Avanza propuesta de unidad interétnica en el Naya

La región del Naya se encuentra ubicada en la cordillera occidental en la parte sur y está atravesada por el río que lleva su mismo nombre y desemboca en Buenaventura, en el Pacífico colombiano. Sus habitantes: indígenas, negros y campesinos, dicen que ellos no pertenecen al Valle del Cauca ni al Cauca, sino al Naya. Conversamos con Pablo Rodríguez, un afrodescendiente que hace parte de la asociación de juntas, de la junta mayor y del comité de derechos humanos del Naya, y con José Domingo, un hombre que se ha pasado la vida ayudando a tejer una propuesta bella de convivencia fraterna y pacífica entre afros, indígenas y campesinos.

Ni Valle, ni Cauca
Nuestro municipio se llama Buenos Aires -cuenta Pablo Rodríguez- y queda en el departamento del Cauca, pero si atravesamos el río estamos en el Valle. El río Naya es el que divide los dos departamentos, pero es mejor decir que el río es el que nos une porque es parte de la vida de todos los que allí habitamos; nosotros allá no decimos que somos del Valle o del Cauca, no, nosotros decimos que somos del Naya. Para llegar al Naya se debe tomar un carro desde Santander de Quilichao y andar por una carretera destapada hasta un caserío que se llama Timba, y sigue subiendo hasta otro caserío al que nosotros le decimos el Campamento; de ahí en adelante es lomo de mula. Si la persona es buena para andar se demora aproximadamente unas ocho horitas, si no se demora las catorce horas hasta el municipio de Buenos aires. La otra forma de llegar es desde Buenaventura, de allí a la bocana del río Naya se demora dos horas en lancha rápida y de ahí se sigue río arriba hasta cierto punto: desde ahí ya se continúa a lomo de mula.

En el Naya vivimos en comunidad los afros, los campesinos y dos grupos étnicos de indígenas, los Paeces, que están para el lado del municipio de Buenos Aires y hacen parte de la Acin y el Cric; también los Eperara Siepirara que se encuentran en la parte baja y pertenecen al municipio de Buenaventura.

Así se pobló el Naya
La forma en que el Naya fue poblado nos la cuenta José Domingo:
No todos nacimos aquí. En la parte baja hay una población ancestral que son los Siepiraras que han deambulado por toda esta cuenca del pacifico, Nariño, Cauca, Valle y Chocó. En la colonización llegaron los afros que se adecuaron a la región y también diríamos a una especie de resistencia a la situación que vivían. Hay una especie de límites con los afros que son la etnia más grande. Creo que son aproximadamente 18.000 habitantes desde puerto Mirisalde,  Concherito hasta un lugar que se llama el Salpillo. Del Salpillo hacia arriba está la población campesina, indígena y otros poquitos afros. La mayoría de los indígenas provienen de la cordillera occidental, de diferentes lugares como Corinto, Miranda, Jambaló, Caldono; de toda esta región vinieron huyendo de la violencia política de los años cincuenta. Más adelante, como resultado de la expansión de las ciudades, llegaron buscando tierras los colonos campesinos provenientes del Valle, Antioquia, Nariño y de otras regiones del país. En total son aproximadamente unos 22.000 habitantes en un área de casi 200.000 hectáreas, eso es una cuenca, como una canoa y, como dice Pablo, el alimento de esa gente es el rio Naya.

La Caravana de la Muerte
Continúa Pablo: En la historia reciente el Naya vivió una de las más horrendas masacres contra su población. Eso fue en el 2001, exactamente el 11 de abril. Y así nos la cuenta José Domingo:
Hay unos antecedentes. Es que ante la falta de condiciones para sembrar y vivir del campo, aparecieron los cultivos ilícitos y con ellos los narcotraficantes y los grupos armados Farc, Eln y otros. Antes, hace 20 o más años, no había coca, la gente dependía de los cultivos de uso lícito; pero, como no los podían sacar para la venta por estar tan lejos y sin vías de acceso entonces, se dañaban y se perdían. La pobreza llevó a la aparición de los negociantes de la coca y con todo esto las fumigaciones con glifosato.

Pero volviendo al tema, al parecer a los secuestrados de la iglesia la María de Cali se los llevaron al Naya, entonces la región y la gente fue señalada como guerrillera por la burguesía del país, fundamentalmente la del valle. Y comenzaron a organizar el bloque Calima del paramilitarismo. Desde el Valle los paramilitares prepararon la incursión al Naya; ellos se movieron hasta Santander de Quilichao y desde allí se internaron por la cordillera de Buenos Aires y salieron por el mar. Asesinaron con motosierra y otros vejámenes aproximadamente unas 110 personas. Pero el Estado dice que apenas fueron como 27 o algo así, y de las 27  hay sólo unas 8 o 9 reconocidas, no más.

