Osama Bin Laden, la CIA y las mentiras imperiales

El pasado primero de mayo Barack Obama, flamante criminal de guerra que se aloja en la Casa Blanca, dio la noticia del asesinato de Osama Bin Laden por parte de un comando especial de matones del Pentágono. La versión original que hablaba de una acción tipo hollywoodense, en la que los “valientes muchachos” de los Estados Unidos habían matado en un recio combate al líder de Al Qaeda, poco a poco se ha ido demostrando falsa, porque hasta tal punto los altos voceros del régimen de Obama han modificado la versión que, hasta ahora, sobre lo sucedido han presentado por lo menos cinco relatos diferentes.

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Esto pone     en evidencia otra gran mentira sobre Osama Bin Laden, un personaje siniestro que fue creado por la central de inteligencia de los Estados Unidos (CIA) en la década de 1980 y que, como las evidencias lo indican, hasta cuando murió hace algunos años, siempre fue funcional a sus antiguos patrones, la CIA y al imperialismo estadounidense, que alguna vez lo proclamaron como un “campeón de la libertad”.

La mentira que circula sobre el supuesto asesinato de Osama Bin Laden se ha hecho evidente por las  contradicciones flagrantes: primero que el Saudí estaba desarmado y que de manera cobarde se resguardó  con el cuerpo de su esposa, razón por la cual fue abatido por un francotirador; luego se dijo que había sido una operación en la que se atacó un sitio habitado por pocas personas, hiriendo y matando a mujeres e hijos de Osama junto con este último, porque habría opuesto resistencia, aunque no dicen de qué tipo. Para completar, resulta poco creíble que Estados Unidos no muestre como trofeo de guerra, y como le fascina a los habitantes de ese país, el cadáver de su supuesto enemigo, como lo hicieron con los hijos masacrados de Saddam Hussein, y hayan dicho que el cuerpo de Bin Laden fue enterrado(sic) en el mar.

Que Estados Unidos mienta sobre Bin Laden no es ninguna novedad, porque las mentiras que ha inventado el imperialismo con respecto al que fue uno de sus incondicionales socios darían motivo para escribir una novela, frente a la cual los relatos de ficción quedarían en ridículo. Novedoso resulta que una mentira tan burda sea creída a pie juntillas por todo el mundo y difundida como algo cierto por la mayor parte de los periodistas de todo el orbe. Por eso, es bueno recordar algunas de las mentiras que le antecedieron.

Primera mentira: Osama Bin Laden de combatiente por la libertad a enemigo número uno de Estados Unidos.
Durante más de una década, Estados Unidos presentó como su principal enemigo a Osama Bin Laden, con el argumento que era el campeón del terrorismo islámico, que había enfilado sus baterías contra el mundo occidental. Este aserto, repetido hasta el cansancio por falsimedia, no tiene en cuenta que Osama es un típico producto de los Estados Unidos, porque fue adiestrado, financiado y armado por la CIA en la década de 1980, cuando Estados Unidos organizó a los muyahidines para enfrentar la ocupación soviética de Afganistán. Osama Bin Laden, un millonario de Arabía Saudita, fue un peón incondicional de los Estados Unidos, como miembro integrado a la CIA.

Y ese papel lo siguió desempeñando hasta su muerte, no la de ahora sino la verdadera, hace algunos años. Al respecto, unos pocos datos indican los vínculos de Osama con los Estados Unidos: el 10 de septiembre de 2001, a pocas horas de los atentados en Nueva York,  Osama estaba recluido en un hospital militar pakistaní, en la ciudad de Rawalpindi, lo cual lo sabía Estados Unidos por sus estrechos nexos con Pakistán; mientras en teoría los Estados Unidos se enfrentaban a Al Qaeda, la red terrorista del nuevo enemigo de Estados Unidos, en Afganistán, aquélla ayudaba a las mil maravillas a los Estados Unidos en Kosovo y en la antigua Yugoslavia y se desplegaba por otros lugares geoestratégicos para los Estados Unidos, como Chechenia (estamos hablando entre 1999 y 2002); para invadir a Irak, entre otros argumentos el régimen de Bush II afirmó que en ese país se encontraban núcleos de Al Qaeda, y Osama Ben Laden no tardó en confirmarlo realizando atentados y dando muestras de presencia en ese territorio, lo cual le caía como anillo al dedo a los Estados Unidos.

Segunda mentira: El 11 de septiembre fue obra de Al Qaeda y de Osama Bin Laden
Sin duda la mentira principal, la campeona de todas las mentiras, es aquella que afirma que los atentados a las torres gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001 (11 S) fue planeada y ejecutada bajo la dirección de Bin Laden. Esta es la versión oficial de George Bush y su círculo criminal, que cada día tiene menos soportes, porque resulta inverosímil sostener que un grupo de terroristas de origen árabe secuestraron de manera simultánea cuatro aviones, los tuvieron bajo su control durante dos horas en el propio espacio aéreo de los Estados Unidos, sin ninguna interferencia en el lugar más vigilado y controlado del planeta, y luego los estrellaron contra el World Trade Center y el Pentágono. Para cometer tan espectacular acción, emplearon como armas letales los tenedores y cuchillos que se suministraban a los pasajeros a la hora de servir los alimentos, instrumentos que les sirvieron para doblegar a la tripulación de los aviones.

