El hambre en Colombia: la otra guerra

En Colombia las estadísticas oficiales de muertes por el conflicto social y armado que ha padecido nuestro país por más de 50 años, y las que pone la delincuencia común, opacan las producidas por una guerra económica que se nos aparece como silenciosa, pero no menos devastadora: la del hambre. En el periodo del 2009 al 2014, según el Instituto Nacional de Salud, cerca de 240 niños menores de 5 años han muerto en nuestro país por causas de desnutrición; y en enero de este año se reportó que seis familias habrían enterrado a sus hijos a causa del hambre, tres de ellos no habían cumplido siquiera un año y los otros tres tenían entre 12 y 15 años. Las tasas más altas de desnutrición se presentan en los departamentos de la Guajira, Córdoba, Magdalena, Risaralda, Nariño, Meta y Vaupés, la mayoría regiones que se han caracterizado, además, por tener altos niveles de pobreza.

 

En el resto del mundo el hambre tampoco da tregua. A 2013, según un artículo titulado “el Hambre, la guerra silenciada” de Carlos Ayala Ramírez, quien cita estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), en el mundo uno de cada 4 niños menores de cinco años padecía de retrasos en el crecimiento, el hambre y la malnutrición matan cada año a más personas que el Sida, la Malaria y la Tuberculosis juntas. Incluso el autor afirma que el hambre genera más muertes que cualquiera de las guerras actuales: la desnutrición aguda mata a 10 mil niños cada día, 165 millones de niños están mal nutridos y nunca alcanzarán su potencial físico y cognitivo, 900 millones de personas pasan hambre y cerca de 2000 millones de personas en el mundo carecen de vitaminas y minerales esenciales necesarios para tener una buena salud. 

¿La acusa del hambre es la falta de alimentos?

Las cifras de hambre contrastan con la gran cantidad de alimentos que se produce en el mundo: un planeta de 7.000 millones de personas que produce alimentos para 12.000 millones. Aparejado a esto, la FAO afirma que 1.300 millones de toneladas de alimentos al año (sin contar pescado y mariscos) van a parar a los botes de basura, y particularmente en los países desarrollados se tira entre el 30% y el 50% de la comida que se produce. Por otra parte, allí donde hay ingresos más que suficientes el hambre no es un problema, pero sí la malnutrición. Unos 1.400 millones de personas tienen sobrepeso, y de estas un tercio son obesas y corren gran riesgo de salud por esta razón.

Lo que explica esta incongruencia entre las cifras de hambre y la producción de alimentos es que el mercado, institución por excelencia del modo de producción capitalista, no produce para satisfacer necesidades humanas sino para satisfacer necesidades de mercado. A esto se le agregan los bajos ingresos de amplios sectores de la población mundial (en particular, en A.L. el 20% de la población más rica tiene un ingreso 20 veces mayor al ingreso del 20% más pobre, lo que hace que 47 millones de personas sufran de hambre en nuestro continente), la concentración de tierras (cada vez las naciones más ricas compran más tierras en países pobres) y la destinación de éstas hacia la ganadería y los agronegocios, la falta de acceso a agua potable y, allí donde se puede acceder a los alimentos, formas inapropiadas de consumirlos.

La desnutrición en Colombia

Según los expertos, existen tres tipos de desnutrición: riesgo nutricional, en la que las personas se alimentan pero no de forma adecuada (tiene que ver con la calidad de lo que se ingiere), desnutrición crónica, en la que la persona no recibe los alimentos suficientes para su crecimiento y desarrollo (tiene que ver no solo con la calidad sino con la cantidad) e inanición, en la que la persona es privada de los alimentos por completo. 

En el caso de Colombia, la tasa nacional de desnutrición infantil es del 13,2%, pero en departamentos como Vaupés es crónica, llegando al 34,7%, en el Chocó es de 15,7% y en la Guajira es del 27,9%. Es en este último departamento en donde, al parecer, se han presentado más muertes por desnutrición infantil, tanto así que a comienzos del 2014 el entonces director de planeación del departamento denunció penalmente a las instituciones encargadas de la atención a la niñez por la muerte de 30 niños en el 2013, el 98,5% de estos eran niños indígenas, más de la mitad eran menores de un año. A pesar de esta grave alarma, a Julio de 2014 ya habían muerto otros 15 menores por desnutrición en el departamento. 

Cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Salud hablan de que en Colombia muere por desnutrición un niño menor de 5 años cada 33 horas, lo que significaría 5 muertes a la semana. Pero investigadoras de la Universidad Externado de Colombia hablan de que las cifras podrían llegar hasta los 21 niños semanales. ¿Cuál es la razón en la diferencia de estas cifras? La Sociedad Colombiana de Pediatría afirma que existe un sub-registro de las muertes por desnutrición, ya que los niños que mueren quedan registrados como muertos por neumonía, diarrea y otro tipo de infecciones graves (causadas precisamente por la desnutrición). 

La desnutrición (independiente de su gravedad) está asociada, según el Programa Mundial de Alimentos, a la pobreza, y en el caso particular de Colombia al desplazamiento, que lleva a muchas familias de las zonas rurales a engrosar los cinturones de miseria de las ciudades e impide que las familias puedan acceder a una cantidad adecuada de alimentos; y cuando difícilmente pueden acceder ellos compran los más baratos, que son generalmente alimentos ricos en carbohidratos (papa, arroz, yuca y plátano), es decir que comen, pero no se alimentan. 

La condición de pobreza es un círculo vicioso: los bajos ingresos impiden a las familias proveer a sus hijos de los alimentos suficientes y de calidad, la insuficiencia de nutrientes producen desnutrición que se manifiesta en anemia, afecta la formación de los tejidos y el crecimiento de los huesos (por eso los niños desnutridos son más pequeños), afecta la integridad de la piel y las mucosas y pueden llegar, incluso, a quedar ciegos. Finalmente, los casos más graves de desnutrición afectan de manera fundamental el sistema inmunológico y es usual que los niños mueran por infecciones pulmonares, gastrointestinales, neumonía y diarrea (las razones del subregistro que se comentaban más atrás). Los que logran sobrevivir presentan daños cerebrales y neuronales, ya que la insuficiencia de alimentos en cantidad y calidad impide que el cerebro crezca, reduciendo las capacidades de aprendizaje y predisponiéndolos a mayor pobreza. 

Modificado por última vez el 06/05/2015

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