Periferia

Periferia

Tuesday, 21 April 2020 00:00

La naturaleza recupera su lugar

Texto: Cocorná Consciente

Ilustración: Valentina González

La naturaleza se ha expresado y ha venido recuperando su lugar.

Esta pandemia les dio un respiro a nuestros ríos, un respiro que nunca antes le había dado nuestro sistema socio-económico.

Y la naturaleza agradece, no solo tenemos un ambiente mucho más limpio, sino que nuestros ríos fluyen casi sin basuras, y los animales empiezan a sentir que este mundo también es de ellos.

Hemos cambiado como sociedad; sin embargo, está claro que hay causas que nunca dejaremos de defender.

La naturaleza está recuperando su lugar, de la misma forma es importante que reflexionemos como especie y organicemos nuestras prioridades.

A estas alturas, ya nos dimos cuenta de la importancia de los campesinos, y su incansable labor para alimentarnos, su trabajo es fundamental para nuestra subsistencia y no se nos puede olvidar.

Los médicos, siempre en crisis, han hecho gala de su juramento hipocrático, y han dejado literalmente la vida en hospitales y clínicas, protegiéndonos, y siendo superhéroes de carne y hueso.

Los maestros han hecho lo imposible por seguirnos educando y han puesto a prueba su capacidad de desaprender, para reeducarnos, y ponernos al día con la tecnología.

¿Ya no suena tan descabellada la idea de irse a vivir al campo y cultivar la propia comida, no?

He aquí la importancia de garantizar la soberanía alimentaria, y cultivar nuestro propio alimento, y proteger al pequeño agricultor y recordar para siempre que sin agua no hay vida, que sin maíz no hay país, que sin campo no hay ciudad, y que hay que pensar primero en nuestros productos, por más que en las grandes cadenas sea más barato.

Hay que fortalecer los mercados campesinos y las economías propias.

Hemos vivido tanto tiempo alejados de nosotros mismos, que parecemos extraños ante la soledad, no estamos acostumbrados a nuestra presencia, nos ponemos ansiosos y sentimos que, si no estamos haciendo algo productivo, no servimos.

No está mal frenar un poco, respirar profundo y reinventarse. Sin pausa, pero sin prisa.

Desde nuestras casas seguimos pensando en el patrimonio natural, no se nos pasa por alto el hecho de que existen empresas a las que no les importa el virus, y aprovechan la cuarentena para destruir, contaminar y sembrar el miedo.

Queda prohibido olvidar. Cuando todo esto pase, seguiremos atentos, luchando por la naturaleza, por la salud, por la paz y por la soberanía alimentaria. La naturaleza nos agradecerá y nos dará la razón, porque cuando pase todo esto seremos mejores, habremos revaluado nuestras prioridades y tendremos una idea más clara de lo que significa un territorio libre y en paz.

Por Juan Alejandro Echeverri 

Las comunidades de Nóvita, Chocó, esperaban insumos y recursos para afrontar la pandemia del coronavirus, pero de los helicópteros que llegaron a la zona descendieron policías antinarcóticos con la orden de erradicar, a toda costa, los cultivos de uso ilícito.

Ayer 20 de abril, una cuadrilla de los antinarcóticos realizó un operativo de erradicación forzada en el corregimiento Pingaza. A la zozobra y alarma de la población, la Fuerza Publica respondió disparando balas de goma, lanzando gases lacrimógenos, cortando con motosierras los cultivos, y rociando con glifosato las hojas de coca y los cultivos de plátano y lulo. Además de las afectaciones al sustento alimentario, un líder resultó herido, al igual que adultos y niños menores. El 15 y 18 de abril, habían realizado operaciones similares en el corregimiento Irabubu, y en las comunidades de San Jerónimo y Playa del Rosario, respectivamente.

La erradicación forzada, asegura Tulio Antonio Hurtado, tomó por sorpresa a las comunidades de este municipio ubicado al sur del Chocó. El Presidente del Consejo Comunitario Mayor de Nótiva, que agrupa a 29 consejos comunitarios del municipio, también es uno de los afectados indirectos, pues la policía antinarcóticos dijo que él y el Alcalde habían ordenado el operativo, cosa que no es cierta. “Siento miedo porque la fuerza pública me está poniendo la lápida en la espalda”, manifiesta Tulio desde el territorio.

Imágenes de las lesiones causadas por la policía antinarcóticos 

Ya las denuncias fueron hechas ante la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo. Esta última le manifestó a Tulio Hurtado que la erradicación forzada es una orden dada desde el gobierno nacional para todo el pacifico colombiano. Según, Víctor Darío Luna, integrante del Consejo Comunitario Mayor de Nóvita y representante del Chocó en el Espacio Nacional de Consulta Previa, los operativos realizados en el municipio violan la sentencia T-236 del 2017, en la cual la Corte Constitucional ordena que las “comunidades étnicas del municipio de Nóvita deben ser consultadas sobre los programas de aspersión de cultivos a realizarse en su territorio”.

“La comunidad es consciente de que el cultivo no es la solución, pero no les queda otro camino al ver el abandono del estado”, asegura Víctor Darío. “Las comunidades siembran coca porque es una fuente de vida, porque no tienen de qué vivir.  Es la forma más fácil más expedita para conseguir el sustento, ¿que más pueden hacer? El gobierno no puede llegar a tropellar así, sin brindar otra solución”, manifiesta Tulio Antonio, quien además agrega que las comunidades se alegraron cuando conocieron la existencia del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), manifestaron la voluntad de reemplazaron la coca y se inscribieron en los programas. Pero la ilusión se esfumó al enterarse de que Nóvita no estaba priorizado en el plan de sustitución.

Hasta el momento el gobierno no ofrece soluciones que no sean violentas, ni cumple con sus obligaciones. La sentencia T-236 del 2017 también ordenó que se hiciera una consulta para consensuar alternativas a la hoja de coca, y que además se caracterizaran, mitigaran y restauraran lo daños causados por las aspersiones aéreas de glifosato, hechas entre el 2012 y 2014. De las afectaciones causadas por el químico cuya toxicidad está demostrada a nivel nacional e internacional, Tulio enumera que “dejó muchas quebradas sin peces porque ese veneno cayó a los caños. Acabó con los cultivos de maíz, de plátano. Mucha gente quedó con tembladera de la mano. Nacieron niños con malformaciones”.

Las reuniones para dicha caracterización se hicieron entre el 29 de octubre y el 3 de noviembre del año pasado. Tanto en Víctor Darío como en Tulio se nota un sinsabor por la improvisada y limitada convocatoria, y por la falta de resultados de un proceso que al día de hoy está estancado.

El coronavirus paralizó el país, pero se dispararon las operaciones de erradicación forzada. A finales de marzo, más de 600 campesinos bloquearon la vía que comunica a Cúcuta con Ocaña en rechazo a los operativos de erradicación que el ejército estaba realizando en Sardinata, municipio del Catatumbo, Norte de Santander. Y hace unos días, la Red de Organizaciones Sociales y Campesinas del Norte de Antioquia también denunció incursiones de este tipo en zonas rurales de Toledo, Tarazá, Ituango y Valdivia. En los departamentos de Putumayo y Caquetá se repita la misma situación, con el agravante de que la erradicación forzada se está llevando a cabo en territorios que habían firmado acuerdos contemplados en el PNIS.  

La periferia colombiana no cuenta con la infraestructura adecuada para atender la pandemia, las ayudas gubernamentales no llegan, pero el gobierno envía policías y soldados que pueden ser posibles portadores que llevan el virus a los territorios. “No entiende uno qué quiere o busca el Presidente”, dice Víctor Darío, quien está a la expectativa de saber hacia dónde se dirigían a erradicar los helicópteros que partieron esta mañana de Condoto.

 

 

Por Carlos Julio Díaz Lotero – Analista Escuela Nacional Sindical

En el marco del Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica, el pasado 15 de abril, el gobierno expidió el decreto legislativo 558 “por el cual se implementan medidas para disminuir temporalmente la cotización al Sistema General de Pensiones, proteger a los pensionados bajo la modalidad de retiro programado y se dictan otras disposiciones.”

Una de las medidas del decreto es la reducción de los aportes al Sistema General de Pensiones del 16% al 3%; es decir, no se cotiza la parte correspondiente al ahorro pensional, sino solo la parte que debe cubrir el costo del seguro previsional en el Régimen de Ahorro Individual con Solidaridad o el aporte a los fondos de invalidez y sobrevivencia del Régimen de Prima Media, según corresponda, así como el valor de la comisión de administración.

La medida más fuerte y desconcertante que toma el decreto es la determinación de traslado a Colpensiones de aproximadamente, según cálculo de algunos especialistas, de unos 20.000 pensionados, de los casi 100.000 que se encuentran bajo la modalidad de retiro programado a cargo de los fondos privados

La decisión es un reconocimiento de los efectos iniciales del proceso de desintegración del sistema financiero del transatlántico, no a causa, pero si acelerado por la pandemia global del COVID 19.

Recordemos que en nuestro país existen dos regímenes pensionales: El público o de Prima Media (RPM) que administra Colpensiones, y el de Ahorro Individual con Solidaridad (RAIS) que manejan los fondos privados bajo la figura de negocio financiero. Los fondos privados utilizan el esquema de los multifondos para que los afiliados puedan escoger que tipo de riesgo quieren asumir en las inversiones de portafolio que hagan las Administradoras de Fondos de Pensiones: conservador, moderado, y de alto riesgo. El fondo conservador tiene más o menos la mitad de los recursos en deuda pública, el moderado el 35% y el de alto riesgo el 15%. La mayoría de los trabajadores, al momento de afiliarse, no dicen el riesgo que quieren asumir, por desconocer el funcionamiento de la llamada economía de casino, y por tanto los fondos deciden por ellos.

Como más de la mitad de los 280 billones de ahorro acumulado, de los más de 6 millones de trabajadores que tenían los fondos privados a diciembre 31 del 2019, se encuentra en el mercado especulativo de valores tanto del país como de Wall Street, el colapso de  esta burbuja ha desvalorizado estas inversiones de portafolio, a tal punto que podrían desaparecer en cuestión de meses, si es que ya no han desparecido.

