Periferia

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Tuesday, 12 May 2020 00:00

Miedo en el búnker

Por Jhonathan Balvín R.

Estoy encerrado en este búnker. Ya estoy perdiendo la noción del tiempo. No recuerdo cuándo empezó la cuarenta, tampoco sé cuándo terminará. De no ser por el ejército de vendedores ambulantes que ofrecen sus productos, el día sería igual que la noche. Al principio buscaba información sobre el virus, pero perdí el interés. Un día decían que el virus se adhiere a la ropa, al otro día desmentían la información; después decían que sí podía adherirse a la ropa, luego desmentían de nuevo la información. Los juegos del exceso de información-desinformación empezaron a mortificarme, incluso dejé de imitar al personaje de La ventana indiscreta: cerraba las cortinas de mis ventanas para evitar que el virus ingresara por ahí. 

A veces escuchaba que la gente aplaudía a las ocho de la noche. De un momento a otro se interrumpieron los aplausos. Mis vecinos, imagino, también recibieron las imágenes en sus redes sociales donde informaban que el virus en España e Italia se había esparcido con ese tipo de prácticas ciudadanas. Después dijeron que esas prácticas no podían esparcir el virus. Después dijeron que existían posibilidades de que el virus se esparciera de esta manera. Y después, siempre hay un después, o por lo menos eso espero, mis vecinos dejaron de aplaudir y yo de leer noticias o revisar informaciones relacionadas con el virus. De hecho ni sé si ya se acabó la cuarentena, sólo sé que mis vecinos siguen sin madrugar para salir a trabajar.

Todos estamos esperando a que se acabe la cuarentena. Algún día se tendrá que acabar, pienso para distraerme del encierro en este búnker, pero me imagino el día que deba salir y me invade el miedo de que exista un rebrote del virus. La última vez que salí tuve que hacer una fila de una cuadra para ingresar al supermercado. Todos estábamos a la espera recibiendo sol en medio del apabullante silencio de la fila. Uno a uno pasaban vendedores ambulantes ofreciendo sus productos, uno a uno cantaban sus canciones los cantantes de música popular, uno a uno interrumpían el silencio ilusionados con recibir un par de monedas. 

Las personas detrás de mí seguían llegando, aumentaba la larga fila en espera de que ingresaran otras tres personas al supermercado. Un grupo de ancianos, reticentes al uso tapabocas, se quejaban del encargado de permitir el ingreso al supermercado por irrespetar sus canas, por condenarlos a realizar la fila; se lamentaban, también, de la imposibilidad de jugar un chico de billar o de sentarse a tomar tinto en la panadería. Por fin llegaba mi turno de ingresar al supermercado, de escaparme de la perorata del anciano de boina de cuadros grandes, quien seguía comunicando su viacrucis por la cancelación de la Semana Santa.

Uno a uno enjaboné, juagué, y sequé los productos que compré; invertí más tiempo en el proceso de desinfección de los alimentos, que en la compra de ellos. Esta nueva rutina la repetiré dentro de poco cuando me traigan los productos a domicilio. No quiero salir, tengo miedo a ser contagiado, tengo miedo, incluso, de acercarme a la puerta, no creo que mi sistema inmunológico resista el virus.

Ahora escuché que sonaba de nuevo el teléfono. Hace tres días que estoy acostado, sólo me levanto para orinar y comer. Sé que los alimentos que preparé están escaseando, que mañana debo cocinar, aunque no sé si llegue a mañana. A veces he pensado en dispararme, pero me da miedo dispararme en el lugar equivocado, desangrarme durante unos días hasta morir, o peor aún, durante unas horas antes de que alguien tumbe la puerta, me rescate y deba soportar el martirio de estar hospitalizado. 

No quiero regresar al hospital. Así que sigo encerrado en mi habitación escuchando el sonido del teléfono. Era una de las secretarias de la compañía que el gobierno autorizó para retomar las labores de producción: que me presente el lunes temprano a una charla sobre los nuevos protocolos de seguridad laboral, que evite usar los medios masivos de transporte.

Me anunció toda esa información pero no me preguntó si yo estoy interesado en retornar al mundo laboral, sin decirme cuántos días faltan para llegar al lunes, sin decirme siquiera si ya se acabó la cuarentena nacional. Por su sugerencia de acudir a la empresa en un medio de transporte alternativo, imagino que todavía no existe una cura. Sabía que algún día la cuarentena se acabaría, pero continúo con miedo de salir. 

