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“El arte salvó mi vida” Destacado

Julián David Vásquez Sarmiento es un pintor nacido el 23 de junio de 1991 en el municipio de Pitalito, al sur del Huila. A sus 26 años de edad, es hoy uno de los artistas jóvenes más importantes para esta parte del departamento, aun cuando su entorno parecía complicárselo todo.

De la soledad a soñar nuevamente
Julián estudió la primaria en el Colegio Laboyano, y la secundaria la hizo en la Normal Superior de Pitalito. En esta institución mejoró mucho sus capacidades artísticas. El profesor Costar Peña, quien enseñaba en el área de dibujo, fue uno de los maestros que más se fijó en los trazos de Julián, por lo que le motivaba constantemente a que siguiera el camino de la pintura, del dibujo. A pesar de ese empujón que trataba de darle el profesor Peña, Julián no se veía siendo artista, pues, aunque le gustaba mucho, temía que no fuese tan bueno como le decían.

Corría el año 2012 y Julián Vásquez disfrutaba mezclar música electrónica como amateur, y salir con sus amigos a bailar y tomar un par de cervezas. Lo hacía con prudencia. Era un joven más de Pitalito. Dentro de esos gustos, tuvo uno que tal vez le liberaba toda la adrenalina que una discoteca nunca logró hacerlo: las motocicletas.

Vivía en el barrio Los Lagos, al oriente del pueblo, con sus padres, Fernando Vásquez y Yolanda Sarmiento. Su papá es comerciante, y su madre profesora. Además, vivía con sus hermanos Sergio, Óscar y Diego. Óscar era el menor y, como a Julián, le gustaba salir con sus amigos, aunque por su edad no le permitían hacerlo tan seguido. Sin embargo, Óscar heredó y asumió una pasión por las motos, algo que su hermano mayor de alguna manera le inculcó. Tanto así que iban juntos a determinados eventos donde tuvieran participación estos vehículos de dos ruedas, e incluso, cuando se trataba de carreras, Julián era parte del espectáculo.

Pasaba el mes de abril del año 2013, y mientras Julián iniciaba la carrera de pedagogía infantil en una universidad privada de Pitalito, su hermano Óscar cursaba los últimos años del colegio. Un día, Óscar se fue con unos amigos en moto al municipio de Timaná, a no menos de 30 minutos del norte de Pitalito. Él iba sólo en su moto. Cuando regresaron, Óscar manejaba en exceso de velocidad y no pudo maniobrar en una curva. Murió al instante.

Este suceso fue un golpe brutal para toda su familia y amigos. Julián no supo amortiguar lo que la vida le había impuesto en su camino. Se sentía culpable por simplezas como haberle tenido la moto a Óscar cuando a él no le alcanzaban los pies para tocar el piso. Por haberle transmitido esa pasión hacia la velocidad en dos llantas. Tuvo un año donde se sintió perdido, arruinado. Julián carecía de motivos para seguir adelante en su carrera, o al menos eso creía. Duró un año sumido en el olvido y la soledad, tratando de levantarse, pero buscando mecanismos inapropiados. Rumbas y alcohol.

Una nueva historia
En 2014 Julián decidió iniciar una nueva vida, una historia distinta. Le dijo a su mamá que quería volverse pintor. Su madre simplemente le hizo un gesto de decepción, pero no de desprecio, ya que tal vez ella nunca vio a Julián tan enfocado en algo que él mismo siempre ignoró. Antes, cuando estaba en el colegio y al graduarse, él hacía cuadros pequeños o dibujos simples por pagos mínimos, por necesidad. Pero esta vez Julián lo decía en serio. Abandonó totalmente cualquier convicción que lo quisiera introducir nuevamente en el mundo del olvido, de tanta discoteca, de la soledad y la amargura, del sentimiento de culpa que lo había estancado y agobiado durante un año entero.

Un día, con 11mil pesos en el bolsillo, compró lo que pudo en pintura y un pincel. Los pinceles del colegio estaban desabridos y machacados, tiesos y sucios, no le servían. Necesitaba en dónde plasmar algo. Recogió una tela delgada y blanca que una tía tenía guardada en su casa. Julián se encerró en su cuarto y se concentró en su primera pintura por varios días.

Un caballo. Esa fue su primera obra. Para Julián, la más hermosa que ha logrado hacer. No la ha querido vender. La inspiración, tal vez, fue el contexto. Pitalito es tierra que cría equinos de paso fino reconocidos a nivel mundial. O quizás se basó en la fuerza de estos animales, tan elegantes de por sí. En ese momento supo que tenía cómo y con qué hacer arte.

De ahí en adelante pintó personajes, paisajes, y a quienes él llama “los amores de su vida”. Julián ama trazar mujeres. Mientras se daba a conocer por sus imponentes obras, ayudó en una organización social que trabajaba con niños en el campo. También descubrió su carisma y empatía con ellos.


Fue un gran año emocionalmente para Julián. Desde el 2015 ha pintado en exposiciones locales. Fue joven revelación en el municipio de Pitalito ese mismo año. Más tarde, en 2016, el Colectivo Iberoamericano de Artes Visuales Mapiripán, al cual está vinculado hoy, le dijeron “traiga la mejor pintura que haya realizado”. Llevó a una de “sus mujeres” a la Sede Consular de Ecuador en Popayán a una exposición que presentó ese Colectivo. Su dibujo, aunque no era el mejor, fue lo más llamativo y revolucionario para un pueblo tan católico históricamente. También ha viajado a Ecuador a presentar sus lienzos.


Julián siempre tuvo claro que lo suyo era la mezcla de los colores intensos, pero hace poco, mientras le hacía un trabajo a un amigo para su negocio, descubrió que mezclando café en grano con agua podía hacer pinturas en colores sepias. Este descubrimiento tomó más valor porque el sur del Huila produce el mejor café del mundo por su aroma y sabor, según el concurso mundial y anual Taza de Excelencia. También recuerda con emoción haber dibujado para el reconocido zoólogo y periodista empírico 'Pirry'.

Con todo lo aprendido, Julián ha pintado todo aquello que le inspira pasión, desahogo. Ahora en abril viajará a México a una pseudogira en Torreón, Coahuila y Monterrey. En esa última ciudad aprovechará y hará un curso intensivo, casualmente, con una profesora laboyana reconocida en Colombia y México, Diana Olarte. Además, sueña con pintar el rostro del cantante de rancheras Vicente Fernández.

De México intentará traer todo lo aprendido, pues para Julián Vásquez es importante ser un ejemplo para los niños y jóvenes. Reconoce que en Pitalito el Instituto de Cultura le ayudó bastante, pero que falta mucho por parte de los demás entes gubernamentales, pues hay artistas buscando escenarios para expresarse. Su objetivo más cercano será construir y montar una escuela de artes. Más tarde querrá ejercer como alcalde para, según él, ampliar los espacios propicios para la pintura, la música y el baile, el medio ambiente y el deporte. Espacios artísticos que urgen en una sociedad tan rígida pero con tanto talento y sueños, requisitos que el mercado no exige.

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Acerca del Autor

Manuel Sebastián Perdomo