Plan centro neoliberal de Bogotá

Como una enorme contienda ideológica y política, económica y cultural, de colisión entre modelos de ciudad y de sociedad, en últimas una contienda por el territorio mismo se ha vuelto éste asunto del plan centro de la ciudad capital. No debería ser así, sino el concurso de todos para una desvelada búsqueda de bienestar general, pero es un conflicto de intereses y como tal debe abordarse, para no sumar a los dramas reales la ingenuidad de que podríamos atenernos a los derechos.

 

 De una parte, a fuerza de las inercias administrativas propias de cuando no se tiene propuesta alternativa, la Administración de Lucho Garzón, y parece que es –con matices- la tendencia de Samuel Moreno, hereda sin mayores cuestionamientos la visión, el plan, los proyectos, los criterios y hasta el lenguaje de las administraciones neoliberales y procapitalistas de Mockus y Peñalosa. De hecho conserva las ventajas a los inversionistas privados –con crédito público, claro-, como es natural a un régimen de privilegios y desigualdades y a un concepto de desarrollo anclado en la miopía de los niveles de acumulación de capitales.

Aquellos (Mockus y Peñalosa) lo plantearon con toda claridad, “se aspira a un centro de Bogotá atractivo a la inversión privada y al turismo mundial, de alta movilidad, competitivo, centro estratégico de servicios para los negocios de la Región Andina, Centroamérica y el Caribe” y “que viva en el centro quien pueda pagar vivir en el centro”. Más claro no canta un neoliberal.

Los proyectos y territorios son concretos de Sur a Norte. Aquí anotamos muy brevemente algo de cada cual, pero los invitamos a ir a fondo sobre cada uno de ellos, pues se trata de empeños a fondo que requieren respuestas populares igualmente a fondo, son:

1.    PROYECTO CIUDAD SALUD
Va desde el actual enclave de salud más importante del país por la Avenida Calle 1ª y Avenida Circunvalar hasta el Río Quebrada Fucha (11 sur) y Carrera 30, y hasta la Avenida de Los Comuneros, uniendo el área de Hospitales con el Parque 3er Milenio.

En lenguaje llano es (donde hoy se pudren en vida Hospitales como el San Juan de Dios, que ya no presta los servicios para “los menesterosos de la ciudad” como fue su objeto inicial, pero sí debe sueldos y mesadas por más de siete años a sus trabajadores y pensionados) para construir un “complejo hospitalario para la salud regional e internacional” con afectaciones en las Localidades de San Cristóbal sur, Antonio Nariño norte (Barrio Policarpa) y Santafé (Las Cruces-San Bernardo), lo cual implica “la ampliación de hospitales, construcción de consultorios privados, bancos de sangre, urgencias, hoteles, parque lineal, vías peatonales y programa inmobiliario de servicios complementarios conexo a la red hospitalaria y al conjunto de actividades derivadas de la creación del complejo para servicios científicos y médicos de alta calidad y turismo para la salud”.

2.    Plan Vial – Fases III Y IV Transmilenio, Avenida De Los Comuneros Y Circunvalar.
Además de lo propiamente vial, incluye la construcción y ampliación de las vías troncales, además de las áreas complementarias para rutas alimentadoras, estaciones y servicios, como se puede apreciar en los avances actuales de la Fase III y IV del Transmilenio, que arrasó con la Carrera 10ª de San Bernardo y lo hará con la de Las Cruces al frente y que tiene entre las cuerdas (mallas con plásticos verdes) a los habitantes y transeúntes del centro. La otra cara del Transmilenio son los trancones de antología de la 10ª, la 7ª, la 5ª y la Circunvalar, las calles 1ª, 6ª, 13, 19 y 26, a lo que se suma la destrucción de la malla vial interna que, dice el IDU, debe ser reparada con recursos locales y aporte comunitario. Como si las localidades pudieran reparar con miles de pesos los daños causados con los miles de millones del Distrito concedidos a los beneficiarios privados del cemento y el transporte monopólicos.

La prolongación –ya muy avanzada- de la Avenida de Los Comuneros (Calle 6ª hasta la 10ª, pero que en realidad va prácticamente de la 6ª a la Calle 3ª entre la 10ª y la Circunvalar), afectando a lado y lado lo que queda de Santa Bárbara centro (lo que quedó por el embate de las torres Santafé I, antecedente visible del plan centro), Las Cruces, Belén, y Lourdes arriba.
 
