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Medios para el Fascismo

Entre el martes 30 de septiembre y el domingo 5 de octubre, los medios masivos de comunicación, especialmente la televisión, pretendieron paralizar al país por el secuestro y posterior asesinato del niño Luís Santiago a manos de su propio padre. Aunque el hecho es ciertamente atroz, conociendo el carácter manipulador de estos medios y la indiferencia con que habitualmente han tratado los salvajes asesinatos de muchos niños a manos de la propia fuerza pública y los paramilitares es obligada la pregunta: ¿Acaso hubo un despertar súbito y general de la sensibilidad de los medios por la situación de los niños en Colombia? ¿O en su afán manipulador están invocando la sensiblería de la gente con otros propósitos más viles? Todo parece indicar que esta última es la posibilidad más real.

Justo 15 días antes del caso de Luís Santiago, catalogado por los medios masivos como una tragedia nacional, se cumplían 8 años de la vil masacre de Pueblo Rico, en donde el ejército nacional disparó indiscriminadamente durante más de cuarenta minutos contra un grupo de niños de escuela, entre seis y diez años, que realizaban un paseo ecológico. En este hecho fueron asesinados seis infantes (cuatro niños y dos niñas) e hirieron a dos niñas y dos niños más. En su momento, los medios de comunicación no solo no intentaron sensibilizar al país, sino que encubrieron el hecho resaltando solo la versión de los oficiales asesinos, quienes aseguraban haber respondido a un ataque guerrillero.

Tampoco intentaron los medios promover la sensibilidad de los colombianos ante la masacre cometida por los paramilitares y el ejército nacional el 21 de febrero de 2005 en San José de Apartadó, en donde, junto a cinco adultos, fueron asesinados tres niños, uno de ellos de solo 18 meses. Los otros dos, una niña de cinco años y su hermano de seis, fueron picados a machete delante de sus padres, supuestamente para impedir que se volvieran guerrilleros en el futuro. Pero a pesar de la crueldad de los hechos, a juicio de los grandes medios no eran tan importantes como para generar una conmoción nacional. De hecho, más bien se dedicaron a difundir las versiones de los oficiales del ejército, e incluso las temerarias declaraciones del presidente Álvaro Uribe en las que de alguna manera justificaba la masacre señalando a la comunidad de paz como un refugio de guerrilleros.

A estos, que son apenas dos ejemplos entre muchos, tendríamos que agregar lo que sucede hoy en la comuna trece de Medellín, donde los niños son arrancados de las faldas de sus madres por las bandas paramilitares, antes incluso de cumplir los 9 años. Los convierten en asesinos y drogadictos con la complicidad y el apoyo de la fuerza pública, formando así una cadena de descomposición y muerte en los barrios más pobres de la ciudad. Y a pesar de que esta es una práctica ya sistemática, no ha logrado conmover a los dueños de la gran prensa, tan preocupada de golpe por los derechos de los niños.

¿Qué es lo que buscan entonces los medios masivos con este nuevo espectáculo? A nuestro juicio hay dos propósitos fundamentales, ambos encaminados a afianzar un gobierno y una práctica de poder fascista en el país, proyectada en el mediano plazo. Por un lado, quieren los medios acallar, con el ruido espectacular en torno al asesinato de Luís Santiago, una serie de denuncias sobre prácticas que vienen desarrollando el gobierno y la ultraderecha para afianzar un régimen autoritario y fascista.

Entre ellas podemos mencionar el informe que esa misma semana presentaba el Observatorio de la Coordinación Colombia Europa en el que mostraba un incremento alarmante de las Ejecuciones Extrajudiciales en lo que va del gobierno de Álvaro Uribe, 1.112 casos registrados entre el 2002 y el 2007. Y como para corroborar esta realidad, se empezaba a conocer el caso de un grupo de jóvenes desaparecidos en Soacha, Cundinamarca, y luego encontrados en fosas comunes en Ocaña, a muchísimos kilómetros de distancia, donde fueron presentados por las autoridades como muertos en combate al día siguiente de su desaparición. Esto deja ver como el actual gobierno ha asumido definitivamente la práctica de las ejecuciones extra judiciales como una de las estrategias privilegiadas en su lucha por desarticular las organizaciones sociales, disfrazada de lucha contrainsurgente. La situación es tan grave que la misma fiscalía tuvo que reconocer que los casos similares ocurridos este año son más de 100.

A este horror  habría que sumarle la estrategia de “limpieza social” que está desplegando la fuerza pública en las grandes ciudades, al mejor estilo fascista: desapareciendo los indigentes de las calles, que luego aparecen en cualquier fosa común reportados por las autoridades como muertos en combate. Algunas denuncias aseguran que la estrategia contempla compensaciones para los soldados entre las que destacan una licencia por cada cinco asesinatos de este tipo por mes. Sin embargo, estos hechos pasaron casi inadvertidos en los medios precisamente porque todas sus cámaras y pantallas estaban ocupadas con el espectáculo de Luis Santiago.

Pero lo peor no es siquiera lo que pretenden ocultar los medios sino lo que quieren promover: a través de este espectáculo los medios masivos han querido crear la atmósfera de simpatía pública para que se instaure en Colombia la cadena perpetua o pena de muerte, que de hecho ya está establecida por el propio estado en las ejecuciones extrajudiciales. Los periodistas sobre todo se veían muy insistentes preguntándole a la gente del común cuál era la pena que merecía el asesino del niño, como si fuera esta la forma más expedita para reformar el código penal. La respuesta tenía que ser obvia después de toda la campaña mediática que se ha hecho por legitimar la iniciativa promovida por cierta élite capitalina, con la recolección de firmas para promover un referendo a favor de la cadena perpetua, a raíz del incremento de violaciones a menores.

Lo de los niños es en realidad una disculpa que queda ilustrada con el silencio, la indiferencia e incluso la complicidad de los mismos medios masivos frente a los actos de crueldad y barbarie cometidos contra los niños por el propio estado a través de sus fuerzas legales e ilegales. Así que el propósito real es la promoción de la cadena perpetua – y si se puede la pena de muerte- a secas. Y la idea es irla extendiendo hacia  otras prácticas delictivas sobre las que se pueda incentivar igual sensiblería. Ya el mismo Fiscal General ha propuesto que tal castigo se extienda a los secuestradores. Y no es difícil advertir que con los mismos argumentos empezará a legitimarse su aplicación contra todos aquellos actos que el estado considere “terroristas” y poco a poco se convertirá en el arma privilegiada para combatir la oposición política.

El caso no ilustra solo la doble moral de la élite colombiana. Lo más preocupante es la forma de legislar que empieza a ponerse de moda, al servicio de la élite gobernante. Hoy en Colombia, apelando a la fórmula del fascismo desplegada magistralmente por Musolini y Hitler, la legislación desecha el escenario del debate público en el Senado y apela al sentimiento directo del pueblo, manipulado previamente por los medios de comunicación a favor de los intereses particulares de la élite y sus gobernantes. Esta es la columna vertebral de una dictadura populista, que pretende traslapar la voluntad del gobierno bajo el manto de voluntad del pueblo. Precisamente sobre esta columna se acaba de instaurar, de la forma más burda y descarada, un Estado de Conmoción Interior para darle facultades extraordinarias al gobierno en el manejo del orden público. Aunque la medida tiene como única disculpa un paro de la rama judicial, fue con antelación promovida, casi exigida por los medios masivos en el mismo cubrimiento que hicieron del paro.. Y es que con la propaganda de los medios masivos servida, la racionalidad no es necesaria, cualquier cosa es disculpa para acabar de darle forma a este régimen autoritario y fascista.