Quienes han estudiado a fondo el asunto cuestionan tan candida versión, señalando, para empezar, como algo un poco extraño que unas personas sin capacidad de conducir ni un avión de juguete, como lo habían probado en sus cursos de aviación en academias de los Estados Unidos, tuvieran la precisión y sangre fría que demostraron el 11 S al estrellar unos gigantescos Boeing contra los emblemáticos edificios del centro de Nueva York. También resulta llamativo que seis de los supuestos piratas suicidas estén vivos, lo que indica que no fueron ellos los que realizaron la acción.

Hoy está demostrado que ningún avión se estrelló contra el Pentágono sino que éste fue atacado por un misil. Tampoco es creíble que unos edificios que fueron diseñados para evitar una deflagración hayan desaparecido en caída libre, como por arte de magia, cuando eso sólo se puede producir como resultado de una implosión controlada, como cuando es demolido un edificio. Además, nadie ha explicado por qué el mismo 11 S en las horas de la tarde, de manera súbita, se derrumbó, en caída libre como las torres gemelas, la Torre 7, otro edificio del lugar sin que hubiera sido embestido por ningún avión.
Para completar, el gobierno de Estados Unidos siempre se negó al establecimiento de una comisión de investigación independiente que indagara sobre lo sucedido, y al otro día, el 12, ya sabía quiénes eran los autores del atentado. ¿Por qué si los atentados fueron realizados por terroristas árabes de Al Qaeda dirigidos por Bin Laden -que los planearon durante años, y desde dentro de los Estados Unidos-, como se dijo por parte del gobierno de Bush, nunca se les pudo detectar, pero pocas horas después del atentado, se había identificado con precisión a los responsables?

Esta gran mentira sobre el 11 S ha sido la gran excusa para emprender la “guerra contra el terrorismo”, y a nombre de la cual se han librado las batallas de Afganistán, Irak y ahora Libia y otras que se sucederán en el futuro inmediato por parte de los Estados Unidos. Esas guerras le han costado a la humanidad varios millones de muertos, causados por las tropas asesinas de los Estados Unidos y sus vasallos. Sin la mentira del 11 S esta cruzada bestial habría sido más difícil de realizar; para hacerlo posible se necesitaba una excusa adecuada y la mejor que se fabricó fue la del ataque al corazón del imperialismo como sucedió hace una década. De ahí en adelante, todo estaba justificado a nombre de la lucha del “bien” (Estados Unidos y sus lacayos) contra el “mal” (ahora identificado con el genérico calificativo de terrorismo)

Tercera mentira: Videos, presentados cuando a Estados Unidos más le convenía
Después de la gran impostura del 11 S y cuando se perdió el rastro de Bin Laden, que como hemos visto estaba recluido en un hospital de Pakistán un día antes, el nuevo enemigo de Estados Unidos reaparecía de vez en cuando en videos como caídos del cielo, que se daban a conocer en momentos en que Estados Unidos más lo necesitaba, para justificar la continuación de su guerra infinita contra el terrorismo. Esos videos aficionados mostraban a un personaje tan borroso que los expertos que estudiaron esas misteriosas cintas llegaron a la conclusión que eran burdos montajes.

Lo importante estribaba en que la presencia mediática del omnipresente Osama siempre favorecía a los Estados Unidos, porque reaparecía cuando ya se estaba olvidando el origen de la guerra contra los terroristas y eso ha vuelto a suceder, como en una parodia de mal gusto, después de que se ha anunciado la definitiva muerte de Bin Laden. En efecto, luego de incurrir en tantas mentiras y contradicciones en la última versión sobre la enésima muerte de Bin Laden por parte de Barack Obama y su círculo de criminales, éstos se han visto obligados a difundir otros videos, en los cuales se presenta a un personaje que hasta último momento preparaba ataques contra Estados Unidos y vociferaba en su contra. Esta especie de videos póstumos indica que el registro visual del “enemigo número uno de los Estados Unidos” les sirve a estos últimos incluso después de la muerte de aquél, para justificar sus crímenes y la violación de la soberanía de los países, así como la utilización de la tortura.

En adelante, los Estados Unidos ya no podrán recurrir a nuevos videos de Osama porque ahora cuentan con el campeón indiscutible del terrorismo de Estado, lo que le ha valido un Premio Nobel de la Paz, y cuyo nombre es parecido, Obama, el cual sustituye en los videos al millonario saudita, como lo hizo en las horas de la noche del primero de mayo. Algo que no debería subestimarse, porque es el anuncio de los nuevos crímenes del imperialismo que, horas antes, había asesinado a tres niños en Libia, del entorno familiar del régimen gobernante en ese país, usando bombas inteligentes, con el argumento de que esa fue una acción humanitaria para proteger a la población civil, porque esos infantes ponían en peligro la vida de los “rebeldes”, que como va quedando claro, vaya paradoja, están siendo financiados tanto por la CIA como por Al Qaeda, es decir, doblemente por la CIA.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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