No hay referentes éticos en el poder: Iván Velásquez

“Ni corrupto, ni ladrón”. Ese fue el lema de campaña que llevó a un comediante a la presidencia de Guatemala en 2015. Jimmy Morales, hizo de la lucha anticorrupción su bandera hasta que en el 2017 la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), dirigida por el colombiano Iván Velásquez, determinó que su hijo y su hermano estaban involucrados en casos de corrupción. Una vez salieron a la luz las investigaciones, Morales la emprendió contra la Comisión, reprimió las manifestaciones ciudadanas que la apoyaban, y el 4 de septiembre de 2018 prohibió la entrada de Iván Velásquez al país.

Los corruptos invirtieron en propaganda para desprestigiar a la CICIG, pero en las elecciones del 16 de junio de este año los guatemaltecos enviaron un mensaje: el partido del presidente saliente pasó de 32 a 8 senadores, el movimiento político ciudadano surgido de las protestas obtuvo 8 senadores, y por primera vez hubo una candidata indígena que obtuvo más de 400.000 votos. Son estas, según Velásquez, “las bases incipientes de un sueño y una misión personal”.

Velásquez, un paisa nacido en 1955, es experto en irritar al poder. En los 90's emprendió desde la Procuraduría y la Fiscalía una lucha frontal contra el crimen y el narcotráfico que reinaban en Medellín. En la primera década del 2000, siendo magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, sus investigaciones mostraron los nexos entre el sector político y el paramilitarismo, por lo que fueron condenados alrededor de 50 congresistas. Iván Velásquez fue víctima de montajes y seguimientos ilegales por parte del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Periferia Prensa Alternativa conversó con Velásquez en el décimo piso del Gran Hotel, en pleno centro de la ciudad de Medellín.

Periferia, ¿El panorama actual de Medellín es muy diferente al que le tocó enfrentar como Procurador?
Iván Velásquez: En el 91 había una presencia fuerte de bandas, de milicias, pero sobre todo el problema del narcotráfico. Pablo Escobar recién fugado de la cárcel en julio del 92 y toda esa oleada de violencia. Uno de los hechos que siempre impactaba por aquella época era que el Ejército hacia redadas en la Comuna nororiental y cerraba barrios completos, lo que impedía que los estudiantes fueran a sus colegios, o que los trabajadores fueran a sus empleos. Había un reclamo de la comunidad hacia la Procuraduría para tratar que esos encierros terminaran. No he visto que situaciones de esas hayan pasado luego. Tal vez por toda la fuerza ciudadana, pero también por el Ejército asumir un comportamiento diferente con la comunidad. Esa es una gran diferencia.

P. ¿Esa fuerza ciudadana de Medellín es comparable con lo visto en Guatemala?
I.V. La situación de Guatemala es muy particular. Ha sufrido una dura represión por mucho tiempo. Las dictaduras militares generaron en la gente un gran temor a expresarse. En 1996 los acuerdos de paz se firmaron con un optimismo muy similar al que hubo en 1991 con la constituyente porque parecía que estuviéramos volviendo a crear el mundo. Llegué a Guatemala en octubre del 2013. Había muchas publicaciones periodísticas y rumores sobre la corrupción en el país. Circulaban carros repletos de maletas con quetzales o dólares. Para mí era increíble que en la Casa Presidencial o en la Vicepresidencia se recibieran millones en efectivo. Empezamos con las investigaciones y se generó una indignación ciudadana. En abril del 2015 presentamos una investigación que vinculaba al secretario privado de la Vicepresidenta, y cinco días después organizaron la primera de 22 manifestaciones consecutivas en la Plaza de la Constitución en Ciudad de Guatemala, convocadas a través de redes sociales de manera espontánea. El 8 de mayo se produjo la renuncia de la Vicepresidenta. Eso generó mayor entusiasmo y empezaron a reclamar reformas del Estado. Despertaba otra vez el optimismo, porque se podía recuperar el Estado, ya que no era solo el poder ejecutivo, también el Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

P.¿Qué sentía cuando las investigaciones daban resultado y los implicados eran condenados?
I.V. Siempre que hay un logro en las investigaciones, hay satisfacción. Algunas investigaciones producían también tristeza, y así lo expresaba. Por ejemplo, investigaciones en las que resultaban comprometidos funcionarios de la Rama Judicial. Genera tristeza porque uno mantiene la esperanza de que los funcionarios judiciales deben ser personas comprometidas con la justicia, transparentes, honestos. El fenómeno es muy extendido en todos los sectores, en todas las ramas del poder público. Para enfrentar la impunidad del poder el primer paso debe ser enfocarnos en el sistema de justicia. Hacer investigaciones profundas de los funcionarios judiciales que tienen cuestionamientos por prácticas corruptas o con una seguidilla de decisiones prevaricadoras.

