Ruben Darío Zapata

Ruben Darío Zapata

Thursday, 14 January 2010 17:40

El fin de año de la negra

a encontré aferrada a una cerca de madera, a orillas del camino polvoriento en la parte más alta del Morro, apenas a dos pasos de la casa de don Chucho. Cuando la vi, todavía un poco distante y medio cubierta por la oscuridad de la madrugada, una corriente de deseo estremeció mi cuerpo al reconocer la oportunidad. Estaba encendido por el licor que había ingerido y pensé que ella también podría tener una disposición especial por su mismo alicoramiento. Yo salía precipitado de la casa de Chucho, tratando de huirle al aburrimiento, en una noche en que se supone no hay espacio para eso; no pude sacar conmigo a mi hermano, que insistió en quedarse a pesar de reconocer lo mal que estaban tocando los músicos ya borrachos, y a pesar de querer bailar y ver cómo ellos se empeñaban en tocar guasca. Pero él también estaba lo suficientemente borracho como para sentirse a gusto en cualquier parte. Yo apenas tenía en el cuerpo el alcohol necesario para que me empujara a la aventura.

Por eso me aproximé a aquella muchacha. Con cualquier pretexto la iba a arrancar de la cerca para esconderme con ella en cualquier otra parte; pero al verla de cerca cambié súbitamente de idea y hasta me arrepentí de mis intenciones. Supe que si llegaba a soltarse no lograría sostenerse de pie por más de un segundo. Tenía la cara descompuesta por la borrachera, los ojos irritados y el cabello, que le caía apenas un poco más abajo de los hombros, revolcado. Las cargaderas de la blusa salidas de sus hombros y el bluyin, ajustadísimo, sucio en extremo como si se hubiera revolcado en un chiquero.
- Cierto que usted es la hija de Don Antonio - dije al reconocerla.
Ella también me reconoció al instante, lo supe por su mirada, aunque no hizo ni dijo nada.
-Venga niña, yo la ayudó a llegar a la casa- me ofrecí mientras la tomaba por la cintura tratando de levantarla. Pero ella se negó a mi ayuda, moviendo apenas la cabeza.
-Tranquila- insistí-. Yo sé dónde vive, yo la arrimo.
- No- dijo ella apenas con un hilo de voz-. Dígale a Rey que venga. Dígale que venga- terminó al borde del llanto.

Me paralizó de sorpresa su actitud. ¡Tanto dolor reflejado en  aquella súplica! No supe qué hacer y me quedé allí parado al lado de ella, viéndola aferrada a la cerca como si en ello le fuera la vida.

Entonces recordé que ya la había visto, aunque muy sobria, en la primera mitad de la noche. Yo estuve con Rey tomando cerveza en la tienda de Tolima. Cuando el reloj de la pared sonó anunciándonos que eran las doce de la noche, salimos escalas abajo buscando amigos y familiares para darles el Feliz año. Al llegar a la heladería Rey se quejó:
- Mi mamá no bajó. Habíamos quedado en que ella estaba aquí a las doce.
-Tranquilo- lo consolé, sin prestarle mucha atención al hecho de que la mamá viviera más bien retirada, por los lados de la cañada-. Vamos a dar el feliz año a la gente en la carretera y después subimos dónde ella.
Entramos primero a la heladería y al instante entró la negra, como si lo estuviera esperando, y se dejó ir derechita hacia Rey. Se colgó de su cuello y le dio un tremendo beso que no se deshizo al instante. Eso nunca lo esperé de aquella mulata tan seria, retraída y solitaria, que siempre miraba yo como si nada tuviera que ver con la alegría de los jóvenes, aunque no era ella misma más que una adolescente. Al verlos tan a gusto no quise interrumpirlos y me fui solo a buscar los amigos abajo en la carretera. Desde ese momento se me perdió Rey.

La historia, en principio, no parecía triste, aunque Rey lamentaba cómo había sucedido. Así me la había contado Rey hacía poco, una vez que vimos pasar cerca de nosotros a la negra, indiferente con los dos (ya se me había olvidado por lo demás y apenas ahora la recordaba como si acabara de conocerla realmente): “Esa niña fue novia mía hace poquito. Estaba en embarazo, pero el malparido del hermano la hizo abortar. Tenía ya tres meses y él le sacó al muchachito de una paliza que le dio porque no quería que tuviera hijos míos”. Aunque la historia la contaba Rey algo distante, reconocí el tono de tristeza cuando habló del aborto. Muy cruel la paliza y el aborto, creía yo, pero también era cruel el embarazo en la situación de Rey, que tenía esposa, a la cual había recogido ya con tres hijo y después le puso dos más. De todas maneras lo que no pude adivinar en ese momento fueron los sentimientos de Rey hacia la muchacha; tal vez una conquista entre muchas, me dije. Era, en todo caso, un hombre al que parecía no estorbarle los hijos.

En esas reflexiones estaba yo, cerca de la muchacha, sin saber todavía qué hacer, cuando ella insistió en la súplica.

- Dígale a Rey que venga. Qué venga.
Y era como si me dijera: “Dígale que me voy a morir aquí tirada, que si no viene ya no me encuentra más”.

No sé si me conmovió tanto por la misma alteración que me había producido el alcohol o porque su estado en sí era conmovedor.

- Tranquila. Si lo encuentro, yo le digo.
Entonces la dejé confiada a los buenos oficios de la cerca para que la sostuviera mientras Rey subía a rescatarla.

Cuando estaba cercano a la heladería, me enjugué la cara y respiré profundo. Afuera estaba Marta, la mujer de Rey, con otras amigas. Me miró inquisidora, pero yo no la reconocí al primer momento sino cuando ya estaba lejos, entonces no quise voltear. Podía estarme juzgando por algo que Rey le hubiera hecho, como si de todo fuera cómplice yo, o simplemente me reclamaba el saludo. En fin, no quise averiguarlo.

