Lo que se mueve en los campos petroleros en Puerto Gaitán

Del 10 al 14 de octubre, estuvimos en la caravana humanitaria en Campo Rubiales junto a trabajadores despedidos, pensionados, ambientalistas, grupos de mujeres, jóvenes y otros. Rumbo a Campo Rubiales ahogamos las vistas en cultivos de caucho y palma de aceite, mientras un afiliado a la USO (Unión sindical Obrera), señalaba al Meta como el primer productor de palma aceitera y petróleo para el bolsillo de los empresarios. Y el boom petrolero en expansión por los llanos orientales, ya puso Sismica en el Municipio de Puerto López conocido como “el Ombligo de Colombia”. En la cabecera del vecino Puerto Gaitán, nos esperaban muchas familias y mototaxis agrandando la marcha sostenida la noche del 10 de octubre con repentinos apagones de luz.

A la caravana se unieron bastantes habitantes, como los jóvenes del resguardo Guacoyó (indígenas sikuani) con su Huacapa (su propio bastón, como la guardia indígena) y chistes acerca de “acabar el 24 de diciembre de una vez con los cerdos que engordan en la Fazenda” -consorcio de empresarios de Antioquia y Santander con 13 mil hectáreas de soya, maíz y engorde- que contamina el agua del resguardo.

“Campo Rubiales no es solo de petróleo”.
Casas vestidas con lonas de obras en construcción, techo en palma, o latas que sobra en instalaciones de las petroleras, son comunes por estos parajes. Mientras marchamos con sus habitantes por entre el caserío de Vereda Cristalinas, observamos casas donde, con una teja en forma de canoa, recogen agua al llover. Y eso que llevan 5 años en medio de la explotación de Campo Celote que realiza la empresa española CEPCOLSA, la cual contrata a la empresa HOCOL, que a su vez actúa con cientos de subcontratistas.

Muchas veredas viven una problemática que Jairo, trabajador petrolero y habitante de El Porvenir resume así: “Por unas “varas” de control (con valla y fuerza pública) colocadas en la vía pública, Pacific limita la salida y el ingreso de familias y visitantes a nuestras comunidades y fincas”. No es posible que los naturales de allí tengan que registrarse con huella, documentación, y responder de dónde y a qué van, esperando hasta 3 horas en una de esas “varas”. Pero así es. El encierro, encargado a Moreno Vargas (contratista de infraestructura vial) cobija un sinnúmero de veredas. Encalambra ver el ancho llano con profunda alambrada y concertinas (con ruedas de alambre con puntas de acero) custodiando los más de 98 taladros de perforación y oficinas de la petrolera Pacific.

Estas empresas, según expresa Oscar Vanegas de la Universidad Industrial de Santander, “arrojan más de 3 millones de barriles de agua diarios con trazas de hidrocarburo, materiales pesados y sales minerales a caños, quebradas y ríos”. Un envenenamiento radioactivo que daña el ecosistema y genera problemas  estomacales, gripa y malformación genética. Además, en las veredas hace años exigen a las empresas pavimentar los frentes de las viviendas ya que –igual que el agua- son contaminados con el polvo elevado a la velocidad de tractomulas e inmensas volquetas de esas petroleras. “Que se vaya la empresa” gritan en Buenos Aires, otro resguardo Zicuani que respira malos aires desde que esa industria llegó. De costumbre seminómada, allí están con problemas de desnutrición, y ahora sin posibilidad de pescar y cazar.

Embolate de accidentes de trabajo
Campo Elías laboró con GEOCIVIL LTDA en batería 4 –campamento con más personal en Campo Rubiales- sólo 2 meses, pues el 30 de marzo tuvo un accidente porque la empresa, retardada en algunas obras, les pidió laborar una horita más. “Arrancábamos a las 6 AM y algunos hasta las 8 ó 10 PM. Debido a eso, me cogió la tarde y a las 5 am, al bajarme del container que tiene 2 escalerillas –hay campamentos con algunos dormitorios y servicios sanitarios en cajas metálicas-, se me resbalaron los pies, y caí sobre parte de la columna”. Para acabar de ajustar, “la empresa tomó represalias contra mí, argumentando que había entrado enfermo y despidiéndome el 9 de Julio sin protección laboral ni en salud, viendo la discapacidad que me quedó: problemas de columna y cadera”.

