Los asentamientos que en Yopal nadie quiere ver - Fotoreportaje

YOPAL, CASANARE - En todas las ciudades del país, los barrios de asentamiento ejemplifican la desigualdad y la exclusión social. Con la llegada a Yopal de la Caravana de la Red de hermandad y solidaridad con Colombia – Redher-, se dieron a conocer, entre otros,  los casos de los asentamientos La Libertad, La Victoria, Mi Nueva Esperanza y La Bendición, lugares en donde campesinos y desplazados llegaron en busca de un hogar. Ahora viven bajo la incertidumbre y el miedo constante del desalojo por parte del ESMAD, pero exigen condiciones de vida digna a la administración municipal.

El terreno donde se encuentra Mi Nueva Esperanza fue ocupado en el 2012 y ahora existen 409 casas que no cuentan con servicios públicos, aunque gracias a acciones de tutelas han conseguido recientemente que la administración les suministre agua con un carrotanque.

Alice Miriam Aguilar, hace parte del comité de mujeres Mi Nueva Esperanza de la asociación de Mujeres Unidas por Casanare (ASMUC). Es víctima del conflicto armado y lidera la petición de reubicación con todas las garantías y mejores condiciones por el derechos a una vivienda digna

Mi Nueva Esperanza se encuentra al lado del caño Usibar, el cual está contaminado con desechos orgánicos, pero a pesar de esto, y con carencia de agua, algunas personas hacen uso de sus aguas.

 Esta es la casa de Miriam Hueso, otra de las mujeres que habitan Mi Nueva Esperanza. Tiene tres hijos, uno de ellos en condición de discapacidad, es desplazada de Arauca y ha ido construyendo su casa de a poco.

En el caso del asentamiento La Bendición, este comenzó en el año 2012 con la urbanización ilegal por parte del ex alcalde Jhon Calzones. Posteriormente, personas desplazadas y sin vivienda llegaron a ocupar los predios que faltaban.

En la Bendición, las condiciones de vida para los actuales pobladores son muy difíciles: no tienen servicios públicos; los acuíferos están contaminados con materia fecal, lo cual genera enfermedades en muchos de los niños; muchas de las madres son cabezas de hogar; hay personas en situación de discapacidad sin acceso a salud; y población afro desplazada y discriminada.

Doris Constaza Niño vive junto con su marido. Esta es una de las más de 700 familias que ocuparon este predio. A raíz del cáncer de su esposo y su inmovilidad, Doris llegó del campo a este asentamiento para buscar atender la enfermedad de su esposo. Pero por el estrés de los desalojos y con las difíciles condiciones para desplazarlo, sufrió una parálisis facial.

El papel de las mujeres en estos asentamientos se hace muy relevante. Marly García es una de las lideresas del asentamiento La Bendición. Por su papel en la defensa de los derechos de los pobladores ha recibido constantes amenazas de muerte y tiene ahora un esquema de protección que es insuficiente: “si yo me retiro, quién va a defender a estas familias”, manifestó durante su intervención a la llegada de la caravana.

 

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