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El genocidio de Israel en Gaza es la continuación del plan sionista para liquidar el Estado Autónomo Palestino. Tras las elecciones parlamentarias palestinas de 2006, en las que resultó victorioso Hamás (Movimiento de Resistencia Islámico), el objetivo de Israel y Estados Unidos fue hacer inviable la principal demanda del pueblo palestino: la constitución definitiva de un Estado Autónomo Palestino, en nombre del trillado argumento de “guerra contra el terrorismo”. Para esto orquestaron, con la indiferencia cómplice de la “comunidad internacional”, una estrategia para obligar a Hamás a romper la tregua y lanzar la agresión.

 

En junio de 2007, presionado por Israel y Estados Unidos, el gobierno de la Autoridad Palestina, liderado por el presidente de M. Abbas, destituyó al Primer Ministro Ismail Haniyeh, dirigente de Hamás. Ante este golpe de estado, Hamás tomó el control de Gaza e inició un nuevo gobierno local, distinto al de Cisjordania. En septiembre de 2007, Israel declaró a toda la Franja de Gaza como “territorio enemigo” y en enero de 2008 incrementó el bloqueo de alimentos y medicinas, al tiempo que lanzó la operación “Invierno cálido” en la que asesinó más de 150 palestinos. La última tregua iniciada en junio de 2008, con la mediación de Egipto, fue saboteada nuevamente por Israel, quien a pesar de liberar en agosto a 198 palestinos (de los casi 10.000 prisioneros), en noviembre asesinó a 12 jóvenes palestinos en Gaza, lo que llevó a Hamás a romper la tregua el 19 de diciembre de 2008, cayendo en la trampa preparada por Israel.

El primer ministro Ehud Olmert y el ministro de defensa Ehud Barak del gobierno laboralista de Israel, dieron la orden de lanzar la operación “Plomo fundido”, como una “guerra total contra Hamás”, que además de liquidar a Hamás tiene como centro el genocidio y el castigo masivo contra la población civil que ha sido el blanco del ataque sionista. A pesar del repudio mundial contra el Estado de Israel, el genocidio continúa dejando hasta el momento más de 1000 muertos, 5000 heridos, destrucción de numerosas escuelas, universidades, hospitales, servicios de electricidad y abastecimiento de agua. Con la operación “Plomo fundido” se está usando fósforo blanco, arma química prohibida por la ONU, que también ha denunciado el uso de uranio empobrecido y bombas de racimo. Los blancos israelitas en Gaza son principalmente los civiles, un 60% niños y niñas. Tanto Israel como Estados Unidos y numerosos gobiernos y personajes de derecha en el mundo, han justificado esta agresión con una serie de mentiras que es importante desmentir.

Mentira número Uno: La culpa la tiene Hamás.

 "La situación que está ocurriendo ahora en Gaza fue causada por Hamás". (Declaración de G. Bush, 5 de enero de 2009). La prensa burguesa repite hasta el cansancio que si Hamás no hubiera roto la tregua, no se hubiera producido la invasión de Israel contra Gaza.

Israel miente cuando acusa a Hamás y desconoce sus esfuerzos por respetar las diferentes treguas, mientras Israel no cumplió ninguno de los acuerdos. Si tuviera “buena voluntad” hubiese cumplido las demandas elementales que proponía Hamás: permitir el paso de alimentos, medicinas y personas en la frontera con Egipto y suspender detenciones y asesinatos selectivos contra activistas de Hamás.

Dejarse provocar por Israel, puede ser un error de Hamás, pero lo que debe quedar claro es que las clases dominantes de Israel, desde su fundación hace 60 años, se han opuesto a la existencia de un Estado palestino autónomo.

Mentira número Dos: Israel es la única democracia en Medio Oriente y tiene derecho a defenderse y a defender a la población de Gaza del terrorismo de Hamás

Las clases dominantes de Israel dicen ser el único Estado democrático del Medio oriente, que se defiende legítimamente del terrorismo y que, como lo señaló el ministro de defensa israelí Olmert, "el pueblo palestino no es nuestro enemigo y nuestros únicos blancos son los terroristas de Hamás". Estas son las mentiras más cínicas de la propaganda sionista. Ni Israel es una democracia, ni la operación “Plomo fundido” busca proteger a la población civil palestina.

Israel es un Estado militarista, racista y violador del derecho internacional humanitario. En su legislación aprueba la segregación racial para con los no judíos, manteniendo a los árabes que viven en Israel en una condición de inferioridad social y política. La ley prohíbe a los ciudadanos israelíes y sus conyugues de los territorios palestinos ocupados, vivir juntos en Israel. La ley aprueba la tortura en los campos de detención de prisioneros. Desde su fundación ha sido un Estado gendarme, defensor de los intereses imperialistas y de sus propias clases dominantes en la geoestratégica región del Medio Oriente, por eso se ha negado a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear y posee un arsenal de bombas atómicas y ojivas apuntando a sus vecinos árabes.

La agresión contra los palestinos viola el derecho internacional humanitario, lo que convierte a los gobernantes de  Israel en criminales de guerra que deben ser juzgados en tribunales internacionales. La Convención de Ginebra prohíbe la destrucción de bienes colectivos y sociales en nombre de operativos militares, la tortura y el trato inhumano a los prisioneros, y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional tipifica como crímenes de guerra, “Dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en cuanto tal o contra civiles que no participen directamente en las hostilidades”.

