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Ya lejos de las cámaras, de las prebendas, del posible Premio Nobel y del reconocimiento mundial, el presidente colombiano Juan Manuel Santos se revuelve en su laberinto: cómo matar la esperanza de paz firmando un acuerdo de paz. Hoy Colombia ha vuelto a experimentar el mismo miedo con el que ha aprendido a sobrevivir en el último medio siglo

El sobrevuelo de los cazabombardeos israelíes  Kfir cuando se firmaba el acuerdo de paz en Cartagena de Indias, fue un mensaje a García, el aviso de un plan en marcha contra los diálogos. Rodrigo “Timochenko” Londoño, líder de la guerrilla, se preocupó con el intimidante vuelo rasante. Sabía que tras un sobrevuelo, llegaba la destrucción. Y esta vez, el mensaje era la destrucción de la paz tan arduamente negociada y negada.

Lo cierto es que las negociaciones se llevaron a puerta cerrada y a espaldas de la gente, sin  participación popular y sin un debate colectivo que permitiera convertir al pueblo en cómplice, en militante del proceso de paz, en lugar de tratarlo como un extraño que debía aprobar lo que lo que se había pactado desde lejos y en reuniones cerradas.

¿Un montaje?

Hay quienes tienen dudas sobre las causas del plebiscito, y el montaje del gran operativo electoral a sabiendas de antemano que cualquier resultado no tendría efectos jurídicos ni legales sobre lo acordado, y afirman que se trató de una concertación entre dos sectores de la derecha colombiana que compartieron durante años los presupuestos del Plan Colombia, los miles de millones de dólares estadounidenses y la inteligencia, asesoramiento y entrenamiento israelí.

Son sectores que necesitan volver a reunir sus intereses militares, financieros y políticos comunes, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que durante años jugaron a ser enemigos, intentanto dejar a la ciudadanía una sola opción: uno o el otro.

Aunque ello significara un plantón al acompañamiento internacional, una bufonada de la clase política dirigente, el terror mediático y  la poca seriedad de un gobierno que abre la posibilidad de revisar el Acuerdo para incluir las pretensiones del poder fáctico, el de los grandes empresarios y terratenientes para quienes la guerra ha sido un negocio que no quieren perder.

¿Se trata de permitirle al uribismo un reencauche político y electoral para que se incluyan en el Acuerdo beneficios jurídicos a militares y paramilitares condenados por masacres y genocidios cuando Uribe era –primero- gobernador de Antioquia y luego presidente del país, con Santos en el Ministerio de Defensa?, se preguntan.

Ya el jesuita Francisco de Roux, una voz sensata dentro del catolicismo colombiano, señaló que el plebiscito sobre la paz se estaba convirtiendo en una suerte de debate pre electoral, donde entraban más en juego las opciones políticas de dos viejos rivales, el presidente Santos y el ex presidente Uribe, que las posibilidades de la propia paz. ¿Maquiavélico?

Para el escritor Héctor Abad  Faciolince, las preocupaciones de Uribe no son los puntos sobre la tierra (Desarrollo Agrario Integral); de desmovilización y zonas de concentración (Fin del Conflicto); sobre la sustitución de cultivos (Drogas Ilícitas); y menos aún el plebiscito (Verificación y Refrendación), sino los puntos segundo (participación política) y quinto, que contiene es la Jurisdicción Especial para la Paz y el Sistema integral de Verdad, Justicia y Reparación, al que se pueden acoger los militares condenados por crímenes conexos al conflicto y, a partir de ahí, cabe la posibilidad de que se llame a juicio también a los civiles implicados por los militares. “Este es el quid del asunto, ahí están los verdaderos motivos del No”.

 

La historia, el miedo ¿vuelven a repetirse?

 El sentimiento es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia, explica la escritora Laura Restrepo, quien fue negociadora de la paz con el Movimiento M-19 en los años ´80. “Los colombianos sabemos por experiencia que un proceso de paz abortado, con la consiguiente situación ambigua entre legalidad y clandestinidad, pone en alto riesgo la vida de quienes han participado en las negociaciones con nombre propio y a cara descubierta”.

La historia reciente de Colombia muestra que en medio de un proceso de paz  ocurrió la matanza de dos mil militantes de la Unión Patriótica, organización legal afín a las FARC, y recuerda el asesinato de la mayoría de los comandantes del M-19 durante el proceso de desarme e ingreso a la política legal.

El mecanismo y la pregunta

A la hora de explicar un resultado que tomó a muchos por sorpresa, las miradas apuntan al mecanismo con que se llevó a cabo la consulta: el plebiscito, una herramienta de participación directa cuestionada por ciudadanos y expertos: ya pasó recientemente con el Brexit en Reino Unido.

Las declaraciones del líder de las FARC, Timochenko, de que iban a reflexionar e intentar que el proceso siga adelante, sugieren que tal vez no había necesidad de darse tanta prisa. ¿Para qué convocar la consulta entonces? Quizá hubiera sido mejor que la propuesta partiera de la ciudadanía, tras un proceso de debates. Entonces se hubiera tenido  que reunir firmas para un referendo, pero se debiera dejar la iniciativa en manos de la ciudadanía.

Hay un componente de manipulación y  eso es evidente también en la manera en que está formulada la pregunta. La pregunta no fue “¿Aprueba usted los acuerdos de paz?”, sino “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Lo lógico es que pregunta fuera “Sí” o “No” a los acuerdos de paz, todo eso de la paz estable y duradera sobraba.

Jürg Steiner, profesor emérito de la Universidad de Berna, en Suiza, y experto en política deliberativa, señala que hubiera sido buena idea plantear otras subpreguntas: ¿Sostiene que no hay que acordar de ninguna manera con las FARC? ¿O apoya la apertura de nuevas formas de negociación?

