Paro Agrario: unos acuerdos muy sufridos

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Tal vez había más ganas que condiciones para realizar un Paro casi en medio de las elecciones presidenciales.  Pero las comunidades campesinas de todos los departamentos habían dado un primer paso con el paro agrario en agosto de 2013 y ese esfuerzo, que les costó literalmente sangre y dolor no podía quedarse en una simple anécdota. El gobierno no les había cumplido los compromisos, como siempre, y por eso era necesario buscar la unidad de las organizaciones políticas y demostrarle al gobierno y al país que en este momento las cosas serían a otro precio y un nuevo paro nacional era el precio que tendría que pagar el gobierno.

Además, la Cumbre Agraria le dio fuerza al movimiento y a las personas, y es en ese momento cuando algunas organizaciones comenzamos a preparar el Paro, que en principio lo teníamos planeado para el 28 de abril, pero había que concertar la fecha con todos los miembros de la Cumbre. A pesar de que todos queríamos que la hora cero se diera entre el 28 de abril y el 5 de mayo de 2014, algunas fuerzas políticas, que en principio no dudaban de la importancia de realizar el paro de manera inmediata, se fueron desvaneciendo en dudas y lecturas sobre la pertinencia política del momento: el Paro podría ayudar a Uribe Vélez y su candidato Zuluaga y por ningún motivo se prestarían para ello.

Por otro lado, las fuerzas y los recursos de los campesinos que habían salido en agosto de 2013 aún estaban débiles. Los indígenas, por su parte, seguían en consultas internas y sin definir fecha. Al fin, entre algunas organizaciones, no todas, se decidió, sin la misma fuerza y convicción, que la hora cero del Paro fuera el 1º de mayo.

Para nosotros nada es fácil
La decisión política y el valor de la palabra fueron importantes para seguir adelante, además acabábamos de salir de la Cumbre y luego de un exitoso Foro Social Urbano Alternativo, que nos alentaba; pero las ganas de tensar fuerzas con el gobierno y parar para avanzar fueron determinantes. Seguramente, para los demás, las ganas no son amigas del análisis político serio, pero como en el fútbol, a veces son definitivas para el triunfo o por lo menos dejan a los espectadores y a los jugadores llenos de orgullo propio, lo que moraliza y permite avanzar.


Se discutieron los pros y los contras y se reafirmó la fecha. Se establecieron los puntos de concentración de las comunidades en las carreteras y el diseño de la protesta. Así, con más ganas y convicción que condiciones reales, empezaron las comunidades a salir desde sus veredas, fincas y territorios. Los del Sur de Bolívar y el Nordeste Antioqueño, por ejemplo, salieron con más de 3 días de anterioridad porque tenían que viajar por trochas, carreteras y ríos, como el Magdalena y el Cimitarra, con el fin de llegar a Barrancabermeja. Más o menos mil de ellos lo lograron, cuenta Vidal, uno de los líderes de la región. También comenta que cuando sus embarcaciones cruzaban el río Magdalena de San Pablo hacia Barranca, las lanchas rápidas del Ejército Nacional amenazaron con hacerlos hundir, creándo olas a su alrededor y hostigándolos permanentemente para que no llegaran a sus puntos de concentración.

También en las carreteras fueron detenidos con el mismo fin. Después de tres días, el 28 de abril, llegaron a Barranca y se manifestaron allí hasta el 30 de abril, luego participaron en la marcha del 1º de mayo, y ahí sí salieron para La Lizama, punto que queda en la vía que de Barranca conduce a Bucaramanga y a la Costa Caribe.

A los compañeros y compañeras que salieron del Catatumbo tampoco les fue bien en su recorrido hacia el punto de concentración en La Lizama, el Paramo de Berlín, en la vía que comunica de Cúcuta a Bucaramanga y en Norian, corregimiento de Agua Chica, Cesar, sobre la ruta del sol. Cuenta María Ciro, del Comité de Integración Social del Catatumbo, CISCA, que las más de tres mil personas que se movilizaron pasaron por verdaderos viacrucis. “A pesar de que los trayectos no eran tan largos, llegar al punto de concentración nos llevó 4 días”.

De Tibú y la frontera con Venezuela salieron 100 personas hacia el Paramo de Berlín, allí se encontrarían con grupos de campesinos de las organizaciones sociales de Centro Oriente y en especial de Arauca. Aparte de que fueron obstruidos por todo el camino por la policía y el ejército, fueron agredidos por el Esmad, sin mediar razón, mientras dormían en sus cambuches, en una finca. Les rompieron todo y les quemaron las cosas, hirieron a 30 campesinos y varios de ellos con balas de goma en los ojos.