Se proyectan las estaciones del Transmilenio de la Calle 26, que abarcará el Barrio La Alameda y la Carrera 13ª A entre las Calles 25, 26 en Los Martires y la calle 34 y la Carrera 30, en el corazón de Teusaquillo, donde habrá una megaestación para los Transmilenios de la 26 y de la 30 y unirá subterráneamente el Concejo Distrital y el CAD.

El plan vial es quien mejor refleja el sentido neoliberal del Plan Centro, una estructura para la rápida circulación de personas y mercancías desde el aeropuerto El Dorado hasta el Centro Histórico y Turístico (también personas/mercancías para la trata de blancas o prostitución de todos los niveles, desde la calle hasta los universitarios y universitarias prepago), porque se trata es de una oferta amplia de servicios a escala metropolitana y regional “para quienes lo puedan pagar”, que incluye restaurantes, bares, iglesias, casinos y hoteles que podrán pagar –claro está- las mulas cargadas de dólares y sus “arrieros”.

3.    Proyecto Cruces – San Bernardo.
San Bernardo era Las Cruces antes de que la prolongación de la Carrera 10ª hacia el sur lo partiera en dos (como al área de Hospitales, quedando al lado occidental de la vía La Hortúa y al costado oriental el Materno). Las Cruces conservó su nombre en el costado oriental y se llamó San Bernardo al costado occidental por la existencia allí (desde 1893) del Instituto San Bernardo de La Salle - Calles 2ª  y 3ª entre Carreras 12 y 13.

San Bernardo son 41 manzanas que ocupan 36 Has., entre calles 1a y 6a y entre la carrera 10ª y la Avenida Caracas, de lejos el rectángulo más “beneficiado” de la renovación urbana con su Transmillenio por la Caracas y por la 10ª, Ciudad Salud por la 1ª y avenida y Parque por la 6ª.

Las Cruces vive el mismo y paralelo proceso de deterioro calculado de San Bernardo; ya pululan el deterioro y las ollas, deambulan por sus calles y parques los resultados de la poda del “cartucho” para precipitar el deterioro que precede a la “renovación urbana". Se trata de comprar el metro cuadrado a máximo 400.000 pesos para construcciones que luego serán vendidas a 3 millones el metro cuadrado en altura. La banca, las inmobiliarias, las iglesias, como cualquier casino o prostíbulo se babean haciendo cálculos

4.    San Victorino.
San Victorino es el borde norte del desaparecido Barrio Santa Inés, que con el argumento del “Cartucho” fue desalojado para la construcción del Parque 3er Milenio, que durante cuatro meses fue ocupado por desplazados, ese crimen de lesa humanidad que como todos los problemas del país se ve en el centro.

Allí se proyecta el Centro Internacional de Comercio San Victorino Cielos Abiertos, en las llamadas manzanas 3-10 y 22, pero se extenderá la intervención con demoliciones en la calle 10 y 11 para finalmente ir a fondo hasta la Avenida Jiménez y el Barrio La Capuchina.

5.    Mariscal Sucre.
Es la propuesta para la localidad de Los Mártires, que alrededor de un eje vial incide en el territorio de los barrios La Estanzuela, Voto Nacional, La Sabana, San Victorino, La Favorita, El Listón, Santafé y Samper Mendoza, de la muy golpeada localidad que no recuerda a quiénes le dan nombre y dieron su vida hace casi 200 años para que pudiéramos ser Colombia, hoy convertida en área de múltiples conflictos, deterioros sin nombre y venta al mejor postor, algunos de los cuales ya la ocupan con sus negocios de gran impacto, que es el eufemismo urbano para señalar zonas de toda clase de tolerancias: prostitución, alcohol, drogas, juego y –claro- seguridad, bajo el ordenamiento del miedo a una delincuencia privada organizada “que produce empleo”. ¿Quien lo duda? Celadores, guardaespaldas, prostitutas, jíbaros, sicarios, policías y bandidos. ¿Algún común denominador? Mucha plata, drogas y armas de distinto calibre.