Por otra parte, quien mantiene a la población palestina en un Ghetto es Israel, que usa el genocidio como estrategia militar. Desde 2005 Israel controla las fronteras terrestres, marítimas y aéreas de Gaza, destruye los cultivos y viviendas con bulldozers blindados, bloqueó el puerto de pesca, cortó el suministro de agua potable y electricidad y prohibió a la mayoría de la población el derecho de trabajar. La Franja de Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del planeta, tienen una superficie de sólo 360 km2, el tamaño del perímetro urbano de Bogotá, allí vive una población de 1 millón y medio de habitantes, que por la agresión y cerco sionista tiene a más del 70% de palestinos por debajo del nivel de pobreza y dependientes de la ayuda humanitaria internacional. Israel retiene el producto de los impuestos y derechos de aduana que los palestinos podrían haber obtenido en Gaza con la intención de asfixiar financieramente al gobierno palestino y evitar cualquier resultado económico favorable, particularmente en Gaza, gobernada por Hamás.

Mentira número Tres: Hamás es un grupo terrorista y los palestinos son incapaces de gobernarse así mismos.

En septiembre de 2007 Israel declaró a Hamás y a Gaza como "organización terrorista que tomó el control en la franja de Gaza y la transformó en un territorio enemigo". Hamás no es una organización terrorista, es una organización político militar que nació en la primera intifada (1987), como respuesta a las agresiones de Israel. Cuenta con una red de organizaciones que desarrollan actividades sociales, políticas y armadas. Sostienen el sistema educativo y de salud en Gaza, a través del movimiento Cambio y Reforma participa en el gobierno palestino y con las Brigadas de Izz ad-Din al-Qassam, desarrolla lucha armada contra Israel. Se le podrá cuestionar su discurso islamista radical, la preparación de suicidas y su oposición a la creación de un Estado laico palestino, pero no se puede negar que desde que controló la Franja de Gaza en 2007, ha obtenido varios logros que le garantizaban apoyo popular, en medio de la pobreza y el bloqueo sionista. Redujo en las calles las bandas armadas que combatían entre sí, disminuyó la delincuencia común y recuperó la confianza en las autoridades locales, logrando construir un sistema judicial y de policía respetado y apoyado por la población.

Estados Unidos e Israel han manipulado las diferencias entre Hamás y Al Fatah, para mostrar el fracaso del gobierno palestino y así demostrar sus tesis racistas y colonialistas que considera a los árabes como inmaduros e incivilizados para gobernarse así mismos. Pero la principal causa de la debilidad del gobierno palestino en Gaza, Cisjordania y Jerusalén es el bloqueo económico y la agresión militar de Israel.

La pugna entre Al Fatah y Hamás tiene orígenes históricos, ideológicos y políticos. Hamás heredó la ideología de la Hermandad Musulmana surgida de la década de 1930 en Egipto para contrarrestar las corrientes democráticas y socialistas en el mundo árabe, trazándose como meta la re-construcción del Califato medieval, por lo que la liberación nacional, la oposición a las corruptas monarquías dependientes de potencias imperialistas y la lucha antiimperialista, se supeditan a la finalidad estratégica: reconstruir el Califato. Su base social principal está en Gaza, y no porque la población sea mayoritariamente islámica, sino porque Hamás ha sabido canalizar la desesperación y angustia generalizadas. Por su parte, Al Fatah surgió en la década de 1960 y desde entonces ha tenido dos grandes corrientes: la marxista y la nacionalista burguesa, a esta última corresponde el actual Presidente de la Autoridad Palestina M. Abbas, quien mantiene una postura proamericana y pro Laboralista (partido israelí) y acoge la imposición de romper relaciones con Hamás. La otra corriente tiene diferencias políticas con Hamás pero ha buscado la unidad de acción.

Mentira número Cuatro: Todo el pueblo de Israel apoya al gobierno sionista en la agresión contra Gaza

Esto es falso. En Israel, además de la ideología y base social reaccionaria de los tres partidos: Laboralista, Kadima “Adelante” y Likud “Consolidación” (izquierda, centro y derecha respectivamente, según los sionistas) que en febrero de 2009 realizarán elecciones  y que están aprovechando la agresión a Gaza como botín electoral, existen sectores que se oponen a la agresión contra Palestina y exigen la paz y la existencia de dos estados autónomos, el palestino y el israelí. Jóvenes refusenik (objetores de conciencia) se niegan a incorporarse al Tsahal (Ejército de Israel) mientras no concluya la ocupación a Palestina. Así mismo el Partido Comunista de Israel y su frente Hadash (Frente por la Paz y la Igualdad), ha realizado movilizaciones exigiendo el cese de la ofensiva militar, planteando el fin a la ocupación de los territorios palestinos, el fin  del cerco a la Franja de Gaza, y el desmantelamiento de los asentamientos israelíes en Palestina.

Mentira número Cinco: Solo la “comunidad internacional” puede resolver la cuestión palestina y lograr la paz.

La autodenominada “comunidad internacional” está conformada por el cuarteto imperialista para Medio Oriente: Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y la ONU, que se proclaman portavoces de todas las naciones del mundo, excluyendo posturas como la de Hugo Chávez, presidente de Venezuela que expulsó al embajador Israelí en solidaridad con Palestina. Esa “comunidad internacional” permitió el bloqueo a la Franja de Gaza, exigió que el gobierno palestino, Al Fatah y Hamás reconocieran al Estado de Israel y cumplieran todos los acuerdos firmados sin exigir nada a Israel.

La “comunidad internacional” debe obligar a Israel a frenar los ataques, pero sobre todo debe garantizar el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, ayudando a desmantelar el proyecto expansionista y racista de los sionistas israelíes. De todas maneras, el pueblo palestino es quien debe definir su futuro, por tanto merece el apoyo y solidaridad de todos los pueblos del mundo.

Palestina tiene hoy dos opciones posibles, si hay además un cambio en el carácter sionista de Israel. Se necesitan líderes nacionales que impulsen con la población un Estado sólido, poniendo fin a los antagonismos internos, y garantizando la existencia de un Estado de Israel que renuncie a la ideología sionista. Si esto no se produjera, como lo proponen numerosos sectores, “que los palestinos ganen la lucha y se conviertan en ciudadanos de pleno derecho y en igualdad de condiciones en un Estado unificado palestino-israelí.
 