También se debe analizar cuál es el rol de un presidente convocando a una consulta de este tipo. Yanina Welp, directora para América Latina del Centro de Investigación sobre Democracia Directa de la Universidad de Zúrich, señala que en un proceso como el de Colombia es importante que haya deliberación pública pero que la consulta no debiera ser vinculante salvo que la ciudadanía lo pidiera, y en Colombia eso no estaba en la agenda sino que fue Juan Manuel Santos quien lo puso. Y aquí hay lugar para suspicacias.

Manipular el miedo

Lo que sí queda claro, es que volvió a ganar el que sembró más miedo. Con bases infundadas y conclusiones erróneas, por puro miedo, los colombianos rechazaron la paz acordada entre el gobierno y los comandantes de las Farc.

La ultraderecha ganó el plebiscito y ha hecho oposición con la misma estrategia con que gobernó Álvaro Uribe: infundiendo miedo a punta de mentiras y de medias verdades, de señalamientos y de campañas de odio, a sabiendas de que la confrontación le da más réditos que la cooperación.

Vladdo, periodista y caricaturista colombiano, recuerda que en las últimas cuatro elecciones presidenciales las campañas han gravitado siempre alrededor del miedo a las FARC y de cómo librarse de ese temor. Ese fue el factor determinante en la elección de Andrés Pastrana, quien se propuso como derrotero devolverle la tranquilidad al país mediante un acuerdo de paz con esa guerrilla. Luego, como reacción al fracaso de Pastrana, el país eligió a Uribe, quien durante su campaña prometió combatirlas, aunque decretó que el conflicto no existía.

Y con esa bandera antiguerrillera y un grito permanente de guerra se hizo reelegir, de una manera poco ortodoxa, pero con el miedo como banda sonora y la seguridad como promesa. “La culebra sigue viva”, solía decir.

Con su política de la seguridad democrática, Uribe se consagró como el mayor manipulador de los miedos y para preservar su legado ungió a Juan Manuel Santos como su heredero. Sin embargo, cuando optó por hacer la paz con las FARC, Uribe se transformó en su más fiero opositor. Nunca en la historia moderna de Colombia un expresidente había sido tan tóxico para un sucesor como lo ha sido Uribe con Santos; sobre todo en su oposición al proceso de paz, señala Vladdo.

Uribe también habló insistentemente del temor por la impunidad que conllevaba el proceso de paz de Santos, pero nunca dijo una sílaba de la negociación que en su mandato llevó a cabo con los grupos paramilitares, estrechamente ligados al negocio de la droga y que cometieron incontables masacres y asesinatos de políticos, periodistas y líderes sindicales, entre otros; crímenes casi todos que siguen impunes, sin resolverse.

Con el único fin de meter miedo, los que impulsaban el ‘No’ urdieron toda clase de falacias, como el temor al castrochavismo, como decirles a personas humildes de la tercera edad que si ganaba el Sí les iban a quitar sus pensiones para subsidiar a los desmovilizados de las Farc, como hablar de expropiaciones masivas y de cancelación de subsidios que nunca estuvieron contemplados en los acuerdos.

Y Alejandro Ordóñez, el ex procurador y precandidato presidencial del uribismo, célebre por haber quemado las obras completas de Piaget, Montesquieu y novelas de García Márquez y Victor Hugo en un parque de Bucaramanga, comparó al Sí con la llegada del diablo.

Es más, hasta el día de la votación, los partidarios del ‘No’, suponiendo que iban a perder, trataron de deslegitimar el plebiscito y de poner en entredicho el papel de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

La comunicación

Los errores de comunicación de la campaña por el Si fueron notorios: en vez de una estrategia proactiva el gobierno montó una campaña reactiva para minimizar el impacto de las teorías conspirativas de los defensores del No, y en lugar de lanzar una campaña unívoca, los partidarios de la paz optaron por enviar mensajes dispersos, dirigidos más al raciocinio que a las percepciones y sentimientos.

Pese a las declaraciones del Papa Francisco, quien hasta último momento instó a los colombianos a “blindar los acuerdos en el plebiscito”, la Iglesia Católica tampoco ayudó, pues, con pocas excepciones, los más altos jerarcas optaron por declararse “neutrales”.

Quienes determinaron el resultado del plebiscito fueron los que ven la guerra por televisión, los habitantes de los mayores centros urbanos –excepto Bogotá–, mientras aquellos que han sufrido en carne propia los horrores de más de 60 años de violencia dieron un ejemplo de reconciliación al votar abrumadoramente por el ‘Sí’. Esos que no votaron basados en el miedo inventado por Uribe, sino que han sobrevivido al pánico real del conflicto, fueron los mayores derrotados este día triste y lamentable.

Para el catedrático chileno Pedro Santander, una lección quedó clara: los motines oligárquicos se hacen con los medios y buena parte de sus desenlaces depende de cómo se opere con y a través de ellos.

El gerente financiero de la campaña del No

Durante 30 días Juan Carlos Vélez, excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de la campaña por el No en el plebiscito colombiano por la paz, tomó un avión 35 veces no solo para coordinar una estrategia basada en la indignación sino para lograr que los empresarios lo apoyaran financieramente, convenciendo a los sectores poderosos para que enviaron un mensaje fuerte y claro, que no se dejarán quitar nada, absolutamente nada.

Le fue bien: recaudó 1.300 millones de pesos (unos 45 millones de dólares) de 30 personas naturales y 30 empresas, entre ellas la Organización Ardila Lülle, Grupo  Bolívar, Grupo Uribe,  Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto), Corbeta y Codiscos, aunque reconoce –en entrevista con Leonardo Jurado- que esa diferencia tan abismal entre el sí y el no que arrojaban  las encuestas, le generaba problemas para conseguir dinero.

Vélez habló de los detalles de la campaña, de los puntos que se deben renegociar y de la revancha del Centro Democrático luego de salir perdedores en tres jornadas electorales anteriores: presidencia, alcaldías y Congreso. “No nos imaginamos que ganaríamos. El país ha caído en un error que le ha quitado credibilidad a la política y es creer en encuestas”, dijo.

