Abrazos que derriban fronteras Destacado

Son pocos los temas mediáticos que están tan mal contados como sucede con Venezuela. La ola de migrantes venezolanos que cruzan a diario el puente Simón Bolívar, por culpa de la fractura económica planeada desde países y organizaciones internacionales contra el vecino país, ha sido un tema banalizado por los medios de comunicación. El abordaje mediático –mucho más político que analítico– ha puesto poco interés en los matices y antecedentes de la crisis migratoria. Día a día los medios se convierten en cómplices y promotores de la xenofobia que empieza a impregnar a la sociedad colombiana.

La nobel de literatura Svetlana Alexiévich dijo alguna vez que “solo el amor puede salvar a los que están contagiados por la ira”. Armados de amor y fraternidad, movimientos sociales de todo el país convocados por la Mesa Social para La Paz, se dieron cita el uno y dos de marzo en Cúcuta y San Antonio del Táchira para discutir y proponer soluciones políticas al drama migratorio; hacer un llamado simbólico al hermanamiento entre ambos países; y darles un fraterno abrazo a los hermanos venezolanos.

Los padres de Bladimir Agudelo, asistente al evento Uniendo Pueblos por la Paz, fueron dos de los seis millones de colombianos que desde los 70's migraron a Venezuela huyendo de la violencia, el hambre, o la falta de oportunidades. A pesar de ser venezolano, para Bladimir las fronteras políticas y genéticas solo son mentales:

–Esto de colombianos y venezolanos para mi significa realmente muy poco, no siento ninguna diferencia. Mis viajes constantes con mis padres a Cúcuta han construido una imagen mental según la cual estoy pisando mi territorio, mi territorio es esta frontera hermosa. No siento que aquí haya ninguna línea divisoria, que humanamente seamos especies distintas, por el contrario, he construido una identidad que va de la mano. Regiones como el oriente de Venezuela o el occidente colombiano son más extrañas que este conjunto de connacionales que han sido mi vida. Desde mi primo en La Guajira hasta mi novia en el Casanare es un solo país.

Distinto a lo que muchos piensan, el puente Simón Bolívar no es el principio y el fin de dos países, sino el corredor que une dos habitaciones de una misma casa. El pasado dos de marzo, la mayoría de colombianos que asistieron al evento cruzaron por primera vez la frontera. Lo que para muchos fue una novedad, para Bladimir es un ritual familiar que le eriza la piel:

–Después de muchos años en Venezuela mi papá tenía cédula de residente y mi mamá no tenía ningún documento. Yo ya tenía alrededor de 10 años. Nosotros teníamos la costumbre de ir casi todos los fines de semana a Cúcuta y regresar a Venezuela. Los domingos en la noche era terrible porque en cualquier momento podían pedirle documentos a mi mamá y devolverla. Ella les decía a los guardias: “no tengo documentos, pero mis hijos son venezolanos, tienen cédula, partida de bautizo”, y pasaba. Había una especie de petición a los dioses: “Ay coño, que esta vez no nos pidan la cédula porque todo el hijueputa pedo allí”. Lo mismo pasaba cuando cruzaban los tíos o los primos que no tenían documentos. Mi familia se fue para Venezuela en la gran migración de finales de los 70s. Me acuerdo cuando venía todos los fines de semana. A mí me daban 10 bolívares de merienda, aquí eran algo así como 120 pesos. Con eso yo compraba chocolates, caramelos, invitaba a mis primitos, hacíamos cualquier cantidad de cosas. Para este último viaje yo tuve que sacar tres salarios mínimos de Venezuela, para pagar el transporte o los cigarrillos aquí en Colombia.


En San Antonio del Táchira, sobre la Avenida Venezuela, los asistentes al evento se congregaron en torno a una tarima donde artistas locales y colombianos pregonaron consignas en favor de la unidad, la solidaridad, y la resistencia de los pueblos. El momento más emotivo de la jornada tuvo lugar cuando los connacionales de ambos países se dividieron en dos grupos, de un lado los colombianos agitaban banderas rojas, del otro ondeaban banderas amarillas en manos de los venezolanos. Una vez dieron la señal en la tarima, los asistentes se mezclaron en un solo abrazo y gestos de camaradería que dejaron al descubierto el lado más humano de ambas naciones.

La xenofobia entre venezolanos y colombianos no es un fenómeno nuevo. Desde la separación de la Gran Colombia en el siglo diecinueve han existido interesados en popularizar la idea de que somos pueblos antagónicos. Sin embargo, la historia nos recuerda que juntos fuimos capaces de arrojar un imperio al mar y hacerlo devolver para España. Y la masiva asistencia al evento Uniendo Pueblos por la Paz confirma que todavía tenemos un futuro en común.

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Juan Alejandro Echeverri

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