El estómago me empieza a doler, tengo un leve dolor en el pecho, mi frecuencia cardíaca aumenta considerablemente, veo el incremento de sudoración en mis manos, no creo que sea un buen momento para abandonar este búnker, inventaré una excusa para no ir a trabajar, el dolor de estómago se hace cada vez más fuerte, no puedo aguantarme, debo ir al baño, no pueden obligarme a salir de mi casa, me siento mareado, todo está dando vueltas, no sé si alcance a llegar, todo empieza a desaparecer. 

 

 

Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

Están matando a los líderes sociales en San Juan del Micay. Ese es el nombre del río que atraviesa los municipios de López de Micay, y parte de El Tambo, en el departamento del Cauca; también es el nombre del corregimiento donde su población es principalmente negra, al igual que la pobreza histórica sufrida por el abandono estatal. Este rincón caucano fue y es noticia nacional y mundial por el asesinato de cuatro miembros del consejo comunitario AFRORENACER a manos de un grupo residual que quedó después de la desmovilización de las FARC.

Teodomiro Sotelo, Andrés Casimance, Jesús Riscos y Sabino Angulo son las ultimas victimas en la lista de líderes sociales asesinados por los armados que, según los habitantes, después de los enfrentamientos contra la guerrilla del ELN, decidieron retomar los territorios donde operaban antes de desmovilizarse y sacar a cualquier persona relacionada con los “elenos”, también a los desmovilizados y miembros del nuevo partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Hay un tema que llama la atención detrás de todo este horror. La economía de la zona ha sido la pequeña minería, los cultivos de uso ilícito, la pesca y la agricultura, fundamentada en ese elemento simbólico de vida que es el río San Juan de Micay, el cual desemboca en el océano Pacífico. Este cuerpo de agua tiene encima los ojos del capital privado desde el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986). En esos años se planeó allí el megaproyecto hidroeléctrico: “Arrieros del Micay”, que aquella época tendría una inversión de siete millones de dólares, y una producción estimada de 3.500 mw, pero este se frenó por la inviabilidad ambiental encontrada por el entonces Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (INDERENA).

La amenaza al río revivió en el 2016, por medio el ex-secretario privado del Congreso de la República, Felipe Valencia, el exgobernador del Cauca, Óscar Campo, y otros políticos e inversionistas privados como la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (ACOLGEN), planteando esta vez que Arrieros del Micay puede producir 700.000 kw por hora. A pesar del eco recibido en medios nacionales y locales, del proyecto no se menciona que quiere ser impuesto sobre territorio afrocolombiano, al cual, gracias a la ley 70 de 1993, le deben consultar si quieren o no la construcción de la gran hidroeléctrica. Por ahora, se oyen comentarios sobre el proyecto extractivo sin tener información precisa sobre la licitación o permisos que se estén tramitando en el gobierno nacional.

El otro azote de las comunidades negras del Micay es el cultivo de coca traída por colonos de otros departamentos en los años 70. Con la salida del río al mar, el proceso de cultivo, procesamiento y exportación de la droga es una fuente económica importante para cualquier grupo armado. No es fortuito que las disidencias quieran retomar ese territorio, uno de los desplazados del proceso AFRORENACER asegura que están buscando controlar las tres entradas que tiene la zona y así tener control sobre las 1.500 personas que aún quedan en las veredas, y sobre el territorio y su economía. No es extraño entonces que los carteles mexicanos estén detrás de la financiación de estos grupos armados, como lo dijo el excandidato presidencial Gustavo Petro cuando denunció la intromisión del cartel de Sinaloa en Colombia.

Este año no empezó nada bien para esta comunidad que ha visto como se dan plomo el ELN y la Fuerza de Despliegue Rápido del Ejército desde el 25 de enero, poniendo además los asesinados y los desplazados. El Ejército ha salido en fotos de prensa mostrando acciones contra las disidencias de las FARC en Suarez (municipio vecino de López de Micay), donde no han ocurrido asesinatos de líderes sociales. Y en el corregimiento de San Juan de Micay, las fuerzas militares han peleado y capturado integrantes del ELN, quienes el 1 de abril habían decretado un cese unilateral como gesto humanitario por la propagación del COVID-19.

