El papel de Duque en tiempos de pandemia

Por: Julián Alvarán

 

Desde diciembre el mundo empezó a vivir un escenario inesperado producto de la propagación del denominado virus covid-19. El trasfondo de este nuevo agente biológico (natural o incubado) es aún materia de estudio del campo médico y de las ciencias sociales, desde los cuales afloran análisis que van desde las teorías conspirativas, hasta balances en los impactos económicos, sociales, políticos e ideológicos.

Si bien el covid-19 es hoy una realidad innegable que está propagándose a una gran velocidad por cientos de países, afectando la salud de multitudes y ocasionando ya la muerte de miles de seres humanos, es también innegable que, en tanto fenómeno geopolítico, social y mediático, marca quizás el inicio de nuevas disputas en la reconfiguración de los bloques de poder capitalista y el posicionamiento de su visión y dominio del mundo. Si la balanza se inclina en favor del capital o de los pueblos en resistencia, las opciones alternativas, los movimientos sociales viejos y nuevos, es una cuestión aún difícil de predecir, sobre todo cuando el covid-19 sigue creciendo y es aprovechado para afianzar el poder de las élites ancladas al capital[1].

El propósito del presente escrito no es abordar lo que está sucediendo globalmente producto de esta pandemia, sino esbozar algunos elementos sobre la actuación del gobierno de Iván Duque frente a este fenómeno, y cómo su respuesta a la crisis es expresión de los intereses de clase que representa.

Las medidas frente a la crisis

La respuesta del gobierno Duque a la emergencia derivada del covid-19 ha sido tardía e insuficiente. Desde el primer momento quedó en evidencia que para Duque y los suyos la mayor preocupación es la afectación a la economía del gran capital. Esto se expresó en su negativa a tomar, desde un primer momento, medidas efectivas de cuarentena que evitara la llegada y posterior propagación del virus, a fin de no afectar la circulación de mercancías y flujos de capital; al punto de oponerse y querer desmontar las medidas que los gobiernos municipales y departamentales estaban tomando desde una lógica preventiva.

La promulgación del Decreto 417 de Emergencia Económica, social y ecológica se da cuando ya el covid-19 se estaba propagando en el país y se evidenciaba la preocupación creciente de la población frente a lo que podía suceder. Además aunque el gobierno anuncia el Decreto, se muestra lento y errático para definir las maneras concretas de ejecutarlo.

Pero además de errático, el gobierno Duque actúa en contravía de las acciones que oportunamente tomaban la mayor parte de los gobiernos locales. Un ejemplo de ello es el decreto 444 por medio del cual el gobierno traza los lineamientos para financiar la emergencia. En ella deja abiertas, como es su costumbre, todas las interpretaciones posibles para favorecer, en este caso, al sector financiero. El gobierno toma los recursos de los entes territoriales con el argumento de que son préstamos para paliar la situación derivada del virus, pero en esencia autoriza que esos recursos pasen a los bancos para que estos entreguen créditos a personas y empresas que tributan al sistema financiero. Es decir, le da la plata de los fondos de los municipios a los bancos para que especulen con el dinero público[2].

Asistencialismo, voluntarismo y coerción

De acuerdo con lo planteado por la trabajadora social e investigadora del Cedat de la Universidad de Caldas, Carolina López[3], el papel del gobierno de Iván Duque frente a esta crisis podríamos caracterizarlo desde tres perspectivas:

"Desde la asistencia social: ante la crisis de la salud pública el gobierno genera estrategias de intervención asistencialista, focalizando estas ayudas en las poblaciones más vulnerables. Estas medidas paliativas resultan insuficientes por las profundas condiciones de injusticia social y desigualdad económica en la que está enraizada nuestra sociedad colombiana.

Voluntarismo altruista: ausencia del Estado que es mediada por el llamado de los gobiernos locales y el gobierno nacional a que a través de "voluntariados y la solidaridad" se pueda contribuir a solucionar la crisis de manera colectiva. Este hecho se traduce en la transferencia o delegación de la responsabilidad a la sociedad civil.