Todavía continúan las familias preguntando por esos seres queridos que no se sabe dónde están, porque iban matando y tirando a la gente por los abismos y a orillas de caminos a donde nadie llega. A eso lo llamaron la caravana de la muerte. Por fortuna los paramilitares no se quedaron en el Naya de manera permanente.

Amenazas que impiden una propuesta de vida

Pero hay otras amenazas sobre ese territorio, según comenta José Domingo:
En primera instancia el gobierno nacional quiso construir un casco urbano, para ello hizo una concesión de esa tierra y con ello toda una discusión sobre los recursos que se requerían para la sostenibilidad de ese casco urbano; al mismo tiempo estaba surgiendo la Universidad del Cauca y para que esta tuviera ciertos ingresos le asignaron casi todo ese territorio como un patrimonio económico  para que explotara el oro que hay allí. Así, la Universidad se ha convertido en el principal obstáculo para el desarrollo de proyectos sociales desde las comunidades porque dice que el territorio le pertenece.
En el Naya si hay minería, y se explota el oro. De unos cuatro años para acá hemos tenido unas reuniones con el Incoder, ellos nos llevaron unos mapas que habían bajado, con una información que tenían de los EEUU, y nos mostraron las partes donde estaban ubicadas las riquezas del Naya. Nosotros pensábamos que solamente era oro, pero hay petróleo, esmeraldas, uranio y coltán, que es el material con que construyen las computadoras. A eso le sumamos el problema del narcotráfico, ya que la región es un corredor estratégico para esta economía y ya sabemos todo lo que se le suma: muertes, vacunas, fumigaciones, etc.

La propuesta interétnica es la salida

Continúa José Domingo:
Ante todas estas dificultades intentamos crear un grupo de apoyo para ver qué se hacía con los desplazados. Luego nos metimos a la zona a mirar qué se podía hacer con las comunidades, porque cada una había cogido por su lado, había uno o dos cabildos y de organización campesina sólo había juntas de acción comunal, pero cada uno trabajando por su lado. Eso fue en 2003, después de la masacre que había dejado muy mal a todo el mundo. Entonces la idea fue intentar organizar la gente, campesinos, afro e indígenas, para trabajar alrededor de unos talleres, seminarios, recorridos para fortalecer la organización campesina, transformando la junta de acción comunal en una junta de gobierno; también para que el consejo comunitario se fortaleciera y pudiera contribuir con la parte campesina y desde luego los indígenas.

Con esas tres organizaciones pensábamos en una construcción étnica como un gobierno en el que se sintieran representados todos y pelearan por la apropiación territorial con base en cuatro elementos: el primer elemento era la parte de gobierno interno, con unas reglas de juego claras para cada uno de los tres y que no se peleara el campesino por su lado, el indio por su lado y el negro por su lado, porque queríamos este territorio en el que todos vivíamos pero ninguno tenía título que le acredite ser propietario. La segunda cosa tenía que ver con la apropiación y la construcción de un modelo económico capaz de garantizar la comida de la gente y excedentes para las necesidades que el ser humano y su consumo demandan; pero, además, queríamos una economía amable con la naturaleza, es decir que no se talara tanto, que no se contaminara, que se produjera limpio.

El tercer componente tenía que ver con el establecimiento de un plan interétnico; lo que en el mundo occidental le llaman plan de desarrollo, acá lo llamamos un plan de buen vivir en el que estuviera inmerso el tema de educación, el tema de salud, el tema ambiental, el tema de infraestructura, las escuelas y todas esa cosas. Y, finalmente, con todo eso la idea era seguir peleando para que el Estado resarciera los daños cometidos por la masacre en una especie de reparación.

La principal apuesta era el reconocimiento del territorio pero no de manera individualizada, sino que les planteamos la necesidad de pelear un territorio interetnico. Ya la gente convive allá de otra manera: los indígenas conviven con algunas compañeras afros y las afros conviven con campesinos; es decir, ya en la práctica están viviendo, no tienen territorios continuos, unos están acá, otros están mezclados. Sabemos que va a ser muy difícil que cada uno tenga su territorio, entonces luchamos por eso. Hicimos varios talleres, asambleas y reuniones y se constituyó la Unión Territorial Interétnica del Naya UTINAYA”