Una mañana como hoy

Hace 23 años, un treinta de septiembre, un comando integrado por jóvenes pertenecientes al M-19 cayó asesinado por los agentes del Estado, en un operativo donde recuperó un carro de leche y otro de víveres para repartir estos productos entre los habitantes de los barrios Malvinas y San Martín de Loba en el sur oriente de Bogotá. Hoy, tantos años después, cuando asistimos a una época donde todavía el hambre azota a los sectores populares que no splo son pobres, desempleados, desplazados y perseguidos, sino que son amenazados con la noticia de que 920.000.000 de personas en el mundo sufren hambre y que esta cifra crecerá, bien vale la pena recordar los nombres de estos luchadores caídos y hacer memoria de sus vidas. Son ellos y ellas:

 

1. Francisca Irene Rodríguez Mendoza
2. Alberto Aguirre Gutiérrez
3. Yolanda Guzmán Ortiz
4. Jesús Fernando Fajardo Cifuentes
5. Isabel Cristina Muñoz
6. Arturo Ribón Gavilán
7. Javier Bejarano
8. Luis Antonio Huertas Puerto
9. Jesús Hernando Cruz Herrera
10. José Alfonso Porras Gil
11. Martín Quintero Santana

Debemos hacer conciencia de que es posible un mundo sin este flagelo y que este mundo se construye con nuestro trabajo, con el compromiso de todos y todas.

Ese lunes amaneció oscuro y frío. La noche había sido atravesada por llantos de niño. Mal presagio según los supersticiosos. La última instrucción había terminado pasada la medianoche y la mirada de Sara, hecha interrogante, quedaría, para siempre, rondando en aquel ambiente. Serían quince participando en la acción, pero no dormirían más de tres ó cuatro por rancho. Una pareja caminó, con la espalda coloreada por los primeros rayos, desde la cafetería de la loma que conduce a las Malvinas desde Guacamayas, para confirmar la ruta del camión, y se deslizó, caminando rápido, casi disparada, por entre las casas que dan hacia la calle que baja, al otro lado, mirando hacia la montaña, donde algunos malvinenses amanecían con un tinto.

Otra pareja había tomado ya el control de la cabina, del conductor y el ayudante, y aquellos ocuparon la carrocería formada por un gran cajón metálico. El contenido: 5.000 bolsas de leche, según detalles entregados por el conductor para el proceso por hurto calificado. Los corazones latían a ritmo desacostumbrado para ser un lunes tan temprano. El camión resbaló por lo menos diez metros y se frenó con estruendo en una nata de barro; las puertas del cajón trasero, de par en par, dejaron apreciar a los madrugadores, a dos sujetos saltando, amenazados de cerca por 50 cajas repletas de bolsas despedidas con violencia; es posible que sus armas cortas y sus pañoletas de colores llamaran la atención, pero era indiferente, las lluvias de la noche habían determinado que todo ocurriría allí.

Dos hombres, la primera pareja, corrieron como locos, avisando en todas las esquinas que había que moverse por lo menos medio barrio y regresaron exhaustos cuando todo había comenzado y era un solo correr rugiente de ríos de familias avanzando por el piso de tierra, con sus gritos, por lo suyo: ¡ El M-19 está repartiendo leche!, se invitaba a voz en cuello, en aquel fragor, algo primitivo, bastante primitivo, muy cercano a lo humano, mucho de emoción y de alegría y algo de reclamo por la demora, desde la última ocasión…Aquellos llegaron con el camión hasta la explanada de las Malvinas que une el segundo y el tercer sector; mejor lugar no se había podido encontrar, desde allí se veía media ciudad y hacia allí podía ver, también, media ciudad. Dos hombres multiplicaban sus manos, dentro del camión, para entregarlo todo a quienes seguían llegando a este rito insurgente de justicia social, enmarcado en medio de gritos, empujones y reclamos.

Fue cuando sonaron los primeros disparos. Un hombre, con un brazalete de colores, se arrodillaba como defendiendo el camión y todo lo que allí sucedía, frente a dos agentes de la policía que, con dificultad, recostaron sus motos contra las paredes del callejón a media cuadra de distancia. Los siguientes 20 minutos se hundieron en un manto de silencio, tal vez real, por el vacío de los disparos que crearon una nueva situación; tal vez irreal, por el ansia de desocupar aquel camión hasta la última gota, ansia colectiva que los hizo sordos de oídos y de miedo. El tiempo volaba y la orden no se hizo esperar para reunirse y evaluar el presente y el destino. Estamos rodeados, no cabe duda, es el resumen de la reunión. Miraron hacia abajo a decenas de hombres con radios, que conversaban, caminaban y los miraban, con sus cuellos doblados hacia arriba, como viendo algo curioso.

Aquel encuentro del grupo, el último, pudo durar un siglo y atravesar las paredes de la memoria hasta encontrarse con momentos culminantes de la vida y de los sueños, del miedo y de la voluntad, acaecidos mucho antes; o pudo durar un segundo, y estamos confundidos; un segundo para sentirse cerca o, apenas, lo suficiente para mirarse y presentir que algo trascendente estaba por suceder. Todos estaban allí. Y juntaron el sudor y la tensión, el cansancio y la incertidumbre, las ganas, sin saberlo plenamente, por última vez, si es verdad que vida no hay sino una; otra vez más, si pensamos que la vida puede suceder como ese camino que vamos hilando hacia algo que no sabemos con certeza qué pueda ser. En todo caso, tendríamos que afirmar, que allí, en ese momento, se fundieron quince corazones, valientes y decididos, en sus expectativas, en su juventud cercana a la niñez, en sus intenciones de pelear por mejorar la vida; corazones ultimados minutos después, como símbolo crudo del escarmiento mayor.

“La jornada de trabajo de nosotros comienza a las 3 de la mañana, cuando nuestras esposas se levantan a prepararnos la comida que llevamos para el ingenio, continúa al salir una hora  más tarde para el corte donde nos corresponda, y se extiende durante las 13 horas que toca estar allá voliando machete. Solo termina hacia las 9 de la noche, cuando regresamos a nuestras casas. Así día tras día, los 7 días de la semana y los 12 meses del año. Así me ha tocado a mi desde hace 33 años que trabajo como cortero”. Estas son las palabras con que  José Roosvelt Cobo, uno de los dirigentes del paro que, desde el  15 de septiembre, adelantan 17.000 corteros de caña en Colombia, comenzó esta conversación con Periferia.

 

La esclavitud del cortero

“Yo soy casado y tengo tres niñas pequeñas. Mi esposa se encarga del cuidado de ellas y entonces la parte económica de la casa está a cargo mío. Pago 120 mil pesos de arriendo, de servicios más o menos 45 o 50 mil pesos, en comida, no muy buena, me gasto 200 mil pesos cada 15 días, y aparte de eso los gastos del estudio de las niñas y otros que no dejan de resultar. Entonces como uno no se gana lo que necesita para poder solventar los gastos de la familia, la manera de solventarlo es que en la tienda  pide fiado el mercado y cada que recibe el pago va abonando a la deuda para que le suelten otra vez más mercado. Entonces uno va quedando con una deuda acumulada que solo se puede pagar cada año, cuando le dan las cesantías, uno paga lo que debe y queda listo para empezar a fiar nuevamente al otro año.