De hecho, la manipulación de esas mismas encuestas le hizo mucho daño a un gobierno que sin un plan B,  se llenó de optimismo y de triunfalismos.  Y la campaña del No se basó en el poder viral de las redes sociales, con golpes bajos como la transmisión de una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba quebrado.

Los estrategas de imagen -de Panamá y Brasil- recomendaron que obviara explicitar los acuerdos y se  centrara el mensaje en la indignación. La estrategia era la tergiversación y la manipulación de los sentidos. En emisoras de estratos medios y altos la campaña por el No se basó en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos se enfocamos en subsidios. En la Costa el mensaje terrorista era que de ganar el Si, Colombia se iba a convertir en Venezuela.

Como dice Laura Restrepo, hoy el sentimiento general de los colombianos es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia. Pero también de rabia, y por eso miles y miles de colombianos siguen movilizados para que los acuerdos sean para la paz.

*Sociólogo venezolano, investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, y analista asociado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) – Artículo publicado originalmente en http://estrategia.la

Los derechos a la verdad y al esclarecimiento de los sucesos ocurridos en el marco de los conflictos armados en el mundo, se han convertido en derechos de suma importancia para transiciones exitosas, puesto que en ellos se encuentra el objeto central de la reparación: la dignificación de las víctimas mediante los relatos que den cuenta qué pasó con sus familiares y por qué les ocurrió a ellos, en pro de la garantía que aquello jamás vuelva a ocurrir.

Diferentes académicos, investigadoras e investigadores han ido construyendo diversos relatos sobre los orígenes, desarrollos y consecuencias del conflicto armado en Colombia, intentando comprender y esclarecer los sucesos de violencia que ha vivido el país. El Acuerdo entre las FARC y el Gobierno de Colombia ocupó un punto completo a las Víctimas y es nodal para entender lo acordado.

María Emma Wills, una de las investigadoras más importantes en este tema, asesora del Centro Nacional de Memoria Histórica y quien participó con un ensayo para la Comisión Histórica titulado “Los tres nudos de la guerra colombiana: un campesinado sin representación política, una polarización social en el marco de una institucionalidad fracturada, y unas articulaciones perversas entre regiones y centro”, conversó desde Cartagena con el equipo de Periferia sobre los orígenes del conflicto armado, la participación de las víctimas en el proceso de paz y los retos en el posacuerdo.

¿Considera que las víctimas han estado realmente en el centro del proceso de diálogo?

Si todos nosotros recordamos como fue el proceso de negociación en La Habana, sabemos que en algún momento tanto los negociadores del Gobierno como de las FARC, acordaron que iban a recibir a víctimas del conflicto, víctimas de todos los actores del conflicto en La Habana. En ese momento cuando se inician el viaje de 20 víctimas cada mes o cada tres semanas tenemos una transformación que ocurre en la mirada de quienes estaban allá, porque lo que llevan los testimonios de las víctimas es, de manera descarnada, una forma de contarle a los negociadores los impactos de la guerra en vidas humanas, en términos de violaciones a los derechos humanos, masacres, desapariciones forzadas, secuestros. Escuchar a una víctima es realmente transformador porque la víctima te relata una historia no desde un protocolo ideológico o político, sino realmente desde una experiencia sentida, vivida, cotidiana. Eso envía un mensaje pedagógico a quienes estuvieron en la mesa, que entendieron que la negociación no era sólo una negociación política entre dos actores confrontados sino que había también un imperativo moral de acabar con la guerra, pues tenía unos costos humanos vergonzosos para todos nosotros, no importa de que orilla vengas. Esta mañana alguien me decía que a partir del momento en que llegaron las víctimas ambas partes dijeron: no nos paramos de la mesa sin haber firmado pues entendemos que es un imperativo para todos nosotros.

Algunas de las reflexiones que quedan es que quizá este Acuerdo no llega a esclarecer los orígenes del conflicto, ¿qué piensa usted frente al tema del esclarecimiento y la verdad en todo el proceso de negociación?

Hay varios momentos. Primero, hay que reconocer que la academia colombiana y las organizaciones de víctimas y de derechos humanos tienen enormes archivos y han ido, a medida que avanza el conflicto, esclareciendo lo ocurrido en Colombia. Entonces, no es que con los acuerdos se inicie el proceso de esclarecimiento pues ya inició hace mucho tiempo con estas organizaciones que han teniendo enorme cuidado con sus propios archivos para legarle a las generaciones futuras las tareas de esclarecimiento que ellas han emprendido. Luego con la ley de justicia y paz del 2005, el Estado colombiano recibe un deber: el deber de memoria. Ya no sólo las organizaciones y la sociedad civil tienen el encargo de no dejar perder esa memoria, de no dejarla en el silencio, sino que ahora también tenemos al Estado comprometido con el deber de memoria y se crean varias instituciones, en particular el Centro Nacional de Memoria Histórica que tiene como mandato dignificar a las víctimas y el esclarecimiento histórico y ambas vienen con archivos que se deben proteger como patrimonio público.

Y puntualmente, en cuanto a la Comisión Histórica de los 12 investigadores y los 2 relatores ¿llegan a concluir algo en común?

Luego como parte del pacto de las negociaciones, las dos delegaciones acuerdan constituir la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en la que se propone al país una serie de ensayos con hipótesis sobre los orígenes del conflicto armado, cuáles fueron las condiciones que lo hicieron perdurar durante tantas décadas y qué degradó ese conflicto armado. Entonces tuvimos 12 miradas que le propusieron distintas hipótesis al país sobre esas preguntas.

Esas reflexiones y visiones sobre el conflicto armado ¿en qué coincidieron?