Paradigma punitivo: fundamentado en impartir castigo a quienes no cumplan con el aislamiento preventivo o la cuarentena. Este castigo está primordialmente asociado a medidas sancionatorias de carácter económico y penas privativas de la libertad".

Lo mediático e Ideológico.

Esta situación es aprovechada por el gobierno uribista de Duque para hacer un lavado de cara. En un país que ha sido condicionado a sentir el dolor de manera lastimera (lo cual lo deja desprovisto de dignidad), visibilizar a Duque como alguien vulnerable, más aún cuando todos lo somos ante la pandemia, antes que restarle puntos, puede resultar en una buena jugada para mejorar su imagen y mostrar que su "torpeza" es producto de una situación difícil para cualquiera, y no como lo que es, como medidas pensadas solo en favor de las minorías. En el imaginario de la gente se instala la idea del "pobre presidente como le toca de duro", y se deja de lado su mezquindad y cinismo para responder como un verdadero gobernante.

Así mismo, la actual coyuntura derivada por el Coronavirus permite hoy quitarle presión al senador y expresidente Álvaro Uribe, justo cuando venía atravesando su peor momento en cuanto a popularidad y ante graves, y cada vez más constantes, denuncias y procesos penales por corrupción, criminalidad estatal, paramilitarismo y vínculos con el narcotráfico. Cuando todas las puertas se le cerraban a Uribe, aparece un virus que a quienes contagia les produce afecciones respiratorias pero a él logra darle un respiro en su ya vetusta imagen.

Lejos de caer en teorías conspiranoícas, es importante señalar que la élites no siempre lo tiene todo calculado, que no erran, o que tienen miles de conspiraciones para desviar la atención. Sin lugar a dudas quienes mal gobiernan, aquí y en cualquier parte hacen uso de artimañas para ocultar sus suciedades, ese es del ABC de la propaganda. Sin embargo, también existen hechos y fenómenos que sin ser esperados, logran ser aprovechados por esas élites para ocultar otras realidades y problemáticas. Es de este modo como el Coronavirus le permite al régimen de Uribe-Duque, pasar a un segundo plano o desaparecer de la agenda pública nacional temas como los falsos positivos, los narcolaboratorios en fincas de embajadores, la compra de las elecciones presidenciales, el genocidio contra lideresas y líderes sociales, los abusos policiales, el incumplimiento de los acuerdos de Paz con las FARC y también de todos los acuerdos firmados con el movimiento social, campesino, indígena y afro, entre tantas otras problemáticas. Hoy esas realidades que el uribismo y las élites de siempre han incubado, dejan de estar en la retina de la gente para ubicar como única y gran preocupación el virus y cómo sobrevivir a él; a tal punto que, a quienes alzamos la voz cuestionando todas las perversidades del régimen, se nos tilda de inhumanos por querer "polarizar en un momento en que debemos estar unidos".

De allí se desprende una cuarta jugada mediática: posicionar un discurso patriótico ligado a la idea de "Unidos todos". Se reduce la problemática a un asunto de voluntad donde la unión se fundamenta en la obediencia, en no cuestionar. Tanto los gobiernos alternativos como sectores de la oposición terminan haciendo juego a este discurso, llamando a la unidad nacional, a no polarizar, a estar unidos en torno a un propósito común (o enemigo común con la intención de mantener una mentalidad y narrativa guerrerista). De esta manera el carácter de lucha de clases que también tiene este momento, queda desfigurado o cuando menos, oculto.

Medidas antipopulares en favor del capital

Favorecer al capital antes que a la gente. Como ya se mencionaba, los decretos contemplan solo a la población que ya es considerada vulnerable y a quienes dependen del sistema financiero, en tal sentido los créditos o “ayudas” están dirigidas a personas y empresas que tributan al sistema financiero, lo que en últimas apunta a favorecer a los bancos.

No se frena, y por el contrario se profundiza la agenda legislativa: reforma a la justicia, seguridad ciudadana, sistema general de regalías, conciliación de los pliegos tipo, entre otros. Lo anterior con el agravante que la bancada de gobierno pretendía que no se legislara y aplicar todo por decreto. Ante el rechazo de la bancada de oposición y algunos otros sectores hoy poco afines al uribismo, el gobierno maniobra para intentar que se siga legislando de manera virtual, lo que les facilita evadir debates y así imponer su agenda regresiva y antipopular.