Campo Elias es padre de 4 hijos y paga arriendo en Villavicencio. Pero ahora no puede laborar para tener ingresos. Pero sí da mucho apoyo a los trabajadores, a quienes dice: “quiero que con mayor fuerza, decisión y sabiduría luchemos unidos para no dejar sacar nuestra riqueza frente a nuestras propias narices”

Por su lado a Alexander López se le resbaló una caja de herramienta, partiéndole un dedo de la mano. Le comentó al ingeniero de turno, que no le prestó atención, y trabajó 15 días así. “Cuando fui al médico de la empresa dijo que eso era temporal. El médico extranjero Albert Crown de Colpatria (Villavicencio), que no da tiempo ni de hablar, me dijo que no era mayor cosa, 900 mil pesos, un salario mínimo”. Luego “fui de cuenta mía a la clínica Marta de Villavicencio, y me dijeron que el dedo no pudo consolidar porque para ello habría necesitado una cirugía inmediata después del accidente”. Agrega Alexander, “la política en la empresa es que lo que se ve en Campo no debe salir de Campo”, pero, “me tocó enojármele a ingenieros y médicos laborales, e intimidar con decirle al presidente de la vereda y moverles el social de campo”.

Además, continúa Alexander, “me asesoró el abogado Camilo Acero de la USO. Cuando el jefe de SARDAN me sacó un Contrato de Mutuo Acuerdo, el abogado me dijo que no lo firmara”. Luego “me cambiaron el contrato por uno que ni me hicieron firmar”. Ahora Alexander, con su dedo perdido, busca por lo menos un salario más alto. ¿Dónde queda la salud y garantías ocupacionales en el voraz capitalismo industrial?

Los paros y el conflicto laboral y social no son de ahorita.
En Cristalinas, un señor que diario va y viene en su Ciclobi con más de 10 galones del líquido de plantas eléctricas del caserío, nos habla de un paro que hace 2 años abrió el ciclo de protestas. Y del de hace unos meses, igual bloqueándole paso a carros de HOCOL, pero sin disturbios porque allí no había policía.

El despido de miles de trabajadores reforzó su inconformidad y los sucesivos paros o asambleas permanentes en campamentos, primero de CEPCOLSA y luego en PACIFIC RUBIALES ENERGY, reclamando salarios justos y levantándose además frente al acoso laboral y patronal al que no le importa el trabajador y las comunidades, sino producir y producir. Es aberrante la situación de camareras y camareros subcontratados por DUFLO S.A Y CATERING. Madrugan a veces a las 3 am. a colaborar en la cocina, luego barrer, trapear, lavar ropa de los trabajadores, escogerla, lavar cocina, ponerle el código a la ropa y dejarla en la cama de cada trabajador. Quizá hasta las 9 pm, todo por un salario de 900 o 950 mil pesos en medio de exorbitantes ganancias petroleras.

Ever, trabajador en Batería 4, dice lo siguiente: “De un momento a otro decidimos coger el liderazgo, y no sentarnos en él, sino seguir pa delante”. Hace mucho se reunían a escondidas y sin orientación de nadie. Luego “fue que entro la USO, porque estábamos organizados y la solicitamos….Cuando explotamos fue una sorpresa”.

Como en muchos otros, en el gran campamento “Villa Gómez”, durante el segundo paro, el 19 de septiembre de 11 PM a 5 am. hubo una confrontación por la presencia hostigante de los antimotines del ESMAD. Un trabajador, de los tantos heridos, retenido con informe de inteligencia y luego soltado, relata la dosis de respeto que le dieron a esos guardianes del capital: “Al final caminaban y se caían. A nosotros nos faltaban sólo los lanzagases, porque hasta les quitamos parte de sus caparazones que luego utilizamos. Con latas de techo de instalaciones petroleras hicimos grandes escudos, guardándonos de los gases y proyectiles; con cualquier herramienta la gente indignada inventaba como defenderse”.

En la vereda Pto Triunfo –ubicada en campo Quifa, 50 kilómetros antes de “batería 4”- saben que “los medios y noticias no muestran los antimotines botándole gases a casas con niños”. Pero saben también “que no es el hecho de que, porque son antimotines, vengan a molestar a quien cobra lo justo”. Luego de ver amarrado y arrastrado un ESMAD exigiendo soltar a los retenidos por protestar, el general de la policía buscó “vías políticas”. Al respecto, Ever apunta: “La primera vez fallamos fue porque cedimos a la negociación. Se dio la segunda sorpresa y no íbamos a parar sino hasta que se negociara en el campo de batalla. La decisión fue negociar y mire, ya donde vamos”.