Pero eso no es todo. En mi caso, que trabajo en el ingenio Providencia, tengo que estar en el corte a las 6 de la mañana. La madrugada depende de qué tan lejos esté el corte; por ejemplo, hay veces que me toca ir a trabajar a dos horas de donde vivo y en esos días salgo de la casa desde las 4 de la mañana. A las 6 empieza la jornada, cuando afila el machete, después el cabo le asigna un tajo de 6 matas de frente por 38 metros de largo. Uno empieza a cortar la caña voliandole machete todo el día, hasta las 7 de la noche que termina el turno.

A nosotros no nos pagan por día trabajado sino por lo que pese lo que cortamos en el día. Generalmente yo corto dos o dos toneladas y media diarias, que las pagan a 5.700 pesos cada una; o sea que en el día me gano unos 15.000 pesos. De ahí me descuentan la salud, la pensión, los parafiscales y un aporte para la cooperativa de trabajo asociado, eso suma el 30% de lo que me gano. En resumen, cada quince días recibo realmente unos 200.000 pesos. En la jornada de trabajo no hay tiempos de descanso, ahí como eso es al destajo y es lo que usted se haga, si trabaja fuerte gana un poquito más; por ejemplo, el horario de comida no está establecido, uno apenas le da hambre come a las carreras y sigue trabajando. Tampoco hay día de descanso ni vacaciones, se trabaja de lunes a lunes y los únicos días de vacaciones al año son tres: 30 y 31 de diciembre y 1 de enero; pero esos no los pagan porque no trabajó. Los días 24 y 25 de diciembre es obligatorio trabajar, tan obligatorio que si falta le cobran una multa de 50.000 pesos por cada uno de esos días que no vaya.

Cuando se presenta un accidente de trabajo, como que un compañero se corte con el machete, lo que se hace es prestarle entre nosotros los primeros auxilios y esperar a que termine la jornada de trabajo para poderlo llevar a donde el médico a que lo atiendan.

Nosotros no tenemos contrato de trabajo con el ingenio. En el 2005 nos obligaron a formar unas cooperativas de trabajo asociado y son las cooperativas las que contratan con el ingenio. A la cooperativa le pagan 8000 pesos por cada tonelada que nosotros cortamos, pero somos nosotros los que nos responsabilizamos de todo el funcionamiento administrativo de esta; además de nuestra propia seguridad social, todos los gastos, hasta los de la herramienta con que trabajamos sale de los bolsillos de nosotros mismos.

Adicionalmente existe un grave riesgo y es que los ingenios quieren acabar con nosotros. Ya ningún ingenio permite que las cooperativas lleven personal nuevo a trabajar, así que cortero que se retira no es reemplazado y poco a poco los corteros se van acabando. Eso lo impulsan los ingenios porque el interés de ellos es mecanizar el proceso de cortada y recolección de la caña”.

Las utilidades que arroja la producción
En contraste con lo anterior, en Colombia, durante 2007 se produjeron, según Asocaña, 2.277.120 toneladas de azúcar, de las cuales se vendieron 1.546.686 en Colombia y se exportaron 716.380 que se vendieron a un precio promedio de 309 dólares la tonelada. En su informe anual 2007 – 2008, Asocaña reconoce unas utilidades para el sector azucarero de 148 mil millones de pesos.

Los ingenios implicados en esta situación son: Incauca, Providencia y Risaralda, del industrial Carlos Ardila Lulle; Central Castilla y Río Paila, propiedad de la familia Caicedo González; Mayagüez, de la familia Hurtado Holguín; La Cabaña, de la familia Seinjet; San Carlos, de la familia Sarmiento Lora; Pichichí, de la familia Cabal; Central Tumaco, de la familia Salcedo Borrero; Carmelita, de la familia Garrido Amezquita, y el Ingenio María Luisa, del conglomerado Harinera del Valle.

Un paro por física hambre
“Los corteros nos decidimos a parar, porque día por día nos están apretando más y más y nos queda casi imposible sostenernos junto con nuestras familias. Entonces hemos buscado diálogo con los ingenios para que nos mejoren las condiciones de trabajo y que aumenten un poco más el precio que nos pagan por la caña, para uno poder subsistir; pero ellos simplemente nos dicen que estudiemos, porque eso se va a acabar. Ese es el dicho de ellos para no colaborarnos en nada. Por eso nos fuimos al paro, porque en realidad no tenemos siquiera para comer.

El pliego de peticiones se lo presentamos a Asocaña, que es el gremio que agrupa a los propietarios de todos los ingenios, el 15 de julio de este año. También lo tienen cada uno de los ingenios y además el Ministro de Agricultura que es uno de los accionistas mayoritarios del ingenio Mayagüez, se lo hicimos llegar también al Ministerio de Protección Social. Pero hasta la fecha no se han querido sentar a negociar. En vista de que seguimos trabajando y no nos llamaron siquiera a conversar sobre el pliego, el 15 de septiembre iniciamos el cese de actividades.

En el paro estamos 17 mil corteros, de los 19 mil que somos. Hay corteros de 3 ingenios que no están participando porque los están obligando a trabajar amenazados; por ejemplo, a los de Riopaila, los buses que los  llevan van escoltados por la policía; lo mismo los del ingenio La Cabaña, incluso hasta a la casa  llegan con la escolta de la policía. La mayoría de los trabajadores están de acuerdo con el paro, pero les da miedo por lo que le acabo de contar.

Nosotros tenemos claro que no levantamos el paro si no obtenemos las garantías que están incluidas en el pliego, y de esas, la más importante es la contratación directa de nosotros por parte de los ingenios. Porque si nos contratan directamente, ellos tendrían que asumir la responsabilidad laboral que les corresponde con nosotros y eso nos daría un poco de mejores condiciones; al menos mejores que las que tenemos ahora, que hasta la comida nos falta. Nosotros estamos convencidos que las cooperativas son para que se beneficien terceros, porque mucha gente quiere vivir de las cooperativas que nosotros conformamos. Además, las responsabilidades que le corresponden al patrón se las trasladan a esas cooperativas. Y para completar, los dueños de los ingenios nos quieren hacer creer que nosotros somos los dueños de las cooperativas, que somos empresarios, dueños de nuestra propia empresa, y la realidad es que somos dueños es de nuestra propia hambre, porque es lo único que tenemos: hambre”.

Cómo se desarrolla el paro
“El pliego lo preparamos durante 8 meses. Nos reunimos en todos los pueblos donde hay corteros, hablamos, discutimos, nos pusimos de acuerdo. Y también estábamos claros que si no había negociación nos íbamos al paro. Eso se decidió desde los corteros y no como dice el gobierno que fue porque un senador nos incitó o porque las Farc están detrás de esta protesta.

Al empezar el paro, los corteros nos quedamos cada uno en el ingenio en el que trabajamos, montamos carpas y unos campamentos con plásticos alrededor de cada ingenio para vivir allá durante el tiempo que sea necesario. El paro lo hemos mantenido, a pesar de que las condiciones en que estamos son muy malas. Por ejemplo, nosotros los del ingenio Providencia somos 1.148 corteros y hemos recurrido a la gente de los pueblos cercanos para pedir solidaridad, nos han apoyado pero como nosotros somos los que movemos el comercio y ahora no tenemos ingresos, entonces toda la gente está muy pobre. Pero de a poquitos nos siguen colaborando. Nos agrupamos de acuerdo a la cooperativa a la que pertenecemos y desde ahí se coordina todo, nos hemos organizado en grupos de 400 personas, a cada grupo se les entregan 10 libras de arroz, dos latas de sardina y lo que consigamos de yuca y plátano. Eso se prepara y es la única comida que consumimos durante el día, que viene a ser como dos cucharadas de arroz con unas muestras de sardina y un poquito de plátano y yuca.

