“Hidrosogamoso provoca desplazamiento ambiental y contaminación”: Jairo Puente Bruges

En el departamento de Santander, sobre el río Sogamoso y a la altura en que se forma un cañón que conecta con la serranía montañosa conocida como la Serranía de la Paz, a unos 60 kilometro debajo de la confluencia de los ríos Suárez y Chicamocha, la empresa mixta Isagen (de capital estatal y privado), construyó el embalse más grande del país. Con ello provocó un masivo desplazamiento de la población y una contaminación enorme por gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Para abordar el tema, Periferia Prensa Alternativa, dialogó con Jairo Puente, un veterano ingeniero químico de la Universidad del Atlántico, con especialización en Tecnologías de Procesamiento de Petróleo y Gas del Instituto de Petróleos de Rumania, y líder defensor del agua en Santander.

 

A la fecha, unos representantes de las 200 familias que habitan la vereda La Playa, población ubicada a orillas del río Sogamoso y muy cerca del embalse, se encuentran protestando frente a la gobernación hace ya casi un mes, según afirma el ingeniero Puente. Y es que cuando se inició el llenado se presentó una mortandad de peces que fue reportada por las autoridades y la comunidad y desde ese momento la gente ha quedado prácticamente en la ruina total, al punto que muchos ya han abandonado sus viviendas. Estos habitantes se han declarado desplazados ambientales. Según los últimos estudios que se han realizado sobre el desplazamiento en el mundo, hoy día se estima que hay más desplazados ambientales que desplazados por conflictos bélicos.

En ese sentido, agrega el ingeniero, los problemas que se están presentando en Hidrosogamoso ya se habían advertido, considerando los antecedentes de represas similares en el país. La represa del Muña, por ejemplo, ha afectado a la población de Sibaté, en el departamento de Cundinamarca, porque desde que se llenó la represa llegaron aguas contaminadas que produjeron malos olores y enfermedades en las personas. “Incluso hubo un fallo de la CAR (Corporación Autónoma Regional) por allá en el 2007, si no me falla la memoria, donde ordenaba el cierre de la represa sino se limpiaban las aguas y el sitio”.

Ese fallo nunca se cumplió, pero nos muestra la gravedad del panorama provocado por las represas en el país. Puente sostiene que en el caso de la represa de Urrá, alimentada principalmente por el río Sinú en el departamento de Córdoba, pasa lo mismo: mortandad de peces y comunidades enteras desplazadas. Nos cuenta que incluso el año pasado se publicó un libro muy interesante, “Adiós Río”, que recoge todas las experiencias negativas de las poblaciones afectadas.

Hidrosogamoso se alimenta del río Sogamoso, y el río Sogamoso se alimenta de la unión del río Chicamocha con el Suarez, que antes recibe las aguas del Fonce. Estos 3 ríos aparecen en la lista de los 10 ríos más contaminados de Colombia, según el informe del proyecto “Saneamiento para Vertimientos”, publicado el año pasado por el mismo gobierno.

Entonces esos tres ríos altamente contaminados llegan a la represa y han inundando zonas con vegetación y fauna asociados. “Es decir -explica el ingeniero-, se arrasó con un conjunto de materia orgánica durante el llenado de las 7.000 hectáreas del embalse y ésta se está descomponiendo. Al descomponerse toma el oxígeno del agua y genera gases invernadero, que son los responsables del calentamiento global”. Además de los malos olores y gases que pueden ser tóxicos para la salud humana, hay unas enfermedades que se desarrollan en este tipo de represas, sobre todo en las construidas en climas tropicales que aceleran la descomposición. “Hablamos de la esquisto-somiasis o bilharziasis, que es una compleja enfermedad parasitaria asociada con la alteración del régimen de los ríos. Ésta ha sido llamada la enfermedad de las represas”.

Son males conocidos desde hace mucho tiempo. En el año 2.000, por ejemplo, la Comisión Mundial de Represas publicó un informe mundial donde se hace un recuento de los problemas que ha habido en el mundo relacionados con la construcción de grandes represas. En él se dice incluso que en Estados Unidos ya habían destruido para ese año 467 represas por ese tipo de problemas, y ejemplifican con el caso de una represa que evitaba la subienda del salmón y solo hasta la destrucción del embalse el río volvió a vivir. “Por lo tanto, la construcción de grandes represas, que se venden como megaobras de infraestructura y desarrollo, se hace en países de la periferia mundial y en China e India, donde la legislación ambiental no tiene valor”.

Hay personas que argumentan que las represas generan turismo, pero Puente difiere de ello. De sustento a su argumento se le sirve el caso de la vereda La Playa, a orillas del río Sogamoso y cerca del embalse. “Era un sitio turístico; hoy ya no va nadie, por los malos olores derivados de las aguas contaminadas y de la descomposición de la materia orgánica. Nadie se los aguanta. Además no hay peces”.

Según Puente, el fenómeno de la corrupción en Colombia dicta que la tajada que se saca es directamente proporcional a la magnitud de la obra. Entonces hay muchos intereses por la ejecución de grandes obras, independientemente del impacto social y ambiental. “Es increíble que, a pesar de lo que ha pasado y de los estudios y sus conclusiones, en Colombia todavía sigamos pensando que estas son obras de desarrollo”, señala el ingeniero.

“La comunidades deben organizarse y movilizarse no solo para hacer protestas sino también propuestas”, dice Puente, reviviendo el caso de Santurbán, cuando se creó el comité en defensa de Santurbán en el 2010. Para entonces se daba como un hecho la licencia para la Grey Star en el Paramo para la extracción de oro a cielo abierto, pero la movilización ciudadana logró detener la barbarie que se iba a hacer. “Sin esa movilización Bucaramanga no tendría agua el día de hoy”.

Las energías alternativas y el ahorro del consumo energético son la alternativa para el futuro, pero eso está, según este ingeniero, en contradicción con el papel que nos dejaron en el reparto mundial. “Creo que la salida es política. Es decir, hay que tener vocación de poder y cambiar la forma de hacer políticas publicas en materia ambiental. Pero mientras no cambiemos esa vieja casta política que tenemos en este departamento y en el país, va a ser muy difícil que los problemas se arreglen”, concluye Puentes.

Modificado por última vez el 06/05/2015

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