Sonia Catalina Castañeda Barrientos

Sonia Catalina Castañeda Barrientos

Friday, 21 May 2021 00:00

Ser Mujer en un grupo armado

“Hay recuerdos muy amargos sobre ese tema, que es mejor no recordarlos”

Cristina Álvarez* era muy joven cuando ingresó a formar parte de un grupo armado en Colombia; pasó casi toda su juventud dentro de la organización. “La razón por la que ingresé fue por la falta de oportunidades y el aspecto monetario, las condiciones de vida donde residía no eran las mejores”, confiesa.

Las razones que llevan a estas mujeres a formar parte de los grupos armados son de diversa naturaleza. Algunas lo hacen porque se identifican con sus ideales, otras por curiosidad o por su descontento con la sociedad en la que viven y muchas otras son reclutadas en contra de su voluntad. Estas organizaciones están estructuradas jerárquicamente bajo relaciones de poder a partir de las cuales los individuos, en su interior, asumen distintos roles de autoridad y dominación, que no difieren mucho de los que existen fuera de ellas.

Cristina afirma que los deberes para los hombres y mujeres eran los mismos, en actividades como cargar estantillos, por ejemplo, pero no a la hora de dirigir un operativo. De hecho, Cristina recuerda que “una mujer, esposa de un comandante, les sugirió a los miembros de su frente cómo hacer el operativo y por dónde meterse, ya que las veces anteriores habían tenido hostigamientos en esa ruta, sin embargo, no la escucharon e hicieron lo contrario. Ese día se perdió toda una escuadra, y uno de los hombres que incluso se habían burlado, pisó una mina”.

En los últimos sesenta años, Colombia ha estado marcada por el conflicto armado, relacionado con las inequidades en la tenencia de la tierra, la ausencia del Estado para brindar: salud, educación y protección; la persecución a líderes sociales, la exclusión política, la corrupción, la minería ilegal, la ganadería extensiva y el narcotráfico.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación Nacional (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M19), las Autodefensas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Militares de Colombia, son varios de los grupos armados que han participado en el conflicto. Estos grupos han justificado el uso de la violencia por considerarla el único método para transformar la sociedad colombiana. La violencia y la lucha por el poder han marcado las dinámicas sociales y políticas hasta el día de hoy.
Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) “De las 6 mil mujeres que integran las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional procastrista), el 54 por ciento son niñas, cuya edad oscila entre los 12 y los 17 años. El fenómeno se registra también en los grupos paramilitares como las Autodefensas Unidas de Colombia. Del total de mujeres que conforman las guerrillas, se estima igualmente que el núcleo mayoritario de adultas fluctúa entre los 18 y los 20 años”.

La incorporación de individuos a los grupos armados inicia con un proceso de socialización para memorizar códigos de guerra y adaptarse a una nueva vida. Tanto los hombres como las mujeres inicialmente deben desaprender las categorías que la sociedad les impuso y aprender unas nuevas para sobrevivir al interior de estas organizaciones; no obstante, debido al machismo que impera en su interior, la participación de las mujeres está sujeta a exigencias más complejas que a los hombres.

Para los hombres, su ingreso significa seguir reforzando categorías que la sociedad ya les había impuesto: la fuerza, el poder de decidir y la valentía. En el caso de las mujeres, factores como las relaciones de pareja, la sexualidad y la maternidad adquieren valores diferentes a tal punto, que deben modificar los referentes que históricamente se le han asignado. Según Cristina, “el trato hacía las mujeres era el mismo que al de un hombre, pero solo en aspectos de combate, entrenamientos y operativos. Porque a la hora de dar una opinión o ser escuchadas, no se les tenía en cuenta, el mando y poder solo era un asunto de los hombres” “Para ejecutar las mismas cosas que un hombre si somos iguales, porque cuando de participación se trata no somos tenidas en cuenta y eso es machismo”. Aunque los hombres y las mujeres cumplen labores comunes como cocinar, lavar loza y ropa, cargar leña e ir al combate, se reconoce que el machismo existe. Si bien las tareas asignadas son similares, no quiere decir que los roles y las relaciones de poder sean equitativos.

