¡No automedicación!

Es un hecho histórico y evolutivo real que el hombre, como colectivo, se ha preocupado por combatir la ignorancia; es decir, ha buscado conocer y entender el mundo que lo rodea, la sociedad donde le tocó vivir y su propia naturaleza. Muchos logros se han conseguido en todos los campos del pensamiento humano como son: la filosofía, las ciencias, las artes, la medicina, la cultura, etc. Pero el hombre, como individuo, no necesariamente está en la búsqueda del conocimiento, de irle ganando terreno a la gran ignorancia que tenemos.

Al parecer esta gran falta de ganas de conocer tiene como factor esencial la cultura y la educación; son estos dos aspectos los que, en esta podrida sociedad capitalista, no funcionan a favor de los pueblos. Los niños nacen con una gran capacidad de conocer y aprender, tienen una curiosidad infinita, pero es la sociedad la que se encarga de bloquear y reprimir esa curiosidad innata. La mayoría de víctimas de ese sistema educativo y social, al llegar a la adultez, ya no quieren saber nada de aprender, conocer, leer o investigar; les gusta repetir la dañina frase “loro viejo no aprende hablar”.

Por tanto, estamos nadando en un inmenso mar de ignorancia y, lo más triste aún, es que no nos damos cuenta y/o no queremos salir de ese estado lamentable en que nos encontramos. El filósofo colombiano Estanislao Zuleta nos decía que concebía la ignorancia en dos direcciones: la ignorancia por escasez de conocimientos y la ignorancia por creer que se sabe de todo y muy bien. A esta última ignorancia es que más nos vamos a referir en este artículo y en relación con la medicina. Antes de comenzar, una última aclaración. Ser ignorante no es lo mismo que bruto, la mayoría de seres humanos y pueblos del mundo son y tienen mucha inteligencia y capacidad de aprender, pero eso no quita la abundancia de ignorancia.

Es común que se le pregunte algún silvestre en la calle sobre una ecuación diferencial, una integral triple, una serie infinita de Euler, el principio de Arquímedes, la teoría general de la relatividad, los pozos de energía de la mecánica cuántica, las relaciones estequiométricas de la oxidación del hierro, la producción de hidroxiapatita, el funcionamiento de un diodo zener, la utilidad de la PCR en genética, el diseño estructural de un puente, los escritores de la generación del 98, el arte gótico, las suturas arteriales en un trasplante cardíaco, la función de la oxitocina en las glándulas mamarias, la prueba del carbono 14, las teorías de Heraclito, la revolución industrial, la electroforesis, los indios ebéjicos, etc. Y la respuesta más obvia, sincera y clara es “yo de eso no sé nada”, y algunos pueden agregar, “pregúntele a un matemático, físico, químico, biólogo, médico, historiador, artista, ingeniero, etc.” Lo más importante de estas respuestas es que reconocemos, y no nos da pena, mostrar desnuda nuestra ignorancia. Eso no es raro dada nuestra ignorancia y lo extenso y profundo que se encuentra el conocimiento en la actualidad.

Ahora, entramos en los campos más complicados y difíciles: la política y la medicina. Pregúntele a cualquier colombiano sobre cuál es el problema del país y cómo se consigue la paz, o cuéntele que tiene alguna molestia o enfermedad y verá como al instante le tiene varias soluciones, propuestas y recetas; es decir, casi todos los colombianos somos politólogos y médicos. En estos dos campos nos es casi imposible quedarnos callados y mostrar la ignorancia. Y es allí, donde mayor daño se puede causar tanto al individuo como al colectivo.

Para nadie es un secreto que la medicina farmacológica tiene muchos detractores y adversarios, incluso entre los mismos que se automedican y le recetan a los demás. Sabemos que automedicarse y recetar no es un delito pero sí es muy peligroso y puede llegar a ser mortal. No es lo mismo automedicarse y recetar un acetaminofen o medio imaginarse que es una gastritis, que hacerlo con un medicamento para enfermedades del corazón o para trastornos hormonales.

Hay medicamentos que son para la contracción cardíaca y para poder saber todo lo que implican estos en el funcionamiento del corazón se necesita como mínimo ser médico. Empezando por su presentación, es cápsula, tableta o solución, se aplica por vía oral o sublingual, como es su farmacocinética y su farmacodinamia, al llegar a la membrana miocardiocito – células del miocardio, una capa muscular del corazón – este medicamento aumenta o disminuye la excitabilidad de dichas células al acercar o alejar el potencial de membrana en reposo en relación con el potencial umbral para que se dé el potencial de acción y luego la contracción cardíaca. Para el caso de hormonas esteroides, tan utilizadas en los jóvenes, la situación no es menos complicada dada la complejidad y múltiples relaciones que hay en el sistema endocrino humano.

La sugerencia concreta es: no nos automediquemos ni nos mantengamos recetando todo el día y a todo el que nos encontremos. Si le apasiona mucho el tema, estudie medicina. Debemos reconocer nuestra ignorancia en casi todos los campos del conocimiento humano, eso no duele, es más bien saludable si nos proponemos irle cortando cada día un milímetro a la gran ignorancia que llevamos a la espalda.

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Luis Alfonso Vásquez

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