Editorial No. 36 Enero - Febrero: Movilización popular o dictadura

Según el columnista y director de Noticias Uno, Daniel Coronel, este año que comienza es el de la consolidación del uribismo. No es el único que tiene un pronóstico oscuro de lo que va a hacer el gobierno este año y en lo que se está convirtiendo el Estado de Derecho en manos del presidente Uribe y sus secuaces. María Ximena Dusán incluso va más allá y habla del amanecer de la dictadura. En realidad no les falta razón y son muchos los elementos y circunstancias que permiten pronosticar esto, sobre todo por la manera descarada como el gobierno ha realizado sus últimas maniobras políticas, ya sin cuidar siquiera la forma ni intentar disfrazar el discurso.

El primer elemento, y acaso el más diciente, lo encontramos en la burda estrategia con la que el gobierno logró sacar avante el proyecto de referendo para la segunda reelección, capeando groseramente los últimos escándalos (los más de mil asesinatos cometidos por la fuerza pública en los últimos seis años, justo en desarrollo de la política de seguridad democrática) que amenazaban definitivamente su popularidad y ponían en entredicho su política de gobierno. El último día de sesiones del Congreso, casi a la media noche, expidió un decreto convocando a sesiones extras con el único fin de que el Senado en esa madrugada aprobara el decreto de referendo. Con el mismo fin, en las dos últimas sesiones del Congreso se pavonearon en el recinto del Senado y sin ninguna vergüenza varios ministros del actual gobierno, todo ello a pesar de que nada de lo que allí se discutía competía a sus funciones. Y llegaron al extremo de sentarse en la mesa directiva como si ellos mismos orquestaran el debate, e incluso rebatieron con vehemencia, cual si fueran miembros del congreso, las opiniones de algunos congresistas que se oponían al referendo.

Uno de los escuderos del presidente que fungió como protagonista en las sesiones fue el ministro de Protección Social, Diego Palacio, sin importar su implicación en el caso de la yidispolítica donde se le señala como intermediario del gobierno para comprar el voto de la congresista en la reelección pasada. También el ministro del Interior, Fabio Valencia, quien ni siquiera se sintió impedido moralmente por la situación de su hermano Guillermo León, investigado y detenido por vínculos con la mafia.

Otro elemento que ayuda a pintar este panorama desolador es la elección del nuevo Procurador General de la Nación, justo el que habrá de juzgar las acciones de los funcionarios públicos que no se ajusten a la ley, es decir, uno de quien habrá de ejercer control sobre las arbitrariedades cometidas por el gobierno. En este cargo, a través de una rapiña de votos en todos los partidos políticos, se ha elegido al señor Alejandro Ordoñez, con un historial tan o más retardatario que el del propio presidente Uribe, conservador a ultranza, de los que hacen brigadas en las bibliotecas para someter a la hoguera los libros que, a su juicio, atentan contra la moral católica. Pero absolutamente tolerante con la violación de derechos humanos y con los crímenes de lesa humanidad. Esta procuraduría será sencillamente un ojo ciego y por ciego permisivo de los desafueros a las que nos tiene acostumbrados el gobierno de Uribe.

También se viene la elección de dos de los magistrados de la Corte Constitucional, hoy de mayoría uribista, en reemplazo de aquellos a los que este año se les vence el periodo, entre ellos el magistrado Manuel Cepeda, una de las pocas voces críticas que todavía quedan en esta corte. La elección la hará el Congreso de dos ternas que presentará el gobierno. Según Daniel Coronel, el nombre de Edmundo del Castillo, actualmente secretario privado de la presidencia, suena como el más opcionado para encabezar una de estas ternas. Así se consolidará la hegemonía y el control uribista en la Corte Constitucional, que de paso será la encargada de darle el visto bueno, según el apego a la Constitución, al proyecto de referendo para la reelección aprobado en el Congreso, y definirá su interpretación constitucional.