Esa supuesta “igualdad”, deja ver una distribución que se basa en una división sexual del trabajo, donde los hombres siguen teniendo el poder. Aunque las mujeres pueden cumplir las mismas funciones que los hombres, actividades como radista, enfermero o secretario son ocupaciones que los hombres no suelen escoger ya que creen que “no son para ellos”. Por tanto, las mujeres, respondiendo a esos códigos implícitos, se inclinan por esas actividades. “Las voces de mando, la mayoría eran hombres. En muy pocos casos eran las mujeres las que tenían el mando, solo en actividades de finanzas y enfermería, ahí si se respetaba las opiniones de ellas. Solo en casos especiales, como los ya mencionados”, afirma Cristina*.

La violencia que más ha afectado a las mujeres en el conflicto armado ha sido la violencia sexual; una práctica sistemática contra las niñas y mujeres que no solo se da en el marco del conflicto, sino también en medio de la convivencia familiar, laboral y social. Y es perpetrada de distintas maneras: tortura y mutilación, violación en presencia de miembros de la familia y la violación en grupo.
Cristina comenta que en el frente al que ella pertenecía no hubo violaciones, pero conoce testimonios de otros frentes donde sí ocurrieron. No obstante, “si una mujer decidía acostarse muy pronto con algún hombre del grupo, era cogida en la mala, entonces todo el tiempo ya le tocaban los trabajos más fuertes”. Y si una mujer quedaba embarazada, Cristina menciona que dependía del cargo y del tiempo lo que sucedía: “le daban licencia, saldría y lo tendría si era patrullera. Si pertenecían a la salud, como era el caso de Cristina ese tema si había que discutirlo muy bien, porque no se podía, ese era uno de los reglamentos; pero si tenía mucho tiempo en la organización lo dejaban tener”.

Las mujeres, al igual que muchos hombres, han tenido un papel activo en el conflicto y también en la construcción de paz. Sin embargo, es fundamental reflexionar sobre el estado de vulnerabilidad de las mujeres en un país patriarcal con escasas oportunidades para ellas. La mujer sigue vulnerada y subordinada en diferentes contextos.


* El nombre de la entrevistada ha sido modificado para proteger su identidad, al igual que se abstiene de nombrarse el grupo al que perteneció.

Monday, 26 April 2021 00:00

La vigilia por los humedales en Neiva

La defensa y conservación de los humedales El Chaparro y El Curibano en la ciudad de Neiva, en el departamento del Huila, es una lucha que activistas y lideres/as ambientales vienen ejerciendo durante más de 20 años. Buscan visibilizar la crisis en la que se encuentran estos cuerpos de agua, debido a que han venido sufriendo intervenciones por parte de constructoras y otros sectores que tienen como objetivo urbanizar la ciudad, sin tener en cuenta las afectaciones a la riqueza ambiental que tiene la zona.

Los humedales, según el convenio RAMSAR -La Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional-, “son las extensiones de marismas, pantanos, turberas o superficies cubiertas de agua, sean estas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros. Además, son lugares clave en las rutas migratorias de numerosas aves”.

Los humedales controlan inundaciones, actúan como esponjas almacenando y liberando el agua de lluvia, actúan como filtros previniendo el aumento de nitritos, regula las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, sirven de abastecimiento de agua y fuentes de energía, son un medio vital para el almacenamiento de carbono, entre otras. Abarcan una multitud de servicios ambientales que cubren un papel importante en el ciclo hidrológico, y sirven de hábitat para una gran variedad de especies animales y vegetales.