 

Según el columnista y director de Noticias Uno, Daniel Coronel, este año que comienza es el de la consolidación del uribismo. No es el único que tiene un pronóstico oscuro de lo que va a hacer el gobierno este año y en lo que se está convirtiendo el Estado de Derecho en manos del presidente Uribe y sus secuaces. María Ximena Dusán incluso va más allá y habla del amanecer de la dictadura. En realidad no les falta razón y son muchos los elementos y circunstancias que permiten pronosticar esto, sobre todo por la manera descarada como el gobierno ha realizado sus últimas maniobras políticas, ya sin cuidar siquiera la forma ni intentar disfrazar el discurso.
Todo coincidió en estos últimos días. Primero un amigo me prestó un pequeño libro titulado “1928 la masacre en las bananeras”, que dedica sus páginas a los discursos de denuncia de Jorge Eliécer Gaitan en el Congreso de la República, a partir del 3 de septiembre de 1929, meses después de cometidos los horrendos hechos. Después otro amigo me dijo que en el Museo de Antioquia había una exposición de caricaturas de Ricardo Rendón, caricaturista de principios del siglo 20, y una de ellas se titulaba “La huida de Cortés Vargas”, o sea el general, jefe cívico y militar, que ordenó a sus subalternos disparar sobre miles de hombres, mujeres y niños que dormían o descansaban en la plaza de Cienaga Magdalena, la madrugada del 6 de diciembre de 1928 y que protestaban mediante una huelga contra la United Fruit Company. La lectura del libro y la observación de la caricatura me despertaron una sensación de rabia y tristeza, de incomodidad con la actitud histórica de la oligarquía y los militares colombianos. Por eso quise compartir estas reflexiones.

El seis de diciembre de 2008 se conmemoraron 80 años de la vil masacre de los y las trabajadoras de las bananeras en el departamento del Magdalena; sin embargo, muy pocos en el país realizamos actos académicos, políticos o culturales para recordar estos hechos. Los medios guardaron silencio, los partidos políticos también y el gobierno por supuesto ni se inmutó. La primera reflexión es que en este país existe tal falta de ética y de sensibilidad que hasta los muertos juegan el papel maniqueo que les asigna la política y la ideología. Un acontecimiento de este talante histórico debería ser conmemorado por toda la nación, siempre dentro del ánimo de no repetirlo jamás.  De manera que esta sociedad justifica unos crímenes y excusa otros.

De ese execrable crimen cometido contra humildes obreros no hubo condenados, muy a pesar que Jorge Eliécer Gaitan señaló con nombre propio y pruebas documentales, después de una ardua investigación en la zona, al gerente de la Fruit Company, al general Cortés Vargas, al capitán Luis F. Luna, al capitán Linero, al capitán Julio Garavito,  al subteniente Alfredo Castilla, al coronel Díaz, al teniente Uribe, al ministro de guerra Ignacio Rengifo y a muchos militares y autoridades civiles que fueron vistos el 6 de diciembre y los días siguientes asesinar a sangre fría a campesinos de la región por el delito de participar en la huelga, aunque muchos de ellos ni siquiera lo habían hecho. Hoy, ochenta años más tarde, yo he visto las declaraciones de los paramilitares confesar el descuartizamiento con motosierra y las macabras sesiones de entrenamiento y graduación y declarar la vinculación y apoyo de mandos de la fuerza pública y hasta altos funcionarios del gobierno y tampoco, como hace 80 años, han condenado a nadie por estas causas. La impunidad es una constante histórica.

Jorge Eliécer Gaitán, asesinado años después por la oligarquía bipartidista, había denunciado que eran cientos, quizás miles los inmolados a manos del ejército y bajo las órdenes de la United Fruit Company, empresa norteamericana que les pagaba con jugosas sumas de dinero, víveres, licor y vivienda a los militares y demás autoridades con tal que actuaran siempre en su beneficio. Sin embargo, los periódicos de la época informaron que habían sido sólo nueve los muertos. Hasta el embajador norteamericano de ese entonces en un informe a su gobierno comentaba que eran más de 1000 los muertos en la masacre, y los testimonios populares señalaban que pasaban incluso de tres mil. Los medios, sin embargo, que estaban al servicio del gobierno “godo” de Miguel Abadía Méndez, difundieron la versión de los militares. ¡Qué curioso! Los medios masivos tampoco han cambiado, y hoy, igual que entonces, callan o vociferan noticias de acuerdo con la conveniencia del gobierno, especialmente aquellas en donde la sevicia, la tortura y la desaparición son cometidas por agentes del estado.

Cuenta o mejor denuncia Jorge Eliécer Gaitán que en la medida que sus pruebas comprometían a altos miembros del gobierno y de la cúpula militar y prometían hacerse más directas e implicar a más políticos y miembros de la fuerza pública, los congresistas de la bancada de gobierno, o sea los conservadores, se retiraban del recinto para dejar sin quórum la sesión, y así mismo los miembros del Partido Liberal oficialista, también los del Partido Comunista. Estos últimos, según dijo Gaitán, por celos. Sí, los celos de no ser ellos quienes denunciaban como les correspondía. También resulta curioso que esa práctica después de ocho décadas no haya cambiado. El año antepasado y el pasado, los representantes uribistas, todos, liberales y godos, se salieron del Congreso cuando las víctimas de los crímenes de Estado denunciaban en ese recinto a los militares y otros agentes del Estado, así mismo lo hicieron ante los desplazados y también cuando Piedad o Petro u otro político de oposición denuncia casos de corrupción o participación criminal del gobierno o sus seguidores. O cuando cursa un proyecto de ley que beneficia al pueblo o a las minorías étnicas y culturales.

Los generales de la patria siempre le han huido a sus responsabilidades cuando de masacres y villanías se trata; se ponen firmes antes las órdenes del imperio o “ponen su rodilla en tierra” ante el extranjero usurpador. También lo hacen los políticos y los ricos; aunque en oportunidades ni siquiera tienen que huir, simplemente son cobijados por el manto de la impunidad, ese manto que tienden los medios y que arropa la memoria encogida de los colombianos.