Decididos a no tragar más cuentos de las empresas que no les han cumplido las exigencias, declararon nuevamente asamblea permanente indefinida desde el 24 de octubre. El 26, la comunidad tumbó el gran portón sobre la vía pública, ya que Campo Rubiales no es cárcel. Por su parte, al día siguiente, más de 300 ESMAD se tomaron el campamento Morichal, donde se concentraba el grueso de trabajadores en asamblea, deteniendo a 11, y obligando salir a la mayoría, mientras el ejército se mantuvo cerrando la zona.

Ever, a quien también sacaron obligado a supuestas vacaciones, recalca que “la empresa definitivamente quiere imponer a sangre y fuego sus condiciones y el gobierno le presta las armas”. Como si fuera poco, saca containers alojando la bota militar. Se presumen 3.000 efectivos de la fuerza pública, entre policía, ejército, ESMAD y Fuerzas Especiales de las que combaten y bombardean campamentos militares de las FARC. ¿Qué hacen en medio de campamentos de trabajadores, centros poblados y zonas de dormitorio?

En la vereda El Porvenir, hay 3 tanquetas y no dejaban ni salir a los habitantes. Asi las cosas, Ever insiste en “romper aquellas cadenas que nos tenían atados a la multinacional y que desde hoy empezamos a reventar eslabón por eslabón. Uno lo primero que encontraba eran mallas y concertinas que sólo colocan en cárceles como Guantánamo y en campos de concentración”. Acá “somos trabajadores combatientes, pero con unas palas, unas picas, y unos palustres, laborando en la tierra de Campo Rubiales, para que estos sinvergüenzas se lleven sus riquezas, en lugar de tenerla nosotros para un sustento familiar digno”.

Respuestas de las empresas
Para rebajar costos de regalías, las empresas distribuyeron varios campos: Quifa, Rubiales, Jaguar, Toro Sentado, Cara Cará. Tras los anteriores paros armaron más campamentos, alejados unos de otros. Hasta algunos trabajadores alquilan habitación en un barrio que se forma desde enero en la vereda Puerto Triunfo, donde Pacific amplió el campamento. También enviaron a muchos a descanso sin renovación de contrato. Los ánimos enfurecidos de Edwin, joven despedido por ser afiliado a un sindicato, demuestran como “no tenemos que resignarnos, hay que poner demanda colectiva y llevar a que nos reintegren, porque tenemos familias que alimentar, y no pueden disponer de nosotros cuando y como quieran”. En batería 4 quedan poco más de la mitad que a comienzo de año. El último día de la caravana, en conversación con obreros de Eléctricas Medellín y JM sostenidas en la cabecera del municipio, nos enteramos que hay muchos en capacitaciones. Y se sienten retenidos, ya que “si no estamos en las capacitaciones, no volvemos a entrar”.

La empresa embarcó por río otros grupos a capacitar en fincas de las afueras, pagándoles estadía y de modo que en la población de la cabecera municipal no tuviera contacto con su situación. Pese a cumplir los 7 días, no los habían entrado a laborar. Pura estrategia de la empresa evitándose participación masiva en las asambleas permanentes decretadas por miles de trabajadores.

Las brocas que perforan la tierra hasta el corazón donde está el crudo, siguen funcionando, y en cualquier momento se reanuda el paro. El 9 de noviembre con la jornada de Paro Nacional Petrolero de 24 horas, exigiéndole al Gobierno, ECOPETROL y demás empresas petroleras el Respeto a la Asociación y a las libertades sindicales, vuelven las protestas en vías principales, esta vez también en municipios como Puerto López, y Castilla La Nueva, entre otros.

La falta de inversión social y situaciones de vida precarias de personas mestizas e indígenas que viven cerca y/o trabajan en instalaciones “ultramodernas”, las llevan a colmar inconformes y unidas los campos petroleros, calles, veredas y puentes de Puerto Gaitán y otros municipios. Acusadas por el gobierno, las noticias y la empresa de ser vándalos y grupos armados, exigen respeto, pues están viviendo un problema social grave, además cuando la empresa impide el paso de la USO y quienes se acercan en gesto de apoyo, si no se dice nada. Cualquier persona que tenga claro el valor de la vida tiene que avergonzarse de ver morir más de 13 niños de hambre en lo que va del año, y en la meca del petróleo en este país.

Quizá bloqueando los camiones con Nafta (materia prima que diluye y ablanda el pesado crudo del Meta) no tumbarán esa bestia capitalista que nos roba la vida, pero por lo menos se han levantado del miedo a perder el empleo y la vida por atreverse a cuestionar las condiciones impuestas.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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