Como las utilidades de los fondos privados provienen de la comisión que cobran por administrar los portafolios señalados, que es más o menos la mitad del 3% de la cotización que se mantiene, podríamos decir que el gobierno con su política garantiza la ganancia del capital y asume las pérdidas de los trabajadores por los vaivenes del mercado.

Es curioso que hace unos tres meses ASOFONDOS y todos los corifeos neoliberales que exigían rabiosamente acabar con Colpensiones, o por lo menos con el régimen de Prima Media, hoy sea el salvavidas al que le cargan la irresponsabilidad de sus maniobras especulativas. De hecho Colpensiones ya arrastra un déficit de unos $14 billones, que se deben asumir por parte del presupuesto nacional, a lo que hay que sumar otro billón de pesos cuando asuma la totalidad de los pensionados de la modalidad de retiro programado.

Este es un gobierno al servicio de banqueros que han desarrollado un capitalismo parasitario, que ha recibido apoyos por más de $60 billones, mientras reparte  miserias para el sector de la salud, para el sector empresarial de las pequeñas y medianas empresas (MIPYMES),  y para toda la población pobre y sin ingresos.

Lo más sensato que podría hacer el gobierno, si tuviera el liderazgo y la estatura moral para un tiempo de crisis planetaria como la que vivimos, es derogar la ley 100 de 1993, responsable de muchas muertes por la destrucción de la salud pública y el desmantelamiento de la red pública hospitalaria, el deterioro de las condiciones laborales del personal de la salud, la desaparición de los sistemas de prevención de los riesgos laborales, y el robo de los ahorros de toda una vida de una gran mayoría de trabajadores que se dejaron confundir por las artimañas de los mercaderes de ilusiones.

Si tuviéramos un presidente con vocación de justicia social, obligaría a los grupos financieros, responsables de esta monumental estafa contra de la nación y la sociedad, a que asumieran con su patrimonio lo que hoy debemos pagar todos los colombianos.

Pero lamentablemente ese presidente no lo tenemos.

Monday, 20 April 2020 00:00

Ritmos de los días pasados

Texto: Miguel Ángel Romero

Ilustración: Valentina González

Los ritmos marcan nuestros días y son guía del tiempo. La vida que a nivel personal transita entre épocas por distintos ritmos, se ve influida por los de la sociedad que vivimos. Y en nuestro caso han sido los ritmos urbanitas, del hacer, cansar el cuerpo, de la promesa del desarrollo y que en días pasados parecían ser única opción. Ritmos que no dan lugar para pensar sobre ellos.

Pero, así como nuestros ritmos cambian, cambian también los de la sociedad. Durante la cuarentena, que nos ha confinado y obligado a una pausa por causa del riesgo que significa un virus para la vida humana, se ha abierto una brecha en el ritmo monótono y afanado.

Despertarse, alimentarse, transportase, trabajar, alimentarse y socializar, trabajar de nuevo, transportarse de regreso, alimentarse, entretenerse, cerrar los ojos y empezar una vez más; semanas y fines de semanas, meses y años; hacer para tener, tener para ser: ritmos de los días pasados.

Pero desde antes, la pausa impuesta la afrontaban los expulsados por la economía, los que en las márgenes resisten la vida con sus ritmos desempleados, campesinos, indígenas y negros. Las que viven en eterno estado de excepción, de las periferias colonizadas y empobrecidas, las únicas personas que ahora habitan la ciudad y exponen sus vida para la subsistencia de esta en la economía del ahora y del  nunca.  Mientras tanto, una clase media confundida que se creía en diferentes condiciones, se resguarda en sus hogares azuzados por el porvenir.

La pausa ha expuesto las desigualdades que antes eran cubiertas por el mito del desarrollo y sus ritmos del afán. La negación de la pausa o la angustia que produce, se debe a la relación estrecha entre el trabajo y la explotación, el ritmo del capital. En este no hay otro fines diferentes a producir y consumir, y nuevamente producir y consumir.

La disonancia es la ocasión para poner en cuestión la manera en que veníamos dando los pasos. También nos urge a cambiar lo que hasta este momento nos encaminaba hacía un sobre esfuerzo de nuestros cuerpos y pensamientos. En estos días deberíamos preguntarnos el sentido de lo que hemos habituado: el trabajo, el estudio, las relaciones, la espiritualidad, la desigualdad. Reflexión que parte de la realidad y necesidad de acción.

Vivimos un tiempo en el que se han acoplado los ritmos precarios, de los que nunca tienen tiempo y  de los cuerpos sobre los cuales se sostienen los excesos, visiones y realidades del mundo de la minoría que no es víctima del desarrollo. Ahora los parados no son los únicos preocupados por el futuro, ni sólo los marginados tienen en riesgo su vida. Este virus, la cuarentena y sus ritmos han instalado en nuestras casas el interrogante sobre un presente sin alternativas, que de seguir siendo así no tendrá un futuro. 

Mucho más cuando el riesgo está, en que temerosos, los ritmos que se impongan en los nuevos días, no sean los interiores, sino que sea el marcial, el del disciplinamiento de nuestros cuerpos y mentes. La renuncia a la libertad por el ritmo único producto del terror. Por esto, hay que insistir en sentir los pasos y en la elección del camino, cambiar los ritmos frente a los turbulentos que no permiten su reflexión ni acción.

 

Por Juan Diego Muñoz

Trasladar a Colpesiones a 20.000 personas que cotizan en fondos privados y cumplen los requisitos para pensionarse, significa que la forma piramidal de distribución de las personas dentro del sistema público pensional, se está acotando en su base. Las personas que harán parte del fondo publico entran a la punta, donde están los pensionados. Punta que tiende a ensancharse porque la población colombiana y mundial está envejeciendo, mientras que en la base cada vez hay menos jóvenes que trabajen y coticen para pagar la pensión de los pensionados. Panorama que hará del sistema algo insostenible, pues le cuesta al país 3.5 puntos del PIB, y lo llevará a un posible declive.

El decreto 558 del 15 de abril de 2020 sobre materia pensional, suscitó un sin número de reacciones, como era de esperarse al ser un tema delicado para todos los colombianos. Posiblemente se deba a ese miedo tan generalizado y palpable de saber que “pensionarse” es una de las mariposas amarillas en el país de las realidades difusas y los decretos a dos manos.

El incauto creería que lo que pretende el decreto seria, en primer lugar, permitir que durante unos meses empleadores y empleados no tengan que pagar el monto total de pensiones, sólo mantener lo básico para seguros de vida o invalidez, que sería un aporte del 3% del que se hace normalmente, que corresponde a un 12% del salario por parte del empleador y 4% por parte del empleado. Y en segundo lugar, trasladar a las personas que estaban cotizando en los fondos privados para un retiro programado, por un salario mínimo a Colpensiones.

Para entender la medida que en primera instancia parecería un acto de caridad, desglosaremos lo que pasa con el sistema pensional de Colombia y a quién beneficia en última instancia este decreto.

Comencemos por entender que el sistema pensional fue concebido con la ley 100 de 1993, la cual divide las posibilidades de pensión de la misma manera que los requisitos para acceder a ella. En Colpensiones, la entidad pública, se requieren aportes que se convierten en semanas, las cuales, como mínimo, deberán ser 1.300. La mesada, ósea lo que recibirá el colombiano una vez pensionado, será de entre el 65 y  el 80% del promedio devengado durante los últimos 10 años de trabajo. La pensión no podrá ser menor a un salario mínimo, cantidad que no se garantizaría en el privado, pues el valor de la misma se reliquida cada año de acuerdo con la cuenta de ahorro individual. En los privados, denominados administradores de fondos pensionales (AFP), se requieren 1.150 semanas o un total de capital que se recalcula cada año.

Las diferencias entre ambos sistemas son abismales: mientras en las AFP se puede pensionar antes de la edad legal, estipulada en 57 años para mujeres y 62 para hombres si se cumple con el capital, en Colpensiones es obligatorio cumplir con este requisito, sin embargo, si se llega a la edad de pensión sin las semanas necesarias, se debe seguir trabajando hasta lograrlas, misma obligación tendrán quienes estén en las AFP hasta lograr el monto de capital necesario. Sin importar en cual régimen se encuentre la persona, se pueden realizar traslados de un fondo al otro cada 5 años como mínimo, y 10 años antes de completar la edad de pensión.

El peor escenario dentro del sistema es cuando un cotizante no alcanza los requisitos. En Colpensiones recibirían una indemnización sustitutiva o una devolución de dineros si estaban en una AFP, pero en el caso de la indemnización sustitutiva el afiliado recibirá sus cotizaciones ajustadas al incremento de la inflación, al incremento del costo de vida. En las AFP el cotizante recibe el saldo de sus aportes actualizados con la inflación, más las ganancias de los mismos; por cada peso que se cotiza en los fondos de pensiones, el afiliado a un fondo privado puede recibir entre 2 y 3 pesos más de rendimientos.

Lo que ganan Colpensiones y las AFP con este traslado masivo de personas cercanas a pensionarse es simple: para el sistema público sería un inyección de liquidez y un alivio, pues los ahorros de los 20.000 pensionados trasladados representan cerca de 5 billones de pesos que solventarían el desfinanciamiento que vive Colpensiones; para las AFP representaría una disminución de sus obligaciones para con los propios pensionados, pues, en momentos en los que generan pérdidas y pasivos por la crisis económica, ya no tendrían que administrar carteras de personas que demandan pero no ingresan dinero al sistema, además se libran de las 20.000 mesadas mensuales, que a precio de hoy serían más de 17.000 millones de pesos.

tomada de: elviejotopo.com

Para los colombianos el panorama es totalmente distinto. Según la Dirección de Regulación Económica del Ministerio de Hacienda, “trasladarse de un régimen privado a uno publico implica una mala decisión en el 95.5% de los casos”. Suponiendo que alguna persona hubiera querido trasladarse dos semanas antes del decreto, su solicitud hubiera sido negada inmediatamente.