Si hubo coincidencias. En muchos de los ensayos se menciona el problema de la tierra y el problema del sectarismo político. Hay variaciones y hay distintos énfasis pero creo que esos dos hilos, el factor tierra y el factor sectarismo e intolerancias, están en la mayoría de los ensayos.

¿Y cuál es su posición frente a eso?

Pues yo considero que el problema de Colombia viene desde el siglo XIX, es decir antes de los años 20 del siglo XX donde hubo una gran movilización de campesinos, agraria y sindicalista. Cuando nos constituimos como república independiente hubo una serie de condiciones que configuraron una trayectoria muy compleja distinta a la de otros países de América Latina. Se construyeron en Colombia los partidos políticos, y esos partidos en medio de un contexto de enorme precariedad estatal: no había fisco, no había ejército nacional, no había mercado. Eso llevó a que los partidos fueran más poderosos que el Estado, que no fue garante de derechos sino un Estado o liberal o conservador. Cuando tienes un Estado metido en la política pues es incapaz de contener los conflictos porque es parte del conflicto. Para que el Estado sea garante de los derechos humanos y democrático tiene que ser un Estado lo más imparcial posible frente a los actores en conflicto; acá eso no lo teníamos y fue lo que nos metió en un lío. Los partidos hicieron que la nación colombiana surgiera escindida: había una nación liberal y otra conservadora. Pasamos al siglo XX de manos de la regeneración tratando de sacar al Estado de las pugnas políticas y regionales, pero ahí no resolvimos el sectarismo, sino que lo anclamos al Estado aún más por el Concordato; es problemático que el Estado se convierta en Estado religioso, convirtiendo el conflicto entre buenos y malos.

Bueno para terminar y a propósito de la construcción de paz en los territorios ¿hay alguna diferencia entre solución política al conflicto armado y paz?

Si total. El Pacto Político es apenas un inicio que nos da un marco de acción. La paz es un proceso social y cultural mucho más profundo en el cual nosotros tenemos que cambiar el chip, como bien lo dijo el General Mejía, y aceptemos que los adversarios se tienen que tratar como opositores legítimos y nunca convertirlos en enemigos absolutos de nuestras posturas cuando son disidentes de nuestras posturas.

Paz Colombia llegó a Cartagena

Previo a la ceremonia protocolaria en la cual se firmará el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, encabezado por Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, la ciudad de Cartagena vive un ambiente de optimismo ante la llegada de muchos representantes de países aliados del proceso, organismos internacionales e invitados especiales. También desde las regiones de Colombia llegarán representantes de las organizaciones de víctimas y organizaciones sociales, universitarios, líderes sindicales y los gobernadores de los 32 departamentos del país.

Se espera que durante el evento, que tendrá una duración aproximada de 70 minutos, haya un homenaje a las víctimas y las intervenciones de Ban Ki-Moon Secretario General de la ONU, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.

Pero también han llegado ciudadanos por sus propios medios desde diferentes regiones, entre ellos, Paz Colombia Duque, quien en la mañana del domingo llegó en un bus desde la ciudad de Medellín. Nos encontramos con él y conversamos, quien con su habitual traje, recorría las calles del centro histórico de Cartagena.

¿Cómo ve el proceso de paz?

Yo soy Paz Colombia Duque, me cambié el nombre hace 38 meses. Llevo un proceso de amor, paz y tolerancia, de desapego a lo material, ya conseguí mi paz que ahora necesitamos los colombianos y el mundo entero. Estoy apoyando este proceso de paz en Colombia para acabar con esta guerra absurda, ya que por medio del conflicto armado durante 52 años no se pudo lograr el fin de ambos bandos. Yo le digo sí a la paz, sí a la desmovilización, luego se tendrán que ganar un voto con una lucha muy intensa. No queremos que bombardeen más la selva donde mueren muchos animales y se destruye la naturaleza, para que no hayan más minas antipersonas, para que los colombianos no nos sigamos matando entre sí.

¿Cuál es la intención de estar presente hoy en Cartagena?

Bueno, estar mañana en el día histórico en la firma del Acuerdo, que será un paso más caminando por el Sí a la paz.

¿Cómo hizo para llegar hasta acá?

Me tocó trabajar muy duro para ahorrar unos pesos y poder desplazarme. Me vine en bus durante más de 13 horas de viaje y vamos a ver como pasamos el resto de la semana. 

¿Qué mensaje envía usted a los colombianos para su participación en el plebiscito del 2 de octubre?

Yo les digo que voten el Sí, no tengan miedo, el Sí no les dará la presidencia como dicen muchos que están desinformando. El sí es para que se desmovilicen, es muy diferente cuando lleguen las votaciones electorales, ahí cada colombiano decidirá y tomará su decisión.

 

En el amplio terreno nombrado El Diamante, el cielo varía entre un candente sol y lluvias torrenciales, y así mismo el terreno cambia constantemente entre un pantanero y un desierto árido. Las noches claras son acompañadas por la sabana y por las estrellas, y para este evento también con música revolucionaria: vallenatos, merengues, joropos y rock con letras inspiradas en la lucha y la transformación social, donde los delegados de la conferencia, después de haber trabajado todo el día, se dispersan bailando. Las Sabanas de Yarí fueron escogido como el sitio de la Décima Conferencia Guerrillera a propósito por las FARC, debido a que, como explica Joaquín Gómez: “siempre ha sido asentamiento de nuestros máximos jefes, lo segundo es que aquí se presentaron combates muy fuertes con los paramilitares y los sacamos, lo tercero es que a pesar del Plan Patriota nosotros continuamos ahí, y lo cuarto es que aún estamos aquí”.

