Ruben Darío Zapata

Ruben Darío Zapata

El pasado 3 de julio, domingo, se realizó en el Jardín Botánico de Medellín una gran fiesta cultural y solidaria; se trata de la 12º edición del Bazar de la Confianza, organizado por la Fundación Confiar, evento que se ha vuelto tradicional desde su primera versión en 1999 como uno de los espacios más amplios para la cultura popular y las más diversas expresiones de la economía solidaria en la ciudad. El incremento de los asistentes al evento en estos años es muestra ya del éxito y la aceptación de la convocatoria por parte de las organizaciones sociales y populares de Medellín: mientras en el bazar de 1999 el jardín Botánico recibió a unas seis mil personas aproximadamente, este año la asistencia superó las 35 mil personas.

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Wednesday, 16 February 2011 16:18

Una pelea en cine mudo

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Me lo imagino todavía, y siento deseos de reir, pero luego me da rabia. Me lo imagino, tal como me lo contó el amigo, Juanito, hombre maduro, alto, fornido y bien plantado como un roble, en la esquina de La Playa con La Oriental, esperando a que el semáforo pasara a rojo y el muñequito caminando se iluminara de verde. Estaba justo bajo el sofocante sol del medio día y el barullo de los carros y la gente que corría para no llegar tarde al almuerzo. Estaba cansado y encartado con un paquete grande en cada mano, por eso empezó a cruzar la calle de primero cuando el semáforo cambió, y se salvó por puro reflejo, no se sabe si de él o del atarbán que conducia la camioneta.

En 1977, La American Internacional Gold Mines, empresa norteamericana que le había comprado a la Frontino Gold Mines su derecho de explotación en las minas de Segovia, acosada por las presiones de los grupos insurgentes de la región y por la beligerancia de uno de los sindicatos más combativos en la historia de Colombia, decidió abandonar aquí sus negocios. En un documento notariado en Nueva York, dejaba la empresa a trabajadores y pensionados como pago de sus acreencias con ellos. Paradójicamente, a febrero de 2011, la empresa aún no es de los acreedores, y en un acto de malabarismo jurídico, el Estado está a punto de subastarla a una empresa transnacional.

 

En noviembre del año que acaba de pasar se realizó en Saravena la Asamblea que dio origen a la Asociación Nacional de Empresas Comunitarias- ASENCOL. Esta asociación tiene como perspectiva contrarrestar la lógica capitalista y de privatización que domina las empresas prestadoras de servicios públicos domiciliarios en el país y lograr que sea la comunidad organizada la que se haga cargo de la prestación de estos servicios con una lógica de solidaridad y autogestión. Esta Asamblea es un primer paso hacia el primer Congreso Nacional de Empresas Comunitarias, que se realizará este año, con miras a marcar los derroteros de la Asociación.

 

“Le metí tres puñaladas a esa vieja hijueputa y  ví cuando se cayó”. “A esa malparida hay que mocharle las tetas antes de matarla”. Estas son las conversaciones entre viciosos, atracadores y jíbaros que normalmente escuchan los vecinos cuando estos se reúnen – lo cual hacen con bastante frecuencia- en juerga asamblearia en el Hueco,  un lugar así llamado por su estrechez y sin salida, en la calle 92DD, entre las carreras 71ª y 72, que mueren justamente allí.

 

El pasado domingo 15 de agosto, día de mercado, el ejército asesinó a un joven campesino en el casco urbano del municipio de El Tarra y después un soldado pretendió ponerle al lado una pistola. La reacción de los campesinos no estaba prevista por los uniformados: los disturbios duraron varios días, pero los medios de comunicación desatendieron lo que allí ocurría; a lo sumo RCN informó que las Farc estaban destruyendo el pueblo, con lo cual no solo ocultó lo que había pasado sino que desconoció una historia larga del conflicto armado que ha azotado la región del Catatumbo y aterrorizado a su población.