Bajé hasta la carretera, a donde me habían invitado unos amigos para hacer un sancocho de marrano. Aunque ya había amanecido, supuse que apenas lo estarían montando. Pero ni siquiera tenían el revuelto; solo la bulla y la algarabía de ellos. Allí encontré a Rey. Lo tenían dos muchachas, sentado en el andén, agarrado por los dos costados para evitar que se les fuera. Y apenas llegué me lo encomendaron, para ellas poder bailar. Estaba bastante ebrio, pero en realidad no tenía ganas de irse. En ese momento no quise decirle nada, embargado por la emoción; de todas maneras, arriba, encaramada en el barranco del frente, estaba su mujer con sus amigas, vigilándonos. Cuando vi la cosa más tranquila y menguada mi propia emoción, se lo comenté.
- Arriba estaba la negra, con una tremenda borrachera. Me dijo casi llorando que te mandara para allá.
- ¿Sí?- preguntó él sorprendido y emocionado-. Pero si hace nada la estuve buscando por allá. Y ya iba yo para su casa cuando me encontré con Marta, que me estaba buscando. Entonces me tuve que devolver con ella.
Como siempre, no pude intuir los sentimientos de Rey. Me hubiera gustado saber para qué la estaba buscando, pero su tono de voz no dejaba adivinar nada. Posiblemente no quería nada más que lo que yo mismo quería cuando la encontré colgada de la cerca.
Thursday, 14 January 2010 17:11

Crisis en Honduras está lejos de ser superada

En la primera semana de este nuevo año, el ministerio público de Honduras presentó ante la Corte Suprema de Justicia un requerimiento fiscal contra la cúpula de las fuerzas armadas, encabezada por el jefe del estado mayor conjunto, general Romeo Vásquez, y conformada por otros cinco oficiales, por la expulsión a la que sometieron al depuesto presidente de la república, Manuel Zelaya, el 28 de junio pasado.

En 1994 se expidió la ley 142 de servicios públicos domiciliarios y la 143 de energía, en las que se plantea la escisión de las empresas de este sector por negocio. Así, con los activos de generación de energía de ISA se crea una nueva empresa, esta vez de carácter mixto: ISAGEN. Tras esa puerta se abrió la nueva estrategia que hoy tiene a Isagén ad portas de la privatización total y descarada. Conversamos con Oscar Vallejo, presidente del sindicato de trabajadores de Isagén, quien nos revela detalles de esta estrategia desarrollada hoy por el gobierno de Álvaro Uribe.

 

¿Qué otras empresas han corrido esta suerte de privatización?
ENGESA, por ejemplo, maneja todo el mercado energético de Bogotá. Semejante a lo sucedido en ISA, la Empresa de Energía de Bogotá la escindió el gobierno para vender la parte de generación al capital extranjero, siendo Engesa la segunda generadora de energía del país, después de EPM, seguida de Chivor, en otro tiempo de Isagén. En el año 1996 se vendieron los activos de Isagén en la central de Chivor al grupo Chigener – de capital chileno -, y esta la vendió posteriormente a AES-Corporation, transnacional estadounidense.

¿Cómo ha sido el proceso de privatización de ISAGEN?
A partir del momento de la escisión, por ley, se le da participación al capital privado. Luego continuó un proceso gradual de ventas de acciones al público. En general, las empresas que eran del Estado fueron progresivamente entregadas al capital privado, vendidas bajo la figura de la ley 226, que disfraza el proceso como una manera de democratizar la propiedad de estas empresas. A través de la ley 226 se motiva a sectores de la sociedad y a ciudadanos para que compren acciones con la finalidad de romper la resistencia que pueda tener el pueblo colombiano frente a la defensa de su patrimonio público.

Isagén ha tenido varios intentos de privatización, frenados por medio de una acción legal, en virtud de la valoración hecha por la banca de inversión. En el año 2000, el gobierno tomó la decisión de feriar a ISAGEN a un socio estratégico por debajo de su costo real, entre esas empresas que pujaban por adquirir las electrificadoras del pueblo colombiano estaba la ENRO, que al poco tiempo se quebró. Algunos empresarios nacionales se opusieron considerándolo una amenaza a sus intereses. Incluso el manifiesto de Uribe Vélez, en su campaña electoral del 2002, planteaba en uno de sus setenta y cinco artículos que no privatizaría la empresa. Pero en el año 2006 el gobierno, que entonces poseía 76% de las acciones de Isagén, decidió vender el 20% al sector solidario, al sector de fondos de pensiones y otros ciudadanos, quedándose así con el 56% de la empresa.

¿cuál es la nueva situación?
Hace un año, el gobierno convocó una comisión del gasto, que tomó la determinación de vender parte de Isagén y otras empresas, quedándose con una propiedad accionaria inferior al 51%, lo cual implica cederle el control de la empresa al capital privado. Pero el gobierno está yendo más allá de las recomendaciones de la comisión del gasto, aunque esta sea privatizadora y neoliberal; está ofertando todas las acciones que posee en estas empresas. El argumento para feriar a Isagén es el cubrimiento del déficit del Estado, calculado en tres billones de pesos.

