembre a las cuatro de la tarde alcanzamos suelo natural, y los hallazgos para restos humanos fueron negativos. El agua que bajaba de la montaña y entraba al lugar de excavación y las lluvias no permitían trabajar. ¿Cuál era la solución? Un techo, un techo bastante caro, a lo que me decían: ¿y si se coloca ese techo hay garantías de que se encuentren cuerpos? Yo no pensé que me estuvieran haciendo esa pregunta, pero sí me la estaban haciendo. Yo dije: no, no hay garantías de encontrar, es garantía de hacer un buen proceso. En esas condiciones dimos por terminada la labor, ese 14 de diciembre".

Fue una de las pocas respuestas que se obtuvieron. Las preguntas de los magistrados y las víctimas eran poco satisfactorias. “No nos corresponde manejar esa información”, “vamos a consultar y traemos la respuesta mañana”.

Fue después de una respuesta de ese tipo que el magistrado Gustavo Adolfo Salazar preguntó:

–La Fiscalía ha señalado que la mayor parte de las desapariciones se da entre 2001 y 2003, a la fecha se presenta un número de víctimas de 114.

–Aproximadamente–, responden de inmediato los representantes de la Fiscalía.

–Yo me pregunto qué es necesario y qué ha sucedido para que no se haya consolidado una cifra de las víctimas de desaparición forzada en la Comuna 13.
Hay un silencio largo.

–Pregunta tan complicada... Para el año 2002 yo no hacía parte de quienes documentaban estos hechos. No todos los que tenían víctimas desaparecidas denunciaban. Cuando llega Justicia y Paz se presentan las denuncias, pero ya ha pasado muchísimo tiempo, esto dificulta no el proceso de documentación sino el de investigación, ya los victimarios no están, algunos han muerto. Pueden ser algunas de las razones por las que las cifras aún no están completamente realizadas.

La audiencia no arrojó un resultado inmediato, las víctimas deberán esperar que las instituciones reúnan la información que no le propiciaron a la JEP durante esos dos días, para que esta última pueda tomar una decisión respecto a las medidas cautelares.

Luz Elena Galeano, integrante de Mujeres Caminando por la Verdad, ofreció su opinión sobre esta audiencia: "Para mí es un proceso reparador el solo hecho de escuchar las voces de las víctimas, nosotros siempre nos hemos basado en exigir desde el año 2002 con el tema de las denuncias, los plantones, las movilizaciones sociales, las vigilias, haber tenido ese logro tan importante de las excavaciones en el año 2015. Pero también por nuestra lucha y resistencia. Son 17 años de impunidad, exigiendo verdad, justicia y garantías de no repetición, y sobre todo la búsqueda de nuestros familiares desaparecidos".

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