6.    Ciudadela Universitaria.
Crece el negocio de la educación superior privada a expensas de los barrios populares tradicionales del centro. Ejemplo, la Universidad de los Andes, ella sí con licencia para urbanizar el cerro donde se anunciaba “ni un ladrillo más”, continúa con sus construcciones por dentro de la zona de protección de los Cerros Orientales y al frente de la Estación de Policía de la Tercera.

Toda La Candelaria histórica, barrios como Las Aguas, Las Nieves o La Alameda resisten el embate implacable del negocio “educativo” privado. Ejemplos rápidos: la Universidad Central que ha “recuperado” para su sede a los viejos Teatros Faenza, México, Azteca y Bogotá y los edificios contiguos; la Tadeo Lozano es una buena muestra de la técnica expansionista, primero la pudrición material y humana de la carrera 4ª que precedió la plazoleta y el edificio de sus postgrados entre las calles 22 y 23, y ahora puja por comprar los edificios del entorno; la INCCA hace lo propio entre las calles 19 y 26 y carreras 13 y Caracas; el Externado, la Gran Colombia, la Libre y la CUN no se quedan atrás por La Candelaria; es el supernegocio de la Educación Superior privada, porque la educación media y universitaria de carácter público, como el caso muy visible de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y el Colegio Policarpa Salavarrieta, deberán salir “por decisión del Ministerio de la Cultura” para la ampliación del Museo Nacional entre las calles 28 y 29 y entre las carreras 5ª a 7ª. Como anillo al dedo para debilitar lo público.

También se anuncia la salida de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas –Sede de La Macarena- por riesgos geotécnicos y de deslizamiento “por agrietamientos de sus estructuras”. Cosas raras, porque se trata de la misma ladera y área donde proyectan torres hasta de cuarenta o más pisos. Debe ser que lo público no cuenta con los recursos, como cualquier barrio popular, para ir al fondo en roca, pero lo privado sí puede hacerlo con créditos públicos.

Cosas de “la naturaleza” del régimen, que persigue mediante querellas (más de mil) las mejoras locativas de las viviendas de los barrios Centro Orientales, pero no ve las incursiones monumentales de edificaciones estratosféricas, como aquellas de apartamentos de un millón de dólares. 

Impresiona que a los doscientos años de la mal llamada Independencia Nacional, nombres como Policarpa Salavarrieta –el Colegio- y Francisco José de Caldas –la Universidad- estén de nuevo camino al cadalso.

En el llamado Triángulo de Fenicia avanzan proyectos como el Centro Cultural Español entre la Carrera 3ª – Eje Ambiental y las Calles 19 y 20, con el prospecto de varios bloques para ese centro cultural (auditorios, cines, discotecas, aulas, talleres, oficinas, cafeterías y almacenes) área administrativa y de vivienda para ejecutivos y estudiantes de estratos altos.

7.    Las Veredas Del Centro.
En las Vereda Monserrate y Fátima, con procesos intensos de desalojo de más de  150 familias en los últimos tres años en cada caso, aún habitan 35 y 58  familias que resisten a dar paso al megaproyecto turístico enmascarado de ecológico, que pretende actualmente el desalojo definitivo (de hecho ya se produjo el que se anuncia como transitorio “por riesgos de deslizamientos” en el camino de Monserrate), pero que realmente busca acabar el rebusque popular del piedemonte cada domingo, pero no de la estación “de arriba”, cuya romería es la principal presión ambiental del Cerro de Monserrate. Se puede subir a Monserrate, pero pagando el telesférico y el funicular para consumir en los negocios de dios, que son los que puede pagar “el turismo de clase mundial” de los Mockus y Peñalosa.

8.    Vendedores ambulantes o el asunto de la pobreza.
Los vendedores ambulantes son el rebusque de la ciudad popular, porque aquí encuentran la mayor concentración humana y –en consecuencia- la mayor oportunidad de unas monedas por sus “ofertas al paso” para dos millones de personas que concurren al centro cada día. 

Los vendedores ambulantes –que son los pobres de la ciudad, como los pescadores artesanales son los campesinos sin tierra- se sienten en el laberinto de unas propuestas oficiales de reubicación que insisten en el error de considerar que todo se reduce a “volver comerciantes formales a quienes hoy se rebuscan con la  informalidad”, sin consideración al hecho de que se trata de un problema de empleo e ingresos básicos de una población con enormes capacidades productivas inexploradas.

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