¿Estaremos frente a un caso de ayuda mutua entre fuerzas militares con disidencias de FARC para acabar la guerrilla del ELN? ¿Estas disidencias tendrán un papel específico en la geopolítica local donde hay un megaproyecto hidroeléctrico en el trasfondo? ¿Por qué el Ejército no muestra “resultados” con las disidencias de FARC que están en San Juan de Micay? 

¿Cómo estarán mis vecinos y compañeros? ¿Cómo hacemos para no dejar caer al Consejo Comunitario? ¿Cómo seguimos denunciando este problema? Son algunas preguntas que también se hacen las desplazadas de sus fincas que ahora están con familiares o compañeros en la ciudad de Popayán, capital del Cauca.

Por Victor de Currea-Lugo

Uno puede imaginarse que las decisiones políticas de Duque están basadas solo en la arrogancia, así como respondió cuando Venezuela le propuso donarle dos máquinas de diagnóstico ante la pandemia; la misma arrogancia de la que se armó para reunirse primero con el cantante Maluma que con los estudiantes en protesta.

También puede acusarse a Duque de que simplemente actúa por su torpeza, como cuando propuso el “aislamiento inteligente” (http://victordecurrealugo.com/confinamiento-inteligente-coronavirus/) o cuando salió a tratar de convencernos de que, contrario a toda la tendencia mundial, aquí ya se estaba aplanando la curva;  pero no es así.

El problema de Duque, a menos que me demuestren lo contrario, es de maldad. Hay maldad cuando se concentran los recursos de los territorios y se ponen al servicio del gobierno central, desprotegiendo a alcaldes y gobernadores que son, como se ha demostrado en las últimas semanas, la piedra angular de la respuesta. El presidente actúa con la misma maldad que lo hizo frente al paro nacional que empezó en noviembre pasado. Me rehúso a repetir el cántico de algunos ingenuos de que el presidente solamente está mal informado o que  está atrapado en el uribismo, pero que sí tiene voluntad de hacer las cosas bien.

Si eso fuera cierto, no puedo entender su afán de darles gusto a los grandes empresarios para priorizar la economía sobre la vida; ni su falta de claridad frente a un sistema de registros que permite a los muertos y a muchos inexistentes, dizque cobrar subsidios frente a la pandemia. Los mismos registros que aparecen para el Icetex y para las elecciones.

Hay maldad cuando no se actúa, de manera seria y responsable, ante la cascada de denuncias por abuso policial, sin que aparezca la noción de Derechos Humanos, recogida en la Constitución. Hay reportes de disparos a civiles, arrestos injustificados, comparendos absurdos, gases lacrimógenos contra vecindarios, golpizas y una larga lista de maltratos.

Tampoco el Estado se ha movido como debiera frente a la corrupción: es cierto que apartaron del cargo a tres coroneles del Ejército por corrupción con recursos para la pandemia, pero eso es más común de lo que se percibe. De hecho, la Contraloría ha alertado por la compra irregular de insumos hospitalarios y compra de alimentos para la población en general. La Procuraduría reportó investigaciones en 14 gobernaciones, 55 alcaldías y 24 entes territoriales. A finales de abril ya se investigaban 1.286 casos de irregulares en contratación. Y eso no es por la pandemia, sino que la pandemia de corrupción es una constante, que además no depende de los pobres sino de gente de la clase de Duque.

Hay mucha maldad, cuando aprovecha la coyuntura para salir a salvar, junto con su escudero Carrasquilla, a los fondos privados de pensiones, desprotegiendo aún más precisamente a los adultos mayores, es decir a la población de mayor riesgo por la pandemia. Hay maldad cuando en vez de responder a la urgencia nacional se arrodilla ante la agenda estadounidense y prioriza la justificación de un ataque militar a Venezuela. Hay mucha maldad cuando no actúa ante un sistema financiero que ha duplicado el costo de las transacciones en medio de la pandemia sin que los entes de control cumplan su cometido de manera eficaz. Y así mismo la hay, cuando no controla ni castiga la especulación de las grandes cadenas de almacenes.

