Heroes anónimos: Raúl Díaz Argüelles

El Mexicano Paco Ignacio Taibo II ha escrito un hermoso libro titulado Arcángeles, dedicado a doce revolucionarios herejes del siglo XX, así les dice él. La característica de los doce es el valor, la terquedad, la irreverencia. Ninguno de los doce pudo ver sus obras realizarse, todos murieron en el intento y a la mayoría no los recuerda nadie. Uno de ellos, a quien dedicamos este escrito, Raúl Díaz Argüelles es, según el autor, “un personaje secreto en una historia que no acaba de contarse”. Seguramente porque Raúl, a pesar de haber sido un joven radical y valiente hasta las últimas consecuencias, de haber participado en el proceso cubano y la toma del poder el primero de enero de 1959, de haber trabajado incansablemente en la transformación socialista de su país y convertirse en un internacionalista con gran responsabilidad en el triunfo de la revolución de Angola en África, no es precisamente el más nombrado dentro de los héroes de la revolución cubana.

 

Raúl Díaz Argüelles juega un papel fundamental para el proceso revolucionario cubano, en mi concepto, porque se desempeñó con gran valor en la lucha urbana y esta condición lo pone bien arriba, ya que no es lo mismo luchar contra una dictadura asesina, contrainsurgente y proimperialista, como la de Batista, en sus propias narices, que hacerlo desde lo espeso de la selva de la Sierra Maestra. Atentar en el terreno del enemigo contra el dictador, contra un cuartel de la guardia con ráfagas de ametralladora desde un auto en movimiento o contra un alto político o militar en las calles de la Habana, con un arma corta, requiere no sólo de valor, entrenamiento, amor por la causa de la liberación, sino de convicción ideológica sobre las ideas que persiguen una sociedad mejor para todos. Un joven con tan solo 18 años ya contaba con todas esas condiciones, además era otra de sus responsabilidades proporcionar armas y logístican a la guerrilla del Directorio Revolucionario, otro proyecto armado que creció en la Sierra del Escambray y se unió después a la columna dirigida por el Ché.

Su vida
Raúl provenía de una familia adinerada pero consecuente con la causa revolucionaria; él ya había estudiado en Estados Unidos en una academia militar, pero regresó a su país para unirse a la guerra urbana que, contra la dictadura, se organizaba en la universidad de la Habana en cabeza de la Federación Estudiantil Revolucionaria (FER) y cuyos principales dirigentes eran Fructuoso Rodríguez y José Antonio Echavarría, jóvenes imberbes recién salidos de la adolescencia. Hay que decir que a mediados de los años 50 era común encontrar los cuerpos sin vida de jóvenes estudiantes en las calles de la Habana y de Santiago con señales de tortura a manos de la dictadura como muestra del terrorismo de Estado. Pero también hay que anotar que en vez de sentir temor, los jóvenes se sumaban cada vez más a la lucha por derrocar al dictador Batista y parecían competir en una carrera en donde el más valiente se llevaría un trofeo, la gloria.

En este contexto Díaz Argüelles se destaca como un verdadero militante y un hombre sin nervios y con una audacia sin igual. En 1955 Raúl participa en la preparación de un ataque directo al palacio presidencial, pero son descubiertos y el arsenal con que realizarían la acción cae en manos de la dictadura. Raúl sale ileso y tiene que clandestinizarse por cerca de tres meses. A finales de este año es elegido en la dirección del directorio revolucionario de la FER. Pareciera que su nueva distinción le exigiera más al joven revolucionario porque en esos mismos días participa en un tiroteo contra la policía, coloca una bomba en el cuartel de La Lisa y participa en un atentado directo contra el dictador Fulgencio Batista. Con 19 años de edad Raúl ya es uno de los revolucionarios más buscados por la dictadura.

En 1956, el mismo año que desembarca el Granma con el joven abogado Fidel Castro, el Che, Camilo Cienfuegos y otros héroes anónimos que sumaban 82 y que se constituirían en la guerrilla de la Sierra Maestra, Raúl, violentamente perseguido, sale al exilio. Pero desde allí se entrena, hace colectas para armas y regresa en el 57. Desafortunadamente para ese año los mejores cuadros de la FER han sido asesinados y el movimiento ha fracasado en sus golpes militares. El destino parece condenar a Raúl a dirigir, con apenas 20 años, la guerra armada urbana. Dicen que ese año él  irrumpió solo en el canal 4 de televisión batistiana y ajustició al director del canal; también realizó una acción militar al estilo Hollywood, llevando una avioneta cargada de armas desde Miami y, aterrizando de emergencia en plena carretera, alcanzó a repartir los fusiles e incendiar el aparato y escapar ante un ejército de uniformados que lo tenían rodeado. Nuevamente tuvo que salir a USA y preparar otro golpe, pero esta vez en barco y en compañía de muchos hombres del directorio revolucionario en el exilio; así lo harían en febrero de 1958. Al llegar, después de incontables peligros, se repartirían en dos grupos, unos hombres para montar un nuevo frente guerrillero en la Sierra del Escambray, y los demás para reactivar la lucha clandestina en la Habana, entre ellos Raúl.