IN BERLIN, como banca de inversión, modificó, previo acuerdo con los responsables de rematar la empresa, el contrato tasado en dos mil millones de dólares, a 28 mil millones. Esta estafa a la nación fue denunciada por el sindicato, lo cual logró parar la venta de la empresa. Sin embargo, el gobierno ha manifestado que insistirá en la venta de sus acciones, prevista para los primeros meses del año próximo. Uribe manifestó su deseo de negociar con EPM para no someterse a la ley 226, que le obliga a pasar las acciones del estado primero por el sector solidario. Pero entre tanto se ha constituido un fondo denominado Colinversiones, donde participa el grupo empresarial antioqueño y otros empresarios nacionales interesados en el control de Isagén y para ello han logrado seducir a un grupo de trabajadores, entre 400 y 500, muchos de ellos en cargos directivos de la empresa, para que se unan y compren el paquete accionario que ofrece el gobierno.

¿Cuál es la importancia en este caso del sector solidario?
Es que antes de vender la empresa a una multinacional, la ley 226 establece que se debe dar oportunidad a sectores nacionales para que participen en la adquisición de la empresa, básicamente a los fondos de pensiones y organizaciones solidarias, para dar la sensación de la democratización de la propiedad. Pasados dos meses se ofertan las acciones al público en general. En este caso, el grupo de trabajadores que puja por comprar las acciones, lo que buscan son oportunidades de negocio. Pero tienen limitantes de recursos para comprar acciones, impedimento que el capital financiero utilizaría para hacerse al dominio de la empresa.

¿Qué posición están asumiendo en el sindicato para frenar el proceso de privatización?
Enviamos una carta a la contraloría general, por considerar que el gobierno está incumpliendo una norma de carácter público, dado que el Estado no puede ser garante de terceros. Isagén tiene unas deudas con el City Grup y el City Bank del orden de un billón de dólares, que respalda la nación, mientras el patrimonio está en tres billones. En el momento en que la nación pierda la participación en la empresa, no podrá seguir siendo garante del crédito. Cuando los trabajadores se plantean comprar una empresa que cuesta tres billones de dólares, tienen que contraer créditos por ese monto más los pasivos, teniendo como garantía la nación, cuya posibilidad ya no está permitida.

Nosotros hemos mandado comunicación a la prensa, pero no la ha publicado; al contrario, defienden la iniciativa de los trabajadores que se han cohonestado en la subasta de la empresa. Tenemos conocimiento que algunos grupos financieros muy poderosos se han ofrecido como garantes a cambio de que posteriormente le vendan sus acciones. Por tal motivo estamos invitando a un foro que se realizará el 21 de octubre en las instalaciones de la Asamblea Departamental de Antioquia, para que la comunidad reaccione y asuma responsabilidad en defensa de sus derechos. Para frenar todos los procesos de privatización necesitamos una profunda transformación de conciencia.

 

 En una entrevista concedida a Periferia, el doctor Carlos Gaviria, precandidato presidencial del Polo Democrático Alternativo derrotado por Gustavo Petro en la pasada consulta interna del partido, habla de los resultados, que sorprendieron a buena parte del movimiento popular en Colombia. También habla de lo que este resultado implica para el proyecto de unidad del Polo y, en general para el futuro de una izquierda democrática representada en buena medida por este partido y que ahora se ve confrontada por el respaldo electoral a la propuesta de Gustavo Petro, autoproclamado como representante de la izquierda moderna.

 

Wednesday, 23 September 2009 15:40

La resistencia en Honduras se mantiene

Aprovechando nuestra corta estadía en Panamá, conversamos con el doctor José Luís Vaquedano Hernández, fiscal de la confederación sindical de la CUT, candidato a diputado y uno de los líderes más reconocidos del Frente de Resistencia contra el golpe de Estado en Honduras. Con él pudimos hacer un breve bosquejo de lo que es la situación de Honduras hoy, dos meses después del golpe de estado contra el presidente elegido constitucionalmente, Manuel Zelaya; pero también conocimos algo del contexto que rodeó dicho golpe.

 

Friday, 12 June 2009 15:24

Un señor tirado en la calle

Caminaba por la calle 54, donde termina el pasaje Junín, al frente del Parque de Bolívar, y aunque iba de afán alcancé a ver al hombre que, un poco delante mío, se recostaba, o intentaba recostarse, tambaleante, a una puerta metálica de uno de los negocios que a esa hora de la mañana permanecía cerrado, como casi todos los del sector. Y es que apenas iban a ser las ocho de la mañana de un miércoles más bien apacible y pasado por lluvia, donde todos los transeúntes andábamos apresurados para llegar a tiempo a nuestro trabajo o al estudio, excepto unos cuantos indigentes, como parecía ser el caso de aquel tipo. Pero al pasar no pude evitar detenerme un rato a mirar lo que sus movimientos incontrolados ya anunciaban. Sin embargo, no cayó como cualquier borracho, no se desgonzó ni se dobló. Más bien empezó a irse para atrás, tieso y derecho como un palo, y en cámara lenta.

Sé que no tenía tiempo para agarrarlo, pero tampoco lo intenté siquiera. Otras personas que pasaban justo en ese momento, tal vez tan a prisa como yo, quedaron atrapadas en el cuadro; ninguno de ellos intentó tampoco detener al hombre en su caída. Apenas apretamos los dientes y hasta cerramos los ojos y adelantamos en nuestros oídos el batacazo que la tiesura y resistencia del tipo retrasaban. Era imposible no sentir el terrible dolor de cabeza, como si nosotros mismos la hubiéramos estrellado contra aquel esquinero, que elevaba un poco el nivel del andén cerca del muro, y recibió indiferente la cabeza del tipo. Eso apenas retumbó y todos nos estremecimos.