Además, si cumplían con la cantidad de semana requeridas en el fondo privado, el traslado acarrea 3 años o más de trabajo, y de aportes dependiendo el caso, los cuales ya no serían destinados a sus cuentas personales para aumentar el valor de mesada, sino a pagar las pensiones y subsidios de quienes ya cuentan con esta condición en Colpensiones. Es importante destacar la gran inequidad del sistema público, según el propio Departamento Nacional de Planeación, el 65% de los subsidios pensionales está dirigido a 20% de la población con mayores ingresos. A lo que se les suma los problemas de cobertura del sistema que solo cobija al 25% de los adultos mayores del país.

En el tema de las pensiones, prima el conflicto de intereses políticos por encima del bien común. Ningún miembro del congreso puede afirmar que el sistema marche bien y no necesite una reestructuración. Pero nadie se ha puesto el overol, como se dicen popularmente, para sacar adelante una reforma pensional por decreto de ley, y lo más probable es que nadie se lo ponga.

Este tipo de decretos son pañitos de agua tibia en medio de la crisis. Los más perjudicados, como siempre, son los colombianos de a pie. Tanto los privados como el Estado saldrían beneficiados por este decreto tomado a la ligera que esconde las intencionalidades aplazadas del gobierno, quien desde el año anterior pretendía “eliminar el régimen de prima media (Colpensiones) y aumentar la tasa de cotización de forma gradual”. Estas eran las dos “bombas” de la reforma pensional que Ivan Duque quería presentar al Congreso después de las elecciones regionales. Estos puntos, según Portafolio, “hacen parte de un proyecto de ley que está afinando la Comisión de Reforma de Protección a la Vejez, y que sería radicado ante el Congreso, con mensaje de urgencia, para que quede aprobado antes de finalizar el año y comience a regir desde el 2020”.

La medida decretada es como el velo que ponen sobre un cadáver antes de la llegada de los servicios funerarios. Es plausible la podredumbre que hay detrás del sistema pensional colombiano. Nada diferente se puede decir sobre lo que financieramente es evidente: Colpensiones es insostenible en el tiempo, magnifica las desigualdades e implica una carga muy grande para todos los colombianos. En el sistema privado la competitividad es dispar, pues el 80% del sector está en manos de dos AFP, el sustento teórico de su existencia, “los mercados son buenos”, queda sin fundamentos ante las crisis, cada vez más fuertes, que se vienen presentando. Después de la del 1997-2001 y la inmobiliaria del 2008-2009, ahora nos enfrentamos a la del covid-19. Difícil predecir hasta cuándo seguirán los mercados a la baja, las economías arrastrando la deuda y el gobierno dando puntadas para abrir paso a la reforma que quiere implementar.

“Nadie estaba preparado para esta situación”, dice el gobierno ante lo que se avecina. Sin embargo, se le obliga al asalariado a prepararse para una vejez llena de carencias, con una vida llena de abandonos, de dificultades para encontrar un empleo digno que no sea solo por temporadas, de carencias educativas para aprender a manejar el dinero y la importancia de ahorrar o invertir; pero cómo lo van a lograr si el salario mínimo no alcanza ni para vivir el mes entero, si la desconfianza en la institucionalidad es razón más que suficiente para no entrar nunca en el sistema; abundan los casos cercanos de personas a las que engañaron o estafaron, y nunca lograron la pensión.

Estos cambios en las pensiones castigan a la población colombiana, no son la llaga que más lastima, sino una nueva herida en la frágil y deteriorada economía de los bolsillos de los colombiano de a pie; un pincelazo extra en el tétrico cuadro de una vejez en Colombia.

Saturday, 18 April 2020 00:00

Las cuarentenas abiertas de América Latina

Por: Nacho Levy de La Garganta Poderosa

Hace un ratito nomás, estábamos empezando a testear el golpe cívico militar en Bolivia, el oxígeno para la ilegítima deuda argentina, la fiebre por militarizar las calles uruguayas, los tapaojos para protestar contra Piñera, los delirios de Bolsonaro en las favelas, la temperatura del parlamento peruano, las fosas comunes en México, el rebrote del bloqueo a Cuba, la curva de las tarifas en Ecuador, el virus que mata líderes en Colombia, el aislamiento obligatorio de Venezuela, la letalidad del racismo, los guantes del capitalismo financiero y las vacunas apócrifas de la OEA, entre todas las trumpas que nos hermanan en una tierra sin coronas, donde la plaga del silencio mata personas, los favorecidos cierran sus puertas y nuestro pueblo trabaja, ¡las venas abiertas de la Patria Baja!

Por ahí agonizaban nuevas verdades, nunca prioridades en las inmunizadas portadas de la región, dramáticamente intubadas al mismo patrón, cuando de pronto cambió el universo. Al reverso de la globalización, sin perder el control de la televisión, una pandemia tumbó al abrazo abriéndose paso, vomitando sus nichos y enterrando a los demás bichos que azotaban a la pobreza: el hambre, el desmonte, un alambre, ningún horizonte, la sequía, la discriminación, la hipocresía, la concentración, la megaminería, el mal menor, la policía con silenciador, la indiferencia, los pesticidas, ¡la convivencia con los femicidas!

A lo amargo y a lo chancho del continente, hoy se extiende ruidosamente un entramado de asambleas populares que vienen hilando ideas desde distintos lugares, porque la pobreza es una sola, pero la entereza es una ola de convicciones, arrastrando durante siglos a millones que no sólo padecimos el colonialismo y la desgracia, ¡nacimos de la misma idiosincrasia! Burlando todas las barreras, vestidas de modas o erguidas como fronteras, nuestras comunidades villeras vienen tirando paredes por las redes con las delanteras de otras favelas que también son escuelas, como las comunidades, las poblaciones, las chabolas, las barriadas, los cantegriles, los asentamientos, ¿hace cuánto tiempo comenzaron los aislamientos? Mal que les pese, América Latina crece sobre su dignidad, bajo techos de chapa, desafiando a la autoridad del mapa, porque nos unimos, porque rompimos el prisma, ¡porque ya no se aguanta! Y porque compartimos la misma Garganta.

Argentina

 tomada de: https://mundo.sputniknews.com/

Atrincherada sobre tierra arrasada, sin pan, trabajo, ni techo, el virus encontró buena parte de su laburo hecho. Recesión, desnutrición, familias desalojadas, policías desbocadas y deudas tan sagradas como fraguadas ya infectaban al Estado, cuando nadie hubiera imaginado alguna limitación para la circulación comunitaria, sólo para evitar una eclosión funeraria.

Sin dudas, el temprano decreto de la cuarentena, valió la pena y endeudó a la alegría: si alguien tiene que esperar, ¡que espere la economía! Se salvaron vidas y se tomaron medidas importantes, pero son cada vez más desesperantes las filas de los merenderos, donde faltan los noteros y sobra la verdad: ya pasamos a disponibilidad, decenas de imágenes que desnudan a las Fuerzas de Seguridad. Mucho, mucho control popular, donde nadie puede aislar a sus tenedores y parece que son tan peligrosos los comedores de la comunidad, tan ladrones y tan turbios, ¡que la Ciudad invirtió 53 millones en teatro antidisturbios!

Cuidarnos nunca implica callarnos las flaquezas, ni privarnos de aplaudir que por fin podamos discutir las grandes riquezas. Reglas vitales para los demás, como la restricción a los cortes de gas, no están cubriendo a las viviendas informales, porque no llegan las garrafas sociales, ni los sachets de agua potable en el kit de la vianda escolar. Ni eso, ni el Ingreso Familiar de Emergencia lograron descomprimir la situación: llega la urgencia, pero tarda la conexión. Y aún faltan asilos para los ancianos menos pudientes que conviven con sus parientes o siguen laburando para morfar, codos con codos: ahora es cuándo, ¡La Patria es aislar a todos!

Bolivia

tomada de: El Comercio

El proceso alfabetizador, la plurinacionalidad, 25 mil kilómetros de ruta, la estabilidad monetaria, los hidrocarburos, el teleférico, La Paz libre de represión y el mayor desarrollo económico de la región, tal vez les molestaron a esos fiscales del carisma, la gente y la democracia que voltean una y otra vez. No les molestaba un presidente boliviano que hablara sólo en inglés. Afuera Evo, arrancó un año nuevo y todo normal. Hoy, el 70% del comercio es totalmente informal, la situación social desborda por los costados y ni siquiera se informa el número de contagiados. Los hospitales están jodidos y los movimientos siguen tan perseguidos como las federaciones del Trópico que juntaron donaciones en el Alto Chaparé, pero fueron retenidas por el Ejército del sálvese quien pueda: la biblia, parece, quedó en la Casa de la Moneda. Hay, sí, un bono de 400 Bolivianos para mayores de 65, viejos beneficiarios del salario social Juana Azurduy, madres recientes y personas con discapacidad, ¿buenísimo, no? Sólo que nadie lo cobró. Y entonces se creó una canasta familiar de 500 bolivianos, para padres de niños en escuela primaria, ¡qué lo parió! Ah, no, tampoco llegó.

Brasil

tomada de: msn.com

Ni el impeachment, ni las fake news, ni el law fare, mostraron un sesgo tan hostil hacia su propia gente: el grupo de riesgo en Brasil es el Presidente. Más de 30.000 contagiados como secuelas de su libre albedrío: sólo 69 testeados en las favelas de Río, 8 muertos. Y casi todos los medios tuertos. Una joven indígena, Yanomami Alvanei Xirixana, acaba de fallecer a los 15 años, "por ese virus letal", ¡pasó 21 días sin hospital! Abrazos, impotencia, ¿una nena? 1597 casos de violencia en cuarentena. Sin aislamiento nacional, un juez del Supremo Tribunal Federal le prohibió a Bolsonaro incidir en cada departamento, pero él siguió abocado a difundir su tratamiento con hidroxicloroquina, totalmente descartado y desaconsejado por la medicina.

"Uma gripezinha". A contramano del planeta, hasta su ministro Luis Henrique Mandetta prefirió confrontarlo, "porque tiene otra posición" y la oposición entera salió a respaldarlo, mientras Sao Pablo resiste a instancias de favelados que autogestionan ambulancias para los olvidados. A contraluz de sus funcionarios, Paraisópolis convocó a cientos de voluntarios para monitorear y coordinar, como en Monte Azul, otro experimento que conmueve: el Comité Popular de Enfrentamiento al COVID-19. Pues según el Instituto Data Favela, la pandemia que finalmente más duela tendrá como síntoma un dolor estomacal, porque hay un 55% del pueblo sin estabilidad laboral: 47% autónomos, 8% informales y muito futebol en todos los canales.