Para nuestras familias es peor, porque no tienen nada en la casa; de lo poco que nosotros recolectamos algo les aportamos, pero a nuestras esposas les toca hacer cualquier cosa para conseguir lo de la comida: lavar ropa ajena, pedir limosna, y cosas así. Según el cálculo que tenemos, los hijos de los corteros de caña son 25 mil niños y niñas, ellos son víctimas también de la negativa de los dueños de los ingenios a brindarnos mejores condiciones de trabajo. Y eso que el Ministro de Protección Social dijo que iban a mejorar las condiciones de vida de los niños en el país, entonces ¿será que nuestros hijos no tienen ese derecho? ¿Por qué el ministro no les para bolas a estos 25 mil niños hijos de corteros de caña que están aguantando hambre?”.

La publicitada “mediación” del presidente Uribe Vélez
Después de haber señalado reiteradamente que el paro de los corteros era obra de las Farc, el presidente Alvaro Uribe viajó al Valle, supuestamente a servir de mediador entre los corteros y los propietarios de los ingenios. Cuentan los corteros que el presidente llegó hasta allá a brindar “miserableza”, “porque lo que él dice es que sobre lo que estamos ganando nos puede colaborar hablando con los dueños de los ingenios para que nos aumenten una miniatura en dinero y dice que eso se lo rebusca él para nosotros. Nosotros lo rechazamos porque eso no sirve ni para comprar una librita de arroz más”.

“El presidente se reunió con el gobernador, con los gerentes de los ingenios y con algunos sindicatos patronales. Estos últimos llegaron fue a hacer propuestas, sin contar con nosotros los corteros y nos tocó hijueputiar a uno de esos “sindicalistas” para que aprenda a respetar. Al presidente no le gustó esto y ahí terminó toda su “mediación”. Y es que ellos, los que estuvieron en esa reunión, creen que nosotros estamos es buscando miserablezas o migajas. Y yo repito que la única manera de levantar el paro es que nos reconozcan nuestros derechos que están expresados en el pliego”.

Futuro incierto
“Los corteros tenemos muy claro que con la intención de los ingenios de mecanizar el proceso de recolección de caña quedaríamos 19 mil familias sin empleo, tirados en la calle sin hacer nada, sería más delincuencia, más prostitución. Todo esto se nos vendría encima porque no tenemos nada más que hacer, porque simplemente vivimos de la caña. Entonces ¿qué van a hacer con nosotros?

Nosotros los corteros de caña, que somos la gran mayoría negros, decimos hoy que así como a nuestros antepasados les pusieron grilletes en los pies, ahora a nosotros nos los pusieron en la barriga, y contra eso es que estamos luchando”. 

Habitantes de las comunidades pobres de Medellín y la Red de Organizaciones Comunitarias de esta ciudad, entre otras organizaciones, han venido realizando desde hace años actividades de movilización alrededor de las necesidades básicas de la gente de los barrios. La desconexión de los servicios públicos domiciliarios a manos de las Empresas Públicas de Medellín han sido sus principales temas de denuncia.  Hoy sus iniciativas las llevan a convocar un Foro Social en Medellín, como camino para la construcción de movimineto popular.

 

Cada año, en octubre, realizan el festival comunitario por la vida, que según sus organizadores “desde su primera versión y hasta la fecha, se ha caracterizado por mantener el interés de mostrar los efectos negativos que el neoliberalismo, la privatización, la pobreza y la vulneración de los derechos humanos han causado en los sectores históricamente excluidos”. Y en estas iniciativas cabe resaltar la creatividad y la energía con la que se movilizan estas comunidades; comparsas, chirimías, disfraces, danzas, pintura y toda clase de propaganda acompañan su particular forma de protesta.

Sin embargo, estas comunidades han venido reflexionando frente a varios aspectos de la protesta, de los contenidos y de los resultados de la misma. ¿Qué carácter deben tener las marchas, a quién se quiere impactar, cuál es la convicción de la gente que se moviliza, qué quieren sentir con la protesta? Por esta razón vienen discutiendo la necesidad de darle forma de proceso a sus iniciativas de movilización y protesta. De allí surgió la idea para este año, más exactamente entre octubre 27 y noviembre 1 de 2008, de realizar “El Foro Social Medellín, otra ciudad es posible sin miseria ni exclusión”

Los organizadores afirman que “El Foro Social es una propuesta que le plantea la Red de Organizaciones Comunitarias (ROC) a la ciudad, a las organizaciones y a las comunidades para empezar una apuesta amplia de construcción de movimiento popular hacia el cambio social”. Esta iniciativa tiene su idea principal en la propuesta de “reforma urbana y reflexión sobre sectores populares” que se llevó a Caracas al Foro Social Mundial realizado en enero de 2006.

Eran varias las reflexiones que se planteaban en esa propuesta, una de ellas era que desde los sectores populares no se podía seguir aceptando que la agenda de trabajo o movilización la impusieran las organizaciones o movimientos a la gente de los barrios; otro aspecto era la división temática de una problemática integral: la pobreza. Es decir, en primera instancia las comunidades y las organizaciones consideran que la agenda debe nacer con la misma gente y desde la comunidad. Por otro lado, debe existir un objetivo central que unifique todas las iniciativas de protesta y confrontación, en este caso la pobreza.

“Es que la gente de los barrios se puso a pensar que los que tienen problemas con la educación, el hambre, la vivienda, la salud, el empleo, los servicios públicos, siempre son los mismos, es decir la gente más pobre. Y, sin embargo, cada uno organiza su protesta particular. Entonces hay que juntar todas esas protestas y unificar la pelea. El Foro no debe ser solo un evento académico, debe servir para conversar, para investigar, para denunciar, para movilizar”, manifiesta una de las organizadoras de la iniciativa.

En este mismo sentido, Janet, una habitante de la Mano de Dios, se cuestiona: “Nosotros no ayudamos a la comunidad, somos la comunidad misma. Hemos considerado equivocado que a nuestra comunidad todo llega por partes. Cada cual pelea por su lado y existe gente que hace parte de varias organizaciones y movimientos al mismo tiempo. Conversando con otras comunidades de Bogotá surge la idea que hay que juntar las problemáticas y salir concientemente a movilizarse”. Según esta líder comunitaria, la propuesta no debe girar tanto alrededor de las organizaciones, sino de la comunidad, de la gente y sus problemas cotidianos. “Por ejemplo, en mi barrio, la gente está cocinando agua con arroz para alimentar a sus niños, otros van a la plaza de mercado (mayorista) a recoger comida que votan, es decir sobrados. Es importante encontrarnos y escucharnos con otra gente porque los testimonios de otras comunidades son más importantes que los grandes análisis de los académicos”. La gente quiere protestar de otras maneras, decir y hacer lo que se le de la gana frente a su situación particular y diaria, porque en las marchas la gente se cansó de escuchar siempre lo mismo: “Uribe Paraco”  y otras cosas por el estilo.

Estas manifestaciones espontáneas de los habitantes de los barrios populares de Medellín dan cuenta de una corriente popular autocrítica, que se cuestiona y que está pensando en priorizar la construcción de un movimiento popular que nazca desde los sentimientos que a la gente le genera tanta miseria y exclusión. La misma comunidad viene recogiendo entre los habitantes de sus barrios una pequeña encuesta con preguntas básicas de carácter socio económico. Por ejemplo, si la plata le alcanza para hacer mercado, pagar arriendo, comprar vestido, cómo están de empleo, de salud; es decir, lo que a la gente le interesa resolver de su vida a diario. A partir de esta pequeña encuesta la gente queda inscrita para participar en el Foro y todas las actividades que se programarán.