El tipo rodó por el suelo y quedó tendido en media acera, sobre el piso mojado que había recibido lluvia durante toda la noche y que aún seguía recibiendo una llovizna delgada aunque pertinaz. Pero un borracho perdido no siente, nos dijimos e intentamos olvidar el golpe de inmediato. Al fin de cuentas indignaba que aquel tipo anduviera, antes de las ocho de la mañana y en mitad de semana, con tremenda perra por ahí. Aunque su cara y figura de indigencia parecía explicarlo todo, no lo justificaba. Fue solo después de esta reflexión que caí en la cuenta de que la clasificación de indigente tal vez había sido un prejuicio causado por la primera impresión de borracho que nos había dado el tipo. Sin embargo, la misma forma de su caída cuestionaba esta primera impresión. Además, sus ropas, aunque estaban sucias y mojadas por la rodada en el piso, parecían bien tenidas, sin remiendos ni desgarraduras, con la camisa bien abotonada, aunque ya desordenada, metida entre el pantalón, y bien apretado este con una correa de cuero.

Pasado el momento del susto, todos hicimos el ademán de continuar, movidos por la misma prisa que traíamos; pero de nuevo algo que sucedía con el tipo nos retuvo mirando el espectáculo: no se quedó simplemente tirado en el piso, sino que empezó a revolcarse; temblaba y convulsionaba de una manera tan dramática, que nos conmovió a todos.
- ¿Qué le pasa a ese señor?- preguntó estúpidamente una señora que acababa de integrarse al corrillo que le habíamos improvisado al tipo.
- Parece que le dio un ataque- respondió alguien, que parecía ya tener muy clara la situación.

Yo me desesperé y no supe qué hacer. Me debía ver ridículo, igual que los demás, ahí clavado, observando al tipo revolcándose en el suelo y sin decidirme a hacer nada. Tampoco nadie más se decidió y todos observábamos estúpidamente. Yo solo esperaba que se calmara rápidamente, pero al ver que seguía peor, que tenía su cuerpo vuelto un ocho y sobre unas manos torcidas y agarrotadas, di un paso en su auxilio. Un solo paso, porque no tenía ni idea  de qué iba a hacer con el hombre apenas estuviera cerca.
- Lo mejor es dejarlo quieto hasta que se calme- respondió con mayor aplomo el mismo tipo de antes, esta vez a la pregunta de otra mujer, que se angustiaba quizá más que yo y todos los demás.

Entonces cogí para mí también la respuesta y desanduve el paso que había dado. Recuperé la premura que traía antes de encontrar al epiléptico en plena caída y desaparecí avergonzado. Detrás salieron otros, deshaciendo el corrillo que homenajeaba con su curiosidad al tipo convulsionando, con la cara contraída en una mueca horrible, los ojos desorbitados y el cuerpo enredado. Con una última mirada atrás, alcancé a ver como el tipo seguía en sus convulsiones, pero solo, tirado en el piso y luchando contra sus demonios, a la vista indiferente de otros transeúntes que pasaban apresurados y apenas tenían tiempo de esquivarlo para no patearlo o pisarlo.

El primer día que Martha llegó a trabajar como empacadora del Éxito, a través de la cooperativa Creser, le tocó en el Éxito de El Poblado, uno de los mejores para las propinas. Ese día en la mañana, mientras estaba trabajando en la caja que le había asignado el jefe de servicios, un compañero se le acerco y le dijo, como si le ofreciera una gran oportunidad: Ve, andáte para la caja 18. Martha dio vueltas y vueltas por el almacén hasta qué, después de preguntar, se enteró que no existía la caja 18. Lo que pasaba era que a su caja acaba de llegar un señor que daba 20 mil pesos de propina.

 

Clientes como esos son los que los empacadores han denominado en su propia jerga clientes cheque, porque son una buena propina garantizada, a diferencia de los clientes cabezones que difícilmente dan propina. Por eso, buena parte de los empacadores trabajan siempre pendientes de los clientes cheques, y de alguna manera los adoptan como suyos. Pero lo que hizo el empacador que le jugó esta broma a Martha en términos comerciales se llama competencia desleal, los empacadores lo llaman gusaneo.

Los clientes cheques son habituales dentro del almacén y a veces hasta rutinarios. Alguien que lleve dos años en el almacén aprende a identificarlos, sabe qué día y a qué horas llega. La propiedad se ratifica en la práctica cotidiana. El empacador ve entrar a su cliente y le sale a saludarlo, a preguntarle por su salud y por su familia. Como lleva tanto tiempo atendiéndolo de esta manera ha logrado una cierta familiaridad con el cliente. Su táctica después es perseguirlo por todo el almacén o estar pendiente de la caja dónde va a pagar.

“Hay compañeros-cuenta Martha- que se pasan todo el día caminando por la caja, mirando a dónde va a caer la señora de las buenas propinas. Si por casualidad cayó en una caja dónde estoy yo, perdió el año; porque yo no me voy a mover para que él empaque. A no ser, como pasa muchas veces, que la señora pida que sea justo ese muchacho quien le empaque”.

Yolanda, compañera de oficio de Martha en el Éxito de San Antonio, nos cuenta la historia de un empacador que se retiró: “Él se fue a descansar a la cafetería y cuando bajó se quedó mirándonos a todos y entonces le pareció increíble que nos estuviéramos peleando por mierda. Eso lo indignó tanto que inmediatamente renunció y se fue”.

Pero eso tiene su razón de ser: “Yo, por ejemplo- explica Yolanda-, sé que tengo que responder por mi hijo, que tengo que hacerme el dinero para el arriendo, los pasajes y la comida, aparte de los gastos que surgen en la Universidad. Y la única posibilidad que tengo por ahora es esta. Entonces me mentalizo en que tengo que empacar mucho. Uno llega un día con la idea de que tiene que comprar un libro para la universidad y que para eso tiene que hacerse muchas propinas, que por lo tanto tiene que empacar mucho más. Y por eso todo el tiempo estás pendiente de dónde, en qué caja hay una oportunidad. Igual el otro está montado en lo mismo”.