Ya sé que nadie estaba preparado para esto, pero con el pasar de los días, esa frase tiene más de pretexto que de realidad. Tampoco el Estado estaba preparado para producir docenas de decretos, pero lo hizo: 73 decretos ley, 33 decretos ordinarios y 94 resoluciones y circulares, producidos en un mes. La pandemia no redefine el poder ni sus intenciones, sino que los potencializa. No se es cierto que nada se pueda hacer, el problema es que muchas de las cosas que han hecho, van en sentido contrario.

Hay maldad, de la peor, cuando autorizan trasladar personas contagiadas de una cárcel a otra, una medida deliberada que solo sirve para expandir la pandemia. Es una medida que, a todas luces, iba a producir unas consecuencias previsibles, como efectivamente ha sucedido. Claro, hay cárceles para ricos, llámense clubes militares o casas fiscales, donde los ladrones de cuello blanco dizque pagan las penas, lejos del hacinamiento de los pobres en prisión y lejos del coronavirus.

Hay maldad cuando el Estado no protege a los líderes sociales: varios de ellos, que cumpliendo la cuarenta, se han quedado en sus casas y allí han terminado expuestos frente a sus asesinos. No solamente hay torpeza y arrogancia, hay maldad. Por eso no le creo a Duque ni a los de su clase, que hasta los últimos minutos han tratado de mantener abiertos sus clubes de golf.

No le creo a Duque por su afán de hacer trizas la paz, y por eso usa hasta la pandemia para querer apropiarse de los recursos de la paz para la pandemia. Eso no es inteligente sino perverso. La paz, como concepto, nos haría menos vulnerables frente a la pandemia, quitarle recursos es hacernos más débiles. De hecho, hubiera bastado la implementación del punto 1 de los Acuerdos con las FARC para que hoy tuviéramos un campo capaz de responder ante la demanda de alimentos que se viene.

En una esquina están la medicina y el Estado social que son, por definición, anti-darwinianas; mientras que el neoliberalismo es precisamente el culto a la selección “natural” que nace de la competencia salvaje y de la negación de la solidaridad. Con base en esto, se ve que hay maldad cuando se resuelve un problema de salud pública en la cárcel con una masacre, cuando se transfiere la plata a las EPS y no directamente a los hospitales, cuando congresistas áulicos de Duque prefieren no sesionar, pero tratan de que los obreros sí vuelvan lo más pronto posible a sus sitios de trabajo para garantizar la producción.

Duque y los de su clase, desde la otra esquina, insisten en el fracking cuando las pruebas demuestran el daño ambiental, ese medio ambiente que tampoco le importa a Bolsonaro ni a Trump. Uno de los cercanos a Duque dijo que: “la democracia no puede ser obstáculo para el desarrollo”, léase el desarrollo económico, no el humano; toman partido por el neoliberalismo salvaje.

En esa misma esquina está Avianca, una aerolíena que paga impuestos en Panamá, es propiedad de empresarios estadounidenses, no tuvo ningún empacho en abusar de las tarifas, de lesionar los derechos laborales de los pilotos, de manipular el Estado para que sus servicios fueran declarados esenciales, y ahora tampoco tiene vergüenza para pedir que se la apoye con recursos públicos fingiendo ser una empresa colombiana.

Y en ese lado de la competencia salvaje, están también las grandes superficies que dispararon los precios, las empresas que subieron los recibos de la luz, las aerolíneas que insistieron en no cerrar el aeropuerto, Fenalco (Federación Nacional de Comerciantes) que propuso que los trabajadores aporten al pago de nóminas, sí, la misma Fenalco que propuso cambiar el día de la madre de mayo a septiembre, porque el asunto es vender.

Pero las personas de esa clase no están solo en la capital. En Chocó, la Gobernación contrató cursos por una millonada dizque para prevención frente a la pandemia, mientras a gente se muere de hambre; en la costa hay funcionarias que justifican la compra de latas de atún a 20.000 pesos para justificarlas como ayuda en medio de la crisis, en Arauca hay varias investigaciones por sobrecostos en contrataciones, así como en otros departamentos.

Ahora se viene el levantamiento del aislamiento. Entiendo perfectamente a los que salen a buscarse la vida, empujados por el hambre; pero no al que obliga a salir para construir edificios que, precisamente, los pobres que los construyen no podrán comprar. Jamás los empresarios colombianos habían necesitado tanto a sus trabajadores. Que salgan los que gritaban “yo no paro, yo produzco”; entiendo a los que salen por el pan para el hijo, pero no por la langosta del patrón.