Además, continúa la criminalización, estigmatización y asesinato de líderes y lideresas sociales, la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito, el cobro de impuestos, de altas tarifas de servicios públicos, despidos masivos y respuesta represiva a los reclamos de la gente enviando al Esmad a gasear y atropellar, y posteriormente la militarización de los territorios tanto rurales como urbanos, incrementando así el miedo y el ambiente de guerra en el que nos han querido acostumbrar a vivir.

Avanzada contra Venezuela.

En medio de ese panorama, Colombia actúa como punta de lanza para la muy factible intervención militar a Venezuela por parte del gobierno de los EE.UU y sus peones en el continente, lo que agudizaría la situación sanitaria y humanitaria, pero, además, abre el escenario de una guerra regional que va generar una crisis profunda. La reciente "reelección" fraudulenta de Luis Almagro cómo secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), la recompensa que ofrece Trump por el presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y los movimientos de tropas norteamericanas en el mar Caribe, evidencian la intención invasora, para lo cual el Pentágono cuenta con 7 bases militares en suelo Colombiano, y una primera línea de paramilitares a ambos lados de la frontera colombovenezolana; y si bien el gobierno de Uribe-Duque a través de su Ministro de "Defensa", Carlos Holmes Trujillo, apela a apoyar medidas políticas y diplomáticas, deja claro que están trabajando en conjunto con el gobierno de EE.UU "para enfrentar el narcotráfico en la región". Primero perfilan al gobierno bolivariano como narcotraficante para así dejar de lado las medidas políticas y "diplomáticas" y pasar a la agresión militar.

Tensiones con gobernabilidades locales y departamentales

La tardía respuesta a la crisis por parte del gobierno nacional generó una significativa tensión con los gobiernos locales que desde los primeros indicios de la dimensión de la pandemia, asumieron una actitud más preventiva. Esta tensión pone en evidencia el peso que sigue teniendo el centralismo, lo cual genera desencuentros con el poder gamonal expresado en las regiones. Detrás de ello, desde luego, está el manejo de los recursos públicos.

Las gobernabilidades “alternativas” en un primer momento son quienes más tensionan pero terminan reforzando el discurso de la Unidad Nacional, pues no solo tienen que ceder ante el poder central en temas como el decreto 444, sino que insisten en que "es momento de estar todos unidos", sin problematizar el manejo errático y amañado que hace Duque y su gobierno.

Esto nos demuestra una vez más que, sin existir contradicciones antagónicas entre las clases dominantes, si hay roces importantes entre estas. Los pueblos en resistencia y sus organizaciones debemos saber comprender tales tensiones para tener incidencia política en los hechos que han de venir.

Las pujas de la ultraderecha

Hay sectores dentro del mismo uribismo que están jugando a agotar a Duque. En esa línea hay que entender la iniciativa de algunos integrantes del Centro Democrático, que hace un mes propusieron crear un partido calcado del partido español Vox, o las declaraciones del abogado uribista Abelardo de la Espriella, o del influencer uribista y ex candidato a senador, el "Patriota", y hasta la actitud “reivindicativa” que el mismo Uribe viene expresando en sus redes, pretendiendo mostrarse como el primer reclamante ante el gobierno nacional para que no se le vincule como el mayor responsable de la nefasta ley 100 de salud y seguridad social.

Lo anterior es clave comprenderlo, porque se podría inferir que un sector del uribismo (Fernando Londoño, María Fernanda Cabal, Rafael Nieto, entre otros) calcula que Duque no les va a dar para terminar su periodo presidencial, y en tal caso buscan tener la iniciativa para removerlo si es el caso.

La movilización social y la posibilidad de propiciar una crisis de gobernabilidad

De lo anterior se deriva la importancia de que el movimiento social asuma como tarea principal, pasado el momento de mayor riesgo, propiciar una crisis de gobernabilidad, tomar la iniciativa y lograr una victoria política que aunque no transformadora, es fundamental para dar saltos en los procesos de acumulación: la caída del gobierno Duque.