La gran oportunidad
Los empacadores que prestan servicios para el Éxito son generalmente jóvenes estudiantes. Por eso encuentran en este trabajo una oportunidad que difícilmente encontrarían en otra empresa. “Lo que a uno lo atrae- cuenta Yolanda- es que nos dan la oportunidad de combinar nuestro estudio con el trabajo, pues nuestro sueño más inmediato es terminar la carrera, y además nos tenemos que sostener. En el Éxito tenemos que trabajar mínimo seis horas diarias. Cuando tenemos mucha carga académica, entonces hacemos solo cuatro o cinco horas por días; las horas restantes las completamos el fin de semana cuando podemos trabajar entre ocho y nueve horas por día”.

Toda la oportunidad termina viniéndose al suelo cuando se toma en cuenta que no existe un salario, o más bien el salario está constituido por las propinas que les dan los clientes. “De hecho- cuenta Martha-, cuando nos va mal, uno termina el turno, pero sabiendo que tiene un montón de necesidades por atender y que necesita plata, uno se queda, sigue trabajando. Y ahí ya no importa si tiene que estudiar esa noche para un exámen al otro día. Porque la necesidad apremia”.

Del salario a la caridad
Martha y Yolanda reconocen que estar pendiente de la propina produce un cambio muy perverso en la forma de percibir a la gente. Pues ya la mirada que se pone sobre el personaje que se acerca a la caja a pagar lo que evalúa es qué tanta propina puede dar. Y una vez la propina ha sido recibida, no siempre produce un sentimiento de satisfacción.

“A mí me parecía muy duro- dice Yolanda-, cuando los señores le entregan la monedita al niño para que el niño se la entregue a uno. Es como hacer sentir al niño bueno regalándole la moneda al otro… Pero hay también personas que son muy groseras, a quienes no les importa tirarle la monedita de veinte pesos y decirle a uno: vea para que compre un carro. En ese caso, no queda más que decirle muchas gracias. Y, sin embargo, nosotros recogemos todas las moneditas de veinte pesos, porque sabemos perfectamente que cinco moneditas de veinte son cien pesos y que a nosotros nos sirve”.

“También existen los clientes que no dan absolutamente nada porque tienen sus argumentos- complementa Martha-. Muchos de ellos me dicen: es que usted también está asumiendo el riesgo de que yo no le dé nada, porque usted asumió trabajar de esa forma. Aquí yo asumo que el servicio me lo presta el Éxito con su personal y es el Éxito quien les tiene que pagar”

“También hay los que están dispuestos a dar la propina- continúa Martha-, pero resulta que afuera del almacén hay personas que también viven de vender bolsas, se apresuran a abrirle a la gente la puerta del taxi y a ayudarles a subir los paquetes. En su mayoría son muchachitos entre 10 y 12 años. Los clientes prefieren en muchos casos darle la moneda al muchacho que está afuera trabajando, que dárnosla a nosotros. Y eso me parece bien. Ellos también se la están rebuscando y la necesitan”.

Desde luego, es muy distinto trabajar como empacador en un Pomona, que también es propiedad del Éxito, o en los almacenes Éxito de Envigado y El Poblado, que trabajar en los Éxito del centro o en los Carulla, hoy también del Éxito. A los primeros los visitan personas de los estratos altos, que tienen capacidad de compra y disposición para dar una buena propina. Mucha gente de la que llega a los almacenes del centro, en cambio, proviene de barrios populares, con ingresos limitados, que muchas veces incluso les toca renunciar a la mitad de las cosas que llevan en su canasta para comprar, al ver que el precio supera su presupuesto. Cierto que hay días en que los empacadores de estos almacenes logran propinas entre 20 o 30 mil pesos. Pero son muchos los días en que no alcanzan a hacerse siquiera los cinco mil, lo cual escasamente les alcanza para el pasaje, y esto en caso de que no salgan muy tarde y les toque tomar un taxi.

“Pero los directivos hacen una proyección muy bonita- cuenta Yolanda-. Nos dicen, por ejemplo, que en esas seis horas estamos ganando 20 mil pesos. Al dividirlo por las seis horas, y cuando uno en esas mismas seis horas se hace apenas cinco mil pesos o menos, de todas maneras se las promedian sobre esos 20 mil pesos. Y le dicen que según esa proyección uno se está ganando 2.2 salarios mínimos. Todo es un disfraz. Porque más bien son escasos los días en que uno puede sacar más de 20 mil pesos, a lo sumo los fines de semana de quincenas, cuando la gente va a mercar”.

“El gerente es uno de los que dice que no podemos seguir pensando que el hecho de que a usted la vaya bien o le vaya mal es por suerte- complementa Martha-. Pero alguna vez llega el cliente cheque que te deja de propina 10 mil pesos, y muchas otras llega el señor que uno sabe que escasamente tiene con qué comprar algo. Entonces sí es suerte. Pero el gerente lo que le dice a uno es que todo depende del servicio, que uno tiene que sonreír porque de su sonrisa depende que el cliente le de propina o no”.

Hasta el año pasado, en el Éxito de San Antonio se realizó la práctica del volanteo. Cuando el cliente pasaba por la caja para registrar, el muchacho le entregaba el volante con la información y le preguntaba si conocía la forma de trabajo de los empacadores. Eso primero lo hacía la cajera, pero entonces el Éxito se los prohibió y tuvieron que hacerlo los mismos empacadores. No todos, solo los más atrevidos. “En esos momentos - comenta Yolanda- a los empacadores que hacían el volanteo les iba muy bien y sus ingresos no bajaban de los 700 mil pesos mensuales. Ellos decían que volantear un cliente es una propina fija, porque es como pedirle plata directamente. Pero en este momento usted decirle al cliente eso es una causal de sanción y despido”.