El dolor más grande uno lo siente al saber a sus compatriotas embriagados por el aroma autoritario y atrasado de quienes ejecutan el poder político. Da vergüenza, pero no deja de ser un gran contraste que tengamos gente tan buena y también otra tan perversa. Dejemos que Gaitán lo diga mejor: “En Colombia sucede un fenómeno curioso. Como pueblo Colombia es uno de los países de la más bella euritmia espiritual; los hombres todos sienten aquí colectivamente sus deberes, los postulados de la honradez; pero desgraciadamente  hay hombres capaces de todas las claudicaciones; de las actividades individuales hay derecho para avergonzarse”.

Cuba: Rebeldía, heroísmo y futuro

Llegamos a Cuba el 24 de diciembre, casi a las 12 de la noche; era navidad y día festivo en Cuba. El 25 es el primer día para comenzar a caminar por la Habana. Caminar por la Habana el 25 era comenzar a conocer una ciudad en tranquilidad, porque era día feriado. Estábamos en el sector de Miramar, posiblemente el mejor barrio de la Habana, con unas casas grandes, muy lindas, que antes pertenecían a la burguesía cubana y que con el triunfo de la revolución muchas pasaron a propiedad de campesinos. Es el sector donde están ubicadas las embajadas y algunos hoteles lujosos.

 

Recorriendo la Habana
Caminamos por la avenida 5ta, que atraviesa el barrio, una avenida amplia, grande pero con una zona totalmente pensada para que se pueda caminar por ella, no solo para la velocidad de los autos. Después decidimos subir por alguna de las calles y poco a poco fuimos dejando el barrio Miramar, las calles fueron cambiando, se fue haciendo un ambiente más popular. Comenzamos a ver los murales “mensajes pintados en las paredes”, la imagen de Fidel, Camilo y el Che comienzan a verse por las calles, por los barrios, los mensajes de apoyo y continuidad de la revolución, de saludo al aniversario. Adentrarse en los barrios fue conocer muchas casas que decían en su fachada “sede de CDR”, casas que se ven en todos los barrios y en muchas calles y que sirven de sede a los Comités de Defensa de la Revolución. Estas imágenes, la de los CDR, también están pintadas por todos lados, un campesino con un machete en actitud de defensa.

Cuando llevabamos unas 3 horas de caminar por los barrios y sin saber dónde estábamos, decidimos acercarnos a una estación de gasolina, Oro negro, como se llaman y preguntar a alguna señora, ¿En qué lugar estamos, cómo se llama? “Acá se llama Buena Vista… Buena Vista Social Club”. Fue el fin de nuestra caminata inicial. Entonces le decimos a la señora que nos orientara para ir a la Plaza de la Revolución, ella nos sugiere tomar la guagua y nos pregunta si tenemos pesos cubanos nacionales. Al enterarse que no tenemos, entra a su casa y al momento vuelve con un peso en la mano y nos lo da para que paguemos la guagua, nos explica que con esto pagamos los dos.

Cuba no es lo mismo, Cuba es diferente. Sus calles llevan ese sello encantador de un pueblo que piensa más en la gente que en los desarrollos tecnológicos. Es la sensación que le queda a muchos visitantes y posiblemente algo que genera muchas quejas. Caminando por la Habana se juntan varios sentimientos, conocer una ciudad moderna, organizada, que poco a poco va mostrando sus progresos. El mítico “camello”, tractor convertido en bus, ya no existe en la Habana, las guaguas ahora son buses nuevos, que cumplen de muy buena forma con el transporte de la ciudad. Las calles de los barrios son limpias, organizadas.

Tomamos entonces la guagua, que ahora son buses iguales a los del transmilenio en Bogotá, sin saber dónde bajarnos, todavía no teníamos un mapa. Solo por curiosidad nos bajamos en un lugar donde vimos que se bajaba mucha gente y lo primero que nos encontramos es un monumento al “Quijote de la Mancha”. Esto no era cerca de la Plaza de la Revolución, pero igual queríamos conocer todo. El sector se llama “El Vedado” y esta avenida bonita “La Rampa”. Con el viento fuerte en contra bajamos rumbo al Malecón que queda al finalizar la avenida. Allí aparecen de nuevo las imágenes de Fidel y Camilo, afiches pegados en las vitrinas, en todas, de saludo al 50 aniversario. En el barrio habíamos visto muy pocos turistas, pero allí pululaban.

El malecón es hermoso, un lugar de descanso y encuentro de muchos habaneros; algunas parejas, muchas sombras, también muchas familias pasando el rato, gozando del mar, del viento, del tiempo lento en un día feriado. Tiene 8 kilómetros de longitud y entre otras contiene la Habana vieja, pasando por el Vedado y la Rampa, luego la tribuna antiimperialista José Martí, lugar de concentración y eventos culturales y políticos. El mar evoca a Hemingway, al Granma, y a Playa Girón.

De camino al cementerio Colón, pasamos por otro sector del Vedado, un barrio muy grande; descubrimos que las calles van numeradas en números pares y las carreras en impares; en el sector de la rampa hacia el malecón, en cambio, se conocen con letras y nombres de las calles. Nos fuimos encontrando almacenes de suministros de alimentos del Estado para la canasta básica (un mercado para el mes) a la cual todos los cubanos tienen derecho, y un mercado agropecuario en moneda nacional, lugar donde mercan los cubanos. El cementerio es grande y, para nosotros, extraño. Mausoleos grandes de los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; enormes construcciones contienen los restos de algunos héroes, en este caso no tan anónimos, de Cuba.