La propuesta encuentra obstáculos
Pablo nos cuenta de las dificultades encontradas en el proceso:
El principal problema que tuvimos es que los abogados y alguna gente que nos acompañaba dijeron que la propuesta no era viable jurídicamente. Esto desesperanzaba mucho a la gente, pero nosotros planteamos que los derechos se construyen de hecho y lo que había que hacer era buscarle  reconocimiento a lo que ya estábamos construyendo en la práctica. Entonces nos chocamos con asuntos más complicados, cómo cambiar los valores y las costumbres que había dejado la economía del narcotráfico. Como la gente todavía está convencida del poder económico basado en los cultivos ilícitos no le importaba el territorio. Por otro lado, la insurgencia, cuando se planteó el tema de la autonomía de las organizaciones, vio amenazado su poder y su gobierno, porque ellos solucionaban los conflictos de la gente, definían la economía, establecían los impuestos, en fin; entonces se sintieron tocados y hubo que hablar con ellos y explicarles la propuesta. En el debate entendieron mejor la cosa.  La creación de Utinaya permitió que entre indígenas, campesinos y afros nos organizáramos a través de la asociación de juntas. También nos ayudó con los indígenas a fortalecer los cabildos: había dos cabildos y ahora  hay cuatro, y los Eperara crearon nuevas organizaciones en medio del resguardo, como la organización de mujeres. Ahí vamos con dificultades, con atranques, pero insistiendo en la necesidad de fortalecer la propuesta. Ya entre nosotros hay muchos que estudiamos y nos formamos para el liderazgo en la región.

Alcances y retos
Para sortear los obstáculos hemos mantenido la denuncia permanente de las incursiones y agresiones, de todo el mundo. Una denuncia imparcial, o sea denunciamos a la burguesía y al Estado, a sus instituciones, pero también a los grupos armados. Exigimos el reconocimiento de los procesos organizativos de los afros, los indígenas y los campesinos. Hemos superado el concepto de neutralidad, no somos neutrales porque tenemos aspiraciones políticas. Hemos visibilizado nuestro territorio, hemos invitado a todo el mundo a conocer nuestro espacio: a las organizaciones sociales como el Cric, la Acin, el PCN, a los académicos, a las instituciones internacionales y nacionales; todo ello ayudó a que los medios por lo menos mostraran que existíamos. Se hizo una gran asamblea  y estuvo la ONU, la Defensoría del Pueblo, la gobernación del Cauca y la Universidad del Cauca, que pretendía que toda esta zona era de su propiedad. Todo eso salió en los medios.

Los paeces se sintieron con fuerza y confianza y crearon la guardia indígena, ahora ellos mismos solucionan los problemas porque antes lo hacía la guerrilla, o ellos mismos a machete y se daban casos en donde por simples chismes moría gente. Entre esos chismes la gente decía que Utinaya se había convertido en un bien personal de los líderes para ganar plata y eso llegó a oídos de la guerrilla y tocó conversar con ellos y aclarar cosas, eso se arregló. Pero hubo que replegar el trabajo un poco; los dejamos un tiempo solos para que reflexionaran sobre todo lo ocurrido. Desapareció el apoyo externo, pero ellos siguieron y crearon la Escuela Interetnica de la Región del Pacífico y por fortuna vinieron al Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías en la ciudad de Cali, porque el Congreso de los Pueblos viene trabajando los mismos temas.

A pesar de los avances organizativos la problemática central de salud, educación y lo social sigue siendo muy crítico en el Naya. Por ejemplo, cuando alguien se enferma hay que hacer una camilla y cargar al enfermo al hombro 18 a 20 horas y otras 3 en carro hasta llegar a un puesto de salud que casi nunca tiene condiciones para atender a la gente. La educación viene de una situación grave, las escuelas tenían máximo 18 alumnos y los profesores no duraban por el asunto de la inseguridad, porque no les pagaban y porque las condiciones de vida eran duras. Ahora al menos los padres de familia y las organizaciones lograron que les paguen a los profesores y que ellos se queden más tiempo, pero cuando los niños llegan a tercero o cuarto de primaria las familias los sacan hacia lugares en donde puedan completar el 5º y hacer bachillerato, porque los profesores de la región están calificados sólo para primaria. Este es uno de los problemas que debemos afrontar ahora.

Por otro lado, nosotros éramos una propuesta interétnica antes de conocer la palabra, pero ya entendiendo el concepto se nos facilita más los asuntos legales y otras cosas. Por ejemplo en el tema de la titulación, hasta ahora no ha habido titulación. Nosotros queremos la titulación para todo el proyecto conjunto de la cuenca del río Naya que son 198 mil hectáreas, pero el Estado dice listo le vamos a titular sólo 103 mil en los territorios afro del Cauca, o sea que a los indígenas nada de resguardos y a otra parte de los afro nada de títulos, eso es una retaliación por las acciones políticas que hemos adelantado, para dividirnos. Pero como lo que siente el uno lo siente el otro, no aceptamos las 103 mil hectáreas, les dijimos que aceptábamos las 198 mil o nada, porque entre nosotros no nos vamos a matar. Los afro podrían tener en este momento 103 mil hectáreas pero no las tienen porque les interesa más la fraternidad y la unidad en el territorio.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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