El colmo de la villanía.
El año pasado, el Ministerio de Protección Social expidió el decreto 1233, que obligaba a las cooperativas de trabajo asociado a pagarle a sus trabajadores un sueldo básico. En este decreto se considera claramente que la propina en ningún momento puede ser asumida como salario. Este decreto puso en dificultades a la cooperativa, pero, a lo que parece, las resolvió rápido y muy fácil.

Lo primero que se hizo fue intentar negociar con el Éxito para incrementara el valor de la hora que pagaba a la cooperativa por el trabajo de los empacadores. “Porque el Éxito sí le paga a la cooperativa por nuestro trabajo- explica Yolanda-. Le paga la hora al valor de una hora en el salario mínimo, incluso un poco más porque le da a la cooperativa un porcentaje para la estabilidad financiera en caso de crisis. Pero de ese dinero la cooperativa no nos da un peso. Con eso dice que paga el 50% de nuestra seguridad social, el otro cincuenta por ciento lo tenemos que pagar nosotros mismos”.

Como el Éxito no quiso aumentar el valor de la hora, la alternativa siguiente de la cooperativa fue inspirada en una sugerencia del propio Ministerio de la Protección Social. Este decía que el dinero para el salario básico lo tenían los propios empacadores. Por eso la propuesta fue que ellos mismo, los empacadores, se consignaran a su cuenta de sus propias propinas lo que se consideraba el salario básico para su tiempo de trabajo, para así cumplir con la ley. “Obviamente, ninguno de nosotros estaba satisfecho con esa solución”.

Entonces la idea que vino después fue la repartición de los excedentes que tenía la cooperativa del año pasado. Esta vez la idea era repartir 150 mil pesos a cada uno de los empacadores, que iba a ser como la base para la consignación quincenal simulando el pago de la cooperativa. “La idea entonces es que esos 150.000 pesos los pongamos a rotar. Es decir, a los 15 días nosotros sacábamos el dinero, pero debíamos volverlo a consignar. Ahí ellos estarían demostrando que efectivamente nos están consignando un sueldo básico según las horas trabajadas”.

Desde luego esta es una simulación no solo permitida sino promovida por el Ministerio de Protección Social. Por lo tanto es el mismo ministerio el que se encarga de burlar su propio decreto para permitir que las cooperativas de trabajadores de las que se vale el Éxito sigan trabajando en la forma perversa que lo hace. “Eso, en realidad, no transforma en nada la condición de trabajo de nosotros- reconoce Martha-, seguimos trabajando de la misma forma, con las mismas propinas. Lo que se hizo fue quitarnos a nosotros la necesidad de tener que sacar de nuestro bolsillo los 150.000 pesos para empezar. Lo peor es que aunque la decisión se tomó en enero, esos 150.000 pesos todavía no nos los han entregado”.

A pesar de las condiciones de trabajo que impone el Éxito a través de sus cooperativas y que estas dos jóvenes nos han descrito, han decidido usar aquí nombres ficticios, porque ellas saben que aun necesitan su trabajo.

Ha corrido de este año mes y medio, y el colegio de La Divisa, que funciona por cobertura bajo la dirección del Instituto Ferrini, aún no desarrolla con normalidad las labores académicas. Este barrió queda al occidente de Medellín, justo en el corazón de la comuna 13, donde se desarrolló la Operación Orión hace más de seis años. Según afirmaciones de vecinos en este barrio, la anormalidad académica en el colegio es todavía una secuela del control paramilitar que se posicionó después de la operación Orión y de la rapiña del propio Ferrini.

 

En este colegio, el Ferrini recibe aproximadamente unos mil estudiantes, entre primaria y bachillerato. Pero desde el inicio del año escolar, los niños y jóvenes asisten al colegio solo tres horas cada día, en donde los profesores se las ingenian para desarrollar varias actividades académicas y recreativas. Por su parte, los profesores están laborando todavía sin contrato y sin saber qué va a pasar con ellos.

Según algunos líderes de la comunidad, a los padres de familia y a los alumnos El Ferrini les ha maquillado la razón de esta anormalidad, diciéndoles que no están laborando jornada completa porque se están haciendo unas obras de remodelación del colegio.

El colegio está conformado por dos bloques o edificios. Uno de ellos, el que están remodelando, lo construyó hace ya varios años la comunidad. El otro Bloque lo construyó el Ferrini, quien compró el lote justo en los tiempos de mayor violencia en la zona, cundo mucha gente ya no quería vivir allí y vendía por cualquier peso. Como este bloque es de más reciente construcción, todavía está en buen estado, y los líderes aseguran que allí bien podrían ser ubicados todos los estudiantes en las dos jornadas, y así iniciar de una vez el año escolar con normalidad.

Por otro lado, la urgencia de remodelar y mejorar el bloque construido por la comunidad empezó a mediados del año pasado, cuando la secretaría de salud realizó una visita a las instalaciones y comprobó el mal estado del colegio, y entonces definió que si no se mejoraba la infraestructura, no le darían la licencia. Y sin licencia el municipio no le renovaría el contrato por cobertura al Ferrini.