Así como esta iniciativa, vienen caminando otras con la misma filosofía de colocar los intereses y problemáticas del pueblo por encima de todo y generar movimiento. Es importante participar y apoyar la movilización y hacer parte de los cambios que requiere la ciudad y la nación entera.

¿Cómo  vincularse a esta propuesta?
La Red de Organizaciones Comunitarias (ROC), ha decidido promover un espacio denominado Asamblea de Organizaciones y Movimientos en desarrollo del Foro Social 2008, en el cual se pretende que participen todas las organizaciones sociales de Medellín y otros municipios de Antioquia interesados en vincularse a esta iniciativa. Inicialmente, este espacio de articulación política se está llevando a cabo todos los viernes a las 4:00 p.m. en la sede de la Corporación Talentos.
(Confirmación del lugar de reunión en los correos This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it., This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

Fe, fe, no. fecundidad

 
La fecundidad es la realización de la fertilidad; es decir, la abundancia de la reproducción biológica. También es el potencial reproductivo de un organismo o población. Es controlada tanto por la genética como por el ambiente. Como concepto demográfico, se mide por el número medio de hijos por mujer (índice de fecundidad) o mediante la tasa de fecundidad general (número de nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil en un año).

Estas definiciones anteriores; no dejan de ser frías y sin vida, no nos sirven para ver la complejidad del proceso y no aportan mucho a la discusión.

La naturaleza es maravillosa. Para que se dé la formación del cigoto, unión del espermatozoide y del óvulo, se requiere anatómica y fisiológicamente unos elementos y procesos básicos complejos pero hermosos. Ya desde bebé, las futuras madres tienen en sus ovarios unos pequeños folículos en formación y desarrollo, los que posteriormente serán para la producción limitada de óvulos y así poder tener cada mes un óvulo listo que podría ser fertilizado.  Por el contrario, el niño al iniciar su pubertad comienza a producir espermatozoides maduros para hacer su mínimo y modesto aporte a la fecundidad. Pero todo este bonito proceso se da por medio de la unión placentera de dos órganos majestuosos como son la vagina y el pene.

Digo unión placentera, porque actualmente las relaciones sexuales son, principalmente, expresiones de la sexualidad, la sensualidad, el erotismo y el placer del compartir y disfrutar; la fertilidad y la reproducción ocupan un lugar secundario, y considero que esa visión y esa práctica es de avanzada y correcta. No hay razón suficientemente poderosa para seguir pensando que las relaciones sexuales son sólo para la reproducción y que lo demás no tiene importancia y es pecaminoso. Los cuerpos son para el disfrute responsable y consciente.

Vamos a analizar y discutir algunas de las diferentes posiciones que hay frente a la reproducción, es decir, argumentos en contra y a favor de tener hijos.

Argumentos en contra de tener hijos:
1)    El factor económico. La situación económica de la mayoría del pueblo lleva a pensar en la posibilidad de no tener ni un solo hijo o máximo uno. La realidad es concreta, en una sociedad basada en el dinero y en la imposibilidad de conseguirlo para resolver todas las necesidades básicas y creadas, es natural que muchos estén pensando en no reproducirse. Pero ese no debería ser el punto, una sociedad que desde el principio ya está coartando la posibilidad de tener un hijo debido a la forma como está planteada, es una sociedad que no sirve y debe ser cambiada radicalmente, de raíz. La decisión de tener o no hijos debería ser más libre, filosófica y éticamente y no estar tan sesgada por la economía.

2)    La pérdida de valores. El capitalismo es un sistema en crisis (política, económica y ambiental), en descomposición y decadencia y, como tal, no puede ofrecer a las futuras generaciones más que degradación espiritual y física. El problema de valores no es una cuestión de religión, ni de hipócrita moral ni de ética y menos de urbanidad. Es una cuestión de concepción filosófica del mundo y eso depende de las condiciones materiales de los pueblos y de la forma como se relacionan los hombres entre sí y cómo producen en común.

3)     La superpoblación. Existen muchos malthusianos que no conocen los argumentos de Malthus pero que sí los defienden desde el empirismo y la apariencia. Dicen que todos los problemas del mundo son por superpoblación, que hay hambre, miseria y guerras porque somos muchos en este destruido planeta. Deben analizar mejor el problema y mirar factores tan decisivos como el modo de producción anárquico llamado capitalismo, la forma descarada de consumo de los tales países “desarrollados”, las diferencias entre los pocos poseedores de la riqueza y los muchos desposeídos, las formas de explotación y uso de las tierras más fértiles, etc.

4)    La violencia. No traer hijos para la guerra, para que los maten o los pongan de carne de cañón de los diferentes ejércitos. Pero esos hijos, a la vez, deberían ser los constructores de la nueva sociedad.

5)    Interfieren con los proyectos de vida y requieren mucho tiempo en su crianza. Las mujeres que quieren estudiar y trabajar ven como los hijos se vuelven en un obstáculo para el logro de sus objetivos.

Argumentos a favor de tener hijos

Pueden ser muchos y los más importantes, para un grupo de mujeres, son: Compañía y apoyo en los años de vejez; Amor que se da y se recibe; realización personal como una posición filosófica; proyección futura de la especie; unión familiar y la alegría de verlos crecer a la par que los educamos.

En últimas, la mujer es la única que puede decidir sobre su cuerpo y sobre su vida, para dejar claro que los demás opinan o aconsejan para la solución de una problemática pero la decisión sólo le corresponde a ella.

Que vivan los hijos, que viva la vida, que viva el futuro luminoso de la humanidad.

Francisco es un líder barrial de la comuna 8 de Medellín que ha intentado que, en medio de la pobreza y la marginación en que está sumido su barrio, puedan establecerse relaciones transparentes entre las comunidades y las autoridades municipales, las mismas que últimamente pregonan la participación comunitaria. En ese empeño se encontró con el paramilitarismo que está aprovechándose  y beneficiándose de lo que por derecho les corresponde a las comunidades.  Por oponerse a que los “paras” despojaran a la gente de lo que les corresponde le ha tocado salir varias veces de su barrio y alejarse de su familia para preservar su vida. En una conversación extensamente con él nos contó algunas de las circunstancias que rodearon la distribución del presupuesto participativo de los barrios La Sierra y Las Mirlas durante 2005 y el asesinato del presidente de la acción comunal de Las Mirlas.

 

Entre mayo y agosto de 2005 estuvimos, con Augusto Henao, el presidente de Acción comunal de barrio, participando en las reuniones que la alcaldía de Medellín programaba para discutir lo del presupuesto participativo. En una reunión de esas, a mediados de junio, en la que se encontraban el entonces secretario de gobierno, Alonso Salazar, y el director de derechos humanos de la Personería, nos informaron lo que el municipio asignaría para cada barrio: en esta oportunidad salieron 108 millones para el barrio Las Mirlas, que era donde vivíamos Augusto y yo. También se informó que para el barrio La Sierra, vecino al nuestro, no se había asignado ningún presupuesto.
 