Chile

tomada de: bb.com

El modelo más elogiado desde arriba, ya quedó tercero en la terapia intensiva de la región: más de 7.000 nuevos casos, sobre la misma constitución que ideó Pinochet, miles sin abrazos, miles sin Internet, miles sin ambulancia. Si no pregúntenle a Valentina, vecina de Villa Francia, que perdió un embarazo a manos de los carabineros. O a todos esos compañeros criminalizados por la protesta del 18 de octubre, hoy hacinados en una celda que descubre sus carros de asalto, detrás del alambre: en pleno penal de Puente Alto, rige la huelga de hambre de los referentes más combativos, ¡entre varios casos positivos! Y el Servicio de Menores en Chiguayante no tiene insumos, ni protocolo aislante, pero tiene 25 pibes enjaulados, todos contagiados.

El transporte subió un 125% y la "ley que protege al empleo" puso todavía más feo el panorama de las poblaciones, alivianando las indemnizaciones, ante la plaga del despido y las suspensiones. Ni a los besos les pusieron frenos: las mascarillas cuestan 1.000 pesos chilenos y la cuarentena se pierde en la espera para cobrar el seguro, mientras crece la hilera de la gente sin laburo. Y sí, además un 70% más de hombres denunciados por agresiones en sus propios hogares, para complementar las represiones que intentaron silenciar todas las manifestaciones. Pero nada, no se ve nada en los estrados, en los balcones, en los bazares: 460 contagiados de lesiones oculares.

Colombia

tomada de: El País Cali

Hace mucho tiempo que la información real dejó de circular: para la televisión internacional, Colombia es una serie de Pablo Escobar. Mejor no hablar de medio país hundido en la economía informal, ¡un 87,7% en la base del tejido social! Todos sepultados, los datos fuertes: 3.621 contagiados y 166 muertes. Hasta al 27 de abril, una cuarentena sin opción y sin una sola medida de contención. ¿La devolución del IVA para el estrato 0, 1 y 2 del sector trabajador? Aguarde en línea, por favor. ¿El auxilio familiar de 160 mil colombianos? Ya quedaron en manos de nombres inventados o copiados con antelación de programas que también fallaron por corrupción. ¿El fondo de emergencias con 14,8 billones de las arcas departamentales? Se inyectarán a los bancos, ¡siempre tan serviciales! Sin opción, los movimientos sociales conviven con la persecución de sus militantes y una cama de terapia cada 60.000 habitantes, aunque un 80% están ocupadas por otras enfermedades. Hay municipalidades sin la más mínima disponibilidad vital, sin Unidad de Cuidados Intensivos en ningún hospital, así como hay 824 familias emberás que han sido desplazadas, obligadas por "enfrentamientos". Y entre tantos tratamientos medulares, los paramilitares avanzan por todas las vías, por todos lados: en sólo 14 días, 14 líderes asesinados.

Cuba

tomada de: https://mundo.sputniknews.com/

Aislada del egoísmo, históricamente confinada por el cinismo, Cuba se adelantó a la cura de la posverdad, cultivando la cultura de la solidaridad. Justo ahí, donde la United Fruit sembraba su propia corona, hoy no hay ninguna persona encerrada en su egoísmo: hay 32 víctimas en un país condenado a vivir del turismo y el barcomenudeo, sobre la cuarentena crónica que impone un bloqueo, aun cuando no exista conmoción en el resto del planeta. Sin especulación, se amplió la provisión por libreta: un jabón de tocador, dos de lavar, un detergente, una lavandina, dos libras de chícharo y una pasta dental, más la canasta básica habitual. Y más inversión estatal para la producción de arroz, plátano, huevos, carne de cerdo y frijoles, pero también más remedios y más controles.

Amén del tratamiento epidemiológico, se distribuyó un medicamento homeopático para elevar el sistema inmunológico y, aun con los comercios cerrados, todos los asalariados mantuvieron sus condiciones. Se sumaron subvenciones, se han congelado las deudas con el Estado y se ha garantizado la luz, el agua y el gas, reajustando presupuestos y acompañando las medidas sanitarias, con la reducción de impuestos y cuotas tributarias, ¡sin concesiones! Ahora falta resolver cuestiones de la logística barrial, para evitar el aglomeramiento y garantizar el distanciamiento social. ¿Las clases? Luchando, se vienen dando por televisión de acuerdo a la edad, desde la adaptación hasta la universidad, pero lo mejor del pueblo cubano sigue siendo esa mano siempre lista: 800 médicos en misión internacionalista, que hoy nos erizan la piel. ¡800 veces, Fidel!

Ecuador

tomada de: depor.com

Ojo eh, ¡datos es-ti-ma-ti-vos! Con 9.022 casos positivos y "unos 456" fallecidos, alguien podría sospechar de ciertas manipulaciones en la información, ¡pero llegaron las donaciones! Son cajones de cartón. Desde su atril, la alcaldesa de Guayaquil envía féretros reciclados, entre sanatorios colapsados y velatorios improvisados, ¡alegría para los oídos de la gente! Hay esperas de 3 días para ser atendidos "telefónicamente", porque sólo "hay disponibilidad" si empacás tu cuarentena y te vas a otra ciudad, cuidándote del virus que toma por asalto y te mata en el asfalto. Lavándose las manos, levantaron 150 cuerpos humanos atacados por gérmenes no tan extraños: en estos dos años, echaron a 3.000 trabajadores de salud y ahora crece la industria del ataúd que no sirve, por supuesto, para enterrar ese 30% del presupuesto que un año atrás pudo evitar este avance.

Que en paz descanse. Gran parte de la enfermería y hasta el Hospital de la Policía tienen vetados los insumos elementales, como si el 43% de los contagiados no trabajara en los hospitales. Ya renunciaron la ministra y el director del Seguro Social, porque los necios no valoraron sus maravillas: 300% de sobreprecios en las mascarillas. ¿Las barriadas? Unos 5 millones de personas desempleadas, 62% precarizadas antes de abril y un bono social para 900.000. Pero eso sí, el último 23 de marzo priorizaron el pago al FMI, ¡326 millones de dólares están ahí! Y Lenín Moreno paseando por las Islas Galápagos, invocando marines y no precisamente de los mandarines, para cuidar a los demás. Que no vuelva. Nunca Más.

México

tomada de: The New York Times

"Para no dejarles un vacío de poder a los sectores más reaccionarios", López Obrador les lleno las calles a los virus más revolucionarios, que todavía no llegan a los barrios donde grita La Garganta, ¡pero coparon la playita en Semana Santa! Ese turismo viral que nos pasea en ambulancia resultó fundamental para "la Jornada Nacional de Sana Distancia", que se incumplió estrictamente en todos lados. Y ya nos van llegando los resultados: 535 nuevos contagiados y otros 9 cuerpos velados, sólo en el escenario hospitalario. Y no, en el barrio San Juan Bosco de Villa Guadalupe, Zapopan, no avanza el coronavirus, pero tampoco alcanza el pan, porque la demanda creció un 20% y al momento sigue congelada la economía informal, tan congelada como la mercadería del gobierno municipal. Previo a esta cuarentena tardía, México ya sufría diez femicidios por día, el 40% en su propio hogar. Pero esa curva también se comienza a empinar, porque aumentaron un 60% las denuncias de violencia intrafamiliar. Por lo demás, el sistema sanitario no da más, sigue faltando el equipamiento para el personal y esta semana debieron improvisar un bono extrasalarial, porque van 5.014 infectados a nivel nacional: el primer caso llegó en febrero y 332 acaban de fallecer. Un verdadero vacío de poder.

Paraguay

tomada de: TeleSur

Paraguay no tiene dengue, el dengue tiene a Paraguay. Un enemigo menos invisible, nuevas muertes que causan las crisis, "un enfrentamiento entre bandas", escribirían los peones de cipayos: 27.000 dengues contra 7 millones de paraguayos. Uno cada 259 del otro lado, ya cayó picado, 0,03 de cada diez. Ya murieron 53, pero los medios constituyen una gran tapia, en un país con apenas 700 camas de terapia. En Itapúa, por ejemplo, hay "4" a disposición. Y nuestra olla popular en Encarnación acaba de aumentar un 33% sus comensales, gracias al aporte de otras organizaciones sociales.

Fueron insuficientes los bolsones municipales y un 80% de los trabajadores son independientes o informales, de modo que no hay paciencia, ni bono de emergencia, porque resultó tan compleja la inscripción que sólo se cobró en Asunción. No circula tan rápido como la represión, que ya dio imágenes de nuevas torturas, tan pero tan claras como oscuras. Hay una colección en video que comienza en Estrella y Montevideo, donde grabaron a un cuidacoches verdugueado y picaneado. Mala educación oficial, que hoy se presupone virtual, una gran idea que no aplica en todos los lugares: el 30% de nuestra asamblea no tiene celulares. Y del 70% que pudo comprarlo, casi nadie puede recargarlo, porque no puede laburar, ni cobrar, lógicamente. ¡Teléfono, presidente!

Perú

tomada de: https://mundo.sputniknews.com/

Disuelto su parlamento y resueltas sus discusiones, para muestra valen 1.000.004 botones. UNO) A los pies del Cerro El Pino, en Lima, Maura escatima el agua para limpiar porque no tiene cómo llegar al estanque y la bomba que llena el tanque funciona dos horas diarias, a veces, aunque la población diurna se duplicó en estos dos meses. DOS) Desde Cantagallo, Ronald grita que no hay cómo esperar a mayo: se fueron las changas, llegaron los flagelos, ya no puede ni vender caramelos y come una vez al día, porque no recibió todavía esos 380 soles del Subsidio de Emergencia atrasado, "que demuestra la presencia del Estado". TRES) Un asco: bajo el Cerro de Pasco, Marcos Castañeda gestiona desesperadamente una operación urgente para su hija Sheli Kiara. Necesitaba que viajara, pero están encerrados sin tratamiento, hacinados hasta el momento en una habitación, esperando alguna solución. CUATRO) Al igual que otras tres mujeres asesinadas en cuarentena, a Claudia Vera la balearon por buena frente al RENIEC, la misma entidad que le negó su identidad en el Distrito Independencia, donde reina la prepotencia del alcalde Marco Antonio Ramírez, un transfóbico, por donde lo mires. UN MILLÓN) Sí, un millón de pequeños agricultores se plantan a contramano del Gobierno peruano que, sin respuestas frente a todas sus protestas, decidió levantar el piso de su colaboración: ahora les da permiso para trasladar su producción.

