Albergues que parecen cárceles

En Medellín el silencio de las autoridades esconde muchas historias tristes y de sufrimiento, callan sus voces que desde el anonimato reclaman sus derechos. Estos son los casos de los albergues, lugares donde se refugian familias atropelladas por el paramilitarismo y la guerrilla en los campos, obligadas a dejar sus tierras, sus cultivos, que es lo que más quieren; vienen a Medellín a vivir casi como indigentes. Leonel Antonio Sepúlveda Herrera nos cuenta cómo vive en un albergue con toda su familia; él es testigo de cómo el gobierno les está mamando gallo, les promete soluciones, pero solo les crea más problemas.

 

Porqué nos vinimos
Nosotros venimos desplazados de Ituango, llegamos a Medellín el 10 de julio de este año, estamos sufriendo mucho y el gobierno no nos ha dado ninguna ayuda. Hemos estado en Acción Social, también en la Personería de la Alpujarra, estamos cansados de esta situación, hemos ido a la Defensoría del Pueblo y no nos han dado respuesta de nada.

Estoy con la mujer, mis 7 hijos, y dos nietos. Nosotros funcionamos por un lado y por el otro y no nos llega ninguna clase de beneficios. Imagínese que a mí me mataron un hijo; Mario Antonio se llamaba y tenía 20 años. Eso fue el 30 de junio. Lo más triste es que no le pude dar una digna sepultura porque después de que pararon la chiva donde él iba, hicieron bajar a toda la gente y el último en bajar fue él, luego le dispararon a quema ropa y lo tiraron al río y con esa borrasca por el invierno de entonces no pudimos encontrar el cuerpo. También me hirieron un hermano que estuvo mes y medio en la clínica de San Vicente.

Nosotros no teníamos problemas con nadie en la región, ni con civiles, ni con los vecinos. Pero llegaron ellos, los grupos armados, y nos lo quitaron todo, eso fue porque no quisimos ser parte de ningún grupo armado. Recuerdo que los paramilitares y guerrilleros nos decían que les colaboráramos pero yo les decía que no, porque nosotros no nos conocimos dentro de esos procesos. A mi hijo tenían muchas ganas de reclutarlo y él decía que no aceptaba eso porque quería trabajar en el campo y por esta razón lo asesinaron.

Al ver mi negativa frente a su propuesta nos amenazaron y nos vimos obligados a trasladarnos pa´ la ciudad. De milagro estoy vivo después del atentado que me hicieron el 15 de junio; ahí tengo la cara marcada por los machetazos. Luego me fui para la costa y cuando volví fue que me asesinaron al hijo e hirieron a mi hermano.

Doy gracias a Dios por estar vivo. Cualquiera no sobrevive a una ataque con machetes, y lo más verriondo fue la trampa que me pusieron, pues me llamaron al celular y me dijeron que fuera a hacer un negocio, yo acudí a esta llamada y me recibieron a punta de machete. Menos mal pude escaparme, salí corriendo por ahí pa' bajo hasta que no pude más, me encontré por fortuna con un centro de salud y me atendieron en una ambulancia luego esa gente paró la ambulancia pa' volver a tratar de matarme pero no pudieron.

Soy una persona muy pacífica, no me gusta la violencia ni hacerle daño a los demás. Por una parte porque yo tengo familia y por otra, porque tengo que darles buen ejemplo. Anhelo vivir como en años anteriores, cuando estaba con mi papá, mi mamá, mis hijos, mi mujer. Mi familia me enseñó a trabajar la agricultura, con la papa, la yuca, el fríjol, todo lo que sea del campo, tenía mi finca, y una casita en todo el pueblo, que era donde vivía mi mamá, pero todo ha cambiado, ya no tengo nada.

A dónde llegamos

Nosotros conocimos los albergues por medio de la Personería de Ituango, cuando nos trasladaron a la ciudad separados. A mi mujer con todos los hijos la mandaron en una camioneta de la alcaldía, y yo me fui en helicóptero. Estamos en un programa de la alcaldía de Medellín y no sabemos para cuándo son las ayudas, ya son 4 meses encerrados. Yo les he dicho que no somos de la ciudad sino del campo, queremos que nos ayuden para irnos para una finca. Acá hay mucha gente que está pidiendo limosna, buscando en esas canecas de basura para sobrevivir; no nos queremos quedar en la ciudad. ¿Cómo es eso de que traen a la gente de las veredas para ponerlas como indigentes en la ciudad? También me preocupa que se me dañe la familia, que mis hijos se vuelvan drogadictos o empiecen a robar por ahí. Ese reclamo se lo hago a los funcionarios.

Acá en Medellín sufrimos mucho, parecemos indigentes por la calle, mi mujer ha estado muy aburrida en el albergue sin ninguna ayuda, apenas esperanzados en la comidita y un pedacito de jabón pa que se bañen y no más. A mi mujer todas las entidades la embolatan, la tienen bailando, como que no tiene derecho a nada. Nosotros necesitamos vivienda, que nos den aporte pa' comer, mientras nos organizamos, y que yo pueda trabajar. Porque de allá de donde venimos los grupos armados se mantienen, están para hacer daño a la hora que ellos quieran. También pienso mucho en mis hijos indefensos que están como pagando una cárcel acá, pagando una cuenta que no la debemos, o sea, los otros hacen el daño y los hijos míos y yo pagamos el presidio aquí. Nosotros esperamos que nos ayuden con una vivienda, pues ya lo perdimos todo, de la casa no sacamos absolutamente nada, vivíamos en una finca y vea donde estoy, pagando 600 pesos por baldado de agua. En el albergue sí hay agua, es donde se bañan mi mujer y mis hijos, pero yo la compro en otra parte porque no me gusta estar en ese lugar porque se siente un control, nos humillan mucho, tienes unos horarios muy inconcientes.

Por otra parte, acá en el albergue se vive muy incomodo, a las 8:30 debemos estar durmiendo y a las 5:30 estar levantados, a las 7 am desayunan. Eso es un atropello para las personas desplazadas que nos humillen por un bocado de comida, somos en el albergue 65 personas desplazadas más o menos que estamos esperando qué va a pasar. Yo no estoy allá, duermo en cualquier lado, con lo que me gano cuidando carros, y vendiendo estas bobaditas: cigarrillos, confites, bombones me hago 7 mil pesos promedio, me alcanza pa' el agua y la comidita que la compro por los lados del metro. Yo soy amante de la libertad, prefiero estar por ahí rebuscándome lo mío y no mendigando allá adentro, además de eso creo que ya no me aceptan porque no volví. Es una locura todo esto.

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Diego Martinez
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