Guerrilleros y guerrilleras de todos los rangos han compartido sobre sus vidas, historias y razones de haberse unido a la revolución colombiana, tanto en entrevistas formales como en momentos cotidianos como cocinar, descansar, y disfrutar de los eventos culturales. Entre otras, hemos escuchado razones como la pobreza, la falta de acceso a la educación, por conciencia desarrollado desde sus militancias legales, y por la represión del estado y la impunidad de ello frente a sus compañeros del movimiento social asesinados. Ellos y ellas declararan su motivación para transformarse en una organización política, afirmando que dejar las armas no quiere decir dejar la lucha. En las ruedas de prensa los representantes del Secretariado han reiterado una y otra vez la unidad de los delegados quienes han aprobado el acuerdo final y han mostrado su disposición en transitar en conjunto al nuevo movimiento político sin armas. Pablo Catatumbo recordó que a lo largo de la historia de la organización una de las fortalezas ha sido: “mantener la cohesión y la unidad” y que hacia el futuro también la organización seguirá trabajando unida.

La participación de los presos políticos y las presas políticas ha sido celebrada toda la semana, y durante la tarde del miércoles 21, el grupo de 24 delegados prisioneros políticos y prisioneras políticas compartieron sus perspectivas sobre la transición de su organización y la situación carcelaria en Colombia. Desde sus propias experiencias insisten en la denuncia de las graves violaciones de los derechos humanos y el incumplimiento sistemático con las leyes vigentes por parte del gobierno y el  INPEC. Este grupo de delegados tiene permiso para participar en la conferencia con la condición de regresar a la cárcel después de su terminación, y ya han manifestado que cumplirán con su palabra a pesar de ser conscientes de que la próxima ley de amnistía no cobijará sino a los prisioneros y prisioneras por rebelión y sus conexos.

Pastor Alape informó que en su conjunto los delegados de la conferencia reconocen la necesidad e importancia del enfoque de género, étnico e indígena en el nuevo movimiento político. Alape contó que a su llegada a las FARC habían apenas 60 unidades, y entre ellas, solo 3 mujeres. Según Manuela Marín, representante de la sub-comisión de mujeres de las FARC-EP, hoy en día las mujeres alcanzan a ser 33% de las filas de las FARC-EP, y en la conferencia representan 40% de los delegados. El rol de la mujer en este momento histórico es importante, como cuenta Marín: “Nosotros estructuralmente nos hemos declarada una organización anti-patriarcal, eso creo que ha sido un logro de nosotras como guerrilleras pero también un logro enorme como organización que hemos venido madurando esa concepción de como debe ser el país. (…) El tema va a ser parte de nuestro programa político, va a ser parte de todas nuestras banderas y todo el trabajo organizativo y político que vamos a hacer. Estamos muy tranquilas porque sabemos que no vamos a empezar de cero, sino que en Colombia hay enormes acumulados de organizaciones de mujeres muy valientes que se están dando este palea.”

Si bien se proyecta una actitud de esperanza, motivación y unidad, adentro de la guerrillada también hay varias preocupaciones que se han dado a conocer. Las FARC-EP reiteran constantemente la necesidad de que el gobierno cumpla lo acordado, y también que esto es solo el inicio para una lucha no armado. Frente a la imposibilidad de haber discutido el modelo económico en la negociación es evidente una frustración por parte de la organización, en este sentido Catatumbo manifestó: “Los acuerdos de paz no contemplan apoyo al modelo económico neoliberal, siempre nos hemos opuesto y nos seguiremos oponiendo al modelo extractivista y al modelo neoliberal que le hacen tanto daño al país, de hecho uno de los principales problemas que tiene Colombia es ese,” lo cual la guerrilla  entiende como la raíz de los conflictos sociales, de género, ambientales, y participación ciudadana, este último tema será el más importante para la implementación de los acuerdos mismos.

En términos minero-energéticos, también hay preocupación por parte de la guerrilla. Catatumbo reconoció que la cuestión minero-energético se quedó débil en lo escrito de los acuerdos: “Si ustedes leen los acuerdos, se darán cuenta que en realidad si hizo falta haber incorporado muchos más elementos sobre ese asunto (extractivismo) pero la realidad es que el gobierno siempre se negó a discutir el modelo económico en la mesa (…)  precisamente ahora con los acuerdos de paz se abre la puerta para que la gente siga luchando con otras condiciones para alcanzar las reivindicaciones y hacer esa lucha contra el modelo económico”. Durante la semana los representantes del Secretariado han reiterado la importancia de la naturaleza desde su ideología y trabajo histórico. “Somos comprometidos con el medio ambiente, con la población y con los recursos naturales,” dijo Mauricio Jaramillo, y tanto él como Bertulfo Alvarez contaron varias iniciativas históricas desde las FARC-EP  para la conservación, incluyendo la protección de parques naturales del saqueo de minerales y madera, tanto como iniciativas comunitarias contra la caza de animales en vía de extinción. Alape resaltó que algunas zonas de reserva “se ha mantenido también por el conflicto porque ni el capital trasnacional, ni capitales nacionales, han podido hacer inversiones en el marco de lo que se está llamando ahora el eco-turismo, en lo que por supuesto también está incidiendo capitales trasnacionales”.

Catatumbo caracterizó el gobierno actual como de “un desorden terrible,” haciendo  referencia a la para-política, la para-economía y la corrupción, y nombró el paramilitarismo como: “la mayor amenaza para los acuerdos de paz, para la sociedad, y para la democracia en Colombia.” La participación ciudadana es absolutamente central para los acuerdos, en todos sus aspectos, y hay muchas dudas sobre la posibilidad de esa participación bajo la coyuntura de amenazas por parte del Estado. De esta manera Alape manifestó que: “Los acuerdos tienen unos alcances de cómo va a jugar la ciudadanía en la sociedad (…) No se trata de nosotros llegarles a las comunidades con programas establecidos porque sería entrar en la contradicción de todo lo que hemos hecho históricamente (…) todos los proyectos hay que construirlos en conjunto con las comunidades.” En la coyuntura donde 13 líderes y lideresas comunitarios y ambientales han sido asesinados en las semanas desde el anuncio de la firma de los acuerdos, el  enfoque en la participación ciudadana sigue siendo precario. Frente a esto Alape expresó que el primer paso va a ser la implementación de la mesa de garantía de seguridad, la cual deberá instalarse y empezar a funcionar al final de este mes o a principios de octubre.