La mayoría de campesinos del Catatumbo se dirigía hacia Norian, en la ruta del sol y otros 300 llegarían a reforzar en la Lizama. Casi todos comenzaron sus recorridos desde el 28 de abril, pero solo pudieron llegar entre el 2 y el 3 de mayo, porque la policía de carreteras se ensañó con ellos; en dos oportunidades les quitaron los vehículos con cualquier excusa: la primera entre Tibú y Cúcuta, en el sitio llamado la Y y la segunda vez en el peaje los Acacios, entre Cúcuta y Pamplona. Todo, a pesar de que tenían en regla los papeles de los vehículos y los permisos correspondientes. Esta situación los obligó a caminar toda la noche.

A los otros, en la ruta la Playa - Acarí, les quitaron los camiones, con la comida y los buses. Entonces los campesinos contrataron otros buses, pero la policía de carreteras revisaba hasta los más mínimos detalles con tal de impedir su desplazamiento hacia la concentración; hasta les levantaron infracciones, pero ellos las pagaron, con tal de seguir; y cuando trataron de continuar los inmovilizaron y les tocó amanecer en la carretera; luego caminaron durante siete horas hasta Ocaña.

A otros grupos, de los municipios de la parte baja del Cataumbo que salieron a Curumaní, Cesar, les pasó lo mismo: les quitaron los buses y les bajaron la comida de los camiones. Cuando todos los grupos, más de dos mil personas, llegaron a la Gloria, en Ayacucho, cerca a Norian, la policía los requisó uno a uno tan meticulosamente que iniciaron en la mañana y terminaron a las 9 p.m. En esa requisa les despojaron de las herramientas de trabajo y de logística como los machetes y los cuchillos. Entonces otra vez caminaron durante horas y como para burlarse un poco de ellos, finalmente les permitieron meterse, a las dos mil personas, en los seis buses, que a esas alturas aún conservaban.

Cuando por fin llegaron al punto escogido, levantaron cambuches en una finca y comieron lo que pudieron. Pero a partir de ese momento la tensión fue peor, estaban rodeados por cientos de uniformados del ejército, la policía y el Esmad, adicionalmente personal de civil de la Sijin, todos ellos en actitud amenazante y provocadora. Hubo dos momentos de mayor tensión porque los acordonaron y salieron con el cuento de que los manifestantes estaban preparando artefactos con sustancias químicas. Buscaban una excusa para atacarlos. La preocupación crecía porque la mayoría de manifestantes eran labriegos adultos mayores, esto porque a los menores ya los habían hecho salir del grupo y amenazaban con entregarlos a hogares sustitutos del ICBF.

Todo se pudo evitar gracias a la intervención de organismos internacionales, porque en la mesa de negociación el gobierno jamás prestó atención a las graves quejas. Como para cerrar este capítulo con algo de colombianada, una vez se cerraron los acuerdos en la mesa de negociación y la gente se dispuso a retornar a sus territorios, todas las autoridades que habían impedido trasladar a la gente en camiones y buses por razones de prevención y seguridad, según ellos, ahora les facilitaban los mismos camiones todo lo necesario para que se fueran en los camiones repletos y con la gente colgando.

En el resto del país, se dieron los mismos abusos de fuerza y exageración en el despliegue de las fuerzas represivas. Todo un tratamiento de guerra. Por ejemplo, en El Santuario, en el Oriente Antioqueño, los gobiernos departamental y local movieron ejército, policía, Sijin y Esmad, en proporciones superiores al número de manifestantes que apoyaba el paro con una Marcha Carnaval de carácter cultural y político. Lo peor es que posterior a la jornada que pasó sin inconvenientes de orden público, los líderes de la protesta han recibido hostigamientos y amenazas.

El papel de los medios masivos
Extraña que al pliego elevado por la Cumbre Agraria y sus procesos de movilización en todo el país los medios masivos no le hayan dado importancia. Tampoco a las agresiones brutales contra los labriegos; los medios, eso sí, se dedicaron a mostrar la negociación del gobierno con Dignidad Agropecuaria, como si ásta fuera la única que se adelantaba en el país. Al final, el propio ministro del Interior, Aurelio Iragorri, reconoció que el 95 % de los bloqueos y concentraciones en 45 puntos de la geografía nacional y en 14 departamentos, fueron llevados a cabo por la Cumbre Agraria, campesina, étnica y popular.