Y es que, en verdad, el colegio no tenía condiciones para realizar allí actividades académicas y de ningún tipo: Sin revocar, sin piso, con los ventanales destruidos y, lo peor, con los servicios sanitarios prácticamente inutilizables y sin puertas. Pero no era la primera vez que se ponía en evidencia que las instalaciones estaban en mal estado, y no cumplía las mínimas normas de higiene. Los profesores todo el tiempo advertían la situación, los mismos estudiantes y los padres de familia. Era frecuente que los mismos coordinadores tuvieran que sacar dinero de su propio bolsillo para resolver asuntos inmediatos, pues ni el Ferrini ni la Junta de Acción Comunal le hacían caso a eso.  Más bien se enzarzaban en una discusión sin salida en donde el Ferrini decía que era la Junta la encargada de este edificio y la Junta decía a su vez que era responsabilidad del Ferrini.

Fue solo cuando ya se vieron apretados que se reunieron y pusieron las normas claras. Efectivamente parece que la Junta de acción comunal era la responsable de las condiciones de aquel bloque del colegio, dado que el Ferrini solo lo tenía en arriendo. Con lo que recibía la junta por arriendo era que debía hacer mantenimiento y reformas al edificio, pero nunca hizo nada. Ahora resultaba que la Junta no tenía dinero para realizar ningún arreglo, a pesar de haber recibido un arriendo de millón trescientos mil pesos durante varios años.

Después trascendió dentro de la comunidad el rumor de que la Junta venía siendo presionada por los grupos paramilitares para que, de ese millón trescientos que recibía, les entregará un millón. Estos grupos se posicionaron en el barrio y en toda la Comuna Trece después de la operación Orión y siguen ejerciendo su control allí a pesar de la supuesta desmovilización. Se sabe también que controlan a los buseros y les exigen cuotas periódicas.

Por eso, ante la amenaza de que la secretaría no les diera la licencia dejara prácticamente al barrio sin un centro educativo, la Junta de acción comunal y el Ferrini se reunieron para llegar a un acuerdo: Así, el Ferrini realizaría las obras de remodelación y descontaría sus costos de los arriendos en lo sucesivo.

Pero eso solo explica cómo, después de tanto sacarle el cuerpo al asunto, el Ferrini y la Junta asumieron el compromiso de remodelar el colegio y adecuarlo a las exigencias higiénicas y de infraestructura para actividades académicas. Pero no acaba de explicar el por qué de la anormalidad académica en donde los niños y jóvenes ven limitado su proceso educativo y los profesores ven afectados profundamente sus ingresos.

El Ferrini asegura, además del problema de la remodelación, que la alcaldía no le ha dado todavía el contrato. Pero algunos profesores creen que se trata de otra disculpa. Al fin y al cabo, casi nunca el contrato se lo dan al principio de año y, sin embargo, en otras oportunidades han iniciado el año normalmente. Eso mismo están haciendo otras instituciones de cobertura. Algunos piensan con suspicacia que lo que busca el Ferrini es aprovechar esta estrategia para reducir, así sea temporalmente, los costos, porque le paga a los profesores solo las horas laboradas.

En todo caso, parece que por ahora los más afectados son los 29 profesores que laboran en el colegio. Pues solo trabajan tres horas por día, y muchos de ellos llegan al colegio desde muy lejos, pagando hasta cuatro pasajes diarios. A parte de eso empezaron el año endeudándose. Pues su contrato es de 10 meses y el último pago lo recibieron el 13 de noviembre del año pasado. Eso quiere decir que llevan tres meses sin recibir sueldo, y ahora mismo están sin EPS. Lo peor es la incertidumbre, porque en realidad no saben muy bien qué es lo que está pasando y para dónde va este barco.

A la hora de cerrar esta edición se rumoraba que el próximo lunes, 16 de febrero, el Ferrini le pagaría a los profesores esta quincena. Ojalé eso augure un pronto cambio en la situación laboral y en la normalidad académica en el colegio.

Tuesday, 24 February 2009 16:11

No tenemos políticas de vivienda

 

El acceso a la vivienda digna es uno de los principales problemas que han afrontado los colombianos en toda la historia del país sin que exista una política estatal de vivienda que se oriente a resolver el problema efectivamente. Hoy mismo, según lo señala el coordinador nacional de Programas UN- Hábitat, Fabio Giraldo, existe un déficit de vivienda del orden del 25%, sin contar con que de las viviendas a las que tienen acceso los sectores populares muy pocas ofrecen realmente condiciones por las que puedan catalogarse de vivienda digna. Conversamos con el ingeniero Víctor Tamayo, un constructor de Medellín, que nos ofrece una lectura desde su experiencia de los factores que explican la creciente problemática de vivienda en Colombia.

 

Monday, 26 January 2009 15:26

La casa grande de Sandra

Después de casi dos años, volví a acompañar a Sandra en su peripecia por hacerse a una vivienda propia, el sueño anhelado por millones de colombianos pobres y alcanzado apenas de tanto en tanto por algún puñado ínfimo que se tiene que sentir privilegiado, aunque su vivienda no sea ni mucho menos un espacio digno para vivir. Para empezar, es necesario recordar que Sandra se salvó por un pelo de ser estafada por una de esas cooperativas de vivienda que se especializan en enriquecerse acabando de hundir a los más pobres.
- Mejor espere a ver qué otra oportunidad resulta-, le sugerí yo cuando vimos con tristeza y rabia la “casa” que le ofrecía aquella cooperativa. Una caja de fósforos construida hasta la mitad.
La idea era que continuara con su ahorro programado, acaso con la esperanza que de pronto se apareciera la oportunidad de comprar una casa barata y de segunda, las únicas en las que todavía se puede buscar un espacio adecuado y confortable para albergar una familia de cinco personas como era la de Sandra.