El gobierno no ha logrado que el personal de salud tenga tapabocas y promete que los obreros de la construcción tendrán la protección adecuada. Deberían priorizar la alimentación, porque la ganancia se distribuye más que la de la construcción, porque es esencial para la sociedad y porque la gente no come ladrillos.

No es solo la medida de cuarentena o de abrir la ciudad, es para qué, al servicio de quien. Los pobres tenían hambre antes, y nadie me va a convencer que el hambre de los pobres desaparecerá si se levanta la cuarentena. El debate es cuarentena o no, es cómo, bajo qué condiciones.

Y el gran debate es que, al margen de la pandemia, el Gobierno y los de su clase siguen y ahondan una política económica contra los más pobres, invierte un poco de millones en carros blindados para la rama judicial y para el presidente cuando las prioridades deberían ser otras, no enfrentan la violencia en las zonas rurales, desvían los recursos de la paz para posicionarse en las redes sociales a través de la firma que dirigió la campaña contra la paz en el plebiscito, obedecen las órdenes dadas por Trump para regresar al uso de glifosato contra las zonas de cultivos ilícitos.

Al tiempo, Finagro (Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario,) se quedó con los créditos y las ayudas que eran para todo el agro dejándolas en manos de unas pocas grandes empresas, las EPS (Empresas Promotoras de Salud) que ahora se benefician con la pandemia por la caída en la demanda de servicios y ni siquiera contribuyen a la solución de la crisis sino que siguen jugando al intermediario quedándose con la administración de los recursos públicos para la salud.

Y en los días que vendrán Habrá más ejemplos de porque no creerle a Duque. ¿Eso es polarizar? No. El que polarizó fue Duque priorizando los bancos, el ministro de Salud priorizando las EPS, Carrasquilla priorizando las utilidades. Yo solo me pongo de acuerdo con la “lógica” de ellos. Ellos empezaron, desde hace muchas décadas. Ahora preparan una nueva reforma tributaria, están mirando cómo recortar más salarios y aumentar impuestos sin tocar a esa gente de la misma clase de Duque, esa en la que por todo lo anterior, no le puedo creer ni un tantico.

 

Este articulo fue publicado originalmente en: http://victordecurrealugo.com/

Por Andrea Rodríguez, coordinadora Línea de incidencia FIAN Colombia, y Hernando Salcedo Fidalgo, coordinador Línea de Nutrición FIAN Colombia.

Hoy el Plan Docenal de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Antioquia (PDSAN) es una realidad, fue aprobado por la Asamblea Departamental el 12 de marzo de 2020, y se encuentra listo para la firma del actual gobernador Aníbal Gaviria. Este hecho ocurre en los albores de los cambios que implicará, especialmente en materia alimentaria, la experiencia de la pandemia por el covid-19. Este ejercicio requerirá de nuevas maneras de abordar el ciclo alimentario para construir las posibilidades que nos conduzcan a sistemas alimentarios reales y sostenibles.

Estructura del PDSAN de Antioquia y avances pioneros

En un reciente articulo[1], debatimos el lugar desafortunado del nutricionismo en la defensa del Derecho Humano a la Alimentación y Nutrición Adecuadas (DHANA), y la importancia de lograr nuevas miradas que conduzcan a proponer perfiles nutricionales autónomos, locales y apropiados a las condiciones de sostenibilidad y de acceso adecuado a alimentos reales y naturales. En el contenido del PDSAN del departamento de Antioquia descubrimos una propuesta que recoge el trabajo colectivo de la gerencia Maná, los aportes de la sociedad civil, los aportes de un amplio proceso regional de participación comunitaria con enfoque diferencial, y los resultados del trabajo de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia, de cara a caracterizar un perfil nutricional para el departamento.

El Plan Docenal de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Antioquia se erige como un ejercicio democrático y participativo en los siguientes doce años, que tiene como eje la realización del Derecho Humano a la Alimentación y Nutrición Adecuadas. Entre sus pilares está una nueva conceptualización de lo que tradicionalmente se ha concebido como “entornos”, para reformular la política publica hacia la intervención de los “ambientes”, enmarcados en el ciclo vital humano y con un enfoque diferencial que incorpora diferencias étnicas y de género.

