Los relatos de Rubén

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Cuando supe que Rubén Darío Zapata tenía un nuevo libro en impresión, me sorprendí. En principio porque Rubén vive atiborrado de trabajo y no sé de dónde saca tiempo para escribir, y también porque lo tenía muy callado, yo no sabía. Cuando tuve en mis manos “Angustias Íntimas y Esperanzas Obstinadas” y empecé a leer sus relatos me sorprendí más, porque el trabajo resultó muy bello, a pesar de haber tenido que sortear tantas dificultades, sobre todo económicas.

Leo el primer relato y me siento atrapado en una historia que podría ser la mía, el día de mis grados de la universidad. Empiezo a buscar impacientemente una pista que me diga quién es el personaje, ¿será el propio Rubén? Y le pregunto, se sonríe y me dice que no, pero que podría ser su hermano. Esa es la magia de la literatura, el personaje puede ser real o no, puede ser uno o todos, pero en los escritos de Rubén, siempre, igual que en “La Resignada Paz de las Astromelias”, los personajes están cargados de vida, de angustias y esperanzas; casi se pueden tocar y conversar con ellos, arrancan lágrimas y carcajadas, porque, aunque el humor no es una constante en el autor, la sátira inteligente y la picardía sí, y sus personajes también lo tienen.

Cuando uno se sumerge en el libro, el interés aumenta y lo lleva a las profundidades de la condición humana. De allá es imposible regresar a la superficie sin haber disfrutado de los descubrimientos, regresar con el alma arrugada por el dolor y las angustias de otros; pero es imposible, por lo menos a mí me ocurrió, resistirse a buscar una pieza literaria, un relato, entre los diez de la obra, con el que me identifique más, que cuente un momento crucial o anecdótico, o íntimo de mi vida o que haya dejado huella, como si el autor tuviera la obligación de conocer a todos sus lectores.

Para mayor sorpresa lo encuentro. El título es sugestivo y muy apropiado: “Premonición”. Me siento desnudo, me encuentro dibujado de cuerpo entero, reflexiono, me avergüenzo un poco; lo rechazo, ese no soy yo, es otro, pero los personajes del relato se asoman por los bordes de las páginas y se burlan de mí. Me conformo y me engaño, asumiendo que se trata de una obra literaria, de ficción, seguro que no soy yo.

Rubén ha alcanzado con Angustias Íntimas un punto alto, un estilo propio que es como su huella digital. Juega con las emociones del ser y para ello hay que tener gran sensibilidad; no es fácil hacer uso adecuado de figuras literarias, como hablar en primera persona y abrirle paso en el relato a una tercera, sin que el lector se dé cuenta en qué momento se desvaneció la otra, o crea que está conversando con él; o jugar con la temporalidad que en oportunidades hace perder el hilo, sin que el interés del lector en el relato disminuya.

En la “Era del Hielo”, otro de sus relatos, el más impactante, a mi juicio, compone una pieza tragicómica, de lo más sencilla, sacada de la ingenuidad de nuestras gentes y de la perversión del sistema. El relato no tiene nada que ver con la película infantil, pero se afianza en ella y en sus diálogos para acomodar de manera mágica la historia, en la que se debaten una niña y su humilde madre.

En fin, pudiera buscar a quién atribuirle cada uno de los diez relatos, afirmar que son verdad, que me contaron, que me ocurrieron a mí o que le sucedieron a personas que conozco, a otros; todos tan cercanos que se pueden sentir, oler y tocar. Pero si sucedieron o no, en realidad no importa, cuando los leí hicieron parte de mi universo y me conmovieron.

No es fácil escribir una nota, una semblanza, sobre una obra que escribió un amigo, un hermano. Dicen que hay que separar la amistad y el afecto para ser objetivos a la hora de esbozar una crítica literaria. Pienso que a los amigos hay que respetarlos, hay que decirles cuánto los queremos, felicitarlos por sus éxitos y disfrutar con ellos; y también criticarles por sus defectos, sus salidas en falso y en especial por sus demonios que a veces afloran.

Tampoco voy a decir que se puede separar al autor como persona, de su obra. Para mí, Rubén y su obra son uno solo, y son excepcionales. Hay que leer a Rubén Darío Zapata, porque es un buen escritor, porque es de la periferia y porque es de los nuestros.

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Acerca del Autor

Olimpo Cárdenas Delgado

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