 

La conferencia terminará mañana, 23 de Septiembre. Durante la semana los delegados han trabajado en plenaria, primero escuchando intervenciones de opiniones y preocupaciones de cada delegado al nivel nacional, y después aportes individuales de los cuales escucharon 121 guerrilleros, quienes habían escrito para este ejercicio de a una ponencia. Desde el día 20 han trabajado reunidos en comisiones específicas sobre la implementación de los acuerdos y conclusiones de la conferencia; Lozada opinó que hoy es un día definitivo para las decisiones sobre qué características tendrá la nueva organización, incluyendo la composición del nuevo estado mayor central durante la transición al movimiento político. La socialización de las conclusiones se dará  conocer al cierre de la conferencia.

 

En medio del ajetreo de las sesiones de la X conferencia nacional guerrilla de las FARC-EP, los delegados y miembros del secretariado sacan algunos momentos  entre los debates para entrevistarse con la prensa nacional, internacional y alternativa. Mientras atardece y comienzan a ensayar el sonido del acto cultural de la noche, detrás de la tarima central, nos encontrarnos con el comandante del bloque Sur y zootecnista, Joaquín Gómez, para dialogar sobre algunas inquietudes respecto al post-acuerdo.

¿En qué se diferencia la Reforma Rural Integral (RRI) que acordaron con el gobierno a la Reforma Agraria  que ustedes han trabajo históricamente?

Yo pienso que no hay mayor diferencia, sino que esta vez hemos sido más explícitos  porque nosotros desde la primera vez que hablamos de reforma agraria concebíamos que tenía que ser integral y eso es lo que se ha expresado ahora.

Pero por ejemplo, la propiedad privada no se toca…

Hay que entender que una cosa es un proyecto que nosotros tengamos como revolucionarios, porque otra cosas son los acuerdos, porque los acuerdos no implican una revolución, la revolución hay que hacerla, nosotros podemos ser modestamente una chispita, pero el determinante es el pueblo organizado.

¿Cómo organización en el post-acuerdo, haciendo política sin armas,  pueden evitar  que este acuerdo profundice el modelo neoliberal?

Nosotros como movimiento político no estamos en capacidad de evitar ese tipo de determinaciones que toma el Estado o gobierno de turno,  el que si estamos seguro que lo puede hacer es el pueblo. Todo lo que hemos acordado, que es muy importante, es una gran conquista pero a medias, porque para que se materialice se necesita que el pueblo se apropie de esos acuerdos y haga que se cumplan, de resto eso queda en letra muerta. En la mesa lo que ha habido es una confrontación de ideas que ha reemplazado esa confrontación armada que llevamos por más de 52 años y lo que se ha discutido ahí son precisamente las mismas causas por las que nos levantamos en armas.

¿Pero entonces como puede hacer el pueblo para defender el objetivo de la RRI, que es menguar la desigualdad en el campo, si existen leyes como la de ZIDRES  que buscan lo contrario?

Simplemente el pueblo necesita organizarse, el pueblo organizado como máximo soberano puede echar cualquier determinación para atrás.

Otro tema es el de la participación de la sociedad en el post-acuerdo ¿A ustedes no les preocupa  que se firme un acuerdo que busca dar garantías al movimiento social pero al tiempo se reforma el código de policía y recientemente se han asesinado 13 líderes sociales y ambientales?

Nosotros pensamos que son mensajes supremamente negativos porque es como anunciando de cierta manera cual va a ser el futuro nuestro, sin embargo nosotros consideramos que si el gobierno de Santos muestra buena voluntad y se ciñe a lo acordado entonces enfrentará a ese tipo de grupos que lo que persiguen es sabotear el proceso porque siempre se han beneficiado del conflicto, entonces ahora le tienen más miedo a la paz con justicia social que el diablo a la cruz. Todos esos crímenes son precisamente para eso, pero al pueblo hay que hacerle conciencia de que son provocaciones, que hay que organizarse y continuar, hasta volver este proceso irreversible.

Eso por el lado del paramilitarismo, pero por el lado de estructuras como el  ESMAD que no se desmontan o el de la policía que ahora tendrán condiciones especiales…

No somos ajenos, ni ignoramos que hay medidas que se han tomado que contradicen el espíritu de lo que se ha firmado en la Habana, por ejemplo esa seguridad ciudadana que le da a la policía atribuciones totalitarias donde puede llegar a tu casa sin ninguna orden judicial te capturan, te llevan y te pueden desaparecer, o simplemente ellos determinan que huelga es legitima o que huelga no lo es, es una cuestión de tipo fascistoide, son medidas liberticidas, porque están acabando con las libertades del pueblo pero eso solo se puede reversar con la ayuda y participación directa del pueblo, donde no sea espectador sino protagonista de primera línea.

Precisamente, en los acuerdos hay un tema que son los planes de desarrollo con enfoque territorial (PDET) ¿Qué tanta incidencia van a tener estos planes en el plan nacional de desarrollo?

Yo pienso que eso tiene que armonizarse con el plan nacional de desarrollo, para  que queden incluidos ahí, pero de hecho va a provocar ciertos cambios de tipo cualitativo

¿Cómo cuáles?

Se va a dar prioridad a los territorios acorde con la idiosincrasia de los habitantes, con sus necesidades y con los apremios que tengan para romper las cadenas del atraso y vincularse al progreso social y político del país.

 “Lo que me llamó la atención de las FARC fue que desde su origen estaban allí las mujeres afrontando la guerra” Manuela Marín

En medio de un receso de las sesiones de la X Conferencia Nacional Guerrillera de las FARC-EP,  Periferia dialogó con Manuela Marín, miembro de la comisión de paz y de la subcomisión de género de la guerrilla en La Habana. Ella nos contó acerca de su experiencia como mujer en la  insurgencia y su perspectiva sobre el feminismo en el futuro de la organización.

