Nando: El Quijote de La Trece

Se requerirían muchas páginas para plasmar la historia de un hombre excepcional, de un ser humano tan vital, sensible, dinamizador e integral como Nando… Aquí solo pretendemos compartirles lo esencial de su aporte a las luchas populares, a la construcción de una conciencia social y alianza de las organizaciones revolucionarias desde las ciudades.

“Un revolucionario es una maquinita de hacer ideas”, era una frase que le gustaba repetir. Y en efecto, nunca como en su caso cobró esta frase tanta vigencia, pues él mismo era un buen exponente de su definición, si bien no sólo constantemente generaba ideas, sino que, además, las impulsaba y llevaba a la práctica, haciendo que su presencia en cualquier espacio organizativo fuera garantía de dinamismo y trascendencia.

Siendo aún adolescente, Nando fue el forjador de un movimiento cultural juvenil rebelde, Visión Rockera, que llegó a ser hito en la ciudad de Medellín, irradiándose a las principales ciudades del país e incluso del exterior, y que luego trascendería a una lucha más comprometida con las reivindicaciones populares. Es así como dicho movimiento se constituyó en el espacio de discusión y formación política de muchos jóvenes, quienes a su vez después integraron diferentes organizaciones revolucionarias.

La necesidad de trascender de esas reivindicaciones sectoriales le llevó a conformar, junto con otros compañeros, una organización popular revolucionaria de inclinación partidista integrada por representantes estudiantiles, trabajadores, sindicales, de corte socialista en torno al Periódico Trinchera Popular, donde enriqueció el debate, y la visión política, a la vez que forjó su posición frente a la situación nacional. Desde allí se hicieron notorias su capacidad de dirigente, su habilidad propagandística y su agudeza y olfato políticos. Vinieron más alianzas y fusiones orgánicas con otros grupos afines políticamente, acrecentando cualitativa y cuantitativamente la organización que encabezaba, la que siempre guardó independencia de las organizaciones históricas de vanguardia, imprimiéndosele mayor movilidad, agilidad y conservando el poder de decisión.

Pero fue a partir de la expansión de la organización, bajo su dirección, en los barrios populares integrantes de la Comuna Trece, al igual que los barrios Vallejuelos, Olaya Herrera, Blanquizal, La Divisa, La Quiebra, Eduardo Santos y otros que conforman el centro occidente de la ciudad de Medellín, que Nando adquirió su dimensión de dirigente y de líder revolucionario. Se tejió toda una red de formación, educación, organización con sus pobladores, alcanzándose un nivel político-organizativo tal, que disputó el poder del Estado, quien al fin de cuentas hasta entonces sólo hacía presencia a modo de represión policial, cuando más, convirtiéndose dicha disputa en noticia nacional. Obviamente no se trataba de una dirigencia unipersonal, pues Nando no estaba sólo en esa tarea, y otros compañeros ciertamente valiosos lo acompañaron, e incluso muchos de ellos al igual que él dieron su vida o su libertad por ese proyecto; pero él era el líder y el motor que lo impulsaba. En honor a la verdad, hay qué decir, sin temor a equivocarnos, que ese trabajo popular, sin Nando, no se habría constituido en la alternativa de poder que llegó a representar. Y fue a partir del protagonismo y resonancia que esta estructura popular alcanzó, y gracias a la organización de masas (en torno a los venteros ambulantes, los servicios públicos, la posesión y adjudicación de tierras para destinarse a vivienda familiar, etc), con acciones tales como la toma de vías importantes por parte de los habitantes para presionar soluciones, que la ciudad supo que estos barrios existían, y fue así como se obligó al Estado a invertir en dichos sectores como en el caso de la adjudicación de apartamentos a pobladores en zonas de alto riesgo.

Muchos conocieron a Nando como un impulsor de luchas populares, y lo era, pero no cortoplacista y circunscrito a un solo escenario, pues mucho más allá de ese incansable luchador popular, él era un visionario, un hombre capaz de impulsar cambios sustanciales donde otros sólo veían problemas, y que tenía un concepto global de la revolución socialista más allá de obstáculos o fronteras. Dotado de un gran carisma y una capacidad de convencimiento que emanaba de su misma convicción, logró integrar gran cantidad de compañeros, que aún hoy persisten en sus ideales.

Finalmente, cuando se disponía a viajar a otra ciudad en desarrollo de planes organizativos, fue capturado en extrañas circunstancias junto con otro valioso compañero por policías de carretera, quienes a su vez los entregaron a miembros del paramilitarismo. En estas circunstancias decidió, de igual suerte que su compañero de cautiverio, poner fin a su existencia antes de poner en peligro a su organización, compañeros y familiares, pues al igual que para Gorriarán Merlo (el famoso justiciero del dictador Somoza), fue más fuerte el decoro que el dolor.

Tal como el Che, Nando no dejó nada material a su compañera ni a su hijo, porque nada material atesoró para sí durante sus largos años de lucha, a pesar de haber tenido a su disposición lo que hubiera querido, prueba de que siempre antepuso los intereses colectivos a los propios; pero eso sí, nos dejó a todos un inmenso legado de ejemplo, entereza y dignidad. Arrojo, decisión, audacia, integralidad, carácter, a la par de una gran sensibilidad revolucionaria y capacidad de entrega, se cuentan entre las múltiples cualidades de este carismático líder, cuya presencia y ejemplo jamás desaparecerán en la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo.

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Oliverio Martinez

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