Pulgueros de ropa: un lujo consciente con el medio ambiente

Alternativas de consumo que son más amigables y responsables con el medio ambiente como la compra de ropa de segunda mano, también conocida como “pulgueros de ropa”, logran intervenir de manera positiva las afectaciones ambientales del planeta y la mano de obra barata que genera el Fast Fashion; tendencia de las cadenas de moda para llegar a altas producciones de ropa, y sacar de manera rápida diseños que capturen las tendencias de moda actuales.

En las tiendas de ropa Fast Fashion ya no existe la práctica de crear colecciones de ropa según las preferencias de los compradores por las épocas del año; actualmente la industria textil ha acelerado considerablemente, pues cada vez es más corto el tiempo entre la fabricación y la disponibilidad del producto en el mercado. Se trata ahora de sacar ropa barata de usar y tirar en masa; la aparición de incontables colecciones al año genera el sentimiento de estar pasados de moda, y eso provoca que las personas sigan consumiendo sin medir el impacto ambiental que esto genera.

Por eso, una de las estrategias más poderosas del Fast Fashion son las “microtemporadas”, concepto relacionado con las habilidades de las marcas para captar más rápido los gustos de los consumidores, lanzando productos más baratos que empujan a las personas a seguir las tendencias de moda. Así, sí a alguien le gusta una prenda, su mejor opción será comprarla antes de que se agote y pierda la oportunidad de tenerla. Esa sensación de escasez lleva a las personas a otorgar un mayor valor al producto y adquirirlo, comprando solo para estar a la moda.

¿Qué hay detrás del Fast Fashion?
La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, después del petróleo. Las fábricas textiles, de la mayoría de países donde se produce ropa, arrojan las aguas residuales directamente a los ríos, sin realizar algún tipo de tratamiento. Estas aguas contienen plomo, mercurio y arsénico, entre otras sustancias químicas, todas perjudiciales para los ecosistemas acuáticos. Si un animal ingiere estas aguas, por ejemplo, se afecta toda la cadena alimenticia, y eso incluye a los seres humanos que forman parte de la misma.

A esto se suma el hecho de que, en su afán de reducir costos, las fábricas textiles usan materiales de baja calidad sin atributos sustentables. En su lugar, utilizan fibras sintéticas como el poliéster, el nailon, el rayón o el acrílico, derivadas del petróleo; los mismos polímeros que se usan para la fabricación de envases desechables. La situación es de dimensiones descomunales pues al lavar una prenda sintética se liberan aproximadamente 700.000 microfibras al agua. El plástico que las compone no es biodegradable, y puede tardar hasta 200 años en descomponerse.

Es más, las fibras derivadas del petróleo requieren más energía que las fibras naturales. La industria textil produce el 10 % de las emisiones mundiales de CO2, y cantidad de gases de efecto invernadero. En parte porque en países como China, Bangladés o India se fabrica la mayoría de esta ropa, y al ser países que usan esencialmente combustibles como el carbón, incrementan las emisiones de carbono. Jaime Navarrete, activista del colectivo Globo Verde, lo explica así: “estos países se convierten por su mano de obra barata en lugares donde empresas estadounidenses y europeas van a abrir sus sedes y a poner a trabajar, sirviéndose de la flexibilidad y la falta de regulación para este tema que afecta prioritariamente al medio ambiente”.

Alternativas conscientes con el medio ambiente
Los “pulgueros de ropa” o “ropa de segunda mano”, se convierten en una excelente alternativa de responsabilidad con nuestro medio ambiente. Hace aproximadamente 20 años comprar ropa de segunda era mal visto, antihigiénico, debido a los prejuicios de clase que se le atribuían. Además, se creía que los destinatarios de estas prendas eran las personas de bajos recursos. Sin embargo, esta práctica ha venido creciendo, y se ha convertido en una alternativa de consumo responsable y de conciencia ambiental.

Al dar segundas oportunidades a estas prendas se evita que terminen desechadas rápidamente. Es una forma de alargar su ciclo de uso, reutilizar y reciclar, así disminuyen los índices de contaminación y la huella de carbono. Marcela Sánchez, creadora del proyecto El Pulguero de Mar, nos dice que: “Al comprar estas prendas se está aportando a dejar de consumir esa moda rápida, se aporta también al medio ambiente y a lo local, generando así una economía solidaria; comprarle al que está al lado y no a aquellas empresas que siguen reproduciendo practicas capitalistas”. Además, se crea una economía circular, ya que vuelven a ingresar al mercado bienes que no necesitaron gasto de materiales y recursos, pero si generan desarrollo económico.

Para Luisa Duarte, creadora del proyecto El Baúl de Pacha, comprar ropa de segunda mano y normalizar este mercado, va de la mano con el impacto social que se genera. Pues, además de reducir las afectaciones ambientales, “se estaría rechazando la explotación laboral de aquellas textileras, ya que por lo general en aquellos países que producen moda rápida, la mano de obra es barata por la pobreza y los derechos humanos no son una prioridad”.

Por último, el mercado de ropa de segunda mano es una alternativa que se ha incrementado con la emergencia sanitaria, debido a que muchas personas por la situación económica lo han visto como una opción de sustento. Es importante entender que los “pulgueros de ropa” fomentan un consumo consciente y responsable.

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