Desastrosa situación del sistema de salud colombiano

Los únicos que están contentos y satisfechos con el sistema de salud en Colombia son los negociantes de esa mercancía llamada “salud”. Mercaderes que sin ningún escrúpulo quieren sacarle la última gota de sangre al pueblo con el único fin de saciar su sed de ganancia y acumulación.

Ese monstruo, cual pulpo herido, extiende sus miles de tentáculos para atrapar y engullir todo lo que se le atraviese. Las cabezas de tal engendro no se controlan desde el interior del país, son las multinacionales y sus filiales nacionales. Todos sabemos las mafias y monopolios que se han creado en la química farmacéutica, en los productores de equipos y dispositivos médicos, en los proveedores de todo tipo de insumos y materias primas. Es todo un sistema mundial y nacional de negociantes de la vida y de la muerte.

En este luchado y sufrido país hay varias opciones de alcanzar el acceso, más no la salud integral, a tan lamentable sistema de salud. Está la medicina para ricos conocida como medicina prepagada, que la disfrutan aproximadamente un millón de burgueses; se supone que allí tienen un paquete de servicios completo y la mejor atención de calidad posible. Esta es otra forma como los ricos parecen que no vivieran en Colombia, ya que no viven ni sufren lo que le toca a la gran mayoría de los colombianos del pueblo.

Si la mayoría de esos ricos son empresarios y aparentemente trabajan, deberían estar solamente afiliados a las “bellezas” de EPS que ellos mismos crearon, dirigen y de las cuales se lucran. Pero ellos saben que esa medicina de las EPS no es garantía ni seguridad de ningún paciente y no se van a someter a que los maltraten y los humillen. Ellos son conscientes de la grosería de sistema de salud que plantearon desde el establo parlamentario con su ley 100/93 y sus lastimeras reformas.

Otra lamentable opción de acceso a la insalubridad e inseguridad social es tener el “privilegio” de estar afiliado a una EPS como cotizante o como beneficiario. Esta es la medicina que recibe todo aquel que tiene un contrato laboral o es un independiente (que vende confites o aguacates) y en tal caso no es el patrón ni el Estado los que se hacen cargo del trabajador sino que él mismo tiene que aportar de su pírrico salario para engordar las EPS. En éste costal podrido pueden sufrir de 10 a 15 millones de afiliados ya que la famosa ley 50/90 nos regaló la inestabilidad laboral, social, académica, mental y de salud y las dos leyes anteriormente mencionadas son parte del gran aporte que nos dio su querido presidente Álvaro Uribe Vélez (AUV).

Las EPS son empresas con ánimo de lucro que, a pesar de su carreta de buscar el bienestar y la salud de sus afiliados, lo que persiguen es la rentabilidad y la ganancia, y para ello tienen que lograr bajar costos por medio de dar pésimos servicios a los pacientes en consultas, exámenes, medicamentos y miserables salarios a los obreros ya sean médicos, enfermeras, auxiliares de laboratorio, secretarias, vigilantes, etc.

Pueblo de Colombia no coma más carreta, coma comida que es más sabrosa y alimenta más. La EPS pública llamada Seguro Social no era mala, tenía todos los males de un Estado burocrático, clientelista y corrupto pero a pesar de ser parte de esa podredumbre y comparada con las otras EPS tenía sus bondades como la excelente atención de enfermedades de alto costo como trasplante renal, cáncer, el cubrimiento total y de por vida de medicamentos carísimos, etc. Fue así como los gobiernos de turno y, principalmente el de AUV, se encargaron de acabar el Seguro para justificar su liquidación y hacer un montón de chanchullos que van desde lo laboral atravesando lo administrativo y terminando con lo financiero.

Es así como crearon la tal “Nueva” vieja EPS, con los mismos problemas que el Seguro Social pero con la diferencia de muchos trabajadores despedidos y con varios enredos y robos ocultos. Todo esto con el fin de fortalecer las EPS privadas de las cuales hay unas cuyos dueños son familiares de AUV. Despertemos de tan profundo sueño y luchemos.

Pero nos falta la última opción de acceso a tan “hermoso” sistema de salud y es el miserable SISBEN. El Estado, que no somos todos, sabe que en las opciones anteriores no pueden ingresar inmensas mayorías de nuestro pueblo raso y no es que no quieran, es que no pueden. En la división social del trabajo y en la división de clases tenemos que entender que no somos iguales, hay unos pocos arriba disfrutando y hay unos millones abajo sufriendo. En este paraíso llamado salud del Sisben hay de 15 a 20 millones de privilegiados que tienen que soportar los peores vejámenes y humillaciones que se le puede hacer a un enfermo y a sus familiares.

No seamos ilusos y no sigamos comiendo carreta. Hay quienes piensan que el Sisben es un regalo, que es caridad, que es gratis y que el gobierno es muy bondadoso por darnos tan importante oportunidad. NO. Todas las migajas que el Estado ofrece a sus esclavos son paliativos, paños de agua tibia, apaga fuegos para que la población no se levante ante tanta injusticia, humillación y miseria. No es gratis porque ningún rico ha sacado plata de la que ha conseguido explotando a los obreros y campesinos para financiar la salud del pueblo. Ese dinero sale de los propios recursos que entre todos pagamos en forma de impuestos. Ellos son solo administradores de los recursos, se les paga por su trabajo – sin contar lo que se roban – y nos devuelven solo un poquito de lo que producimos socialmente.

Por último, faltan los más graves de todos, los que no tienen opción alguna de acceso, los que han llamado vinculados, léase los desvinculados. Son un conjunto variable de unos 5 a 6 millones de infelices, que al igual que otros pobres pueden estar muy felices en este país por la simple razón de que no los han asesinado y eso da mucha felicidad.

La felicidad debe ser un concepto de bienestar real colectivo, porque de lo contrario para ser feliz uno tendría que ser egoísta e individualista como lo predica el sistema capitalista.

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Luis Alfonso Vásquez

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