Salimos por la parte trasera del cementerio, al sector del nuevo vedado, vamos buscando el zoológico. Bajamos buscando la avenida de la Independencia y nuevamente salimos de los barrios para entrar en una avenida amplia y muy bonita. En todo el camino hay saludos y mensajes de continuidad a la revolución en las fachadas de las casas, con letreros muy elaborados o hechos a mano.

La avenida de la independencia nos lleva a la Plaza de la Revolución, símbolo de la Habana; en ella se han hecho las mayores concentraciones, y es desde donde Fidel le ha hablado al pueblo cubano y al mundo entero en innumerables ocasiones. Llegar a la Plaza de la Eevolución es sentirse en un lugar histórico, es el Che Guevara vigilante, es Martí y el memorial en su nombre custodiando el lugar de la gente. Martí y el Che son los personajes permanentes de la plaza, Fidel y Raúl los visitan y congregan al pueblo, ahí se complementan historia, presente y futuro de la revolución.

Bajamos por la Rampa hacia el malecón, tomamos rumbo a la Habana, caminamos y disfrutamos de las casas que dan al mar, esas viejas pero imponentes casas, altas, con grandes columnas que las hacen fuertes para resistir el tiempo, el desgaste y hasta los huracanes. Al borde del malecón algunos niños juegan, se tiran al mar donde pueden, pues no hay playa, todo es roca, otros pescan desde la parte alta. Carros antiguos remodelados, no todos, recorren las calles todo el día, algunos de estos son taxis para los cubanos. En el malecón se ve pasar todo el día un peculiar transporte para el turista, los “cocotaxis” que por 3 o 4 pesos te llevan a la zona turística de la Habana Vieja, donde está la “Bodeguita del Medio”, la plaza de armas y el museo de la revolución, antiguo edificio de gobierno que fue convertido en museo. La Habana Vieja se convierte para el turista en el lugar de contraste, lugar diseñado y remodelado para el turista y que limita con Centro Habana, que aunque tiene iguales construcciones, no están remodeladas ni pintadas, no son para el turista, esto genera un aspecto diferente.

Nuestra Anfitriona
Cuando llegamos a La Habana, nos hospedamos en casa de una señora hermosa, doña Iris. Cálida pero igualmente llena de dignidad y orgullo. Del orgullo de saber que su madre fue combatiente con Fidel en la Sierra Maestra. Cada conversación con ella era una clase de historia cubana en la que conocimos tantas anécdotas del proceso revolucionario. Su madre, doña Rita, aprendió a disparar teniendo como instructor al mismo Fidel. Cuenta que era zurda y graciosamente le daba mal genio por su mala puntería. Dice que existía un grupo de mujeres combatientes que fueron de gran aporte a la revolución, combatiendo o en labores de propaganda e información a través de Radio Rebelde, creada en la Sierra en 1958 y todavía al aire en la radio cubana. Nos enseña las fotos de su madre que fue delegada al primer congreso del Partido Comunista de Cuba, las fotos con Fidel y sus demás compañeras.

Orgullosa de su historia, la de su familia y la de Cuba, doña Iris es de esa generación de cubanos que vivió todo el proceso de revolución y transformación; ella describe muy bien los logros del proceso, también sabe que hay cosas por mejorar pero confía en que se trabaja para ello. Ella era una campesina de un pueblo de provincia, Bartolomé Masó, su familia después del triunfo de la revolución vino a la Habana, los otros que se quedaron junto con los demás campesinos de la Sierra después del triunfo de la revolución pudieron estudiar y prepararse académicamente y seguir siendo campesinos.

Camino de Santiago

El 31 de diciembre tomamos bus rumbo a Santiago, capital de las antiguas provincias del oriente, dado que en la Habana no se iba a realizar actos políticos de celebración por los 50 años de revolución. Allí en Santiago, en cambio, se realizaron actividades culturales durante varias semanas de diciembre, como la feria “leer la historia”, muestra y venta de libros por la celebración; estas actividades terminarían con grandes conciertos en la tribuna antiimperialista y en centros determinados de los barrios. Raúl Castro se iba a dirigir en acto público a los cubanos desde la plaza Céspedes en el centro de Santiago, desde el mismo lugar donde habló Fidel a los cubanos ese primero de enero de 1959 cuando en el triunfo de la revolución se toman Santiago y comienzan el avance hacia La Habana con Camilo y el Che. En todo caso se sabía que no habría grandes actos de celebración organizados por el gobierno, y la gente misma decía que era por las dificultades económicas que enfrentaba la isla después de los huracanes que la azotaron en el último año.

Al caminar en Santiago se siente la misma sensación de orgullo, el de ellos y el nuestro, de estar ahí. Acá, además de los letreros y vallas de saludo a la revolución, se ven muchos resaltando la labor de la ciudad en los diferentes procesos revolucionarios: “Santiago bastión de la revolución” y “Santiago es Rebelde, hospitalaria y heroica”. Como todo el oriente, Santiago está en el nacimiento de las montañas y se siente la diferencia con la Habana, que es casi toda plana. El centro está en una pequeña montaña que sube desde la bahía. Sus calles también son limpias y organizadas; aunque es la segunda ciudad de Cuba, tiene en algunos sectores un aire a pueblo, a campo, a provincia.

Caminar por Santiago es recorrer una ciudad histórica, donde se realizó el alzamiento popular en cabeza de Frank País ese 30 de noviembre del 56 como apoyo al desembarco del Granma. De camino a la casa donde nos alojaríamos pasamos por la parte trasera del cuartel Moncada, una especie de fortaleza de color ocre, en donde las tropas de Fidel intentaron la toma el 26 de julio del 53 y que todavía conserva en sus paredes exteriores los tiros del enfrentamiento registrado. Ahora en el cuartel funciona un colegio, como cumplimiento de la promesa de Fidel de convertir todos los cuarteles militares de la dictadura en colegios y centros de estudio.

