Natasha Jaramillo: protagonista en Matar a Jesús Destacado

Igual que Paula, Natasha Jaramillo llega al aeropuerto con una sonrisa en la cara. Luego de la entrevista se tiene que poner a escribir un ensayo sobre el equilibrio en la pintura y los colores. En Matar a Jesús (película ganadora del Premio del Público en el FICCI) hace el papel de Paula, o Lita, como le dicen los amigos, quien verá morir a su padre en manos de un sicario en moto, a quien luego conocerá en una fiesta de salsa y con el que se enfrentará a la disyuntiva de si matar o perdonar.

Laura Mora, la directora, nunca le dio un guion a Natasha ni a Giovanny Rodríguez (Jesús), pero les narró el cuento de la película, la historia que iba a transcurrir basada en fragmentos de su propia vida, como el día en que mataron a su papá, abogado y profesor universitario. Esta fue una de las escenas más complejas para Natasha por el contenido emocional y la dificultad de interpretar algo por lo que no había pasado en carne propia: “Para un estudiante de teatro debe ser fácil llorar, pero para mí no. Había un preparador de actores y con él hacíamos algunas tareas de confrontación, en las que uno se pone triste, entre otras cosas, por la posición del cuerpo y la respiración; el problema con la parte del asesinato del padre de Paula fue que justo para esa escena no era capaz de llorar. Para entrar en esa emoción, el preparador de actores tuvo que llorar él desconsoladamente y así me pude identificar con su sentimiento. Luego el problema era cargar con ese dolor evocado varios días, uno se envuelve mucho en esa nostalgia, además creo que una pérdida por la violencia de alguna manera la hemos vivido todos los colombianos”.

Natasha y Giovanny fueron seleccionados como actores naturales por la similitud de sus vidas con los papeles que iban a interpretar; Natasha es estudiante de Artes en la Universidad de Antioquia, le gusta la calle, tiene un espíritu rebelde y el cabello larguísimo. La directora la vio en el Museo de Arte Moderno de Medellín -MAMM durante el estreno de Todo comenzó por el fin (2016, Luis Ospina), pero se le voló en mitad de la película. A los días cuando la vio caminando por Junín salió corriendo para hacerle la propuesta y convencerla de ser la protagonista, de ser Paula; y aunque para Natasha fue una experiencia muy enriquecedora confiesa que “si alguna vez vuelvo a trabajar en cine espero hacerlo detrás de cámaras”.

En la película, Jesús es un sicario de Medellín que hace parte del aparato criminal de la ciudad, su día a día es apretar un gatillo no por odio ni por rabia sino porque ese es su trabajo, él ni siquiera sabe quiénes son sus víctimas o qué hacen, se limita a cumplir órdenes: “no lo hace porque quiere sino porque le toca, entonces, ¿quién es el verdadero victimario? No es Giovanny, no es Jesús, no son estos pelados a los que les toca guerreársela y encuentran en esto una forma de tener dinero; creo que son personas que no encontraron muchas veces en su familia el amor, el cariño y esos valores que nos hacen decidirnos por otras cosas diferentes. Los verdaderos victimarios nunca se nombran, nunca se conocen, no tienen rostro, ejercen una violencia silenciosa que termina calando en toda la sociedad”.

Matar a Jesús fue grabada en orden cronológico, es decir, en el orden en que iban pasando los sucesos, esto genera unas exigencias desde la producción, pero también desde las actuaciones. A medida que el rodaje avanza hay un cansancio mayor y una tensión que aumenta no solo por el desgaste físico sino también emocional: “había que vivir el personaje todos los días, yo sabía a dónde iba a llegar la historia, pero también tuve que vivir las escenas de la cotidianidad de Paula, por ejemplo llegar aquí al aeropuerto, pedir un bareto… yo no sabía que eso lo íbamos a grabar, pero no son cosas que se alejan tanto de mi realidad, era una indicación que nos daba Laura y nosotros la interpretábamos como nos daba la vida, como actuaría normalmente Natasha”, cuenta.

“De esto fueron solo tres días en que Paula estaba bien, contentica, normal, antes del asesinato de su padre; a partir de ahí ella va en picada todo el tiempo, entonces también eso me afectaba mucho, porque aparte de que una producción cinematográfica es como prestar un servicio militar durante tres meses, levantarse muy temprano, terminar muy tarde y todo el día es camelle, porque cada minuto cuenta, llegaba a mi casa no solo muy cansada sino al mismo tiempo muy abrumada por todo lo que yo estaba viviendo. Aparte no podía hacer algunas cosas que hago normalmente, montar en cicla, hacer Conspirarte (propuesta artística personal) o trabajarle al proyecto de agricultura sostenible que estoy haciendo con unas parceras; al final, aunque todo fue muy agobiante, disfruté de aprender desde adentro cómo se hace el cine, era como abrir mi mirada a otras perspectivas porque para mí el cine es un arte demasiado completo, tiene de todo un poquito. Luego de que terminamos de grabar fui entendiendo lentamente lo provechoso que había sido todo”, explica Natasha.

Matar a Jesús ha tenido buena atención de las exhibidoras del país. Es heredera del cine de Víctor Gaviria, que a la vez es heredero del neorrealismo italiano; un cine que ha pretendido mostrar la realidad no solo como es sino también con los elementos que la componen. En Matar a Jesús las calles, los personajes y los hechos (como la sospechosa incompetencia del aparato judicial) son sacados de una Colombia real donde el amor y el odio conviven en la misma cuadra.

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