CON FAMA de desalmada. I parte

Esta es una de las historias tristes que recogí de los ex trabajadores de Comfama, víctimas de la fusión o “alianza estratégica” con Carulla. Es la demostración fehaciente de la perversidad e insensibilidad con la que los empresarios desarrollan sus procesos de crecimiento financiero. Las secciones económicas de los medios las señalan como buenas noticias, pero detrás de ellas existen graves consecuencias que nadie paga.

 

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“Yo no sé hablar- dice Fabio, y con una mirada llorosa pone su mano sobre un joven que está a su lado, y continúa-, por eso le digo al hijo mío que me ayuda para hablar, después que me dio el problema solo se escribir mi nombre, pero no  puedo hablar bien, no puedo leer una hoja completa”.

Don Fabio Mejía es un hombre aun joven, tiene 52 años, es apuesto, de contextura gruesa y rubio; físicamente da la sensación de estar en perfectas condiciones. Su tragedia la delatan sus ojos apagados, su cabeza baja como en señal de vergüenza. Habla como si fuera un extranjero que apenas está aprendiendo el español. Él trabajó 14 años en Comfama- Caja de Compensación Familiar de Antioquia-, en el área de información y control. Empezó desde abajo y con el tiempo y el estudio fue ascendiendo hasta alcanzar lo que llaman un mejor estatus en la empresa. Desde afuera sus compañeros de trabajo y otros empleados lo empezaban a ver como un futuro directivo, un hombre exitoso e inteligente que manejaba muy bien los números y sabía de memoria todo lo que había en la bodega, que era su área de trabajo. También se distinguía por tener una familia bonita que vivía cómodamente.

Cuando se vino encima la famosa “alianza estratégica” con Carulla, nunca dudó que por su eficiencia y compromiso durante 14 años, conservaría su empleo, pero no fue así. Fue remitido a Carulla en donde le obligaron a suscribir un nuevo contrato a término fijo y con un menor sueldo. Estuvo en Carulla 3 años y medio, mucho más que sus otros compañeros, pero tuvo que ver como los despedían en grandes grupos cada mes. “Yo ganaba muy buena plata en Comfama, se trabajaba duro pero teníamos prestaciones y auxilios para educación, con el cambio a Carulla fui ascendido, pero increíblemente como coordinador de bodega ganaba un salario inferior al que ganaba en Comfama. Entonces llegué a trabajar 18 horas diarias para tratar de completar el ingreso de antes y poder cubrir mis obligaciones y mantener el nivel de vida de mi familia, pero sin embargo ganaba menos”, complementa don Fabio.

Como don Fabio tenía tanta experiencia y la fusión con Carulla requería de su capacidad, en estos tres años le sacaron el jugo. Trabajó 18 y 20 horas diarias, iba a su casa, dormía un poco, discutía con su familia y salía nuevamente a trabajar, siempre creyendo que su esfuerzo sería recompensado. Pero finalmente con la insensibilidad y perversidad más grande, Carulla prescindió de sus servicios. A partir de ese momento la vida se le empeoró. Trabajó en empresas como Empaques, en Noel, en Imusa, siempre como temporal y con el salario mínimo, seis meses en un lado, tres en otro, haciendo de mensajero, de empacador, de lo que le tocara.
Daniel Felipe, su hijo de 21 años, presente en esta entrevista y que ha servido hasta ahora de intérprete, nos dice: “cuando todo eso estaba pasando yo tenía 11 años de edad y empecé a observar los problemas de la casa ocasionados por la salida de mi papá de Comfama. Su nueva realidad laboral le generaba mucho dolor y rabia porque nosotros ya no podíamos vivir con las comodidades de antes. Mis padres empezaron a pelear con frecuencia; a mí me tocó irme a vivir con una tía- madrina para poder seguir estudiando, desde esa edad tuve que dejar a mis padres y sólo verlos los fines de semana; mi hermanita se quedó con ellos porque era más pequeña”.

El problema, a esas alturas, era que a don Fabio se le estaba formando en la cabeza una gran presión sicológica y anímica como consecuencia de la evidente desmejora en su calidad de vida y la de su familia. Empezó a tener problemas emocionales que pronto se expresaron en reacciones irascibles en su casa, en actitudes compulsivas como querer consumir, comprar artículos a pesar de sus dificultades económicas y pelear con los suyos.

La enfermedad
Don Fabio vivía muy exaltado y con grandes dolores de cabeza, la asfixia económica y el posible divorcio con su esposa, sumado al abandono obligado de su hijo parecían estarle creando una bomba en su cabeza. Un día posterior a discusiones con su esposa  don Fabio salió hacia el trabajo en bus como siempre. Para esa época trabajaba en Imusa en la producción de artículos plásticos; allí empacaba, entre otros oficios y ganaba sólo el mínimo. Él iba con mucho dolor de cabeza y sintió la necesidad de ir al médico, y sin saber cómo llegó  a la EPS, con el carnet roto. Los médicos llamaron y preguntaron a su esposa si él era normal o tenía problemas mentales; inmediatamente toda la familia fue a la EPS.

“Encontramos a mi papá irreconocible -dice Daniel Felipe- mi papá tenía sus facultades a cero. Lo único que decía era llegar, llegando, y así duró mucho tiempo, más de 20 días repitiendo solo esa palabra. Dicen los médicos que seguramente fue tal el dolor de cabeza que sólo pensaba en llegar a la EPS y por ello tenía el carnet en la mano y destrozado, por eso fue que él sólo decía esa palabra, llegar”

A don Fabio le había dado un aneurisma cerebral con secuelas permanentes que le produjo problemas de visión, habla y locomoción. Es claro que el problema médico grave que don Fabio padeció se derivó de toda la presión que ejerció la situación económica y familiar en su vida, los médicos dijeron que eso había sido determinante. Desde ese momento y durante un año y medio tuvo que andar con sonda para poder controlar esfínteres y en terapias permanentes para recuperar sus facultades psicomotoras, eso fue vergonzoso y doloroso físicamente.

Fabio tuvo que ser pensionado por incapacidad permanente, su esposa tuvo que tomar las riendas económicas de la casa. Ella sabe contabilidad y con eso se gana 300 o 400 mil pesos. Su hijo vive aún con la abuela y la tía y la hija estudia y vive con la pareja. Gran parte de la vida familiar fue destruida y a pesar de ello la adversidad les permitió salir adelante, por ejemplo es enternecedor ver a Daniel Felipe acompañando a su padre y convirtiéndose en su mejor amigo, se nota el amor entre los dos. También la gran frustración de don Fabio, aun se le ve la vergüenza y ahora se entiende mejor, don Fabio cree que es el culpable del abandono de su hijo y el responsable de todo lo que le ha pasado.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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