Uruguay

tomada de: as.com

Vamo' arriba, ¿el coronavirus acecha? Todavía no tanto como la Derecha y su gobierno flamante, que no tuvo drama en patear la cuarentena para adelante, pero no pudo esperar sin elevar las tarifas en la adversidad: un 10,5% la electricidad, un 10,7% el agua y un 9,78% la telefonía, ¡más arriba no se podría! Con la escuela suspendida, las viandas de comida se retiran por portería, a razón de 85 pesos por día, ¿cómo la ves? De propina, un bonito de 1.200 por mes. Hasta ahí, ponele, todavía. Pero se complejiza la situación, escuchando a la asamblea del barrio Chón, donde Jeni debió hacer una fila de 40 personas para obtener los únicos alimentos que sus 4 hijos iban a comer, el día que su almuerzo fue cancelado: cuando lo retiró, estaba en mal estado.

Y sí, ahí quizá queda más claro por qué suena tan raro el #QuedateEnCasa, mientras la tele amasa sus ideas gourmet: Jaque lleva a sus hijos a la plaza, ¡para que hagan sus tareas con Internet! Sobre los avatares sanitarios, el gobierno prometió 1.000 tests diarios, que por ahora son 200. Mientras tanto, van 517 casos confirmados, 298 recuperados, 9 fallecidos y miles de carreros subsumidos en otro país, ese que habitan los compañeros del barrio Juntos de Nuevo París, donde Raquel llamó al médico por enésima vez, hasta que finalmente llegó, ¡3 días después! La revisaron y le diagnosticaron "coronavirus positivo, por prevención", sin hisopado, ni más confirmación que la intuición del doctor, ¿qué podría ser peor? A lo mejor contratar un astrólogo para que haga su trabajo, así no se nota tanto que les importamos un carajo, ¡vamo' abajo!

Venezuela

tomada de: eluniverso.com

Habitué del primer plano internacional, gracias a la moral que resguarda Derechos Humanos cuando los presuntos tiranos tienen posturas de izquierda, aunque las peores dictaduras les hayan importado siempre una mierda, hoy Venezuela tampoco goza de tal preocupación del afuera, ¡salvo que pinte votar una invasión extranjera! Desabastecida hace años, ya no resultan extraños los sabotajes, ni los ultrajes perpetrados por distintas vertientes de la inseguridad. Y nuestro grito es un grito entero: hubo una masacre en el barrio 23 de Enero, que no se le puede endilgar a otros países, ni a la pandemia viral, ni a las guerras contra otros karmas.

Se lo adjudican a Tres Raíces, un grupo paraestatal que interviene territorios con armas. Tolerancia cero para la especulación internacional. Y para toda represión estatal. Detrás del telón, un malón de problemas nuevos, como el cartón de huevos que sufrió un aumento del 53% o el kilo de queso que trepó al pedestal y alcanzó al salario mínimo vital. De la realidad real, muchísimo aval para el Plan Nacional de Educación, mediante una buena conjugación de la televisión y los contenidos curriculares, con acceso a los sectores populares. América Latina la tiene jodida y esa Venezuela elegida para toda demonización no ha sido, ni será la excepción, pero ahora más que nunca necesitamos organización, para que ninguna solemne civilización se atribuya la categorización de ninguna rea barbarie. Al carajo la OEA, ¡aquí no se rinde nadie!

Por: Escuela Nacional Sindical - Juan Alejandro Echeverri

*aunque esta investigación fue terminada el 8 de abril, y algunas problemáticas han sido resueltas parcialmente, todas las denuncias son reales y están documentadas* 

La jefe de epidemiología la llamó a las dos de la madrugada para decirle que no fuera a la clínica, que se quedara catorce días en su casa. La paciente de la habitación 407, con la que tuvo contacto cuatro días atrás, había dado positivo para covid-19. A 81 empleados de la Clínica Las Vegas, y a ella –que al igual que todas las trabajadoras de la clínica pidió proteger su identidad para evitar futuras consecuencias–, les ordenaron aislamiento preventivo obligatorio.

La paciente había llegado a la clínica con una disnea, término clínico dado a una dificultad respiratoria. La sintomatología bastaba para encender las alarmas y optar por un aislamiento tipo N95, uno de los más drásticos en materia sanitaria. La primera prueba que le hicieron arrojó un covid-16, y la auxiliar asegura que los médicos les dijeron que “eso era un primo del coronavirus, que no pasaba nada”. A los días decidieron retirarle el aislamiento N95, entonces las enfermeras empezaron a tratarla con la dotación que normalmente usan: mascarilla convencional, guantes y bata desechable que cubre tres cuartas partes de los pies.

La Seccional de Salud, autoridad que supervisa todas las clínicas y hospitales en el departamento, visitó la clínica el sábado 21 de marzo para informar que la paciente había arrojado un resultado positivo tras una segunda prueba. Los representantes de la Seccional también hicieron un llamado de atención a los administrativos de la clínica, al darse cuenta que el personal no llevaba la dotación de seguridad recomendada. De no ser por la visita de la Seccional y su llamado de atención, no les hubieran facilitado el pijama aislante que desde hace unos días Sintrasass, el sindicato de la clínica, estaba solicitando, y a lo que el director médico se negaba, argumentando que eso significaba un incremento en el costo de los servicios, costo que supuestamente la Clínica Las Vegas no estaba en capacidad de asumir.

El personal médico, y en especial el personal de enfermería, es la primera línea de contagio en la que en muchos países han denominado como una guerra contra un virus. Si el sistema de salud tuviera forma de pirámide, ellos y ellas estarían en la base sosteniendo todo lo demás. Aunque son un eslabón fundamental, el que más se arriesga, el que cura, el que más tiempo pasa en el campo de combate, son también los más desprotegidos y los que más razones tienen para estar angustiados.

Las cifras que llegan del exterior asustan: tanto en Italia como en España son más de 5.000 empleados médicos contagiados de coronavirus. Aunque en Colombia recién empieza la fase expansiva de la pandemia, en las condiciones actuales, después de unas semanas el país podría igualar y superar esas cifras debido a la precariedad generalizada en todo el sector de la salud y la falta de prevención en clínicas y hospitales.

Al igual que el país y el sistema de salud, Fresenius, conocedor del caso español y alemán, además de contar con capital administrativo y financiero, tuvo tiempo y recursos para diseñar protocolos de prevención, pero es difícil mitigar a tiempo el contagio si se escatiman recursos para cumplirlos, tal como sucede en la Clínica Medellín, la Clínica Las Vegas y la Clínica del Prado, tres clínicas privadas de la ciudad de Medellín que el año pasado fueron compradas por la empresa española Quirónsalud, que a su vez es filial de la multinacional alemana Fresenius, una de las más grandes del mundo en el sector de la salud.

El nuevo dueño de Las Vegas, la Clínica del Prado, y la Clínica Medellín, lidera la comercialización de productos y máquinas para tratar pacientes con fallos renales en el mundo. Su red de más de 4.000 clínicas en Norteamérica, Europa, América Latina, Asia y África, brinda tratamiento de diálisis a más de 345.000 pacientes en todo el planeta. Fresenius es la mayor operadora de hospitales privados de Europa, controla alrededor del 10% del sector. En total, Fresenius reportó más de 35.000 millones de euros en ventas y 4.500 millones en ganancias en 2019. La multinacional se vanagloria de prestar un servicio de calidad y brindarle óptimas condiciones laborales a las más de 300.000 personas que emplea en el mundo.

En el caso de Las Vegas, en cuyos estados financieros se reportaron ganancias de casi 2.000 millones de pesos en el 2018, no solo hay miedo de contagiarse y contagiar hijos y seres queridos, sino un sinsabor por el comportamiento de la clínica. Desde que la epidemióloga llamó a la auxiliar, que llevaba cinco días en cuarentena cuando se realizó este reportaje, la clínica no la ha llamado para preguntarle por su estado de salud y tampoco han ido a realizarle la prueba. Además, la incapacidad laboral no fue registrada como un accidente laboral, cuya totalidad del costo económico tendría que asumirlo la Administradora de Riesgos Laborales (ARL); por lo tanto, una parte tendrá que correr por cuenta propia.

Al tramitar la incapacidad del personal aislado bajo la figura de incapacidad por “enfermedad general”, mas no de enfermedad laboral como debió ser en este caso, el proceder de la clínica va en contravía del artículo 4 de la Ley 1562 de 2012, que define la enfermedad laboral como aquella que se contrae producto de la “exposición a factores de riesgo inherentes a la actividad laboral o del medio en el que el trabajador se ha visto obligado a trabajar”. Además, La Clínica Las Vegas desconoce lo expresado por el Ministerio de Salud y Protección Social y por el Ministerio de Trabajo, quienes en un documento conjunto, emitido en marzo, obligan a los empleadores a reportar como accidente de trabajo la posible exposición al virus.

Todas las mujeres entrevistadas para este reportaje son conscientes de que lo peor está por llegar. “Todos estamos muy tensos”, asegura una trabajadora del área administrativa, a quien le preocupa que la clínica la haya provisto de tapabocas, mas no de guantes. Además, cuenta que la clínica está entrenando las enfermeras de radiología y de cirugía para que refuercen las unidades de cuidados intensivos cuando sea necesario: “Hoy me decía una enfermera: yo no me siento en capacidad para atender un paciente así, en esas condiciones. Eso no se aprende de la noche a la mañana”.