 

Recientemente se conoció que una banda de delincuentes de Campo Valdés, Medellín, recibió dinero para asesinar al abogado Bayron Ricardo Góngora, integrante de la Corporación Jurídica Libertad y profesor de la Facultad de derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia. Según la Corporación Jurídica Libertad, esta decisión de asesinato hace parte de una serie de presiones y persecuciones hacia la Corporación en los últimos años por parte del gobierno e inteligencia militar, como respuesta a su empeño en la defensa de los derechos humanos, particularmente por su denuncia a los militares por la campaña sistemática de ejecuciones extrajudiciales en el Oriente Antioqueño, y por la defensa que ha asumido de los estudiantes de la Universidad de Antioquia, acusados de terrorismo bajo la presión de inteligencia militar de la IV Brigada, con sede en Medellín.

 

Wednesday, 13 October 2010 15:54

Para dónde va la UdeA

Este lunes 11 de octubre se abrieron nuevamente las puertas de la Universidad de Antioquia para recibir a sus estudiantes; sin embargo, algo de extrañeza queda en el ambiente que no permite mucho optimismo frente a la normalización de las actividades; ni siquiera existe claridad sobre los acontecimientos que motivaron dicho cierre. Periferia habló con profesores, estudiantes y otros actores cercanos a la Universidad y todos coinciden en que el 15 de septiembre en la tarde los estudiantes realizaban una protesta pacífica y no hubo en ellos una actitud intimidatoria o amenazante contra las directivas de la Universidad. También coinciden en que los problemas estructurales que afronta la Universidad son muy graves y no pueden reducirse, como pretenden las directivas, a un problema de orden público.

 

Wednesday, 14 April 2010 14:29

El Gallo

Se anduvieron todo El Hueco, convencidos de que allí encontrarían los pañales más baratos para la niña, pero no encontraron el local que les habían sugerido. Decidieron dejarlo para otro día y averiguar mejor. De regreso, obligados por el cansancio de la búsqueda se sentaron en las gradas que subían al parque, dando la espalda a las dos inmensas nalgas del gordo de Botero y recibiendo la brisa subida desde la Avenida San Juan. En el primer peldaño de las escaleras se había sentado Jairo, un peldaño más abajo y a su izquierda se sentó Cristina, y los dos callaron, sintiendo la sombra de la tarde que se empezaba a echar encima de la ciudad.

A su alrededor el parque se llenaba de jóvenes: mujeres, negras y campesinas en su mayoría. Los dos sabían que estas mujeres eran empleadas domésticas que trabajaban internas en alguna casa y que acudían al parque los fines de semana para amarse con sus novios. Estos eran negros y campesinos también, que trabajaban en alguna construcción.

Un tipo que subía las escalas se detuvo a mitad de camino.

- Negro, negro- dijo, sin mirar a nadie-, traigo un gallo, un gallo muy bueno.
Jairo tuvo entonces la impresión que se refería a él, aunque dijera negro; sólo porque estaba más próximo que cualquier otro hombre. Sin embargo, cuando miró, los ojos del tipo, perdidos, no le confirmaron la impresión. Por eso no dijo nada. El hombre subió unos peldaños más y se detuvo de nuevo, mirando para todos lados. Era alto y delgado, vestido con unos pantalones clásicos de bota ancha y unas zapatillas negras, y con la camisa desabrochada sobre el pecho despoblado de bellos. Descargó en el piso la bolsa de plástico que llevaba, haciendo tintinear las botellas que había dentro.
 
- Tengo un gallo- volvió a decir, esta vez mirando a Jairo fijamente-. Y canta.

- ¿Qué tiene un gallo que canta?- preguntó Cristina muy divertida -. Póngalo a cantar, pues- lo invitó, riéndose.
El hombre empezó a caminar de un lado a otro por la misma escala. Se metió las manos en los bolsillos anchos de su pantalón, se lo subió y lo sacudió, moviendo insistentemente las manos dentro de los bolsillos. De pronto se detuvo en seco, como si estuviera listo para algo.

- ¿Es usted el que va a cantar?- se volvió a burlar Cristina.

- Tengo un gallo buenísimo- repitió estúpidamente el otro. Jairo miró la bolsa tratando de descubrir lo que el tipo le ofrecía, pero no vio más que botellas de aguardiente.