Las calles de Santiago son más estrechas, hay menos carros, menos congestión, más tranquilidad. Desde la parte alta de la ciudad se ven abajo la bahía y al fondo las montañas del oriente, de la Sierra, esas desde donde combatía el ejército rebelde al mando de Fidel.

Un anciano excombatiente
A unas cuadras de la plaza central, encontramos la casa de alojamiento. En ella viven dos ancianos muy cálidos, él, don Noel, excombatiente de la lucha revolucionaria y miembro del partido, y ella, Doña Pilar, Ex integrante del Partido. Qué mejor alojamiento podríamos tener. Con ellos hubo mucha cercanía desde que llegamos. Don Noel, orgulloso, desde temprano sacó sus medallas, las 9 que tiene por su historia de combatiente, y comenzó a contarnos sus anécdotas, su presencia en el segundo frente de guerra oriental bajo el mando de Raúl Castro. Ingresó muy joven, a los 16 años. Dice que muchos jóvenes en Santiago pertenecían a la lucha clandestina o se incorporaban al ejército en La Sierra. Don Noel o “el enfermero”, como le decían porque era el encargado de las medicinas, fue herido en una de sus piernas durante un enfrentamiento con tropas del ejército de Batista. De ello conserva unas secuelas que no lo dejan caminar bien; sin embargo, aunque cojo, camina firme.

Cuenta cómo mataron a Frank País, líder de la guerra clandestina desde Santiago y que había organizado varias actividades conspirativas e insurrecciónales. Fue descubierto en una redada del ejército e identificado por uno de los soldados. Ahí mismo lo asesinaron en una de las casas donde era escondido por algunos pobladores cercanos a la lucha.

Una celebración más que austera
Desde las 2 de la tarde era la cita para ellos, para los invitados, pues al evento central de celebración había que entrar con invitación. Y los invitados eran algunos miembros del partido y excombatientes, un grupo de casi 3.000 personas, entre las que estaba don Noel, invitadas para presenciar el acto de celebración y las palabras de Raúl Castro.

Desde temprano, la numerosa cantidad de visitantes de muchos países nos fuimos congregando en un parque cerca de la plaza Céspedes, donde está la sede del Partido Comunista en Santiago, el parque Dolores. Teníamos la ilusión de que nos dejaran acercar siquiera a una cuadra de la plaza y desde ahí presenciar el acto y las palabras. Esto no se dio, las medidas de seguridad eran fuertes e inmodificables. En mi terquedad todavía me pregunto por qué no se hizo un acto sencillo y público, con el pueblo, y me digo que el gobierno tendría sus razones. Ellos, los cubanos, también tendrían que verlo por televisión y eso hicimos nosotros también, en la casa de nuestros anfitriones, al lado de doña Pilar, quien por no ser invitada tampoco pudo acompañar a su esposo.
Allí, frente al televisor y al lado de una familia cubana asistimos a la celebración de los cincuenta años de la revolución, no como cada uno pensó que se haría, sino como se hizo. Estuvimos en ese momento histórico compartiendo con el pueblo cubano, de la forma que definieron hacerlo, sin más. Escuchando las palabras de Raúl que prometía profundizar en los caminos de la revolución con las transformaciones que fueran necesarias para sostenerla.

La otra versión de DMG

Me invitaron al Jardín Botánico de Medellín un sábado de diciembre de 2008 para que conociera otra versión del caso DMG. En una de sus bellas instalaciones se encontraba un grupo de más o menos 50 personas que vestían camisetas con la consigna “DMG dejen trabajar” y estaban dirigidos por una joven que les hablaba de manera vehemente. Todos querían hablar al mismo tiempo y ella trataba de organizar las intervenciones.

Mary, como se llama la joven, les increpó por la reducida presencia y les exigió hacer todos los esfuerzos para traer más gente a la próxima reunión. Habló sobre los últimos acontecimientos en el cierre de DMG y la suerte de sus recursos. Entre los presentes se escuchaban comentarios contra el presidente Uribe y en el ambiente había rabia, rebeldía y desazón. También se sentía unión y compañerismo, de hecho el grupo se había reunido también para vender entre si comestibles a manera de bazar y con ese dinero recaudado ayudar a solventar su precaria situación económica. Alguien pidió que hicieran una recolecta para darle un aporte a Mary, quien destinaba todo su tiempo a la causa de los clientes de DMG y desde que habían cerrado esta empresa ella no recibía un peso, estaba endeudada con el arriendo y no tenía ni con qué mercar. La recolecta se hizo en medio de una actitud solidaria y afectiva con Mary. Ella era la indicada para contarle a Periferia su versión sobre DMG.

La casa grande de Sandra

Después de casi dos años, volví a acompañar a Sandra en su peripecia por hacerse a una vivienda propia, el sueño anhelado por millones de colombianos pobres y alcanzado apenas de tanto en tanto por algún puñado ínfimo que se tiene que sentir privilegiado, aunque su vivienda no sea ni mucho menos un espacio digno para vivir. Para empezar, es necesario recordar que Sandra se salvó por un pelo de ser estafada por una de esas cooperativas de vivienda que se especializan en enriquecerse acabando de hundir a los más pobres.
- Mejor espere a ver qué otra oportunidad resulta-, le sugerí yo cuando vimos con tristeza y rabia la “casa” que le ofrecía aquella cooperativa. Una caja de fósforos construida hasta la mitad.
La idea era que continuara con su ahorro programado, acaso con la esperanza que de pronto se apareciera la oportunidad de comprar una casa barata y de segunda, las únicas en las que todavía se puede buscar un espacio adecuado y confortable para albergar una familia de cinco personas como era la de Sandra.