Y de inmediato empezamos a soñarnos una de esas casas. Por lo menos espaciosa, porque aquella casa de treinta y dos metros cuadrados a medio terminar que habíamos visto en Picacho Primaveral nos había dejado literalmente traumatizados, pensábamos en ella y nos faltaba aire. Era bueno pensar en las casas hechas décadas atrás, tal vez algo deterioradas por el uso, pero con todas aquellas comodidades que una casa de interés social en Colombia no puede tener hoy. Con muchísima luz nos la imaginábamos, pero sobre todo con suficientes habitaciones para que no tuvieran que hacinarse, con una sala espaciosa, una cocina grande donde la abuela pudiera moverse con gusto y un patio donde las niñas hicieran travesuras y pudieran incluso tener un perro.

Pero el sueño de la casa grande nos duró lo que dura la efervescencia de una borrachera. Cuando fuimos, muy contentos, con la alegría del sueño todavía bailando en los ojos, a averiguar por las ofertas de casas de segunda en Comfama, el funcionario inocentemente nos borró toda esperanza, como si devolviera de la puerta a dos pordioseros, con solo una frase: El gobierno ya no da subsidios para financiar casas de segunda.

Así de sencillo se desinfló el sueño. Ahora tocaba volverse a acomodar a las circunstancias de este país. Es decir, esperar que en alguna de las laderas de la ciudad construyeran un proyecto de viviendas de interés social que se acomodara a las condiciones económicas de Sandra, es decir, que le permitiera acceder al monto mayor de subsidio que otorga el gobierno como subsidio para las familias “más pobres”, lo que en términos técnicos el gobierno llama subsidios tipo Uno, que se otorga siempre y cuando la vivienda tenga un valor entre 17 y 20 millones de pesos. Este subsidio alcanzaba poco más de nueve millones de pesos. A medida que la vivienda subía de precio bajaban también los subsidios, de tal modo que a una vivienda de más de treinta millones de pesos, el gobierno no le destinaba en subsidios más allá de cuatro millones de pesos, con lo que Sandra poco podría hacer.

Y qué casa podía conseguir en 20 millones de pesos en Medellín. Pues una similar a la que le ofrecía aquella cooperativa: de unos treinta metros cuadrados, remontada en los extramuros de alguna ladera y con la mitad de la obra por hacer y bajo su responsabilidad.
- Mejor siga con el ahorro programado y sin afanes- le sugerí como por evitar que ella perdiera el impulso. Aunque realmente el que estaba perdiendo el impulso era yo-. De pronto en unos cuantos años se puede comprar sin subsidio, en condiciones más favorables una casa vieja- terminé, sin querer aceptar que su vivienda fuera un apartamento de 30 metros cuadrados.

Pero Sandra me miró desolada. Se había demorado casi cinco años para completar los tres millones de ahorro programados que le exigía la ley, y para ello había apretado al máximo su economía, negándose todo lo que no fuera estrictamente necesario y a veces hasta lo necesario. Y sin embargo, solo pudo completar esa cuota con un préstamo que hizo su madre, pensionada, en el banco Ganadero. Sandra sabía entonces que si de su capacidad de ahorro dependía, jamás tendría casa. Y entre tanto la asfixiaría el arriendo.

Pero hace un año, en diciembre de 2008, el Estado le trajo un “aguinaldo” a Sandra, y a muchos de los aspirantes al subsidio. Con la comunicación de que le había sido aprobado el subsidio de vivienda tipo 1, Comfama le informaba la nueva disposición del Estado por esta única vez: el subsidio lo podía utilizar en la compra de cualquier tipo de vivienda siempre y cuando fuera nueva. Entonces, aunque a medias, renació el viejo sueño. Por lo menos podía aspirar a una vivienda un poco más grande, aunque fuera más costosa. De hecho, yo mismo había visitado un proyecto que estaban construyendo en Robledo llamado Villa Campiña. También estaba encaramado en las laderas y bastante retirado del centro de la ciudad, pero no estaba tan botado y estragado como el lote aquel de Picacho. Además era mucho más amplio y de mejor factura, tenía poco más de cincuenta metros cuadrados, y entregaban construidas, aunque en obra negra, tres habitaciones, patio y espacio para una cuarta. El precio de venta era entre 34 y 36 millones de pesos, y yo creía que con el subsidio como cuota inicial Sandra podía aspirar a uno de esos apartamentos.

Pero en Comfama le decían que debía aplicar el subsidio al proyecto que estaban construyendo en Pajarito, también por los lados de Robledo, cerca de la estación Terminal del metrocable. Tenía algo más de 30 metros cuadrados, dos habitaciones pequeñas, sala comedor, cocina ínfima, y valía casi 23 millones de pesos.
- Desde luego que doña Sandra tiene la opción de escoger- nos contestó con una amabilidad impostada, tal vez fatigada de tanto atender reclamos todo el día, la niña que nos recibió en una de las taquillas de información, cuando fuimos a cuestionar aquella disposición-. El proyecto de Pajarito es apenas una sugerencia que tiene dos millones adicionales de subsidios entre el municipio de Medellín y de la Fundación Viva.
Entonces le pregunté sobre las posibilidades de aplicar el subsidio a los apartamentos de Villa Campiña. Con la misma amabilidad, pero con algo de impaciencia, la joven se aprestó para hacer las cuentas.
- Con el sueldo de doña Sandra y los subsidios que recibe, Comfama le ofrece un préstamo de 10 millones de pesos. Pero para pagar un apartamento en Villa Campiña le quedan faltando más de 15 millones. En realidad su capacidad de arrendamiento le alcanza para pagar un apartamento de hasta 19, máximo 20 millones de pesos. De hecho, usted puede comprar el de Pajarito por el subsidio del municipio, sino tampoco le alcanzaría.

Sandra y yo sólo atinamos a mirarnos entre derrotados y resignados. Después de todo aquello, la casa de Pajarito era ya mucha ganancia.
Page 3 of 4

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.