- ¿Qué es lo que tiene?- le preguntó con desprecio, mirando todavía las botellas en el piso.

- Vamos a negociar- dijo el hombre, de una manera incoherente, pero evidentemente animado por el interés del joven-. Es un gallo buenísimo.

- Pero muestre qué trajo- dijo con avidez Cristina, que parecía haber entendido al fin.

- Espere un momento- dijo el hombre, mirando confusamente hacia el parque, y levantando las cejas en un gesto equívoco.

Estaba ebrio: articulaba con dificultad las palabras y tenía el rostro pálido y atezado, un bigote ancho y húmedo que absorbía la saliva acumulada en las comisuras. Jairo comenzó a interesarse en el asunto pensando que el hombre había podido robarse algo de valor y en medio de su ebriedad lo iba a soltar por cualquier cosa. El tipo caminó hacia él y retrocedió luego un peldaño como refugiándose. Se sacó de un bolsillo dos anillos y se los entregó.

- Mírelos bien- dijo-. Son oro puro.

Jairo los miró entonces con desgano. No conocía el oro ni le gustaban los anillos. De no ser por la insistencia del tipo, los hubiera devuelto al instante. Pero más bien se quedó mirándolos sin saber qué quería descubrir en ellos. Lo único claro era el brillo amarillo que resaltaba aún en la penumbra.

- ¿Cuánto valen?- preguntó con ansiedad Cristina.

- Mírelos bien. Primero mírelos bien- sugirió el vendedor. Jairo siguió mirándolos estúpidamente. Pensó que se le podía ofrecer poco dinero, de tal modo que si los llegaba a engañar no doliera mucho. Luego pasó los anillos a Cristina.

- Pero diga cuánto pide- insistió Cristina, dando una mirada a las joyas.

- Mírelos, compruebe que son oro puro - repitió el tipo. Entonces Cristina se quedó mirando los anillos con desconfianza.

- ¿Sí son de oro?- le preguntó a su compañero.
- Sí- dijo el otro con indiferencia.

- Claro que son de oro- insistió el tipo, con notable entusiasmo-. Son de oro dieciocho.

- ¿Qué pide entonces por ellos?- apuró ella.

- Mire a ver cuánto me da.

- Jairo ¿Seguro que son de oro?- volvió a preguntar.

- Claro que son- respondió en su lugar el tipo, comprendiendo que el otro ya no iba a responder-. Vea, aquí entre nos, esos anillos me los acabo de robar.

- ¿Sí?- preguntó con sorpresa Cristina, pero también con malicia-. Y ¿a quién se los robó?

El hombre evadió la pregunta y más bien insistió para que la otra viera con más atención los anillos.

- ¿Y en dónde se los robó?- insistió ella.

- En El Poblado- gagueó el hombre con fastidio-. ¿Entonces qué? ¿Cuánto da por ellos?

Jairo estaba nervioso. Por encima de ellos y a los lados sentía el murmullo de las parejas imaginando que todos estaban atentos.

- ¿Cuánto pide?- repetía tercamente Cristina.

- Deme 25 mil pesos- soltó al fin el hombre-. Se los estoy regalando.

- ¡Oiga!- se apresuró a reprochar Jairo, al ver entusiasmo en los ojos de su compañera.

- ¡Veinticinco!- repitió ella como si solo entonces entendiera la cifra.

- Entonces ¿Cuánto dan?- desafió el tipo. Estaba ansioso de cerrar el negocio, y también desesperado. Miraba constantemente la bolsa, pero no se atrevía a sacar nada y se conformaba con caminar sin sosiego de un lado a otro.

Cristina empezó a gaguear, ensayando una propuesta. Se había apersonado con firmeza del negocio; pero Jairo la adivinó muy laxa y por eso se apresuró a decirle en voz baja, pero enérgica: Diez mil.

- ¿Cómo que diez mil pesos?- le respondió el tipo a Cristina, desilucionado-. Hagamos una cosa. Se los dejo en 15 mil pesos.

- Diez mil- repitió Jairo, en tono fuerte.

