¿Qué camino tomamos?

No existe la forma de señalar cuántos y cuáles fueron los acontecimientos más importantes que determinaron el rumbo de la política, la economía y la justicia social en nuestro país en 2016. El saldo es negativo para el pueblo colombiano en casi todas las materias. Los medios masivos de comunicación levantaron una montaña mediática, parecida a la escombrera de la Comuna trece de Medellín, que impide buscar y encontrar los restos de las víctimas, la verdad y los responsables de tantos vejámenes. Los medios masivos sepultaron toneladas de escándalos de corrupción y violencia de las élites con más escándalos, así ningún colombiano podría percatarse de la verdad, las causas y las intenciones de los responsables de tanto daño, e impidieron que la nación tomara la senda correcta hacia las transformaciones que requiere el país y más bien desviara su mirada hacia asuntos que en verdad interesan a las clases dominantes.

La que pudo ser la mejor noticia de las últimas décadas, se vio vergonzosamente frustrada por el sorpresivo triunfo del No liderado por quienes le han hecho la guerra a este país y apoyado por millones de personas engañadas y otras convencidas por la salida militar. Luego del acuerdo de paz y su posterior revisión, se vino encima una escalada de violencia contra los líderes campesinos de las zonas en donde se concentrarían los guerrilleros de las Farc, y los medios masivos ocultaron la gravedad de más de 100 asesinatos, al mismo tiempo que el Presidente de la República los tildó de casos aislados. Aunque las Farc, y a la postre el pueblo salieron tumbados, el peso de esa traición ni se sintió, ni generó el repudio social esperado.

Es que tenemos una sociedad cínica, que mira para otro lado ante el sufrimiento de sus hermanos, que no mueve un dedo ante la injusticia ni contra sus responsables; una sociedad a la que le gustan las armas y las motosierras de los unos, pero condenan el fusil de los otros. La misma vota por la guerra, y también es capaz de sorprender masivamente con la solidaridad ante el maltrato animal o frente a hechos como la tragedia aérea que le costó la vida a todo un equipo de fútbol. Ahí sí se ven en las calles, llorando lágrimas de cocodrilo.

Tirados en el camino quedaron los más graves hechos de corrupción, que involucran a las oligarquías santistas y uribistas, como son los casos de la venta de Isagen y el robo descarado de miles de millones de dólares en la contratación irregular y posterior proceso de construcción de la refinería de Cartagena, Reficar. En estos casos las vísceras y el odio de los que se dicen oposición, de los que votaron por el No, y de los que culpan a las insurgencias por todo lo mal que está el país, no se sintieron.

Ni tampoco se van a sentir en contra del escándalo del confeso acto de corrupción y de robo descarado en los contratos con Odebrecht, de la Ruta del Sol, a manos de funcionarios del gobierno Uribe; ni en contra de la reforma tributaria, o del miserable incremento del salario mínimo. Es mucho más fácil para la mayoría encontrar los responsables entre sus hermanos y condenarnos a un debate insulso entre uribistas y santistas, como en la patria boba.

La gente no se siente capaz de asumir la responsabilidad de construir su propio futuro, de involucrarse en las transformaciones que requiere su país, y lo deja en manos de los que siempre han mal gobernado. Todos y todas deberíamos ver un sorprendente e ilustrativo discurso que se mueve en las redes sociales, en donde  Tomas C. Douglas haciendo referencia a Canadá, se inventa un cuentico infantil que cae de perlas al ejemplo colombiano. Según el cuento de Douglas, Mouseland es un país de ratones. Allí cada cuatro años los ratones van a las urnas y eligen a grandes gatos negros y gordos para que los gobiernen. Ya podemos imaginar el resto. Lo peor es que cuando quisieron los ratones cambiar de gobierno, entonces eligieron a gatos blancos. Por supuesto jamás hicieron leyes que beneficiaran a los ratones. Algún día un ratoncito les dijo a sus compañeros que el problema no era el color de los gatos sino los gatos y les propuso que eligieran un gobierno de ratones; entonces lo trataron de comunista y lo encarcelaron. Pero lo importante según Douglas, es que la idea aún encerrada no muera.

La reciente condena al Estado por los irregulares hechos de la Comuna trece, lograda por la tenacidad y valor de las comunidades y los defensores y defensoras de derechos humanos, es un ejemplo de lo que nos falta a la mayoría: tenacidad, persistencia y dignidad para continuar sin descanso en la reivindicación de las causas justas. Es necesario reforzar nuestro trabajo social mancomunado para algún día encontrar a los responsables de la crisis social que vivimos, para enjuiciarlos, condenarlos y sacarlos del poder, al igual que a su cultura de doble moral.

Por otro lado, es fundamental darle contenido a la lucha por la paz, porque esa es otra pelea que se va perdiendo. La paz es un imperativo ético de la humanidad; es un asunto propio del engrandecimiento del ser y está íntimamente ligado con la justicia, la solidaridad, la sensibilidad humana, el rechazo a la violencia, a la discriminación, y a las conductas segregadoras. La paz va de la mano con la educación, la cultura, la música, el arte, el enriquecimiento del espíritu. El Estado y las élites vaciaron de contenido este pilar que debe estar al centro de nuestras búsquedas, y lo separaron limitándolo a la dejación de armas de un reducido grupo, a la vez que se las permite a otro no tan reducido.

Entonces la tenacidad, la persistencia, y la movilización deben ser por alcanzar un país en paz con todos los ingredientes que esta contiene, y para ello seguramente hay que agotar todos los esfuerzos de nuestra existencia. No se puede separar la lucha por la paz de la lucha en contra de las políticas del Estado; no debe existir confusión entre la paz buena de Santos y la mala de Uribe. La pelea es contra esos dos y lo que representan, la lucha popular es por unir a los ratones para que bajen del gobierno a los gatos, y de una vez por todas gobierne un ratón y lo haga con sus hermanos y para sus intereses.

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