Lo más seguro es que al Estado, en cabeza del presidente Santos, no le convenía mostrar que en la mesa de negociación con los voceros de la Cumbre se estaba discutiendo un marco de garantías para la negociación, ya no de asuntos puramente económicos, sino una propuesta de modelo para un nuevo país, con características muy diferentes al que hoy se desarrolla en Colombia: un modelo extractivista, despojador y depredador de la naturaleza y de la vida. Los ocho puntos del pliego unitario de peticiones que presentaron los representantes del movimiento agrario agrupados en la Cumbre Agraria, étnica y popular, son en realidad las bases para la transformación de Colombia hacia una nación soberana y democrática. Paradójicamente, lo que dijo el gobierno que jamás discutiría en la Habana con las Farc.

Los ocho puntos del Pliego Unitario de la Cumbre, a los cuales durante estos 12 días de Paro se les construyó un marco de garantías para su negociación son: Tierras, territorios colectivos y ordenamiento territorial; Minería, energía y ruralidad; Derechos políticos, garantías, víctimas y justicia; Derechos sociales; Cultivos de coca, marihuana y amapola; Economía propia contra el modelo de despojo; Relación campo ciudad, y Paz, justicia social y solución política: Todas estas peticiones, reivindicaciones y justificaciones son propuestas de país, que se constituyen en agenda y propuesta de paz con justicia social y vida digna en los territorios.

Se paró y se avanzó
En este contexto, y a pesar de todas las maniobras y estrategias de la fuerza pública para impedir la movilización de los campesinos, el 9 de mayo se llegó a varios acuerdos entre el gobierno y la Cumbre, sobre ese marco de garantías que permitirá, ahora sí, dar inicio a las negociaciones de estos ocho puntos.

Los acuerdos alcanzados, que significan un avance estratégico del movimiento agrario son: la creación de la Mesa Única Nacional como espacio de interlocución entre el gobierno y la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, con el fin de negociar los ocho puntos del pliego de peticiones presentados por la Cumbre. (Ver su contenido completo en www.periferiaprensa.com).

Se acordó, además, la creación de un fondo por 250 mil millones de pesos, para el fortalecimiento de la economía campesina, indígena y afrocolombiana. También el Departamento Nacional de Planeación habilitará un procedimiento para recibir 30 proyectos de desarrollo rural en infraestructuras sociales, acueductos, centros de salud y vías terciarias. Por otro lado, se logró aprobar la financiación de un evento nacional por la paz, con foros preparatorios regionales, en el cual se invertirán 2000 millones de pesos.

En materia de garantías en derechos humanos, se logró el acompañamiento al retorno de los labriegos movilizados en todo el país, supervisado por personal de la ONU. Se creó el Comité de Evaluación de Riesgo y Recomendación de Medidas, CERREM, para población campesina, en donde participarán 4 miembros de la Cumbre. Mientras se crea legalmente el CERREN campesino, una comisión especial estudiará los casos puntuales que se hayan presentado en medio del paro.

Esta comisión conjunta, integrada por miembros de la Cumbre, la Fiscalía, el Inpec, la Defensoría, la Procuraduría, la ONU, el Mininterior, Mindefensa, hará un censo de personas judicializadas por ley de seguridad ciudadana por razones de participación en jornadas de protesta en los últimos años, con el fin de iniciar un proceso de desjudicialización y libertad de los detenidos y detenidas, y entre tanto garantizar sus derechos mínimos y condiciones decentes en los penales.

Se acordó una ruta metodológica para abordar la reglamentación de figuras territoriales como las Zonas de Reserva Campesina y otras nuevas o de hecho, como las Zonas de reserva agroalimentaria, interétnicas, interculturales y otras concretas para las comunidades afro e indígenas; en especial, para el desarrollo de proyectos pilotos y de economía campesina, de sustitución de cultivos con participación y autonomía de las comunidades.

Ahora es que, según los voceros de la cumbre, empieza la verdadera batalla popular para derrotar el modelo de atraso y despojo del régimen y encumbrar un nuevo modelo de vida digna e igualdad social, de defensa del territorio y el medio ambiente. Corresponde a la sociedad en general y a las organizaciones sociales en particular garantizar que se cumplan los acuerdos. Seguramente este no será el último paro este año.

 

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