Edwin Tapias, que era el presidente de la Junta de Acción Comunal de La Sierra, se encontraba en esa reunión. Se enojó y dijo que él era quien había pasado el presupuesto de Las Mirlas y necesitaba de esos 108 millones para el barrio La Sierra, porque en las Mirlas no se necesitaba ese dinero. Cuando él terminó de hablar yo  pedí la palabra y le dije que me daba mucha pena pero que ese presupuesto nosotros lo habíamos estado planeando hacía unos 4 años, que eso era del barrio Las Mirlas. La reunión, en la que participábamos como unas trescientas personas, se suspendió unos minutos para ponernos de acuerdo en cómo se iban a repartir los 108 millones entre los dos barrios. Edwin Tapias se opuso rotundamente a eso y decía que la plata la necesitaba el barrio la Sierra para un centro de Computadores, pero el resto nos pusimos de acuerdo entre todos cómo íbamos a hacer. Luego los de la alcaldía dijeron que iban a repartir esos 108 millones por partes iguales para los dos barrios. Tampoco eso le sonó a Edwin y exigió que le dieran 58 millones para él y 50 millones para las Mirlas. Augusto me dijo: “¿qué hacemos, le damos esos 58 millones y hacemos lo que podamos con el resto? Efectivamente así se hizo. La reunión se acabó y cuando íbamos a coger la buseta me contaron que Edwin había dicho que ese par de hijueputas no se iban a salir con la suya, que eso no se quedaba así.

Con Augusto habíamos quedado en hacer una reunión el 21 de agosto para comentarle a la gente lo que habíamos conseguido, estábamos muy contentos con esos 50 millones. Pero 8 días antes de esa fecha, Edwin Tapias programó una reunión en el Rinconcito Cafetero, un espacio en Las Mirlas, que está en límites con La Sierra. Augusto me dijo: “vamos a la reunión y dejamos la de nosotros para el domingo”. Yo le contesté  que no, “yo no voy porque usted sabe que estoy cochino con esa gente. Vaya más bien usted y me cuenta lo que digan”. Efectivamente la reunión que había programado Edwin se realizó. Al otro día fui donde Augusto para hablar, y muy asustado, sin siquiera saludarme, lo primero que dijo fue: “sabe qué, ese man de Edwin Tapias me dijo: Usted y Francisco no se van a disfrutar esa plata malparidos”.

El viernes antes de la reunión de nosotros con la gente de Las Mirlas me había resultado un trabajo.  Me fui al medio día y al día siguiente por la mañana me avisaron que habían matado a Augusto. Sentí un dolor muy grande y denuncié con nombre propio a Edwin Tapias como responsable del asesinato. Inmediatamente denuncié la muerte de Augusto, me fui a vivir a Robledo y a los ocho meses de estar allá, llamaron a donde mi hermana a amenazarme. Como de Caicedo a Robledo no hay mucha diferencia, entonces me dio miedo y me fui lejos de Medellín. Esa era la segunda vez que me iba y era el año 2006. Cada día estaba más lejos del barrio y la familia.

Regresé ahorita en la semana santa del 2008. Sucede que yo regreso y encuentro las cosas peor de cómo las dejé; siempre había mucho temor y mucho murmullo de la gente, me decían que me cuidara. Y entonces a los tres meses un man fue a la casa a amenazarme con una 9 milímetros. Yo le dije que le dijera a los jefes de él que yo no les tenía miedo. Me contestó agresivamente: “sabes qué pirobo, yo puedo ir allí y traerte 8 muchachos y matarte y enseguida me pierdo, pues por acá nadie me conoce”.

A los días hubo una visita por allá de la secretaría de obras públicas del municipio. Entonces me fui con Jaime Henao, el papá de Augusto, a mostrarles lo que había para hacer y saber qué era lo que iban a dar. Esa mañana uno de esos asesinos, Tracy le dicen, que es el jefe de los bandidos allá en las Mirlas, con los manes con los que anda llamaron a mi señora para que me avisara que me perdiera sino quería que hicieran lo mismo que con unos negritos que habían matado 8 días antes en la Terminal. Con esa amenaza me fui a dormir donde una hermana en Buenos Aires. Pero esa misma noche llamaron allá y le dijeron: “dígale a ese triple hijueputa que ya sabemos dónde está escondido y que vamos a sacarlo de allá”. En vista de eso, al día siguiente me fui para una reunión de Presupuesto Participativo con el municipio. Llegué como a las dos de la tarde y la interrumpí para contarles lo que me había pasado. Resulta que ahí había un señor del alto gobierno que habló con el doctor Ceballos de la Personería y él conocía el problema mío desde el 2005.

El tipo nos llamó a mí y a Jaime Henao y nos dijo: mañana a las ocho los espero en la alcaldía para que comenten el problema. Allá nos reunimos con el secretario general del alcalde y subsecretaría de gobierno. Cuando yo les comenté el problema ahí mismo el secretario de gobierno y el doctor Ceballos ordenaron que nos internaran en un albergue. Allá me encuentro en estos momentos, ya va para dos meses. Pero sigo teniendo problemas con los paracos. Pues  el 23 de septiembre a las 6 de la tarde yo estaba conversando con Jaime Henao, cuando de pronto se nos lanzó un man con un cuchillo mata ganados y nos hirió a los dos; a mi me dio una puñalada en el pulmón derecho y a él le corto el dedo anular de la mano izquierda y parece que lo va a perder por que le cogió los tendones. Ahorita estamos esperando ver qué más se puede hacer, qué es lo que va a pasar, nosotros tenemos todo esto denunciado.

Mientras tanto los crímenes siguen sucediendo y Edwin Tapias que es el Jefe, baja cada mes cualquier día con los asesinos que lo cuidan, para cobrar la vacuna a los negocios que tienen maquinitas, les cobran 50.000 pesos mensuales, a veces bajan hasta 15 rufianes de esos.

En un amanecer negro, un amanecer de esos  en que no debió haber salido el sol, en los que el diablo parece cabalgar sobre los lomos de bestias con figura humana, en un amanecer de esos le botaron la cabeza a  Toribio, un humilde habitante de la comuna trece, más conocido como Cayetano.

 

Es costumbre de la policía nacional subir todos los días entre las 6 a.m. y 7 a.m. a cuidar los buses de la empresa transportadora de la comuna trece; pero ese día 19 de agosto de 2002, sospechosamente, solo llegaron hasta pasadas las diez de la mañana.

El alba había sorprendido a los AUC y a hombres con brazaletes de artillería del ejército, en fuertes combates con milicianos de la guerrilla. Los intrincados laberintos que forman las casitas abarrotadas en las laderas son conocidos por los milicianos como las palmas de sus manos, por lo que podían jugar al gato y al ratón con sus enemigos. Entonces, la impotencia ante el enemigo que dispara pero no se ve, el trasnocho, la tensión y el cansancio producen rabia y cólera en los paramilitares, quienes la arremeten contra la gente indefensa. Parecen drogados o endemoniados: respiración gruesa, labios pálidos, boca reseca y ojos vidriosos.

En ese estado de enajenación optan por una requisa casa por casa: tocan en una casa y solo hay mujeres y niños, sollozantes y temblorosos; pasan a la siguiente casa, la de los Ceballos, y tocan; cuando sale un jovencito muy asustado, lo echan por delante y siguen su camino. Entonces sale su hermanito desesperado a preguntar por qué se lo llevan y como respuesta lo obligan también a él a acompañarlos. Unos metros más adelante matan a los hermanitos Ceballos, sin más razón que tener rabia.