- Prácticamente se los estoy regalando. Deme doce mil pesos y se los lleva.
- Pero ¿sí son de oro, Jairo?- volvió a preguntar Cristina.

- Sí son de oro- respondió el otro, confiado. Estaba seguro que si el tipo se había arriesgado en la calle por robárselos era garantía del oro.

- Son de oro- reforzó el tipo-. Pero si no me creen, vamos a una joyería y los hacemos examinar.

- Présteme dos mil pesos- pidió la joven a su compañero.

- No. Que se los deje en diez mil si quiere.

- Deme los doce- insistió, prácticamente confiado, el otro.

- Présteme los dos mil- rogó ella de nuevo.

- ¡Pero si no tengo!- se sostuvo Jairo -. Usted no le puede dar lo que no tiene. Que se los deje en diez; si no, qué se va a hacer.

- Señor- dijo ella, con tono entristecido-. Es que no hay más plata.

- Entonces otro...

- Otro le va a dar menos- se apresuró a cortarlo ella, sin convicción.

- Otro día hablamos- terminó él la frase.
Entonces Jairo le reclamó los anillos a su compañera y se los devolvió al tipo. Le miró a ella los ojos vencidos, pero no dijo nada.

- Que los venda en otra parte- dijo con dureza. Ya el hombre había recogido la bolsa y estaba listo para marcharse cuando los volvió a mirar y dijo con voz de súplica:
- Denme siquiera once por ellos.

- Es de verdad que no tenemos más- insistió Jairo-. Espere yo veo cuánto tengo en el bolsillo- sacó quinientos pesos en monedas de cien y se las mostró al tipo.

Cristina también sacó el billete de diez y se lo entregó.

- Ojalá sí sean de oro- dijo casi amenazante-. Porque si no, vuelvo y se los traigo. Yo a usted lo conozco.

- Claro que son de oro. Pero si le resultan falsos tráigalos tranquila. Y si me ve por ahí con hambre algún día, me da cualquier cosa.

Después el hombre desapareció por la calle que bajaba a San Juan, por donde mismo había subido. Cristina se quedó estregando los anillos contra la blusa.

- Sí son de oro- dijo con seguridad-, porque no sueltan nada.

Jairo no habló y ella siguió pidiéndole respuestas a la blusa. Sin embargo quiso que él corroborara lo que ella había descubierto.

- Sí son de oro- respondió, sin disimular el enfado-. Pero guárdelos ya.

- Deje de ser tan visajoso- reprochó ella-. Lo que tenemos es que comprobar si son de oro o no.

- Que guardé esa maricada- gritó él exasperado. Pero ella no se dio por enterada y siguió frotándolos contra su blusa, cada vez con más insistencia. Después se acercó a una de las parejas que conversaba sentada sobre un sardinel y le preguntó directamente al novio, con los anillos en la mano:

- Señor ¿usted conoce el oro?

- Claro que sí- respondió el otro con amabilidad y confianza-. Muéstreme.

El método del hombre era idéntico al de ella: estuvo un buen rato frotando los anillos sobre su pantalón de paño y al final concluyó que los anillos eran oro puro.

- Se hicieron ustedes a un buen negocio- dijo maliciosamente la novia. Pero nadie le prestó atención.

- Yo sé cómo se comprueba mejor- insistió Cristina, cuando se retiraron de la pareja. Acercó la lengua a uno de los anillos y lo saboreó detenidamente.

- Sí son de oro, porque no saben amargo.

Pero no parecía estar convencida, porque no guardaba de una vez los benditos anillos; eso tenía desesperado a Jairo; aunque ella no lograba entender por qué.
- Es que esa gente no es de confiar- se explicaba él-. Si en verdad los anillos son de oro, nada extraño que el tipo se devuelva y nos atraque. O que nos atraque otro.

Estaban ya saliendo del parque cuando Cristina dijo con preocupación:

- Dios quiera que sí sean de oro. Porque le entregué la plata que tenía y todavía no le compro los pañales ni la leche a la niña.