En relación con lo anterior, Humberto Perdomo, miembro del colectivo ambientalista Globo Verde, manifiesta que es importante proteger los humedales porque son ecosistemas estratégicos para el municipio de Neiva, en los cuales confluyen diferentes expresiones de vida que contribuyen a tener un equilibrio en las temperaturas de la ciudad. “El humedal El Chaparro, que es uno de los humedales que mayormente ha sido afectado en el transcurso de los años, tiene más de cien especies de animales y entre esas, tenemos por ejemplo la Tringa Solitaria, que es una de las aves que vienen desde Canadá hasta la Patagonia, en ese momento de migración que estas aves desarrollan se detienen aquí en este humedal”.

Entre las cien especies que habitan en el humedal El Chaparro se encuentran: Pájaro Carpintero, Garcita Rayada, Monjita Cabeciamarilla, Pisingo, Garza Patiamarilla, Boana Crepitans (más conocida como Rana Platanera), Tortuga Estuche, Turpial, Mirla, loros, Gavilán, Sirirí, azulejos, peces, mariposas, Eufonia Piquigruesa, Paloma Bravía, Zopilote negro, Águila Aliancha (migratoria), Tringa Solitaria (migratoria), entre otras.

El Chaparro ha sido intervenido en más del 90% por el avance urbanístico, afectando con esto a las especies de aves que habitan allí, de las cuales nueve son migratorias y tres endémicas. Por lo anterior, se creó la campaña “Guardianes del Humedal Chaparro” en el año 2018. También se motivó la acción de tutela por parte de 23 niños y niñas de la ciudad de Neiva en el mes de Octubre del año 2020, para que se declarara al humedal El Chaparro, sujeto especial de derecho.

Paola Zamudio, miembro del colectivo Globo Verde, menciona que las acciones realizadas para defender estos cuerpos de agua vienen desde: “la formación de grupos y colectivos que trabajan por el cuidado y preservación de los humedales, como lo es la Fundación El Curibano, que busca defender al humedal el Curibano, el cual fue afectado por la construcción del Centro Comercial Santa Lucia Plaza (…), por otro lado la lucha que se ha dado para proteger El Chaparro que también ha sido afectado por la constructora Santa Lucia. Queremos que este ecosistema al menos se contemple como un parque de ciudad. Por lo mismo, se han adelantado la acción del cabildo abierto, actividades culturales y artísticas para que la gente visibilice ese espacio, plantones, marchas y recientemente la vigilia por el humedal El Chaparro”.

La vigilia por los humedales se realizó entre diferentes organizaciones ambientales del municipio. Humberto Perdomo expresa que “planteamos que se hiciera la conformación de una mesa de diálogo ciudadano por líneas, en las cuales pudiéramos concretar una discusión para poder hacer una caracterización de los 23 humedales que hemos identificado en la ciudad de Neiva, y a partir de esa caracterización se pueda crear un informe para pasarlo a la alcaldía y se incluya en el planeamiento territorial”.

El motivo principal que motivó a realizar la vigilia por los humedales frente a la Catedral Inmaculada Concepción de Neiva, fue por las declaraciones que hizo el obispo de la ciudad en una columna de opinión el pasado 16 de Febrero, en la cual manifestaba que la naturaleza y animales no son sujetos de derechos, llamando “caterva de ignorantes” a los defensores del medio ambiente. “Queríamos refutarle eso y aclararle que los animales, las plantas, los árboles y todo lo que hace parte de nuestro planeta y nuestro contexto, si tiene derechos y se deben respetar”.

Es importante y necesario proteger estos cuerpos de agua, ya que contribuyen a mejorar la calidad del aire, bajan las temperaturas, regulan procesos ecológicos esenciales, como lo son el ciclo del agua y del carbono, y albergan gran biodiversidad de flora y fauna. Además tienen beneficios socioculturales y son espacios naturales para el esparcimiento. El desarrollo de la ciudad de Neiva debe hacerse con responsabilidad por el medio ambiente.