P. ¿Por qué en Brasil, Perú y Guatemala fue posible condenar a personas vinculadas con casos de corrupción y en Colombia no?
I.V. El problema principal es el de la independencia del poder judicial, de la Fiscalía especialmente. Hay una corrupción judicial que quedó evidenciada con el cartel de la toga, con Gustavo Moreno. Hay una intención de que las investigaciones no avancen o no se profundicen. La falta de independencia es uno de los puntos principales para una acción efectiva de la justicia.

En Brasil, Perú, y Guatemala, la gente apoyó masivamente esas investigaciones y también asumió la defensa de los fiscales. Hay una pregunta en Colombia con lo de la parapolítica: ¿Por qué no se produjo ningún movimiento ciudadano para reclamar que se profundizara más en un problema que no se reducía solo a las relaciones del 50% o 70% de los congresistas como lo decían los paramilitares, sino que estaba mucho más extendido en la sociedad? ¿Por qué cuando se están revelando esos vínculos entre congresistas y paramilitares no se aprovecha la oportunidad para la desparamilitarización? No solo de organizaciones, sino también de esa conciencia paramilitar que se ha extendido tanto entre nosotros y que tuvo una aceptación en algunas comunidades. En las elecciones siguientes fueron elegidos los padres, los hijos, las esposas o los esposos de congresistas que están privados de la libertad o involucrados en investigaciones.

P. ¿Le parece que el colombiano tiene una tendencia hacia la corrupción?
I.V. No creo que haya esto de la corrupción por naturaleza. Hay una gran dificultad en la formación de una cultura de legalidad, la aceptación de las reglas de convivencia en todos los sentidos, inclusive en respetar los dineros públicos. No hay desde el poder referentes éticos hacia la ciudadanía. De allí el efecto nocivo de que si todos los grandes lo hacen y no les pasa nada, pues esa se va convirtiendo en una conducta admisible. Otro factor es la impunidad. Para una cultura de legalidad se requiere que haya una cultura de consecuencias. Esto de que el que la hace la paga, que públicamente expresa el presidente Duque, no es una realidad. En muchas ocasiones cuando se actúa frente a personajes con mucho poder que salen indemnes en las investigaciones penales, o aun saliendo afectados, no hay ningún rechazo ciudadano a su comportamiento. Un tercer elemento es la falta de voluntad para asumir la investigación penal y sus consecuencias, independientemente de quiénes sean las personas contra las que se dirigen.

P. Quienes se enriquecen con dineros públicos muchas veces gastan dinero en yates, casas en Miami, lujos, cosas que el capitalismo nos propone todo el tiempo. ¿Hay una relación entre el capitalismo y la corrupción?
I.V. Detrás de la corrupción hay un gran afán consumista, la obtención de riqueza por la vía más fácil. Pero igualmente vemos que grandes corruptos son grandes ricos. En Guatemala el Presidente anterior o la Vicepresidenta realizaron actos tan grandes de corrupción, que ese dinero no lo van a gastar ni sus nietos. 30 millones de dólares, por ejemplo, por la concesión de una terminal de contenedores, concesión dada a la misma empresa española que es propietaria de la terminal de Buenaventura. Es tal la mezquindad que la Vicepresidenta conformó un conglomerado de 30, 35 empresas, casi todas de cartón, tal vez una o dos funcionaban. Empresas legalmente constituidas para lavar el dinero que ingresaba en efectivo para pagarle a los representantes legales de esas empresas. Ni siquiera producto de la propia corrupción hacían gastos, sino que generaban otras fuentes corruptas de ingresos para pagar los gastos de funcionamiento de su red criminal de lavado.

P. ¿Tal vez usan la corrupción para blindarse en el poder?
I.V. Es otra arista del tema. Cuando se logra tener un control tal de las instituciones del Estado, todo esto no solo se obtiene para el enriquecimiento personal sino para el sostenimiento del poder. Por ejemplo, se encontró que había una empresa de telefonía celular que necesitaba instalar antenas en cualquier lugar del país sin que le pusieran problemas. Negoció con la Vicepresidenta una ley que prácticamente le daba capacidad de expropiación de terrenos, fueran públicos o privados las administraciones no podían frenarla. La empresa lo consiguió gracias a un soborno constante a la Vicepresidenta, encargada de distribuir los recursos entre los congresistas que finalmente aprobaron la ley. Los recursos que se obtienen también se distribuyen en el sostenimiento de otros que están vinculados con corrupción. Se genera un entramado de redes de tal naturaleza, que tienen la posibilidad de perpetuarse en el poder. Con una circunstancia adicional: el tema de financiamiento electoral, una de las mayores fuentes de corrupción. Este financiamiento que se hace de manera anónima o asumiendo pagos de gastos que el partido político requiere. Cuando sacamos un caso a mediados del 2016 que llamamos cooptación del Estado, aparecían grandes constructores de Guatemala vinculados al pago de sobornos por vías indirectas de aportes a campañas políticas. Creo que es uno de los puntos que debería merecer la mayor reflexión en América Latina.