El domingo Jairo subió temprano a la casa de Cristina y le tocó toda la cantaleta que la mamá le echaba a Sandra porque la niña se enredaba todo el tiempo con el pañal de trapo y porque la tenía tomando en el tetero agua de panela. Cristina nada contestaba y soportaba insensiblemente la cantaleta. Estaba contenta con su adquisición; bien temprano había tenido la intención de venderlos, pero ahora, ante la luz radiante del sol que iluminaba las joyas estaba más decidida por quedárselos. Al rato dijo que una amiga le iba a pagar la plata que le debía, y se fue a esperarla al centro. Entonces Jairo se llevó a la niña para la calle para evitarse el mal genio de la señora. No regresó hasta entrada la noche, al tiempo que regresaba también Cristina, igual de desplatada que cuando salió. Para calmar a la mamá dijo que habían quedado de pagarle al otro día, pero nadie le creyó y ella tampoco hizo esfuerzo alguno por convencer.

- Los anillos no son de oro- le dijo a Jairo, cuando al fin pudo hablar a solas con él. Su voz sonaba derrotada y rencorosa-.  Mire cómo me dejaron de negros los dedos-. En un momento Jairo quiso mirar la evidencia. Pero desistió; tendido en la cama donde intentaba hacer dormir a la niña guardó silencio y cerró los ojos.

A propósito de la polémica sobre la emergencia social declarada por el gobierno para hacerle frente a la crisis de la Salud, hablamos con el doctor Germán Reyes Forero, ex-presidente de la Asociación médica- Asmedas y actual representante a la Cámara, quien nos ilustra a propósito de los antecedentes y las consecuencias de la emergencia.

Según el representante a la cámara por Antioquia, la declaratoria de emergencia social por parte del gobierno tiene varios antecedentes: Primero, la población viene confrontando a las aseguradoras con la exigencia de los tratamientos y medicamentos por fuera del POS, a través de tutelas. Esto llevó a la sentencia de jurisdicción de la Corte Constitucional en 2008, en donde se redefine el criterio del derecho a la salud; ya no es sólo relacionado con el derecho a la vida, sino que se entiende como un derecho esencial y fundamental de la población. El segundo antecedente tiene que ver con la discusión que se dio en el Congreso de la República en torno a la necesidad de la reforma a la ley 100 de 1993. Y uno más tiene que ver con varias discusiones dadas al interior del Congreso de la República y específicamente en un foro convocado por el representante Germán Reyes a dónde concurrió el ministro de protección social, los prestadores de servicio de la salud y los trabajadores de la salud y la asociación nacional de clínicas y hospitales.

En ese foro, según el doctor Reyes, se develó la situación financiera de la red pública y la red privada prestadoras de servicios de salud, que tenían una cartera de 3,7 billones de pesos, de los cuales 1,7 billones eran de la red pública hospitalaria y 231 mil millones de pesos de la red pública del departamento de Antioquia. Pero lo más grave es que el 46% de esa deuda está a más de un año, lo cual implica que  los hospitales están en situación de iliquidez.

El otro antecedente es la situación de los departamentos a de raíz dos leyes que se aprobaron en el Congreso de la República. Primero, la ley de transferencia que le quitó dinero a los departamentos y a los municipios. El segundo hecho es que a los municipios y departamentos les sacaron dinero de sus fondos de salud para cofinanciar los carné del primer nivel de atención que antes estaban única y exclusivamente a cargo del Fondo de Solidaridad y garantías- FOSYGA. A los departamentos les quitaron plata para responder por las atenciones de los pacientes de segundo, tercero y cuarto nivel del SISBEN y a quienes no tenían el SISBEN. “Es decir, desfinanciaron a los departamentos para responder por las atenciones de mediana y alta complejidad.

Por otro lado está la presión de las EPS, que reclaman al FOSYGA una deuda de 1.8 billones de pesos aproximadamente, según ellas por las atenciones no contempladas en el Plan Obligatorio de Salud – POS.

La emergencia social no era la alternativa
Según el doctor Reyes, en esta declaración de emergencia el gobierno nacional pasa por encima del Congreso de la República, le quita facultades legislativas y las asume para él. Además, los problemas de funcionamiento de la ley 100 de 1993 han sido crónicos, y en este caso no existía ningún hecho nuevo, por eso no se justifica que el presidente usurpe los fueros del Congreso dictando decretos ley.

