El coronavirus obliga a Trump a reconocer la importancia de los inmigrantes

Ilustración: Átomo Cartún

“Cuando México envía su gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que traen drogas, crimen y son violadores”; “Por qué no regresan y arreglan los lugares totalmente destrozados e infestados de crimen de donde vinieron”; “¿Por qué tenemos toda esta gente de países de mierda viniendo aquí?”; “Este es un país en el que hablamos inglés, no español”; “Pido el voto de cada negro que hay en este país. ¿Qué pueden perder? Viven en la pobreza, sus colegios son malos, no tienen trabajo, el 58% de su juventud está desempleada… ¿qué demonios pueden perder?”.

Estas son algunas de las declaraciones que ha hecho el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su presidencia o su campaña presidencial, algunas por tuiter, otras a medios de comunicación en conferencias de prensa, mítines o debates presidenciales.

Pero el coronavirus obligó un cambio radical en la retórica migratoria del multimillonario devenido a presidente.  Hasta hoy, jueves 16 de abril, Estados Unidos registraba más de 644.188 casos positivos y más de 28,579 muertes.

La pandemia y el confinamiento hacen que ciertos oficios sean hoy más importantes que nunca. Oficios esenciales, que por lo general desempeñan los migrantes, como el de sembrar y recoger las cosechas. “Queremos que vengan [los inmigrantes que vienen a trabajar el campo]. No estamos cerrando la frontera […] van a continuar viniendo”, dijo Trump el 1 de abril, consciente, aunque le cueste aceptarlo, que sin aquellos migrantes que no tienen un status de residencia legal, la cadena de suministro de alimentos no funciona. Justo esta semana comienza en Estados Unidos la recolección de fresa, y en 15 días la de cerezas y arándanos. Según cálculos de la Universidad de California, 800.000 personas trabajan en la industria agrícola de ese Estado, 60% de los cuales son inmigrantes indocumentados.

A los días de ser electo presidente, Trump aseguró en noviembre de 2016 que deportaría a más de dos millones de inmigrantes indocumentados en sus primeros días de gobierno. Las cifras no fueron las prometidas, sin embargo el hostigamiento y la persecución han sido su bandera. El 27 de abril del año pasado, por ejemplo, prohibió la entrada a su país de sirios, iranís, sudaneses, libios, somalís, iraquíes y yemeníes. También a ciudadanos de Bielorrusia, Birmania, Eritrea, Kirguistán, Nigeria, Sudán y Tanzania.

Solo entre junio y julio del 2019, la Patrulla Fronteriza norteamericana arrestó a más de 700.000 migrantes. Para expulsar más migrantes en menos días, el 23 de julio del mismo año, el gobierno estadounidense decretó un nuevo marco normativo que autorizaba la expulsión de cualquier migrante indocumentado que no lograra demostrar que llevada dos años residiendo en el país, sin importar dónde fuera arrestado y sin derecho a acceder a un abogado. Desde el 21 de marzo hasta el 9 de abril de este año, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza había expulsado alrededor de 10.000 inmigrantes.

Ante el viraje retórico y normativo, la policía migratoria dijo en un comunicado que “la gente no debería evitar la atención médica por miedo a la actividad de la policía de inmigración”. Mientras que el Departamento de Seguridad Nacional ya había anunciado el aumento de 35.000 visados de un año para que los empleadores pudieran contratar trabajadores extranjeros que desempeñaran actividades no agrícolas como la hostelería o el turismo.

“Los inmigrantes están trabajando en los supermercados, en el campo, procesando la comida, en la construcción. Son las personas que, en momentos de emergencia, mantienen este país funcionando”, dijo a El País de España Sindy Benavides, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos.

Ningún otro presidente de Estados Unidos publicitó su xenofobia como Trump, pero es poco probable que Trump supere a Barack Obama en número de deportaciones. El presidente afroamericano ha sido el más deportador de la historia. Entre el 2009 y mediados de 2016, a un año de que finalizara el segundo mandato de Obama, el Departamento de Seguridad Nacional había contabilizado 2.768.357 inmigrantes deportados.

Las declaraciones y decisiones de Trump son un boomerang. El tiempo, poco a poco, da la razón a quienes señalaron los errores del presidente estadounidense, quien en 2018 decidió eliminar un cargo en Pekín, cuyo propósito era ayudar a detectar brotes de enfermedades en China; quien además dijo que el covid-19 era una simple gripa, y es su país el que registra la mayor cantidad de muertos. 

A casi un año de que termine su mandato, el hombre más poderoso del mundo tuvo que abrirles las puertas a los inmigrantes para que siga respirando su economía, para que las calles de su país estén limpias y para que no falte el alimento en las mesas de la primera potencia militar, económica y política del mundo.

 

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