Estos son apenas algunos aspectos que permiten intuir el rumbo del país este año hacia una dictadura de ultraderecha, de la cual Uribe sigue siendo una figura cohesionadora, algo que definitivamente no logran otros caciques tan o más derechistas como Vargas Lleras, los Santos, los Rivera, o Incluso Rafael Pardo que para lograr su cometido se camufla en las filas del partido liberal. Tal dictadura, desde luego, no es un fin en sí mismo ni Uribe una figura indispensable. El fin es el sostenimiento y profundización de un modelo económico completamente excluyente, basado en la especulación financiera y de los terratenientes antes que en la producción, y que tiene como beneficiarios a una clase emergente embadurnada de narcotráfico y paramilitarismo. De esta clase es Uribe el émulo perfecto, sin linaje, sin historia aristocrática y con una fortuna inmensa amasada en las huestes del narcotráfico y asegurada y protegida por los ejércitos paramilitares.

Sin embargo, igual que las revoluciones, las dictaduras civiles tampoco se decretan, se van tejiendo al calor de la confrontación con las organizaciones y movimientos sociales en las que se integra el pueblo trabajador y las minorías étnicas y culturales. Por lo tanto, podemos decir que este es también el año de la lucha contra la consolidación de la dictadura civil y del proyecto de ultraderecha. El gobierno lleva seis años doblegando las instituciones y la ley a su capricho, aprovechando la relajación moral de la política colombiana y la cultura mafiosa que él mismo ha impulsado y fortalecido, pero su triunfo depende también de la respuesta de los sectores populares.

Es cierto que el Polo Democrático, después de las elecciones presidenciales de 2006, donde fue la segunda fuerza electoral, ha venido en declive evidenciando sus costuras mal hechas. Sobre todo porque se ha mostrado la diferencia entre un sector donde se destacan Carlos Gaviria y Jorge Robledo, que todavía cree en una política honesta y que busca ante todo la justicia social, y un grupo de politiqueros oportunistas que simplemente se camuflaron en la propuesta del cambio para posicionarse mejor en la burocracia estatal. En este último grupo sobresalen Petro, Dusán, Maria Emma y, desde luego, Moreno Rojas y los dos Garzón, con su actitud camaleonezca y su falta de principios éticos y políticos que se reflejan sobre todo en su voto aprobatorio al nuevo inquisidor que fungirá como procurador. Por tanto, difícilmente el Polo puede ser hoy una fuerza capaz de capitalizar los errores políticos del gobierno y canalizar y movilizar la inconformidad y la fuerza de los sectores populares.

Pero eso solo quiere decir que la vía electoral y el apego a la institucionalidad actual no son hoy ni las vías más expeditas ni las más urgentes. La respuesta entonces tiene que ser por la vía del fortalecimiento de las organizaciones populares desde sus cimientos, configurando una fuerza capaz de conmover la cultura política y la institucionalidad que sirven de columna a la dictadura que la ultraderecha viene construyendo con Uribe. Y no necesariamente para defender el Estado de Derecho sino más bien para profundizar su crisis en la tarea de construir una sociedad justa y sin exclusiones de ningún tipo.

Por fortuna el camino está trazado y nos lo han recordado valientemente los indígenas del Cauca, los corteros de caña del Valle y varios movimientos sindicales y populares que se sacudieron el año pasado buscando además el respaldo popular contra las políticas económicas y sociales del gobierno. De nuevo creemos que es la Minga Indígena y Popular la figura que permite aglutinar el grueso del movimiento popular en Colombia hoy en la demanda de sus derechos y de una política social que avance hacia la inclusión. Vale la pena, sin embargo, recuperar otros sueños de unidad y fortalecimiento como El Encuentro Nacional Popular, que permitan allanar caminos en la confrontación de este régimen autoritario y expoliador y construir propuestas alternativas para una sociedad mejor. Ese es también un pronóstico válido para este año.
Modificado por última vez el 16/06/2012

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