Y de inmediato empezamos a soñarnos una de esas casas. Por lo menos espaciosa, porque aquella casa de treinta y dos metros cuadrados a medio terminar que habíamos visto en Picacho Primaveral nos había dejado literalmente traumatizados, pensábamos en ella y nos faltaba aire. Era bueno pensar en las casas hechas décadas atrás, tal vez algo deterioradas por el uso, pero con todas aquellas comodidades que una casa de interés social en Colombia no puede tener hoy. Con muchísima luz nos la imaginábamos, pero sobre todo con suficientes habitaciones para que no tuvieran que hacinarse, con una sala espaciosa, una cocina grande donde la abuela pudiera moverse con gusto y un patio donde las niñas hicieran travesuras y pudieran incluso tener un perro.

Pero el sueño de la casa grande nos duró lo que dura la efervescencia de una borrachera. Cuando fuimos, muy contentos, con la alegría del sueño todavía bailando en los ojos, a averiguar por las ofertas de casas de segunda en Comfama, el funcionario inocentemente nos borró toda esperanza, como si devolviera de la puerta a dos pordioseros, con solo una frase: El gobierno ya no da subsidios para financiar casas de segunda.

Así de sencillo se desinfló el sueño. Ahora tocaba volverse a acomodar a las circunstancias de este país. Es decir, esperar que en alguna de las laderas de la ciudad construyeran un proyecto de viviendas de interés social que se acomodara a las condiciones económicas de Sandra, es decir, que le permitiera acceder al monto mayor de subsidio que otorga el gobierno como subsidio para las familias “más pobres”, lo que en términos técnicos el gobierno llama subsidios tipo Uno, que se otorga siempre y cuando la vivienda tenga un valor entre 17 y 20 millones de pesos. Este subsidio alcanzaba poco más de nueve millones de pesos. A medida que la vivienda subía de precio bajaban también los subsidios, de tal modo que a una vivienda de más de treinta millones de pesos, el gobierno no le destinaba en subsidios más allá de cuatro millones de pesos, con lo que Sandra poco podría hacer.

Y qué casa podía conseguir en 20 millones de pesos en Medellín. Pues una similar a la que le ofrecía aquella cooperativa: de unos treinta metros cuadrados, remontada en los extramuros de alguna ladera y con la mitad de la obra por hacer y bajo su responsabilidad.
- Mejor siga con el ahorro programado y sin afanes- le sugerí como por evitar que ella perdiera el impulso. Aunque realmente el que estaba perdiendo el impulso era yo-. De pronto en unos cuantos años se puede comprar sin subsidio, en condiciones más favorables una casa vieja- terminé, sin querer aceptar que su vivienda fuera un apartamento de 30 metros cuadrados.

Pero Sandra me miró desolada. Se había demorado casi cinco años para completar los tres millones de ahorro programados que le exigía la ley, y para ello había apretado al máximo su economía, negándose todo lo que no fuera estrictamente necesario y a veces hasta lo necesario. Y sin embargo, solo pudo completar esa cuota con un préstamo que hizo su madre, pensionada, en el banco Ganadero. Sandra sabía entonces que si de su capacidad de ahorro dependía, jamás tendría casa. Y entre tanto la asfixiaría el arriendo.

Pero hace un año, en diciembre de 2008, el Estado le trajo un “aguinaldo” a Sandra, y a muchos de los aspirantes al subsidio. Con la comunicación de que le había sido aprobado el subsidio de vivienda tipo 1, Comfama le informaba la nueva disposición del Estado por esta única vez: el subsidio lo podía utilizar en la compra de cualquier tipo de vivienda siempre y cuando fuera nueva. Entonces, aunque a medias, renació el viejo sueño. Por lo menos podía aspirar a una vivienda un poco más grande, aunque fuera más costosa. De hecho, yo mismo había visitado un proyecto que estaban construyendo en Robledo llamado Villa Campiña. También estaba encaramado en las laderas y bastante retirado del centro de la ciudad, pero no estaba tan botado y estragado como el lote aquel de Picacho. Además era mucho más amplio y de mejor factura, tenía poco más de cincuenta metros cuadrados, y entregaban construidas, aunque en obra negra, tres habitaciones, patio y espacio para una cuarta. El precio de venta era entre 34 y 36 millones de pesos, y yo creía que con el subsidio como cuota inicial Sandra podía aspirar a uno de esos apartamentos.

Pero en Comfama le decían que debía aplicar el subsidio al proyecto que estaban construyendo en Pajarito, también por los lados de Robledo, cerca de la estación Terminal del metrocable. Tenía algo más de 30 metros cuadrados, dos habitaciones pequeñas, sala comedor, cocina ínfima, y valía casi 23 millones de pesos.
- Desde luego que doña Sandra tiene la opción de escoger- nos contestó con una amabilidad impostada, tal vez fatigada de tanto atender reclamos todo el día, la niña que nos recibió en una de las taquillas de información, cuando fuimos a cuestionar aquella disposición-. El proyecto de Pajarito es apenas una sugerencia que tiene dos millones adicionales de subsidios entre el municipio de Medellín y de la Fundación Viva.
Entonces le pregunté sobre las posibilidades de aplicar el subsidio a los apartamentos de Villa Campiña. Con la misma amabilidad, pero con algo de impaciencia, la joven se aprestó para hacer las cuentas.
- Con el sueldo de doña Sandra y los subsidios que recibe, Comfama le ofrece un préstamo de 10 millones de pesos. Pero para pagar un apartamento en Villa Campiña le quedan faltando más de 15 millones. En realidad su capacidad de arrendamiento le alcanza para pagar un apartamento de hasta 19, máximo 20 millones de pesos. De hecho, usted puede comprar el de Pajarito por el subsidio del municipio, sino tampoco le alcanzaría.

Sandra y yo sólo atinamos a mirarnos entre derrotados y resignados. Después de todo aquello, la casa de Pajarito era ya mucha ganancia.

Las milicias en Brasil

Más de una quinta parte de los habitantes de Río de Janeiro viven en una situación que podemos definir como neo-feudalismo, sometidos al arbitrio del señor local, líder del grupo armado que domina el feudo y a su población. Esa figura de poder arbitrario, dueña de vidas y propiedades, dicta las normas cotidianas que regulan hasta las esferas más privadas, cuyo desacato acarrea penas que van desde la agresión hasta la muerte.