 

 

 

Sobre el barro seco y la grama alta de las Sabanas del Yarí, los delegados de las FARC-EP, desde todos sus bloques, se han reunido para su Décima Conferencia Nacional Guerrillera, la primera de sus asambleas nacionales en nueve años. Esta, a diferencia de las primeras nueve conferencias, no está pensada para la estrategia de la guerra ni se ha realizado en la clandestinidad. La Décima Conferencia Nacional Guerrillera, la última conferencia en armas de las FARC-EP después de 52 años de lucha como ejército, está enfocada en los acuerdos de paz por firmar y es abierta a la prensa.

 

 

El 17 de septiembre amaneció  nublado, grandes y grises nubes salieron como en solidaridad para proteger a los cientos de guerrilleros y periodistas del sol picante de la sabana. Los guerrilleros salieron en formación a primera hora ante la inauguración oficial del evento a espera del acto de instalación pública de la Décima Conferencia, con las palabras de apertura del Comandante Timoleón Jiménez, quien anunció los dos puntos claves para la Conferencia: “... en primer lugar, el análisis y refrendación del Acuerdo Final que hemos suscrito... y en segundo lugar, producir unas disposiciones políticas y organizativas para iniciar el tránsito hacia un partido o movimiento político dentro de las cuales se encuentra la convocatoria al congreso constitutivo que deberá definir el programa, los estatutos y la dirigencia política”. Timoleón también habló directamente a la prensa, manifestando la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la construcción de la paz, tomando en cuenta que son 340 medios de comunicación quienes cubren el evento a nivel nacional e internacional. El comandante de esta guerrilla culminó resaltando  la importancia histórica del momento, y anunciando la apertura oficial de la conferencia; justo en este momento comenzó a lloviznar, y la escena terminó con cientos de guerrilleros sin armas aplaudiendo a la apuesta por la paz.

 

Así mismo, en una rueda de prensa Mauricio Jaramillo, integrante del Secretariado de las FARC, interpeló a los medios asistentes sobre la participación ciudadana: “Sin ustedes no podemos derrocar la corrupción y las malas prácticas políticas”. Aunque las sesiones de la conferencia son restringidas a la prensa, Iván Márquez, Jefe Negociador de la Mesa de Negociación, informó que los acuerdos en las sesiones con los delegados, y el análisis y debate que se está dando en sus espacios, serán socializados constantemente. Explicó que están en la tarea de definir el nombre para su nuevo movimiento político legal, escuchando las propuestas desde las regiones y revisando entre todos los acuerdos por firmar.

El ambiente de la conferencia se tornó distinto a los debates políticos cuando un helicóptero trajo consigo un grupo de presos políticos. La importancia de la participación de estos presos en la conferencia transciende lo emotivo y fraterno que se vio en el momento de reencuentro, ya que como Márquez expresó: “Vemos la llegada de los presos como un gesto de confianza de parte del gobierno nacional,” un hecho que consolida el clima político actual entre el gobierno y las FARC-EP. Frente al rol que cumplirán los presos políticos en la conferencia, Jaramillo confirmó que, “Los presos tienen voz y voto, y vienen como delegados (de los otros presos encarcelados) a la conferencia”.

La conferencia también se desarrolla en medio de actos culturales, como el concierto de Alerta Camarada, donde cientos de guerrilleros bailaron, cantaron, y gritaron manos arriba. Al cierre del concierto, el vocalista dijo: “El arte es un elemento importante para la transformación... y es nuestro aporte a la paz”. Los guerrilleros salieron del espacio alegres, llevando sillas encima de sus cabezas, cantando las últimas letras de ‘raga-raga’ y riendo con sus compañeros en camino a sus cambuches.

La conferencia se sitúa en un campamento en el que se puede conocer lo cotidianidad de la guerrilla: se pueden observar sus cocinas y hornos, y cómo represan quebradas para bañarse y también conversar sobre sus vidas en la guerra, sus opiniones sobre los acuerdos y sus expectativas para el futuro de su organización. Hablan abiertamente sobre sus razones de juntarse a la lucha armada, sobre sus aspiraciones en tiempos de paz y sobre sus pasatiempos. Dos mujeres muestran sus manillas hechas a mano con diseños de colores, algunas con caras del Che, o con nombres escritos y dicen que: “es algo diferente para hacer cuando tenemos tiempo libre”. La invitación constante a la sociedad, de todos quienes hacen parte de esa organización, es leer los acuerdos para saber lo que hay que hacer y entender los retos que vienen. Su meta, dicen, es llegar a una democracia avanzada: lograr una mayor participación ciudadana en la política que ponga en evidencia los problemas del país para poder encontrar soluciones a estos.  “Tenemos la mirada dirigida hacia el futuro” dijo Márquez, y reiteró la fecha del lunes 26 como la fecha de la firma oficial en la ciudad de Cartagena. 

 

 

Después de casi 4 años de negociaciones las FARC-EP y el Gobierno colombiano llegaron a un acuerdo para que cese el ruido de las armas entre dos partes del conflicto armado. Los puntos  del acuerdo tocan temas centrales: los que originaron y desarrollaron el conflicto, la reintegración de los guerrilleros y la apuesta por un nuevo escenario político para el país. Cada punto negociado tiene total relación con los otros del acuerdo total y final.