La categorización de ambientes es una ventaja conceptual clara en temas como los planes de alimentación escolar, en donde la noción ambiental incorpora en forma sistémica los diversos componentes del acceso a alimentos reales y naturales producidos en forma sostenible, y a programas escolares que permitan entender lo alimentario como un componente del proceso educativo integral. Las huertas escolares serán seguramente un modelo de impacto de esta propuesta en términos de auto sostenibilidad y soberanía de los propios programas escolares de alimentación, saliendo por fin del destino caritativo y de la adhesión escolar como propósitos desviados de su misión.

Entre las apuestas más relevantes del PDSAN de Antioquia, podemos resaltar la recuperación de la agricultura familiar, campesina y comunitaria a través de la agroecología, entendida esta última como verdadera innovación tecnológica del campesinado; la implementación y estímulo de circuitos cortos y locales de distribución, el comercio justo y equitativo de los alimentos reales y naturales; la consideración sistémica de otros ambientes de interacción social como son los ambientes del trabajo, del transporte y de los comercios en donde es necesario regular la publicidad y disponibilidad de productos comestibles ultraprocesados, sobre todo cuando está dirigida contra niñas, niños y adolescentes; la garantía del acceso a alimentos reales en todos los momentos del ciclo vital, incluyendo la gestación y el periodo perinatal, con el apoyo a la lactancia materna; promover las formas de gobernanza derivadas de la soberanía alimentaria para la garantía y pleno ejercicio del DHANA.

Convergencias con el proyecto de ley para la garantía progresiva del DHANA en Colombia

El PDSAN de Antioquia se descubre como una propuesta convergente con algunos de los elementos que están plasmados en el Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno Nacional y las FARC en el año 2016, el cual abordó también el tema alimentario en varias de sus dimensiones, y uno de los asuntos que estableció fue la necesidad de poner en marcha un Sistema Especial Progresivo de Garantía del Derecho Humano a la Alimentación, el cual aun está en mora de ser efectivamente implementado por el gobierno nacional y frente al cual Fian[2] Colombia ha venido construyendo una propuesta que se espera pueda ser tramitada prontamente en el Congreso de la República, para hacer realidad este compromiso pactado en La Habana.

Entre  los puntos de convergencia podemos resaltar los siguientes: su enfoque territorial en términos de la defensa de los derechos de los campesinos y de soberanía alimentaria, su enfoque participativo y comunitario, su enfoque diferencial con énfasis en la perspectiva de género, el componente de desarrollo sostenible, y un eje de descentralización que implica el reconocimiento a la diversidad y heterogeneidad de las regiones y territorios locales.

Ante el optimismo que genera la aprobación del PDSAN del departamento para los próximos doce años, es imprescindible anotar que la aplicabilidad del plan, acorde con los principios que hemos resaltado, se encuentra en manos del nuevo gobierno departamental. Es así como proponemos desde ahora, acompañar el proceso de implementación manteniendo su esencial defensa del DHANA y de la soberanía alimentaria, y las participantes que estuvieron en el proceso de formulación.

En tiempos de reflexión sobre la necesidad de recuperar la capacidad de restitución alimentaria en forma sostenible y respetuosa de la biodiversidad y de los ecosistemas, es indispensable defender la materialización plena del DHANA, como eje articulador entre los pueblos y los proyectos de Estado que queremos construir para lograr un mundo mejor y  un planeta sano.

 

[1] Ver:  H. Salcedo Fidalgo & J.C. Morales, “Nutritional assessment methodologies: challenges and opportunities for the full realization of the Right to Food and Nutrition”, En: Frontiers in Nutrition, 05 de abril de 2019. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6461053/

[2] Fian Colombia es una organización no gubernamental que trabaja por el derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas, hace parte de Fian Internacional.

 

 

Monday, 04 May 2020 00:00

Debajo de la mesa

Por José Daniel Palacios Restrepo y Ruido

En marzo nos hicimos todas las preguntas. Si sería posible que pasara aquí, si sería igual de horrible. Nos preguntamos si de pronto tendríamos con qué responder: si había plata, si había gente, si había gobierno. En un abrir y cerrar de ojos empezamos a deshabitar la calle. Primero los estudiantes, de mil en mil.