 

Estas estructuras de poder armado no son una amenaza directa para el poder político o para la democracia formal, pues ellas no tienen como objetivo la toma del poder. Se habla de un estado paralelo en las comunidades carentes, protagonizado por traficantes o por milicianos, pero sería más apropiado hablar de poderes paralelos que desafían un estado en descomposición. Ninguno de esos poderes paralelos aspira a conformar un estado ni dispone de las herramientas para tal fin. Más bien, sus relaciones e infiltraciones en el poder político buscan protección frente a las acciones del aparato de justicia criminal y un aumento de su legitimidad en los territorios controlados. Sin embargo, su existencia priva de los derechos más básicos a los ciudadanos, incluyendo derechos civiles y políticos y, por lo tanto, esos grupos constituyen la antítesis de una sociedad democrática.

En el año 2006 se intensificó en Río de Janeiro el debate público sobre la violencia creciente en la ciudad, agudizada por la presencia de un nuevo actor armado, las denominadas milicias. En este debate, la introducción del concepto de “milicia” parecía responder a un intento de relegitimar un fenómeno antiguo a través de un término nuevo y más positivo. En nuestro estudio, optamos por definir como “milicia” un fenómeno caracterizado por la confluencia simultánea de los siguientes aspectos: control de un territorio reducido y de su población por parte de un grupo armado irregular; el carácter coactivo de ese control; el ánimo de lucro individual como motivación principal; un discurso de legitimación referido a la protección de los habitantes y a la instauración de un orden, y la participación activa y reconocida de agentes del Estado como integrantes de estos grupos.

En este sentido, el fenómeno engloba realidades que tradicionalmente eran definidas con términos más peyorativos, como 'grupos de exterminio'. Sin embargo, existen algunas diferencias entre las 'milicias' y esos otros grupos armados, como la voracidad económica de las primeras, que lleva al control de diversos sectores comerciales, la imposición de tasas de 'protección' a los habitantes o la 'conquista' del territorio por grupos que proceden de fuera. La expansión de estos grupos fue muy significativa entre 2006 y 2008.

En la práctica, el término “milicia” parece describir una gran cantidad de situaciones diferentes, que varían en cuanto a número de integrantes, sectores económicos dominados, inserción política y comunitaria, niveles de coacción y relaciones con los habitantes. En comparación con el dominio del narcotráfico, la “milicia” parece comportarse de forma más organizada y sus integrantes, a diferencia de los chicos del tráfico, no le temen a una muerte cercana.

No existe un modelo único de milicia y hay una gran diversidad de grupos que ejercen un control, fragmentado y no unificado, sobre sus respectivas parcelas del territorio. En muchas comunidades no existía narcotráfico antes de la llegada de las milicias; en otras, la milicia, a pesar de su retórica contra la criminalidad, permite la continuidad del tráfico o se beneficia de él. Estos dos elementos acaban con el mito fundacional de la milicia como una cruzada liberadora del narcotráfico. En esencia, las milicias representan una privatización perversa de la seguridad pública, en la que agentes públicos utilizan los recursos materiales y simbólicos conferidos por el estado para extraer un lucro privado extorsionando a aquellos que deberían proteger.

Las milicias más organizadas se insertan en las estructuras comunitarias y dan continuidad a la larga tradición brasilera de clientelismo político, inclusive eligiendo representantes políticos con los votos de las áreas bajo su control.

El Estado, en las ocasiones en que decide reprimir a la milicia, lo hace a través de investigaciones y prisiones, y no a través de la estrategia militarizada de confrontación armada y la ocupación de territorios que es característica de la guerra contra el narcotráfico. De forma creciente, particularmente después de un episodio en que milicianos torturaron periodistas en mayo de 2008, las milicias son vistas como un sector más del crimen organizado, aunque el combate a ellas se continúe dando por vías muy diferentes de las aplicadas contra el narcotráfico.

Entre tanto, el combate a otros grupos armados, básicamente a los narcotraficantes, es realizado por el Estado con un nivel de violencia que en verdad la realimenta, mientras coloca a las poblaciones de esos lugares en riesgo y viola frecuentemente los derechos humanos. En 2007, las policías del Estado (departamento) de Rio de Janeiro registraron la increíble cifra de 1.330 civiles muertos en intervenciones policiales. Con el propósito de satanizar al narcotráfico, el Estado se embarca en una guerra contra las drogas en la cual todo es aparentemente permitido, cuando más bien debería resolver la corrupción dentro de sus filas, solución esta indispensable para abordar cualquier política de seguridad con opciones de éxito. La política de seguridad pública queda así fuertemente militarizada.

Aunque la droga y los narcotraficantes sean comúnmente percibidos como los grandes responsables de la violencia, no es difícil recordar que el comercio de drogas ilegales existe en todo el mundo, y la corrupción que trae consigo también. La particularidad de la violencia en lugares como Brasil está relacionada, específicamente, con la forma en que esa droga es comercializada y reprimida. En Rio de Janeiro, la estrategia de control territorial como base del procesamiento y de la venta de las drogas, y las disputas subsecuentes de los grupos armados por esos territorios, incluyendo ahí las facciones de narcotraficantes y la propia policía, son las causas fundamentales de los elevadísimos niveles de violencia. Si la comercialización de las drogas fuese realizada sin una base territorial, los niveles de violencia serían, probablemente, muy inferiores.
Por lo demás, el problema de las redes criminales es complejo y no será resuelto de forma mágica por el fin de la criminalización de las drogas, pues las estructuras criminales recurrirán a otras actividades ilegales para intentar mantener sus lucros. Sin embargo, el día que las drogas sean consideradas, como deberían, un problema de salud pública y no un problema penal, el motor económico de estas gigantescas redes criminales comenzará a perder buena parte de su combustible.

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