Desde hace 20 años el CNA trabaja por defender el territorio

Territorio. Identidad. Cultura. Vida digna. Bienestar. Soberanía. Autonomía. Unidad. Estos son pilares para la acción política de una organización compuesta por comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas de Colombia, que durante 20 años ha trabajado para defender la tierra, el territorio, los alimentos y los derechos del campesinado. Se trata del Coordinador Nacional Agrario de Colombia – CNA.

En la década de los 90, el mundo empezó a transitar hacia la globalización y el libre comercio. En Colombia, César Gaviria, presidente entre 1990 y 1994, se sumó a esta apertura económica y abrió las puertas del país para la importación de productos. Debido a estos cambios sociales, políticos y económicos, la agricultura empezó a enfrentar una grave crisis, y los principales afectados, además de los cerealeros, resultaron ser los cafeteros, lo que provocó, el 19 de julio de 1995, el paro cafetero más grande de las últimas décadas en el municipio del Líbano, en el Norte del Tolima.

En solidaridad y para acompañar esta lucha, llegaron al lugar diferentes organizaciones de todo el país, como el Comité de Integración del Macizo colombiano –CIMA-, la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos de Arauca –ADUC-, la Federación Agrominera del Sur de Bolívar, los movimientos campesinos del Catatumbo, centro del Valle, entre otros. Los intercambios permitieron a estos campesinos realizar una lectura de la situación que atravesaba el país y el mundo en materia económica, y entendieron que el sector agrario estaba transitando a otros modos de producción como los monocultivos de materias primas y la agroindustria, para lo que el campesinado empezaba a ser un estorbo.

Allí, entonces, se sembraron las semillas de una organización nacional fuerte, que pudiera enfrentar esas políticas, y que funcionara como una coordinación agraria a nivel nacional en la que se definiera un programa de defensa del campesinado en ese contexto de economía globalizada. Robert Daza, vocero y uno de los fundadores de esta iniciativa, cuenta que “en ese momento las luchas agrarias empiezan a tener sentido, ya no únicamente en la reivindicación de la tierra para el que la trabaja, sino en un contexto mucho más amplio, es decir del territorio, porque el papel que otorgaban los grandes poderes económicos a los países de África y América Latina, era el de proveedores de materias primas, hidrocarburos, recursos energéticos, biodiversidad y recursos minerales. Esos recursos se encuentran sobre todo en los territorios campesinos, indígenas y afrodescendientes, entonces desde allí se empieza a entender que la lucha tiene que ser también por la defensa de los elementos vitales para la vida rural y urbana, como es el elemento agua, la biodiversidad, la cultura misma, y por supuesto de la comida”.

Así se consolidó el Coordinador Nacional Agrario como una plataforma que desde entonces ha puesto al centro luchas lideradas por el campesinado pero que tienen qué ver con todo el pueblo colombiano, como es la defensa de la soberanía alimentaria. Trabajan también por la creación de una territorialidad campesina donde la autoridad sean los mismos campesinos; luchan por la equidad de género y contra las violencias que se ejercen hacia las mujeres; defienden la vida y los derechos humanos; exigen al Estado que la solución para los cultivadores de coca, marihuana y amapola no sea de guerra, sino con proyectos alternativos que permitan la sostenibilidad del campesino. A lo largo de la historia, se han articulado además a plataformas como la Minga Indígena, que luego fue Minga Social, Indígena y Comunitaria, y al Congreso de los Pueblos, y participan en la Vía Campesina, organización mundial de los campesinos. Todo esto con el objetivo de aportar al país sus luchas, ideas y experiencias, para que el campesinado pueda sobrevivir en la historia.

“Somos una población culturalmente diferenciada, y por la amenaza de la guerra y de las políticas nacionales e internacionales estamos en vía de extinción. Por eso la apuesta que tiene el CNA en este momento, es que como campesinado podamos alcanzar el reconocimiento jurídico en las leyes colombianas, que el Gobierno reconozca al campesinado como sujeto de derechos, que nosotros tengamos la posibilidad de constituir nuestros territorios campesinos y podamos ser autoridad, que tengamos derecho a la consulta previa sobre cualquier proyecto que se vaya a emprender en ellos, pero que también tengamos la posibilidad de organizar a través de nuestros planes de vida cuáles son las transformaciones y cambios que queremos para vivir en esos territorios”, explica Robert.

Aunque han tenido que padecer la persecución y asesinato de sus líderes campesinos, e incluso cuando recién nacían estuvieron al borde del fracaso, por el exterminio de sus organizaciones a manos de paramilitares, nunca han desfallecido en su propósito y en lo que entienden como su misión: proveer alimentos sanos y culturalmente adecuados al país, defender los territorios, cuidar los bienes comunes como el agua y la biodiversidad, y seguir manteniendo viva la cultura campesina, que es su vez la cultura, identidad y raíz de la mayoría del pueblo colombiano.

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