En gran medida va a depender de cómo salga librado Duque de esta crisis: si logran diezmar el ánimo movilizatorio, y vender la idea de que se logró la unidad nacional para derrotar el coronavirus, se habrá reforzado el uribismo. Si queda mal librado y no tenemos iniciativa, ellos mismos la tomarán.

¿Cómo puede ser una posible iniciativa enarbolar la bandera "fuera Duque" en estos momentos? ¿Eso no nos pondría del mismo lado que los sectores del uribismo a quienes les interesa que a Duque le vaya mal? No, porque en este terreno la disputa es por la iniciativa, y quién tenga la iniciativa puede trazar el horizonte del alcance de esa apuesta.

Es complejo pensar que este sea el momento exacto para gritar"fuera Duque". El riesgo de contagio es real y tal exigencia nos obliga a las calles, desatando la movilización con un nuevo propósito, más aterrizado, y que responda al sentir de la gente inconforme que desde el 21N ha mostrado su indignación. No solo es riesgoso e irresponsable en cuanto a la propagación de la pandemia, sino que convocarlo desataría una condena social fuerte.

Pero hay una realidad que parece aproximarse y sobre la cual tampoco podemos permanecer impávidos. Realidad que está generando el mismo gobierno con sus medidas y restricciones: la miseria, el confinamiento sin garantías, los despidos masivos, la prohibición al 60% de la población trabajadora para salir a conseguir el rebusque, el pésimo sistema de salud, la falta de atención y prevención, sumado a los abusos de la fuerza pública, puede desatar en cualquier momento una bomba social incontenible, tanto para el gobierno como para las fuerzas del campo democrático y popular.

Si el virus nos mantiene en cuarentena y el gobierno no responde más allá de lo paliativo y en favor del capital mas no de la gente, nadie va a poder evitar que millones de hombres y mujeres se lancen a las calles, ya sea a reclamar atención y ayudas, rebuscarse alimento para los suyos, o hacerse de manera violenta con aquello que requieren para sobrellevar la crisis. Ese escenario, complejo desde cualquier ángulo, dejaría sin sustento práctico el mensaje que todos hemos acogido de quedarnos en casa, pues ante el riesgo de morir de hambre y miseria o de ser contagiados por un virus, la gente va a reaccionar ante tal encrucijada escogiendo el camino que le resuelva lo cotidiano, lo urgente.

¿Qué hacer en tal situación? Es una pregunta que requiere encontrar respuestas creativas, responsables y colectivas para que las mayorías puedan defender la vida y ganar en derechos y en conciencia. Estas situaciones inesperadas que pueden significar una fractura histórica, un cambio de época como ya hablan algunos, o un nuevo inicio para la humanidad, son los que requieren que los revolucionarios, los pueblos en resistencia, el pensamiento y la militancia crítica, asumamos un rol protagónico como sujetos políticos para que esta crisis derivada de un virus, pero hija del capital, pueda significar avances emancipatorios para los pueblos, y no simplemente otro momento donde las crisis que ellos generan la paguemos los de abajo.

Sí, esta es una lucha de la humanidad toda, pero para vencer la pandemia hay que estar dispuestos a hacerle frente al sistema que lo engendra, y superarlo.

 

 

[1] Sobre la diferenciación planteada entre Covid-19 como hecho biológico y sanitario, y el Coronavirus como fenómeno mediático leer: http://lobosuelto.com/la-pandemia-del-covid-19-no-ocurrio-ni-ocurrira-pluralincognite/?fbclid=IwAR1zxfPvxY_a1vND4x6KuZswCwCYjk8ljSVtSNwWS4bw1ZWTlqp7NmDURo4

[2] https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39210-medidas-de-emergencia-para-mitigar-los-efectos-socio-economicos-de-la-propagacion-del-coronavirus-covid-19-una-vision-alternativa-a-la-gubernamental.html

[3] https://www.colombiainforma.info/crisis-y-salud-publica-durante-la-pandemia/

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