Otra de las trabajadoras de Las Vegas dice que “reconocen que somos un riesgo para la familia, somos una fuente de contaminación”. Por eso ella y otras compañeras decidieron cambiar de domicilio mientras ocurre la contingencia. “El niño grande tiene la conciencia de que yo lo estoy cuidando. Pero la niña chiquita no, en este momento lo que siente es la angustia del vacío”, asegura. Mientras en España los trabajadores sanitarios de Fresenius tienen acceso a hoteles, en Colombia la empresa no ofrece esta opción. Ella, por fortuna, cuenta con el respaldo emocional y económico de su familia, pero algunas de sus compañeras, que son la cabeza del hogar y llevan la batuta de la economía familiar, no les alcanza su salario para afrontar los gastos que implica tal decisión:

“No todo el mundo tiene las mismas garantías. Cómo va a darle lo mismo a un jefe que se gana cinco millones de pesos, a nosotros que nos ganamos dos millones. Ahorita tenemos que pensar cómo me voy, cuándo me voy, qué voy a comer; sin dejar de lado las obligaciones que ya tengo: si tengo que pagar los servicios públicos de mi casa, si tengo que hacer la compra, ¿cómo voy hacer para asumir todos los gastos al mismo tiempo? Es algo que nosotras no teníamos previsto”.

La angustia en Las Vegas es tanta que muchos empleados han optado por adquirir gorros y mascarillas por su propia cuenta, otros han renunciado porque sienten que la clínica no brinda la protección necesaria, y a una de las trabajadoras que realiza el aseo la han visto vomitar de la angustia que le genera la posibilidad de contagiar a uno de sus hijos pequeños.

No hay excusas para la falta de protocolos y medidas de prevención. Un mes antes de que se confirmara el primer caso en Colombia, es decir el 31 de enero, el Ministerio de Salud y Protección Social emitió una circular que da unas pautas y ordena asegurar la disponibilidad de insumos para el manejo de infecciones respiratorias agudas y proporcionar a los trabajadores de la salud elementos de protección personal necesarios: mascarillas, guantes, batas, entre otros elementos. Y un día antes de la emisión de la mencionada circular, el Ministerio expidió un manual de bioseguridad que especifica con mayor precisión los elementos de protección personal, los cuales, además de lo ya mencionado, deben comprender “protección ocular ajustada de montura integral o protector facial completo, batas impermeables de manga larga (si la bata no es impermeable y se prevé que se produzcan salpicaduras de sangre u otros fluidos corporales, añadir un delantal de plástico)”.

Hasta el momento son seis los contagiados que han llegado a Las Vegas. En los camilleros y el personal de aseo también es evidente el temor, pues a pesar de movilizar a los contagiados y limpiar las zonas por las que pasan y permanecen, no les han suministrado mascarillas ni dotación para protegerse. La clínica, por ahora, multiplica los riesgos, pues, al fin y al cabo, tal como lo plantea una de las entrevistadas, son ellas las que están en permanente contacto con los pacientes contagiados, “el médico [solo] va cinco minutos por la mañana”.

***

“Yo quisiera meterme en hipoclorito de cabeza. Ayer llegue con los ojos irritados de echarme hipoclorito, de lavarme el pelo. Una llega [a la casa] y no saluda, una dice: córrase que yo entro sola”. El testimonio de Liliana Ruiz, quien lleva 25 años trabajando en la Clínica Medellín, da cuenta de las implicaciones físicas y emocionales del covid-19 entre el personal médico.

Hasta la realización de este reportaje, a la Clínica Medellín solo había llegado un sospechoso portador del virus, del “bicho” como ellas le llaman. Sin embargo, el temor ya contagió gran parte del personal, lo que las obligó, según Liliana, a solicitar ayuda psicológica de la institución, algo que la clínica no había ofrecido hasta entonces. “Estamos muy tristes, estamos angustiadas. Pensamos en la familia de nosotras. Es una situación muy dura para todas. Ayer había compañeras que estaban descompensadas, ni trabajaban ellas, ni trabajamos nosotras por la angustia que tenían”.

Liliana también optó por aislarse voluntariamente de su familia. En su casa solo quedaron ella y su hijo, con quien procura mantener la mayor distancia posible, evita saludarlo de beso como acostumbraba a hacerlo cuando llegaba del trabajo y no ven televisión juntos para prevenir el contagio. Su mamá, su hija y su nieta se fueron a vivir temporalmente a la casa de sus tíos. “El duelo –dice Liliana–, lo hice la semana pasada. Y lloré, porque tener que llevarle el mercado a la mamá hasta el garaje o hasta el primer piso, y dejarle las cosas ahí, no poderla ver si no por una ventana, eso es muy difícil, es muy duro”.

El cuadro clínico del sistema de salud colombiano poco a poco deja al desnudo la vulnerabilidad en la que se encuentra la población en general, y el personal médico en particular. Una vez se puso en marcha la Ley 100 de 1993, el acceso a la salud pasó de ser un derecho a ser un nicho de negocio que grupos financieros y empresas privadas aprovechan para generar dinero. La administración de la salud en Colombia, asegura German Enrique Reyes, excongresista y presidente de la Asociación Médica de Antioquia (ASMEDAS), “se basa en un concepto que se llama administración gerenciada: mucho auditor; ya los directores no se llaman directores, sino gerentes, son empresas”.

La patología del sistema, plantea Reyes, se llama EPS (Entidad Promotora de Salud), privados que hacen las veces de intermediarios entre la enfermedad y la cura. El procedimiento es mucho más complejo, como todo lo burocrático, pero básicamente consiste en un dinero que el Estado le gira a las EPS para que atiendan a los colombianos, y las EPS a su vez contratan con clínicas y hospitales, ya sean públicos o privados, o con cualquier otra Institución Prestadora de Salud (IPS) que haga exámenes de sangre, tome radiografías, preste atención odontológica, u oferte cualquier otro servicio: es decir que el Estado, como en muchos otros países, dejó en manos de empresas privadas la salud de los colombianos. El problema es que el Estado no gira la totalidad del dinero y tampoco la gira a tiempo; las EPS se quedan con un 35% de los recursos que éste le gira, y con otro porcentaje que no les pertenece, recurriendo, entre otras cosas, a la facturación de contratos por un precio más elevado del real; y, a pesar de la creación de la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES), encargada de garantizar el flujo de recursos y hacer control, EPS e IPS (como las clínicas de Fresenius) aprovechan la oferta y la demanda para hacer una especulación del precio de los medicamentos y los procedimientos médicos.

 “El problema es que la salud se volvió un negocio financiero, y cuando hay negocio las empresas promotoras de salud no te van a gastar plata en cosas que no le dan ingresos –explica Carlos Julio Díaz, quien fue presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT subdirectiva Antioquia y director de la Escuela Nacional Sindical, una ONG que estudia el mundo del trabajo–. El negocio mercantil se fundamenta en que uno hace gastos si contribuye a la generación de ingresos. Nadie hace gastos para no generar ingresos. Yo hago publicidad, pero ese gasto está asociado a un ingreso. Hay actividades que no te generan ingresos, la salud desde ese enfoque es un gasto, un gasto que prevenía que mucha gente se enfermara”.

Debido a este tipo de funcionamiento, el país, en teoría, tiene mayor cobertura, pero una atención de menor calidad. La red pública hospitalaria está en cuidados intensivos, y las condiciones laborales del personal médico cada vez son más precarias. Germán Reyes de Asmedas asegura que ni la red pública ni la red privada están en capacidad de afrontar un escenario de crisis. Colombia actualmente cuenta con 5.300 camas de cuidados intensivos –copadas en un 85%–, de las cuales son pocas las que tienen ventiladores mecánicos. También hay déficit de personal: la Organización Mundial de la Salud, OMS, por ejemplo, sugiere que el país debería tener cinco médicos por cada mil habitantes, y en el caso colombiano la cifra es de 1,7 médicos por cada mil habitantes.

El país tiene deficiencias estructurales y, según Reyes, los responsables de tomar medidas para afrontar la situación no cuentan con las aptitudes necesarias: “Ellos no saben de eso. Ellos tienen un poco de burócratas, muy perfumados, pero que no saben lo que es una emergencia sanitaria. Nunca han estado, ni conocen un servicio de urgencias. Nunca han hablado con los médicos, ni con los trabajadores que están en los servicios de urgencias para saber como enfrentan una emergencia”. Reyes agrega que las medidas del Ministerio de Salud, y por ende las de las secretarias de salud locales, son tardías. Lo que él propone es decretar “una norma que se llamaba urgencia manifiesta, que le permite al funcionario disponer de unos recursos para comprar insumos. Pero como están las cosas, para comprar un guante se necesitan veinte auditores, así es imposible manejar una emergencia”.

La ineficiencia gubernamental pone en riesgo al ciudadano, y la poca diligencia de las empresas pone en riesgo al trabajador de la salud. Liliana, quien tuvo contacto con el único caso sospechoso que ha llegado a la Clínica Medellín, asegura que los planes de contingencia fueron improvisados, y Claudia Irene López, otra empleada de la Clínica y presidenta de la organización sindical Sintraclínicas manifiesta que la empresa, a pesar de que el sindicato lo exigía, tardó mucho en brindarles la dotación de protección adecuada.

Otra de las situaciones que preocupan a Claudia es el estado de vulnerabilidad en el que se encuentran las trabajadoras embarazadas y los trabajadores inmunosuprimidos, aquellos que combaten ciertas patologías con medicamentos que bajan las defensas del sistema inmunológico. El sindicato, dice Claudia, envió una carta a los administrativos manifestando la preocupación, pero hasta el momento “no se ha tomado ninguna medida al respecto”.

***

“Estamos muy inconformes porque no tenemos elementos de seguridad con los cuales trabajar”, manifiesta una de las trabajadoras de la Clínica del Prado, la cual pidió mantener la reserva de su nombre. La inconformidad radica en que hasta hace unos días la clínica solo les proporcionaba una mascarilla facial quirúrgica, cuya vida útil es de 6 horas, para trabajar turnos de hasta 12 horas. Ahora la clínica está suministrando las mascarillas N95 recomendadas, pero con la advertencia de que serán suministradas cada mes a pesar de que su vida útil es de 8 horas de manejo continúo.