Alternativas de consumo que son más amigables y responsables con el medio ambiente como la compra de ropa de segunda mano, también conocida como “pulgueros de ropa”, logran intervenir de manera positiva las afectaciones ambientales del planeta y la mano de obra barata que genera el Fast Fashion; tendencia de las cadenas de moda para llegar a altas producciones de ropa, y sacar de manera rápida diseños que capturen las tendencias de moda actuales.

En las tiendas de ropa Fast Fashion ya no existe la práctica de crear colecciones de ropa según las preferencias de los compradores por las épocas del año; actualmente la industria textil ha acelerado considerablemente, pues cada vez es más corto el tiempo entre la fabricación y la disponibilidad del producto en el mercado. Se trata ahora de sacar ropa barata de usar y tirar en masa; la aparición de incontables colecciones al año genera el sentimiento de estar pasados de moda, y eso provoca que las personas sigan consumiendo sin medir el impacto ambiental que esto genera.

Por eso, una de las estrategias más poderosas del Fast Fashion son las “microtemporadas”, concepto relacionado con las habilidades de las marcas para captar más rápido los gustos de los consumidores, lanzando productos más baratos que empujan a las personas a seguir las tendencias de moda. Así, sí a alguien le gusta una prenda, su mejor opción será comprarla antes de que se agote y pierda la oportunidad de tenerla. Esa sensación de escasez lleva a las personas a otorgar un mayor valor al producto y adquirirlo, comprando solo para estar a la moda.

¿Qué hay detrás del Fast Fashion?
La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, después del petróleo. Las fábricas textiles, de la mayoría de países donde se produce ropa, arrojan las aguas residuales directamente a los ríos, sin realizar algún tipo de tratamiento. Estas aguas contienen plomo, mercurio y arsénico, entre otras sustancias químicas, todas perjudiciales para los ecosistemas acuáticos. Si un animal ingiere estas aguas, por ejemplo, se afecta toda la cadena alimenticia, y eso incluye a los seres humanos que forman parte de la misma.

A esto se suma el hecho de que, en su afán de reducir costos, las fábricas textiles usan materiales de baja calidad sin atributos sustentables. En su lugar, utilizan fibras sintéticas como el poliéster, el nailon, el rayón o el acrílico, derivadas del petróleo; los mismos polímeros que se usan para la fabricación de envases desechables. La situación es de dimensiones descomunales pues al lavar una prenda sintética se liberan aproximadamente 700.000 microfibras al agua. El plástico que las compone no es biodegradable, y puede tardar hasta 200 años en descomponerse.

Es más, las fibras derivadas del petróleo requieren más energía que las fibras naturales. La industria textil produce el 10 % de las emisiones mundiales de CO2, y cantidad de gases de efecto invernadero. En parte porque en países como China, Bangladés o India se fabrica la mayoría de esta ropa, y al ser países que usan esencialmente combustibles como el carbón, incrementan las emisiones de carbono. Jaime Navarrete, activista del colectivo Globo Verde, lo explica así: “estos países se convierten por su mano de obra barata en lugares donde empresas estadounidenses y europeas van a abrir sus sedes y a poner a trabajar, sirviéndose de la flexibilidad y la falta de regulación para este tema que afecta prioritariamente al medio ambiente”.

Alternativas conscientes con el medio ambiente
Los “pulgueros de ropa” o “ropa de segunda mano”, se convierten en una excelente alternativa de responsabilidad con nuestro medio ambiente. Hace aproximadamente 20 años comprar ropa de segunda era mal visto, antihigiénico, debido a los prejuicios de clase que se le atribuían. Además, se creía que los destinatarios de estas prendas eran las personas de bajos recursos. Sin embargo, esta práctica ha venido creciendo, y se ha convertido en una alternativa de consumo responsable y de conciencia ambiental.