Por otro lado, según el representante a la Cámara y candidato a esta misma corporación en las próximas elecciones, el gobierno tenía otras alternativas, como disponer de recursos del presupuesto nacional para igualar los planes de salud. “Además- dice el congresista-, yo hice la propuesta para sacar el 20 o 30% del impuesto al patrimonio, aprobado ya por el Congreso de la República, para financiar eso y el gobierno respondió que era prioridad la seguridad democrática”. Lo que hizo el gobierno fue apropiar 300 mil millones de pesos del presupuesto nacional para igualar los planes de salud hasta las personas mayores de 12 años.

“La otra alternativa – explica el doctor Reyes- era la propuesta del Polo Democrático Alternativo de derogar la ley 100 y hacer una nueva ley. Que sacáramos los intermediarios, las EPS, para diseñar un modelo financiero y administrativo con una estructura distinta a la que hoy existe. El gobierno nacional dijo que no aceptaba esa propuesta porque implicaba indemnizar a las EPS. Yo dije que eso se daría siempre que las EPS demostraran que sacaron recursos propios para armar estructuras propias o para armar todo el plan administrativo. Pero es evidente que las EPS han hecho estructuras, se han capitalizado, se han enriquecido con base en los recursos que eran para los usuarios, por eso niegan servicios”. Según el doctor Reyes, existen pruebas de que las EPS están ganando cerca del 25 al 30%, en detrimento del servicio brindado a los usuarios. Por tanto, prescindiendo de su trabajo, el Estado estaría ganando el 25 o 30% para dar cumplimiento al fallo de la Corte.

Consecuencias desastrosas
El representante Germán Reyes asegura que los decretos de emergencia social no sólo son arbitrarios, sino que van en contravía de los fallos de la Corte Constitucional porque reducen el plan obligatorio de salud del régimen subsidiado, reducen el Plan de Salud Obligatorio a solamente las actividades del primer nivel de atención. Todo lo que sea de mediana y alta complejidad sale del Plan Obligatorio de Salud para convertirse en un nuevo concepto de Prestaciones Excepcionales de Salud. Para que la gente pueda acceder a estos servicios tendrá que comprarle a la EPS una póliza adicional con carga al bolsillo de los contribuyentes, o recurrir a los fondos de cesantías, que antes solo se podían retirar para educación o vivienda. Si no tiene cesantías tiene que ir al sistema bancario para que le preste el dinero correspondiente, en contrario, no será atendido.

“Lo más grave- explica el doctor Reyes- es que las personas que están afiliadas al régimen subsidiado- Sisbén, que antes se atendían por fuera del Plan de Salud con dineros de los departamentos o con dineros del FOSYGA, ahora están condicionados a que esos dineros existan, si no, están condenados a muerte. Porque el gobierno nacional dice en sus decretos que la tutela sólo se podrá interponer sobre el nuevo Plan Obligatorio de Salud. Las enfermedades que requieran atención especializada tendrá que pagarlas el  enfermo. Pacientes que requieren diálisis, pacientes con hemofilia, con VIH o transplantados, quedarán desprotegidos, porque el gobierno prefiere invertir plata para la guerra y no en la salud”.

Según esto, los decretos emitidos al amparo de la emergencia social no son una solución a la crisis, sino más bien un golpe certero que dan a los usuarios, a la red pública y a la red privada hospitalaria y a los médicos en particular. Un médico que formule por encima del Plan Obligatorio de Salud nuevo se considera que está atentando contra la seguridad financiera del sistema y es objeto de proceso disciplinario a cargo del tribunal de ética médica. Y susceptible de multa hasta de cincuenta salarios mínimos. Así las cosas, como dice el doctor Reyes, “Sólo el pueblo, mediante una gran movilización y una lucha sin tregua, logrará reversar las tropelías de un gobierno que favorece excesivamente a los ricos, negando prácticamente el acceso a la salud de la inmensa mayoría de colombianos”. 

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