Pero la preocupación no termina allí. La cuarentena, manifiestan las trabajadoras de las tres clínicas, ha convertido la movilidad un dolor de cabeza. Con la merma del transporte público se han multiplicado las aglomeraciones en el metro, que en épocas normales es la principal fuente de transporte. Para no llegar tarde al trabajo y evitar que las atraquen en horas de la noche cuando la ciudad está oscura y desierta, muchas recurren al taxi para movilizarse, lo que representa un gasto significativo que tampoco tenían contemplado.

Tal como sucede en la Clínicas Las Vegas y la Clínica Medellín, en la Clínica del Prado también hay temor entre el personal. La información, plantea una de las trabajadoras, no ha sido oportuna ni asertiva. No solo el ruido informativo, lo que les envían al WhatsApp, lo que escuchan en las noticias, y lo que dice el vecino, también preocupa en las tres clínicas el hecho de que tengan que lavar su ropa de trabajo en sus casas. Las trabajadoras deben movilizarse por la ciudad llevando en sus bolsos un foco de contagio porque la falta de recursos, según afirman los administrativos, impide que sean las clínicas quienes se encarguen del lavado.

Las entrevistadas esperan que el reconocimiento no solo se quede en una lluvia de aplausos, también reclaman que las clínicas les suministren todos los elementos de protección, y que cualquier elemento, ya sea el uniforme, las mascarillas o los guantes, sean desinfectados y lavados en la propia clínica; piden coordinación entre las autoridades locales y las clínicas para garantizar su movilidad cuando falte el transporte público, y que sean las clínicas quienes asuman el gasto que esto implique; exigen adaptar espacios dentro de los lugares de trabajo para que el personal pueda bañarse, cambiarse y descansar si es necesario; y proponen crear un comité integrado por dos trabajadores y por dos miembros de cada clínica para evaluar las medidas de protección a implementar.

Además de esto, para Lenis González, trabajadora de la Clínica del Prado, resulta prioritario que la institución aumente el pago de las horas nocturnas, pues en otras instituciones, dice, las pagan al doble de lo que se las pagan a ellas.

Los efectos de la pandemia en Colombia recién empiezan, y de momento lo que abundan son preguntas: ¿no es el personal médico el que requiere más atención y cuidado en estos momentos? En las casas matrices de Fresenius y Quirónsalud ¿conocen las condiciones en las que trabajan sus empleados en Colombia? ¿Aprendieron de la experiencia italiana y española, o sus clínicas colombianas cometerán los mismos errores? ¿Sus capacidades económicas y logísticas ayudarán a mitigar los efectos, o se escudarán en los problemas estructurales del sistema de salud?

Cualquiera podría esperar, y exigir, que una multinacional con el músculo financiero y la experiencia de Fresenius dé ejemplo sobre la atención y la prevención requerida en estos momentos. Sin embargo, su actuar negligente profundiza las carencias del sistema de salud colombiano. Una medida o cualquier peso que se escatime para prevenir futuros escenarios, puede ser fatal, no lo tiene que decir un experto. Una de las trabajadoras de Las Vegas se pregunta si lo que quieren es “que todas nos contagiemos por economizarse un peso en estos momentos tan duros que estamos atravesando”.

 

Ilustración: Átomo Cartún

“Cuando México envía su gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que traen drogas, crimen y son violadores”; “Por qué no regresan y arreglan los lugares totalmente destrozados e infestados de crimen de donde vinieron”; “¿Por qué tenemos toda esta gente de países de mierda viniendo aquí?”; “Este es un país en el que hablamos inglés, no español”; “Pido el voto de cada negro que hay en este país. ¿Qué pueden perder? Viven en la pobreza, sus colegios son malos, no tienen trabajo, el 58% de su juventud está desempleada… ¿qué demonios pueden perder?”.

Estas son algunas de las declaraciones que ha hecho el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su presidencia o su campaña presidencial, algunas por tuiter, otras a medios de comunicación en conferencias de prensa, mítines o debates presidenciales.

Pero el coronavirus obligó un cambio radical en la retórica migratoria del multimillonario devenido a presidente.  Hasta hoy, jueves 16 de abril, Estados Unidos registraba más de 644.188 casos positivos y más de 28,579 muertes.

La pandemia y el confinamiento hacen que ciertos oficios sean hoy más importantes que nunca. Oficios esenciales, que por lo general desempeñan los migrantes, como el de sembrar y recoger las cosechas. “Queremos que vengan [los inmigrantes que vienen a trabajar el campo]. No estamos cerrando la frontera […] van a continuar viniendo”, dijo Trump el 1 de abril, consciente, aunque le cueste aceptarlo, que sin aquellos migrantes que no tienen un status de residencia legal, la cadena de suministro de alimentos no funciona. Justo esta semana comienza en Estados Unidos la recolección de fresa, y en 15 días la de cerezas y arándanos. Según cálculos de la Universidad de California, 800.000 personas trabajan en la industria agrícola de ese Estado, 60% de los cuales son inmigrantes indocumentados.

A los días de ser electo presidente, Trump aseguró en noviembre de 2016 que deportaría a más de dos millones de inmigrantes indocumentados en sus primeros días de gobierno. Las cifras no fueron las prometidas, sin embargo el hostigamiento y la persecución han sido su bandera. El 27 de abril del año pasado, por ejemplo, prohibió la entrada a su país de sirios, iranís, sudaneses, libios, somalís, iraquíes y yemeníes. También a ciudadanos de Bielorrusia, Birmania, Eritrea, Kirguistán, Nigeria, Sudán y Tanzania.

Solo entre junio y julio del 2019, la Patrulla Fronteriza norteamericana arrestó a más de 700.000 migrantes. Para expulsar más migrantes en menos días, el 23 de julio del mismo año, el gobierno estadounidense decretó un nuevo marco normativo que autorizaba la expulsión de cualquier migrante indocumentado que no lograra demostrar que llevada dos años residiendo en el país, sin importar dónde fuera arrestado y sin derecho a acceder a un abogado. Desde el 21 de marzo hasta el 9 de abril de este año, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza había expulsado alrededor de 10.000 inmigrantes.

Ante el viraje retórico y normativo, la policía migratoria dijo en un comunicado que “la gente no debería evitar la atención médica por miedo a la actividad de la policía de inmigración”. Mientras que el Departamento de Seguridad Nacional ya había anunciado el aumento de 35.000 visados de un año para que los empleadores pudieran contratar trabajadores extranjeros que desempeñaran actividades no agrícolas como la hostelería o el turismo.

“Los inmigrantes están trabajando en los supermercados, en el campo, procesando la comida, en la construcción. Son las personas que, en momentos de emergencia, mantienen este país funcionando”, dijo a El País de España Sindy Benavides, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos.

Ningún otro presidente de Estados Unidos publicitó su xenofobia como Trump, pero es poco probable que Trump supere a Barack Obama en número de deportaciones. El presidente afroamericano ha sido el más deportador de la historia. Entre el 2009 y mediados de 2016, a un año de que finalizara el segundo mandato de Obama, el Departamento de Seguridad Nacional había contabilizado 2.768.357 inmigrantes deportados.

Las declaraciones y decisiones de Trump son un boomerang. El tiempo, poco a poco, da la razón a quienes señalaron los errores del presidente estadounidense, quien en 2018 decidió eliminar un cargo en Pekín, cuyo propósito era ayudar a detectar brotes de enfermedades en China; quien además dijo que el covid-19 era una simple gripa, y es su país el que registra la mayor cantidad de muertos. 

A casi un año de que termine su mandato, el hombre más poderoso del mundo tuvo que abrirles las puertas a los inmigrantes para que siga respirando su economía, para que las calles de su país estén limpias y para que no falte el alimento en las mesas de la primera potencia militar, económica y política del mundo.

 

Wednesday, 15 April 2020 00:00

¿Qué tan grande es la pandemia?

Por Mariana Álvarez

El miércoles 18 de marzo estaba en un avión, sentada en mi silla favorita: la que da a la ventana. Dejaría de mirar flechada el Pacífico para conversar con un hombre sentado en la silla B. Él de Envigado, Antioquia, panadero y trabajador independiente. Desde el viernes estaba en el aeropuerto Tocumen de Panamá intentando regresar a Colombia y no había podido. El vuelo inicial que lo traería de vuelta estaba para unos días después, y de no ser por la posibilidad económica, la presión familiar y la decisión a tiempo, él y yo estaríamos en la lista de colombianos atrapados en aeropuertos por el covid-19.

El vuelo 613 aterrizó a las 13 horas en Rionegro y apenas toqué suelo y bajé unas cuántas escaleras, dimensioné la angustia de mi mamá, y entonces la realidad que estaba ya permeándonos. Llevaba tapabocas y antibacterial a la mano. Confieso que en un principio, con las primeras noticias lejanas del virus, la conspiración era mi hipótesis. Ahora tenía claro que la pandemia había llegado para quedarse. El primer chequeo fue la temperatura. Hacíamos fila como las niños en Halloween para que les den un dulce, amontonados.

–37 grados. Bien. Pase –me dice una de las enfermeras.

Continué para atiborrarme en otra fila: migración. Imaginen la fila anterior, sumada a un trámite de mayor espera y combinada con los vuelos que seguían llegando en el afán de no quedar por fuera, de que no les cerrarán las puertas aéreas con nubes gigantes. Logré hablar con algunas personas en la fila y todas adelantaron sus vuelos, así fuera por unas horas, un día, semanas, o meses. Mientras avanzamos a paso lento, una mujer joven intenta caminar pero sus pies son como gelatinas y cae al suelo, su maleta hace del golpe un ruido más fuerte y todos volteamos a verla. Las enfermeras corren, estiran sus brazos hacia nosotros, mostrándonos su mano completa como diciendo alto ahí. Le levantan los pies a la nena, le hacen cientos de preguntas que ella responde con los ojos cerrados. Al parecer llevaba días en el aeropuerto, sin dormir bien, y sin poder comer porque ya no tenía dinero.