Este año de 1958 estuvo lleno de contrastes, mientras la guerrilla de la Sierra crecía y propinaba tremendos golpes al ejército de Batista, los jóvenes clandestinos urbanos sufrían bajas en medio de osadas acciones; ya no tenían en dónde esconderse y a pesar de ello Raúl y Gustavo Machín que ahora se llamaban comando No. 1 realizaban tareas un poco alocadas y llenas de valor. Un día, estando en medio de una reunión, se enteran que un alto político de la dictadura irá a una cita médica y salen corriendo a su encuentro y lo agarran a tiros hiriéndolo y escapando. La guerrilla en la Sierra les ordenó subir para que protegieran sus vidas ante la persecución desbordada y el asesinato de casi toda la dirigencia, pero Raúl no pudo ir porque en esos días, mientras cumplía una cita, fue emboscado y para escapar tuvo que saltar desde un tercer piso y huir en un auto mientras era ametrallado; casi pierde la pierna y por ello no pudo viajar; debió asilarse en la embajada de Brasil y allí fue operado. En menos de dos meses ya estaba de nuevo en acción y con el fin de sabotear las elecciones, ametrallaron desde un carro en movimiento un cuartel de policía propinándole siete bajas y varios heridos.

Para viajar hacia la sierra del Escambray a la columna 8 comandada por el Che, se hicieron pasar por locos y entraron a un sanatorio en donde serían recogidos. Pero fracasaron; entonces tuvieron que disfrazarse de choferes y así llegaron. Esto ocurre a finales de 1958. Es necesario aclarar que una cosa es la guerrilla del 26 de julio liderada por Fidel y el Che y otra era la del directorio revolucionario de la FER; de todas maneras las dos firmaron la unidad revolucionaria en el pacto del Pedrero. El 10 de diciembre de 1958 inicia la más veloz y agresiva campaña revolucionaria para tomar de una vez por todas el poder y hacer rendir a Batista, el objetivo unificado para la columna liderada por el Ché y el directorio Revolucionario comandado por Faure Chomón es la ciudad de Santa Clara y todas las poblaciones que se encontraran en su camino y en donde se acuartelaban cientos de soldados del régimen que superaban 8 a 1 a los rebeldes. En todas estas batallas, y sin experiencia en la montaña, participó con éxito Díaz Argüelles, todas las pequeñas poblaciones fueron tomadas por los rebeldes, el ejército de Batista fue derrotado y cientos de soldados tomados prisioneros. Tras su última victoria en Trinidad, el dos de enero de 1959, Raúl Díaz Argüelles, con tan sólo 22 años de edad, entra triunfante a la Habana con el grado de capitán.

Más allá de la victoria
Cualquier joven embriagado por la fama, por la admiración de niños, hombres y mujeres que los veían como héroes habría sucumbido, pero Raúl no se detendría a celebrar, pronto fue nombrado jefe de investigaciones de la policía y sin tener la mayor experiencia tuvo que enfrentar la mafia de la droga, el juego y el bajo mundo que para la época dominaba la Isla como rezago de una dictadura bajo el imperio norteamericano. La tarea no sólo no le quedó grande al joven Raúl, sino que jamás sucumbió a los ofrecimientos de jugosas sumas de las mafias y acabó con todos, ganando fama de implacable ante la corrupción y el crimen. En 1961, mientras Fidel enfrenta la invasión a Bahía Cochinos, Raúl lo hace en Matanzas y la Habana enfrentando las redes que la contrarrevolución tejía en estas zonas de la Isla.

En 1963 es nombrado jefe artillero del ejército y en el 66 miembro del estado mayor en Matanzas. En ese cargo dirige y participa en las campañas de corte de caña, creación de escuelas y organizando talleres mecánicos. Raúl nunca se sintió por encima de sus subordinados, trabajaba hombro a hombro con ellos y evitaba ser distinguido por su cargo entre los soldados, por lo tanto se quitaba los distintivos del uniforme, era un ejemplo tal como lo fue el Che. En 1967 lo sacude la noticia del asesinato en Bolivia del Che y de su mejor amigo Gustavo Machín, el mismo con el que convivió en las más duras situaciones, aquel con el que se disfrazó de loco y de chofer para subir al Escambray y luchar al lado del Che en la victoria final. No podemos dudar que su mayor dolor era
 no haber estado allí con ellos.