Al dar segundas oportunidades a estas prendas se evita que terminen desechadas rápidamente. Es una forma de alargar su ciclo de uso, reutilizar y reciclar, así disminuyen los índices de contaminación y la huella de carbono. Marcela Sánchez, creadora del proyecto El Pulguero de Mar, nos dice que: “Al comprar estas prendas se está aportando a dejar de consumir esa moda rápida, se aporta también al medio ambiente y a lo local, generando así una economía solidaria; comprarle al que está al lado y no a aquellas empresas que siguen reproduciendo practicas capitalistas”. Además, se crea una economía circular, ya que vuelven a ingresar al mercado bienes que no necesitaron gasto de materiales y recursos, pero si generan desarrollo económico.

Para Luisa Duarte, creadora del proyecto El Baúl de Pacha, comprar ropa de segunda mano y normalizar este mercado, va de la mano con el impacto social que se genera. Pues, además de reducir las afectaciones ambientales, “se estaría rechazando la explotación laboral de aquellas textileras, ya que por lo general en aquellos países que producen moda rápida, la mano de obra es barata por la pobreza y los derechos humanos no son una prioridad”.

Por último, el mercado de ropa de segunda mano es una alternativa que se ha incrementado con la emergencia sanitaria, debido a que muchas personas por la situación económica lo han visto como una opción de sustento. Es importante entender que los “pulgueros de ropa” fomentan un consumo consciente y responsable.

La violencia de género “corresponde a cualquier acción o conducta que se desarrolle a partir de las relaciones de ​poder asimétricas basadas en el género, que sobrevaloran lo relacionado con lo masculino y subvaloran lo relacionado con lo femenino. Son un problema de salud pública por las graves afectaciones físicas, mentales y emocionales que sufren las víctimas; por la gravedad y magnitud con la que se presentan y porque se pueden prevenir”.

Existen múltiples violencias de género: la física, aquella que provoca daño o sufrimiento físico; la psicológica, que consiste en el control o la dominación sobre las acciones o decisiones, y se expresa cuando se desvalorizan las opiniones, o a través del acoso, las restricciones, humillaciones, manipulación emocional, aislamiento obligatorio, amenazas, insultos; la sexual, cuando se vulnera el derecho a decidir sobre la sexualidad de una mujer y se vulnera la intimidad, ésta abarca todas las formas de contacto sexual. También la simbólica, aquellos estereotipos, mensajes, valores y/o signos que reproducen la desigualdad y discriminaciones basadas en los roles de género, subordinando la posición de las mujeres; y la económica, que corresponde al control del acceso a los recursos materiales.

El Informe sobre la Violencia de Género e Intrafamiliar del Instituto Nacional de Colombia (INC), señala que hasta agosto del 2020 se han registrado 38.099 casos de violencia de género e intrafamiliar a nivel nacional. El departamento del Huila se encuentra en el primer puesto de violencia contra la mujer, siendo la violencia física la más recurrente con 64,5 %, y le siguen en su orden la negligencia y abandono con 46,2%, la violencia sexual con 23,7%, y la violencia psicológica con 14,0%, dando como resultado un indicador de 148,4% casos notificados por cada 100.000 habitantes. Estas cifras demuestran que la cultura huilense sigue siendo muy tradicional y reproductora de los roles y estereotipos que socialmente se han impuesto por el sistema heteropatriarcal.

Para Melisa Pérez, defensora de los derechos de las mujeres, activista LGBTI y feminista, “siempre ha existido un alto número de casos, pero ahora se visibilizan más por medios, redes, comentarios, etc. Hay más denuncias y el tema ha generado discusiones más fuertes y políticas incluyentes”.

La socióloga Claudia Álvarez plantea que si bien la violencia física es reconocida, las otras formas están invisibilizadas: “Las campañas contra la violencia hacia las mujeres son “el ojo morado”, entonces obviamos el acoso callejero, la violación que ocurre cuando sales con tus amigos y terminas en la cama sin consentimiento, o cuando se nos menosprecia en una relación de pareja. No hay conciencia, hay muchos silencios, porque estas cosas eran normales en la sociedad, y nosotras las feministas somos las que hemos cuestionado este tipo de delitos. En el imaginario se concibe a la mujer como la que aguanta, no la que hace bulla, la que se queja, la que protesta. Además, en una relación de pareja, muchas veces no somos conscientes de muchas formas de control que se viven y se reproducen”.