Llegó mi turno. El del cubículo 7 fue el hombre que me dio la bienvenida con la información de que en un solo día, Colombia había alcanzado una cifra de 100 contagiados y que, a diferencia de otros países que apenas recepcionaban el virus, era un número alto por lo que la curva ascendía de manera muy rápida. ¿Recomendaciones? 15 días obligatorios en casa, el lavado de manos constante, y lavar toda la ropa más la mochila inmediatamente.

Y ahí estaba yo, una vez más diciéndole a mi mamá que tenía la razón.

¡Qué locura!

Los primeros 15 días estuve completamente encerrada, ni siquiera salí a la tienda del barrio que queda a 10 pasos de mi casa; lo sé porque hace unos días que fui, los conté. Todos los días intento hacer algo distinto para que el desespero no se me clave en la cabeza, y el cansancio no se me enquiste en el nervio ciático que está tensión hace meses. Pinto, escribo, leo, dibujo, hago un curso, veo películas, series o novelas, juego cartas o parqués, bailo, me aprendo un poema, cocino, como, toco guitarra, hago ejercicio, salgo a pasearme con Dulce (mi perra), limpio, hago yoga, ordeno cajones, duermo, me canso, y vuelvo a empezar. He pensado mucho en las presos. Son también testigos de la injusticia. Cuando los motines en las cárceles, el corazón me dejaba de bombear y lloraba en las noches. ¿Cómo hacen catarsis de su encierro? Cuántas cosas no podrán hacer. Cuántas cosas más les harán.

A veces no puedo dormir. Y eso me aterra porque me encanta dormir. Me quedo dando vueltas en la cama. Pensando. A veces voy al patio y miro si está la luna o escucho en la madrugada los pájaros que creo están en todo el mundo y roncan de la misma manera. En la mañana, es increíble cómo suenan y conversan entre ellos. He visto más de los que volaban antes. Un día, mirando al cielo vi a una mamá (creo) con sus polluelos bebés, iban en fila. Eran tres. Parecían tener todo ese azul profundo para ellos solitos.

¡El precio del encierro es incalculable!

He pensado mucho en las mujeres en casa con sus agresores. La violencia aumenta conviviendo con él 24/7 y no sé qué tan oportunas son las líneas de atención que se han visibilizado a nivel nacional. A veces, incluso pienso, a riesgo de parecer loca y descarada, que no sé cuántas mujeres menos seremos cuando este confinamiento termine, por negligencia, por imposibilidad, por miedo. Y eso me aterra. Me da rabia y me hace cerrar los ojos mientras hago una negación con mi cabeza.

¡El precio del encierro es incalculable!

Pienso también en las habitantes de calle, en las del laburo diario, en las que tienen miedo, en los niños y niñas que no comprenden el encierro, en las migrantes, en los que quedaron atrapados en otros lugares, otros países, con otras gentes e idiomas que no se entienden. Pienso en las que extrañan, en las que están lejos de casa, de su madre; en las que no pueden enterrar a sus muertos, en las que tienen a sus muertos en casa, en las que no tienen casa; en las que quedaron sin trabajo, en las que están enfermas, en las que están gestando o pariendo, en las que siguen trabajando sin garantías, en las que se juegan la vida, en las líderes que asesinan.

Todos los días me despierto y quiero creer y pensar que vamos a aprender la lección. Que esta confabulación de la realidad, como causa y consecuencia de lo que históricamente se ha construido e impuesto, es una bofetada a las clases, a los gobiernos, a los pueblos, para despertar del letargo del discurso, de los idealismos, del oportunismo. Quiero creerlo, y si no es posible al menos imaginarlo. Por eso también opté por confinarme de las noticias, de las actualizaciones en cifras, de las historias tristes. Esta es la alternativa que he encontrado, como alguna vez lo explicó Pepe Mujica en una entrevista: el pesimista no es más que un optimista informado. Eso sí. Si hemos de volver a la misma mierda de siempre, quedará claro para la cronología que hoy trenzamos, que la pandemia es aún más grande y afecta el corazón y la conciencia.

 

 

Tuesday, 14 April 2020 00:00

Nuestro mundo compartido

Texto: Semillero Acción Colectiva, Ciudadanía y Problemas Públicos - Julián David Álvarez

Ilustración: Valentina González

 

El optimista y el pesimista, el hombre que cree que todo se arregla y el hombre que

cree que todo acaba mal se pasean argumentando sobre el emplazamiento de un

campo de batalla. Ambos se enredan en peroratas, enronquecen, gesticulan. Ambos

extraen del paisaje pruebas que apoyen sus tesis. Y en efecto, durante ese tiempo, la

hierba sigue creciendo sobre las tumbas y los muertos pudriéndose bajo la hierba

Peregrina y extranjera, Marguerite Yourcenar

 

La literatura me ha hecho encender el ánimo para pensar el tema que estamos –y estaremos– obligados a pensar por mucho tiempo. El Coronavirus se ha metido, sino a nuestros pulmones, sí a nuestra vida, y, pareciera, nos la ha transformado. A manera de consolación, me sigo sirviendo de rutinas, de libros, de obligaciones; sigo visitando los sitios de mi recreo y me aferro al reposo que brinda la cotidianidad.

Se ha hablado tanto del Coronavirus que hoy empieza a asumir el ropaje de lo predecible y lo trillado. Y, sin embargo, es una experiencia que comenzó tan solo hace unos meses y que no para, ni de asfixiarnos, ni de interesarnos. Tampoco hay de otra. Un virus que me impide salir de casa y que amenaza con apropiarse de la vida de mi abuela, una mujer de ochenta y dos años oxigenodependiente –¿quién no? –.

Esta pandemia que nos excava la cotidianidad, nos obliga a abastecernos, nos encierra en nuestras casas, nos distancia de los otros y nos empuja a las pantallas; esta pandemia que nos ocupa y nos impide parar, que no quiere que ‘enloquezcamos en el silencio’, que nos agobia con sus noticias tan trágicas como reales, es un acontecimiento que tiene más de anamnético que de novedoso.

Nos recuerda que nuestra cotidianidad era la misma excavación, el perpetuo asunto de la supervivencia; que las casas no son necesariamente un lugar seguro, y los otros no siempre han estado cerca de nosotros, ni nosotros de ellos, y basta una imagen para olvidarnos del mundo. Pero también nos recuerda que éramos felices, lo que bastaba para ser indiferentes. Y hasta la propia indiferencia es relativa.

Relativa, porque la ociosa y valiosa confortabilidad en la que a veces nos sumergimos es un bien escaso para la gran mayoría. Más el miedo –y las servidumbres que lo acompañan– es una presencia que a cualquier vida le cuesta arrinconar. El Coronavirus nos produce miedo, y, como todos los miedos, trasciende las superficies de la 'naturaleza' para transportarnos a la patria de la política y la moral. Por ello es controlable, remediable, corregible, subsanable. Precariamente, sí, pero suficiente para el pesimismo asolador que agobia y en el que nos quieren mantener.  

Una carta de la escritora estadounidense Susan Sontag, al escritor japonés Kenzaburo Oé, decía: “El ácido vendaval de la modernidad se ha llevado muchas cosas. Pero lo que no desaparecerá es la pasión, porque vivimos dentro de cuerpos, porque tenemos ojos y orejas y lenguas y narices y dedos y piel. Lo que no desaparecerá es la alegría, en la medida en que nazcan niños, y en la medida en que haya algo que nos aproxime a la ‘naturaleza’, y en la medida en que haya literatura y arte y música y baile. Lo que no desaparecerá serán el dolor y la enfermedad y la muerte. Lo que no desaparecerá será la maldad humana”.

No es una motivación trágica la que impulsa esta escritura. Como dice Sontag, lo que no desaparecerá es la alegría. El Coronavirus ha nacido en nuestro mundo, pero la injusticia en él pareciera ya habitar desde sus orígenes, al igual que la dicha.

El mundo del que hablamos no concierne al mundo herido de ‘Occidente’ cuya fragilidad ha sido más que probada; el capitalismo neoliberal, sistema económico y de gobierno, ha tenido que ceder frente a la crisis. Tampoco se trata de ‘nuestro’ mundo que, quizás, por primera vez, la peste y la angustia ha tocado sus puertas; ni del mundo de las celebridades cuyas plataformas de exposición adornan la tragedia que los mira de soslayo; ni del mundo de los ‘otros’, puesto que siempre han sido nosotros mismos; ni del mundo de la información mediática y el espectáculo que persiste en hacernos creer que las imágenes reemplazan el mundo, cuando tan solo lo duplican.

Hablamos del mundo de todos, sin excepción alguna. El mundo de la fragilidad compartida. Fragilidad sobre la cual construimos un futuro derrumbamiento. Inevitable, por fortuna. El Coronavirus ha tocado ‘nuestro mundo’, ha abierto un fructífero campo de investigación, producción artística y literaria, ha creado un futuro best seller, un monumento a la memoria cuyos obituarios estarán llenos de ‘viejos’.

Hacemos parte de una vida en la que soñar un futuro que prescinda de la necesidad es comúnmente pensada como derrota. Y más cuando aferrados a una individualidad espuria, negamos que hacemos parte de un deber compartido de comunidad. Quizás el despertar de la consciencia ‘global’ esté eternamente en fuga, pero que en la actualidad se detenga un instante en nuestros cuerpos, posibilita una actitud de acogida a las súplicas que vienen del pasado y que renacen en el propio sufrimiento.

Deudores de obligaciones heredadas e ineludibles, el Coronavirus –y los engranajes políticos, económicos y mediáticos que lo arropan– nos recuerda el saldo con onerosos intereses. Nos recuerda nuestros lazos de interdependencia. Y, pese a ello, Yourcenar nos dice: Como Casandra, la Historia profetiza, y lo mismo que a Casandra, nadie le hace caso. Los vencedores prefieren ignorar que todo acaba con una derrota, y a los vencidos nos les gusta que les recuerden que hay pocas víctimas que sean inocentes”. De la tragedia del Coronavirus, cuya existencia no es ni una prueba, ni oportunidad, mucho menos un castigo, somos todos responsables. Y no hay respuesta que no sea una exigencia de justicia.

Page 3 of 31

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.