Diáz Argüeyes en África
En los años 70 Raúl Díaz acompaña a Fidel en sus giras por Chile y por África, su cargo ahora está en el ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en labores de colaboración militar y amistad con otros procesos revolucionarios en el ámbito global. Siendo coronel, Díaz Argüelles es seducido por la causa de los rebeldes africanos y sin dudarlo se va para Guinea a luchar contra los colonizadores portugueses logrando al lado de Amílcar Cabral la independencia de Guinea en 1974. Dicen que también participó en la guerra de los seis días al lado del ejército sirio y que fue responsable de detener a los invencibles blindados israelíes. Pero en 1975, tras la débil independencia de Angola de manos de los portugueses y la amenaza de recaer bajo el dominio sudafricano y norteamericano en complicidad con supuestas fuerzas independentistas de Angola, el gobierno cubano acude en apoyo del Movimiento para la liberación de Argelia (MPLA) dirigido por Agostinho Neto.

Quien sería sino el coronel Raúl Díaz Argüelles con el seudónimo de Domingos Da Silva, quien se dispondría a dirigir más de 480 cubanos especializados llegados en tres barcos dispuestos a entrenar a los militantes del MPLA y luchar en una guerra regular contra poderosos ejércitos amparados por las potencias. Había que detener el avance de las poderosas fuerzas sudafricanas y el FNLA auspiciado por la CIA y los mercenarios portugueses, británicos y franceses y el ejército oficial de Zaire, los unos por el sur y los otros por el norte. En la capital bajo dominio del MPLA de Agostinho Neto y ahora de Díaz Argüelles resistían mientras se llegaba la fecha acordada a nivel internacional para proclamar la independencia el 11 de noviembre de 1975.
Todos los ejércitos contrarrevolucionarios apoyados por las grandes potencias avanzaban hacia la capital masacrando pueblos enteros a su paso; pero los revolucionarios de Agostinho Neto y Díaz Argüelles, o mejor Domingos Da Silva, se jugarían literalmente la vida para detenerlos. A finales de octubre, Díaz Argüelles logra con fuerza de artillería detener a más de mil soldados del ejército de Zaire, a los falsos revolucionarios del FNLA y los mercenarios portugueses a menos de 30 kilómetros de la capital. Nadie lo creía; aun en la huida los contrarrevolucionarios arrasaron lo que encontraron a su paso con actos de antropofagia.

En los primeros días de noviembre Díaz Argüelles ya estaba en el sur enfrentando a los sudafricanos, decenas de blindados amenazan a la capital controlada por los revolucionarios que esperan aguantar unos días más hasta la fecha de proclamación de independencia. No había forma de detener al enemigo; entonces Díaz Argüelles o Dimingos Da Silva o nuestro héroe anónimo toma la decisión de hacer explotar los puentes y así generar una barrera natural para detenerlos; y en efecto lo logra, luego arrecian sobre el enemigo y en esta confrontación caen varios cubanos y africanos revolucionarios, pero también se logra unas horas más.

Entre tanto, en Cuba el Partido Comunista define por unanimidad apoyar la revolución angoleña de manera abierta y envía dos aviones que entran clandestinamente con 82 hombres de las fuerzas especiales élite de la revolución cubana, ahora Díaz Argüelles está en su mejor momento, es el 8 de noviembre de 1975, tres días antes de la proclamación. Sin embargo, las fuerzas del FLNA contraatacan con más de 24 blindados; los cubanos los esperan con lanzacohetes y vuelven a sacar corriendo a los contrarrevolucionarios; pero inmediatamente se desplazan al sur a enfrentarse con los sudafricanos, mientras Díaz Argüelles se faja contra estos, acompañado de las fuerzas élites cubanas y los mejores guerrilleros del MPLA. Allí se dan hechos de extremo heroísmo de prominentes figuras como el escritor Pepe Tela y Casano, se niegan a retirarse del frente de batalla por amor a su revolución, Casano muere y Tela es herido. Díaz Argüelles continúa luchando, mientras tanto en la capital Agostinho Neto en la madrugada del 11 de noviembre declara la independencia de Angola bajo el rugir de las bombas y la metralla.

Pero serían los siguientes días los más sangrientos y en los que se librarían las más horrendas batallas y allí siempre Díaz Argüelles al frente con sus cubanos y con sus revolucionarios angoleños enfrentando ejércitos poderosos que osaban apagar el sueño de libertad. Sería la batalla de Evo en noviembre 27 la que verdaderamente le daría la independencia a Angola y sólo hasta los primeros días de diciembre las cosas darían un vuelco a favor de la revolución con el arribo de más apoyo cubano.

Pero entonces en su avance glorioso el blindado de Díaz Argüelles cae en un campo minado y sus piernas son despedazadas desangrándose hasta morir el 11 de diciembre de 1975 a los 39 años. Su mente y su cuerpo ahora en África,  triunfante contra los sudafricanos, habiendo logrado lo que era imposible ante los ojos del mundo se despedían para siempre. La vida, sin embargo le daba a Raúl Díaz Argüelles lo que se merecía: la eternidad.

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Olimpo Cárdenas Delgado

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