Más adelante encuentran a Toribio, quien a pesar del miedo se ha atrevido a salir a la acera para abrir la llave del contador de agua, para poder ducharse antes de salir al trabajo. Ellos le gritan ordenándole que se entre, pero al parecer el hombre no se incorpora con la suficiente premura que ellos esperaban y por eso se lo llevan también. Un poco más arriba lo decapitan.

Éramos miles las personas que mirábamos por las rendijas de los ranchitos de tablas y latas las monstruosidades tanto de los vulgares sicarios de los ricos (AUC) como de las “autoridades” (ejército y policía y fiscalía).

No contentos estos monstruos con mocharle la cabeza  a Toribio, juegan fútbol con ella. Por último, la cuelgan de una malla, en Belencito Corazón, dizque para escarmiento. “Así les va a pasar a todos los auxiliadores de la guerrilla”, gritaban. Y sí que hubo escarmiento: ese día abandonaron sus ranchitos cientos de familias (en lo que yo llamo desplazamiento de desplazados). Ya veníamos, casi todos, huyendo de los campos, huyendo de estos mismos asesinos.

Pero para redondear la faena, después de que las pobres gentes, muertas de miedo, abandonaron sus ranchitos, llegan los policías  y tumban las puertas y ventanas y queman los enseres, que en su afán de la huida no pudieron llevar consigo. Todo dizque porque no querían que se convirtieran en cuevas o guaridas de esos terroristas milicianos.

Terminado el “operativo” y pasado un tiempo prudencial, llega la fiscalía, que como un gran borrador, pasa, no recolectando pruebas y testimonios sino echándole “tierra” a tamañas atrocidades.

Seguidamente para acabar de redondear la operación, sale por los medios de comunicación, el comandante de la policía metropolitana, Leonardo Gallego, diciendo que habían sido siete los milicianos muertos en el operativo del amanecer. Estas declaraciones de Gallego fueron las que llenaron la taza y me motivaron a escribir sobre esta denuncia. La forma descarada como estaban operando AUC, ejército y policía, me llenó de valor y me propuse denunciarlos. Me dije: en alguna parte en el mundo me oirán, no creo que la injusticia sea universal.

Me sorprende que el señor Gallego salga a dar un parte de un operativo que no realizó. ¿a quién trataba de disculpar? ¿Qué vejamen trataba de tapar?  ¿Acaso lo de Toribio? ¿A caso la quema de los ranchitos de estas humildes personitas? ¿Por qué ese mismo día, en esa misma operación pasaron los paramilitares cargando el cuerpo de un policía hasta una ambulancia, policía éste, que junto con otros, había llegado a apoyar a los paramilitares en un enfrentamiento con los milicianos? ¿Por qué, General Gallego, se dedican 500 o más policías a cuidar un partido de fútbol o 20 o 30 policías a cuidar la Terminal de los buses de la comuna trece y no hay un solo policía que cuide las noches de terror de más de 200 mil personas que vivimos aquí? ¿Por qué, General Gallego, se van a las 6 de la tarde los policías e inmediatamente son reemplazados por los paramilitares, que salen por todas partes, y que hacen de nuestras noches una comedia de terror? ¿Por qué señor Gallego, señor General Montoya, comandante de la cuarta brigada, en tanto tiempo que estuvo aquí- y aquí sigue- una base de los paramilitares, no se adelantó un solo operativo en su contra? ¿Por qué señores comandantes, todos sabemos en el sector donde están los paramilitares (la Marranera y el Morro) menos ustedes?
 
Yo los acuso a ustedes, igual que al entonces alcalde de Medellín, Luís Pérez, a La Fiscalía, a La Personería y a todas las autoridades del estado de no haber hecho nada ese 19 de agosto de 2002 y en los meses sucesivos por remediar la situación de miles de personas masacradas aquí sin ninguna consideración.
 

 

Una tragedia ocultada

Esa parte de la costa chilena que vio fraguarse una sublevación de la marina meses antes del golpe de estado en 1973, es el mismo Valparaíso que en 1908 vio nacer a Salvador Allende o “el Chicho”, como era conocido de niño entre sus familiares y amigos. Cuentan algunos de los amigos que compartieron allí la infancia con Allende, que este solía compartir con un lustrabotas anarquista que influyó mucho en su primeras ideas; de él recogió esa tradición de tantos inmigrantes europeos que llegaron al sur del continente a fines del siglo XIX y principios del XX.

 

“En Medellín no hay paramilitarismo sino una sensación de paramilitarismo”, manifestó hace poco el secretario de gobierno de Medellín, Jesús Ramírez. Esta opinión la comparte el alcalde Alonso Salazar y la compartía el alcalde anterior Sergio Fajardo, este último incluso negaba la existencia del fenómeno y colocaba a la comuna trece en casi todas sus conversaciones, como ejemplo de pacificación para Colombia y el mundo. Sin embargo, en la cotidianidad de los barrios de Medellín se vivía y se vive otra cosa. El paramilitarismo totalmente organizado en “oficinas” sigue controlando las plazas mayorista y minorista, cobrando las vacunas, eso sí muy respetuosamente, y controlándolo todo, hasta la administración de la justicia en los barrios: Ellos les parten las piernas contra los andenes a los jóvenes delincuentes que cometen sus fechorías contra la comunidad.

Por supuesto, en la comuna trece las cosas andan de mal en peor. Doña Astrid*, una habitante de La Independencia II, en donde vive desde hace más de 20 años, nos cuenta: “Yo tenía 9 hijos, pero las milicias me mataron dos, hace 12 años; uno de 17 años y al año siguiente me mataron otro de la misma edad. Cuatro estudian en primaria y bachillerato, o mejor, estudiaban porque ya no pueden ir al colegio porque los tienen amenazados de que los matan por ser de este barrio. Es que toda esta zona está manejada por bandas y como cada banda maneja un territorio, entonces los de un barrio no podemos movernos para el otro. Los otros tres hijos trabajan en lo que puedan, cuidando carros o lo que salga. Yo lavo ropa o hago otros oficios domésticos, pero cuando uno dice que vive en la comuna trece a veces no le dan trabajo”. Esto último me lo cuenta la señora después de preguntarle por qué no se van de un barrio tan violento, si no le da miedo de que les maten a los otros hijos. Es claro que no tienen a dónde ir, ni con qué sobrevivir, lo único que tienen es una humilde casa.

Además, hace poco los paras o las bandas, porque ella dice que no sabe si son paras o simplemente bandas de delincuentes juveniles, a pesar que los conoce desde que eran niños, le iban a matar a otro hijo porque según ellos les habían dicho que era simpatizante de la guerrilla. El joven había tenido que esconderse cuatro meses para ver si lo dejaban en paz y ella misma enfrentárseles con la autoridad de una señora mayor que los había visto crecer, recriminarlos por querer arrebatarle otro hijo, cuando a los otros dos la guerrilla los había matado por paracos o por ser delincuentes. Ahora en el barrio no habían milicias, ni vestigios de guerrilla, ¿entonces por qué lo querían matar? Finalmente los jóvenes lo dejaron quieto, pero amenazado y bajo vigilancia.

Y continúa contando doña Astrid: “Esto por acá esta muy peligroso y se puso peor con la matada del duro del otro barrio de arriba, un tal Felipe. Entonces ahora están en guerra y al que le pise el territorio al otro lo van matando. Ellos viven agarrados por el dominio sobre el negocio de las drogas, las armas y seguramente las vacunas, aunque eso no me consta. Todo el mundo sabe cuáles son las casas donde venden la droga y quién manda sobre el negocio. Hasta los soldados se sientan a fumar marihuana con los de las bandas y la policía conoce y sabe todo y no hacen nada; eso sí, hay toque de queda después de las siete de la noche, nadie puede salir a la calle”.