1) Hacia un nuevo campo colombiano. Reforma Rural Integral:

El conflicto armado entre las FARC-EP y el Estado colombiano empezó por el campo, luchando por la tierra. Es en el campo donde se debe resolver. El Acuerdo se centra en dos cuestiones: primero, crea un Fondo de Tierras que redistribuye la tierra para que más campesinos puedan ser propietarios, priorizando a madres cabeza de familias y desplazados. Estas tierras provendrán de lotes baldíos, tierras expropiadas por actividades ilegales y tierras de reservas forestales que terminaron siendo utilizado de otra forma y perdieron valor de reserva. Durante los próximos 10 años habrá una extensión objeto de la Reforma Rural Integral de 10 millones de hectáreas. Del Fondo de Tierras (3 millones de hectáreas) y a través de la formalización masiva de la Propiedad Rural (7 millones de hectáreas). Se busca formalizar la tierra, crear condiciones para trabajarla y fortalecer las Zonas de Reserva Campesina. Segundo, se busca garantizar que esa propiedad esté acompañada de recursos para que los campesinos saquen provecho a sus tierras mediante Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), apoyo tecnológico, capacitaciones y un mejoramiento de las condiciones infraestructurales de sus contextos: construir vías, escuelas, redes eléctricas, agua potable, entre otros, con el fin de reducir la brecha entre el campo y la ciudad.

2) Participación política. Apertura democrática para construir la paz:

Nuestro conflicto es social y político. El sistema social excluye diferencias y el sistema político no permite que proyectos alternativos y democráticos de país sean poder estatal.

Este acuerdo busca que esta realidad cambie dando prioridad a la participación de la mujer como medida afirmativa que promueva su fortalecimiento en el escenario político, garantizando la creación de los partidos o movimientos políticos productos de la negociación, haciendo una revisión del régimen electoral y garantizando la verdadera existencia de una sociedad pluralista y multicultural. El acuerdo crea un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política, que busca garantizar la seguridad de los excombatientes que puedan participar en espacios socio políticos y un Consejo Nacional para la Reconciliación y la Convivencia que busque renovar los pactos políticos basados en el respeto, el pluralismo y la diversidad. También el acuerdo reconoce la importancia de la información y el fortalecimiento de los medios comunitarios para la difusión de las diferentes posturas e ideas en el ambiente político.

3) Fin del Conflicto

Este punto contempla las condiciones, procedimientos y el monitoreo y verificación para el Cese al Fuego Bilateral y Definitivo que comenzó la hora cero desde el 29 de agosto de 2016. Después de 52 años de conflicto se deben buscar acciones que lleven a reincorporar de manera efectiva a los excombatientes tanto a la vida civil, como en la garantía económica, social y político. Por primera vez en el país se silencian las armas de manera definitiva entre dos partes del conflicto y con un acompañamiento internacional tan grande por parte de organizaciones como la ONU. Para garantizar el cumplimiento de estos compromisos los guerrilleros se ubicarán en 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización. Allí estarán monitoreada por militares enviados por la ONU y por el ejército colombiano, quienes garantizarán el cumplimiento de la Dejación de Armas. Con estas armas entregadas (180 días después de la firma final del Acuerdo) se procederá a la destrucción y se realizarán tres monumentos uno en la ONU, otro en la República de Cuba y otro en Colombia. Este punto también contempla el fomento de la realización de un gran Pacto Político.

4) Solución al problema de las drogas ilícitas:

Este punto buscar dar un tratamiento radicalmente distinto al problema de las drogas tanto desde la siembra como hasta el tratamiento al consumidor. Se crea el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito-PNIS, con el fin de que las comunidades campesinas en situación de pobreza, de manera voluntaria y concertada, que en la actualidad derivan su subsistencia de esos cultivos, encuentren también una solución sostenible y definitiva al problema de los cultivos de uso ilícito y a todos los problemas asociados a ellos en el territorio, con el fin de iniciar la sustitución de cultivos. Busca también abordar el consumo con un enfoque de salud pública e intensificar la lucha contra las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, incluyendo actividades relacionadas como las finanzas ilícitas, el lavado de activos, el tráfico de precursores y la lucha contra la corrupción, desarticulando toda la cadena de valor del narcotráfico.

5) Víctimas:

Este punto es central, inédito y valorado positivamente en el mundo por todos los países garantes, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y un paso más para todas las organizaciones de víctimas del país. El punto crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, incluyendo la Jurisdicción Especial para la Paz; y contiene un Compromiso sobre Derechos Humanos. Este Sistema busca la satisfacción de los derechos de las víctimas, mediante la combinación de mecanismos de carácter judicial y extra-judicial. Se especifica las formas de reparaciones desde materiales hasta simbólicos, individuales y colectivos en las que deberán participar los actores del conflicto vinculados en la situación. Habrá amnistías e indultos excepto para los delitos de lesa humanidad. Se crea la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que busca ser una fuente de reparación no solo para las víctimas sino para que todo el país sepa la verdad de lo ocurrido en este conflicto armado. También se crea la Justicia Especial para la Paz (JEP) que será encargada de sancionar a los excombatientes, que si contribuyen con la verdad tendrán sanciones alternativas entre 5 y 8 años. Si son conductas muy graves y se contribuye con la verdad antes de la sentencia, la sanción tendrá una función esencialmente retributiva de pena privativa de la libertad de 5 a 8 años de prisión. Si las conductas son muy graves y el procesado no reconoce verdad y responsabilidad y resulte declarado culpable por el Tribunal, tendrá sanciones previstas en el Código Penal, con privación efectiva de libertad no inferior a 15 años ni superior a 20 en caso de graves infracciones o violaciones. En todo caso, la sanción se asignará de acuerdo al grado de verdad y a la gravedad y participación en la conducta sancionada.

6) Implementación, verificación y refrendación:

En este punto se crea la Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de Diferencias. Se encargará de hacer todo el acompañamiento al proceso luego de la aprobación del SI en el plebiscito. El punto explica todos los principios y los protocolos de la implementación y verificación, tanto en el compromiso asumido por Gobierno y FARC, como por todo el acompañamiento internacional que tendrá el proceso. Finalmente las partes se comprometieron a aceptar el mecanismo de refrendación popular PLEBISCITO, que será votado el 2 de octubre.

 

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