Dicha invisibilización, según Claudia Álvarez, se debe, en parte, a las deficiencias que tienen las campañas que se realizan desde la Secretaría de la mujer, equidad e inclusión de Neiva, capital del departamento: “Realmente no se territorializa. Muchas mujeres que están más expuestas a estos tipos de violencias son mujeres que por su condición socioeconómica muy probablemente no están tan cercanas a redes sociales o no tienen muy claros sus derechos, es muy difícil que la información les llegue a ellas. Sacan una sola publicidad de prevención, pero no se enfocan en mujeres trabajadoras, rurales, docentes, como si todas las mujeres fueran iguales”. Además, las campañas siguen concentrándose en la víctima, responsabilizando a las mujeres de evitar las violencias. No hay campañas orientadas a los agresores, frente a sus concepciones del amor, por ejemplo.

Por otro lado, las cifras de impunidad demuestran la inoperancia del sistema de justicia, según la Fiscalía, el 85% de los casos que se presentaron en el 2019 permanecen impunes. Con el agravante de que una vez interponen las denuncias, muchas mujeres quedan solas en el proceso. Además, los tiempos para dar citas con algún/a psicólogo/a tardan mucho o se cambian constantemente.
Según la socióloga, “la cantidad de mujeres que han sido asesinadas después de haber denunciado es impresionante, ya que el acceso a la justicia es nulo, la justicia está desbordada. Entonces sacan todo muy rápido o se demoran años, y ya la mujer se separó o, en el peor de los casos, ya está muerta”.

En cuanto a la importancia y tratamiento que sociedad y gobiernos le están dando al tema, la activista huilense Karla Polanía considera que es “indolente, poco empática, mucha gente considera que somos 'viejas gritando' cada vez que salimos a exigir que dejen de matarnos. Todavía falta mucho. ¿Que si hemos impactado?, sí, pero aún falta un camino largo por recorrer. Creo que el gobierno departamental tiene bastantes falencias en cuanto a eso, el gobierno municipal se ha esforzado más que los anteriores”.

Karla Polanía, quien hace parte del colectivo feminista Quinchana, cuenta que han estado sensibilizando, educando y acompañando: “Hemos intentando no quedarnos quietas y no callarnos. La pandemia nos afecta, pero somos conscientes de que no nos podemos quedar calladas y encerradas, porque mientras algunas estamos tranquilas en nuestras casas con nuestras familias, hay otras que están viviendo infiernos. Nosotras hemos entendido que no es momento de descansar, el patriarcado y el machismo contra nosotras no descansa”.

La socióloga Álvarez considera que para contribuir a la erradicación de las violencias contra la mujer es necesario sacarla del escenario privado: “Hay que hablar de las cosas que nos duelen, los agresores tienen que hablar del control de la ira o la impotencia que sienten cuando la otra persona toma decisiones autónomas. Lo primero es hablarlo, generar diálogos al respecto para que empiecen a deslegitimar estas conductas en nuestra cotidianidad”.

También es necesario repensar el cubrimiento de los medios de comunicación, pues se sigue revictimizando y juzgando a las mujeres. Al respecto, la activista Melisa Pérez opina que es necesaria “la autocrítica, sobre todo de los hombres que han vivido en una cultura que piensa que esto no les toca, que el feminismo es solo una cuestión de ganas de joder. Pero realmente es toda una transformación política, cultural y social”.

Para poder disminuir la violencia de género en el Huila se debe incluir este tema en los sistemas educativos, familiares, sociales y políticos, reflexionar sobre cuáles son las violencias de género, visibilizar los casos que se presentan en el departamento y, sobre todo, no normalizar los comportamientos que violentan a las mujeres. Que desde la infancia se enseñe el respeto y se aclare que no somos propiedad de alguien.

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