P. ¿Cuál es el papel del sistema financiero y de la banca? Es por ahí que circula ese dinero.
I.V. Indudablemente hay una participación importante del sistema financiero. Tuvimos un caso que denominamos lavado y política. A través de lo que se conoce como el pitufeo, una organización criminal enviaba cantidades de dinero que son consignadas como si fueran remesas obtenidas desde el exterior, pero con una frecuencia y una cantidad de tal naturaleza que el banco tenía que enterarse. Llegamos solo hasta el nivel medio, no pudimos escalar hasta directivos del banco porque no había elementos. En el control del flujo de dinero, del lavado, tienen un papel muy importante la banca y el sector financiero.

P. ¿Cómo serían nuestros países si no hubiera corrupción?
I.V. Si se vence la impunidad del poder se puede recuperar el Estado que en la concepción clásica se conoce como protector de intereses generales y no defensor de intereses particulares, que es como desafortunadamente lo vemos cuando se tramitan leyes tributarias en el Congreso, los sectores que tienen un control del Estado resultan excluidos o se les rebajan los impuestos. Lo que tendríamos que generar en América Latina es un movimiento que esté en perspectivas de construcción de democracia. La primera piedra que se debe colocar es la de un sistema de justicia independiente, transparente, capaz, que pueda enfrentar esa gran corrupción de nuestros países.

Ahora hay una discusión fuerte en Guatemala porque sin que nadie supiera, el Presidente, en un viaje que hizo a Argentina, compró dos aviones argentinos por 30 millones de dólares. También se acaba de informar que compró un buque colombiano por 90 millones de quetzales, más de diez millones de dólares. Con los 30 millones de dólares de los dos aviones, dicen que se hubiera podido comprar 1080 ambulancias en un país en el que el sistema de salud es muy deficiente. Un país en el que el 80% de los niños indígenas menores de cinco años padece desnutrición crónica, una desnutrición que viene desde el vientre materno. ¿Cómo lograr que el poder asuma las reformas para generar un sistema de justicia independiente, sólido, frente al que se pueda decir que nadie está por encima de la ley? Es el reto que tenemos en América Latina.

P. ¿Alguna vez el poder intentó hacerlo parte de esa enfermedad?
I.V. Nunca se me ofreció dinero ni fui objeto de un intento de soborno. A mediados del 2016 encontramos a grandes empresarios involucrados en financiamiento electoral ilícito. Los empresarios me invitaron a una reunión para tratar de persuadirme, que ya estaba bien, que ya habían aprendido la lección, que si seguía iba generar un caos en el país porque todo el mundo se sentía perseguido. Era una reunión como de 30 empresarios muy importantes que se han catalogado como los dueños del país. Alguno de los empresarios me dijo: “Si va empezar con capturas, aquí estoy yo, y lo mismo puede hacer con cualquiera de nosotros porque todos hicimos eso. ¿Va ponerle cercas a Guatemala para que todos quedemos presos? ¿Hasta dónde piensa llegar? Esto tiene que parar”. Yo le dije: “Yo pienso llegar hasta donde la prueba permita llegar”. “No se puede contra todos”, me dijo. “Entonces cómo hacemos para seleccionar. Yo digo a usted no lo voy a tocar, pero a usted sí. No será que al que le estoy diciendo que sí también se va quejar. Lo que hemos planteado con la Fiscal General es que nadie está por encima de la ley, y procedemos de acuerdo con las pruebas que vamos obteniendo”. Estoy convencido de eso y lo volvería a decir. Eso generó que dos meses después asumieran grandes campañas de lobby en Estados Unidos. Salí de Guatemala desde septiembre del 2018, aun perteneciendo a la CICIG, pero sin la posibilidad de estar dentro del país.

P. Usted fue invitado al 29º Festival Internacional de Poesía de Medellín. ¿Existe alguna relación entre la poesía y la corrupción?
I.V. No digamos entre la poesía y la corrupción. Más bien entre la poesía y la transparencia, porque la poesía es transparente, la poesía es sentimiento, es relación con el mundo, es vida. En ese mismo sentido van los procesos de construcción de democracia, de igualdad ante la ley, todo ese proceso de construcción de una institucionalidad que permita tener unas condiciones de existencia admisibles. La poesía es paz. Desde ámbitos diferentes, estamos apuntando todos hacia la verdadera democracia, hacia un Estado social y democrático de derecho.

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