Finalmente doña Astrid le contó a Periferia que el asesinato de sus dos hijos sólo lo pudo denunciar hace dos años ante la alcaldía para que lo incluyeran en los procesos de la ley de Justicia y Paz. Desde entonces la han tenido visitando la Defensoría del Pueblo cada rato para que busque entre una cantidad de listas con cientos de nombres que ella por su poca visión casi no puede leer. Allí supuestamente debe aparecer el caso de sus hijos para asignarle un abogado. Esto aun no ha pasado, quién sabe si pasará.

El caso de Flor y su pequeño Arnold*
Pero más indignante, doloroso y hasta repugnante resulta el caso de Flor*, o mejor el de su pequeño Arnold, de 12 años de edad. Ellos viven hace un poco más de 11 años en la Independencia II, entre la Torre y el 20 de Julio, en la comuna trece. Arnold es el mayor de cinco hijos de una joven madre que al igual que doña Astrid vive de cualquier trabajo ocasional.

Flor recuerda: “Hace como 12 años a mi papá lo mataron las milicias. Él estaba arreglando un carro y bajaron y lo mataron, según mi mamá fue porque cada que ellos pasaban pidiendo colaboración el nunca les quiso dar nada. Hace seis años fue la operación Orión y en medio del agarrón entre los paras y los milicianos pusieron una bomba y ahí mataron a una hermanita mía y a un poco de gente. Dicen que fueron las milicias. Con la operación Orión llegaron los militares y era muy claro para toda la comunidad que ellos y la policía apoyaban a los paracos, como la gente andaba enojada con las milicias les pareció bien que los apoyaran. Luego de la operación Orión se militarizó la zona totalmente y se creó un fenómeno y era que las jovencitas del barrio se la pasaban con los soldados y se establecieron toda clase de relaciones. Al poco tiempo empezaron a crearse las bandas, una en La Torre, una en El Salado, en el  20 de Julio, en todo lado”.

Efectivamente, a partir de los jóvenes que quedaron desmovilizados de las organizaciones paramilitares que manejaban la zona se empezaron a crear bandas territoriales por cada barrio. Al parecer el fenómeno se da porque estos exparas a los que les dan una suma de dinero siempre y cuando estudien, fueron dejados a su suerte y ni estudiaron ni nada, se dedicaron a lo que saben hacer, la guerra. “Ahí fue cuando empezaron mis mayores sufrimientos porque yo tengo un hijo ahí de doce años, en esas bandas. A él me lo tienen de carrito, o sea llevando droga para arriba y para abajo, a que haga inteligencia. Además, él carga armas porque no lo requisan los militares. Ahora el sábado mataron a uno de los duros, un tal Felipe, y las cosas se pusieron muy duras. Yo no sé si esos niños y muchachos sean de los mismos paracos porque yo conozco muchos de ellos desde pequeñitos y les pregunto porque hacen tanto mal y ellos dicen que hay que acabar con todo lo que huela a milicia, que hay que darles piso, pero ellos también atracan en otros barrios y matan por contrato”.

De todas maneras, aunque ya no hay milicias es extraño que niños de tan solo 10 y 12 años que son reclutados por las bandas hayan desarrollado un odio casi enfermizo contra los milicianos a pesar de no haber nacido cuando las confrontaciones más duras se dieron en la zona; es decir, cuando ninguno de ellos vivió en carne propia los desmanes de estos grupos. Ante esto Flor nos manifiesta: “Es que los mayores de las bandas son los que fueron maltratados por las milicias, entonces ellos han reclutado a los niños para que les sirvan en sus labores de inteligencia para poder enfrentar mejor a las bandas enemigas, ellos les han metido en la cabeza a estos niños todo el odio que tienen con las milicias, como ya no hay milicias entonces buscan a familiares o excompañeras de los milicianos o a cualquiera que se sepa que tuvo alguna relación con ellos y los matan”.

Y continúa su relato: “El caso de mi hijo es terrible. Él vivía con su papá en otro barrio de la comuna nororiental, pero el papá no lo soportó y dijo que se le había salido de las manos, entonces hace cinco años me lo devolvió, tenía 7 años. Yo lo metí a estudiar y sólo terminó segundo de primaria y lo sacaron porque su disciplina era tenaz, hacía lo que se le daba la gana y lo mismo en la casa. Hasta que por ahí me dijeron que pilas, que estaba tirando vicio. Cuando empezó apenas tenía 10 años de edad, efectivamente llegaba a la casa trabado y traté de apretarlo pero me trataba mal; él ya andaba con la banda y en oportunidades no iba a la casa en todo el día. Él tiraba vicio con otros niños de la misma edad; traté de internarlo y no se dejó. Ahora él ya se va con la banda a atracar y a hacer vueltas con armas. Él en oportunidades se pone a llorar y me dice que lo ayude y yo lo aparto un poco de todo esto, pero regresa y me dice que él no puede dejarlos, que es que los milicianos fueron muy malos y que hay que acabarlos; definitivamente no sé qué hacer con él”.

Volvemos a indagar sobre el papel de las autoridades y encontramos la misma respuesta de doña Astrid, por allá no se hace presente la alcaldía ni el bienestar familiar; solo presencia militar. Los soldados fuman vicio con los muchachos, la policía ve todo y allí nadie hace nada. Le preguntamos también la razón por la cual no se va del barrio para otro lado y la respuesta es la misma: “si yo fuera sola lo haría, pero es que yo tengo cinco hijos y no tengo cómo pagar arriendo en otro lado. Además, Arnold me dice que él no se va conmigo y que además él tiene una casa de la banda donde se puede quedar. Yo estoy en una sin salida acá, todos los fines de semana matan jóvenes de las bandas y ya me han dicho que a mi hijo lo tienen en la mira porque él se hay vuelto uno de los duros, como dicen ellos, él ya probó finura, es decir ya mató gente”.

La hermana Rosa
La hermana Rosa del convento de las Lauritas de Belencito fue quien angustiada nos acercó a estas personas para hablar de su problema, para difundirlo. Ella es un apoyo moral y material para toda esta gente, todos los días llegan al centro religioso cantidades de niños y jóvenes y se “confiesan” con ella. Dice la hermana Rosa: “Tengo un grupo como de 25, yo les pregunto por qué se drogan tanto y ellos me dicen que para no sentir, sentir qué me pregunto, debe ser para no sentir miedo, para no enfrentar la realidad. Yo le he dicho a Arnold que se deje ayudar, que si los de la banda le pagan con unos zapatos o una camisa que yo se los regalo, pero me he enterado que a él le pagan con droga. He hablado con la alcaldía, con bienestar familiar y ninguno presenta soluciones. Yo creo que se hacen los de las gafas, los de la alcaldía creen que la solución es meter mas policía sabiendo que los policías conocen todo y son cómplices. Este país está descompuesto. Yo tengo una hermana que tiene una tiendita en la Toma por el barrio Caicedo, en estos días la llamó un tipo a extorsionarla a nombre del grupo “limpieza social por Medellín”, le pidió 500 mil pesos en medicamentos o mercado; un señor llamó a la policía y al gaula y lo entretuvo en la línea para que lo agarraran pero cuando la policía contestó le preguntó que si era que tenían detenido al extorsionista, ¡imagínese! Yo lo que creo es que esos grupos mal llamados de limpieza social van a empezar nuevamente a matar jóvenes por todo Medellín”.

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