 Yenifer en el Parque del Periodista, lugar de interés de Medellín

Antes de que el presidente Iván Duque declarara el 24 de marzo la cuarentena obligatoria en todo el territorio nacional, ya existían las proyecciones epidemiológicas, los casos dramáticos de ciudadanos varados al otro lado del mundo, los testimonios de quienes perderían su empleo, y la inminente crisis económica.

Desinfección al monumento ubicado en el Parque del Periodista

Un mes después, Yenifer hace parte de la empresa contratista de Emvarias encargada de cubrir los espacios públicos con una solución de Amoníaco cuaternario y agua, asegurándose de limpiar los lugares que antes soportaban un millón de personas al día; y que esa noche solo recibieron a Yenifer, Daniel, don Luis y Oscar, para llenar todos los rincones con una mezcla que mata al virus en el mobiliario urbano y en los habitantes de calle que lo pedían.

Retrato de Yenifer mientras desinfecta las escaleras de la estación Parque Berrío del metro

En la noche, cuando se apaga la poca actividad de la ciudad, se reanudan los oficios de desinfección. Nunca antes había sido tan importante limpiar los lugares donde duermen los que a muy pocos importan.

Yenifer y su equipo no tienen un horario establecido, la desinfección de cada lugar de la ciudad puede tardar dos horas o más 

Mientras otros están en su casa, obedeciendo las nuevas normas instauradas a partir de los decretos presidenciales, hay quienes no tienen más opción que ponerse la pijama antifluido e ir al hospital, a la ambulancia, a la emergencia, a la jornada de desinfección.

Al fondo el Museo de Antioquia, mientras Yenifer desinfecta las obras de Fernando Botero y la Plaza Botero completamente vacía

La contingencia de salud pública que ha dejado el nuevo coronavirus, en gran parte del mundo es desigual. Mientras algunos países entierran a sus muertos por haber tomado tarde las medidas, otros enfrentan la pandemia con la certeza de que la situación develará la miseria en la que gran parte de sus pueblos sobreviven: la ineficacia de la burocracia, los pañuelos rojos, las investigaciones sobre desviaciones de fondos. El coronavirus en Colombia y en Medellín empieza a demostrar todos los temas que se hablan por debajo de la mesa, con silencio, hasta que el hambre grita.

Al finalizar la jornada de trabajo, a Yenifer también la desinfectan para evitar el contagio y la propagación del virus.

 

 

Wednesday, 06 May 2020 00:00

Que nos lleve el diablo

Por: Jenny Correales

Colombia, Itagüí, Santa María tercer piso, X de abril de 2020

La vida hoy me sabe a mierda, como casi todos los días, pero elevada a la covid potencia. He sido una especie de Lobo Estepario. Ese fascinamiento de encerrarme en un fuerte cada tarde al terminar las tontas tareas a las que me orilla la sobrevivencia; parecer normal entre los normales. Ahora, con la imposición en los hombros no me apetece el aislamiento, nunca he sido buena cumpliendo normas, menos cuando estas se me antojan amañadas.

Debo confesar que mi naturaleza robusta pero lánguida –parecida a la de los estadounidenses: gordos pero desnutridos–, parece profesar pasos de dictadura, pero es sólo un débil mecanismo para encubrir una esencia melancólica, insegura y quebradiza. No puedo desdeñar de la apariencia fuerte, manipuladora y dominante, pues ha sido un arma suficiente para ahuyentar virosis más peligrosas que la actual.

Mientras escribo doy buena cuenta del pilsenon que he pedido para dominar la ira que me subyuga, –el premio gordo de la cuarentena se lo lleva el diablo. Valga decir que relato buenas migas con el bajísimo, pero hago cuentas como me gusta, en latín: “pecunian numerat”. Aunque no cuento dinero, sí sumo la vergüenza de los pecados capitales a los que hemos sido orillados por el aislamiento obligado.

Y digo vergüenza porque no supongo placer en una lujuria por descarte, o la gula de tragar sólo por si se acaba y luego no hay cómo, mientras otros se mueren de hambre, y la avaricia de los gobernantes acrecienta sus arcas gracias al miedo y el hambre del pueblo ignorante y miedoso. Me pregunto qué diría Hobbes: ¿Y la pereza? ¿Quién da más?

Nos hemos consumido bajo las sábanas saciados hasta los huesos, ya sea de hambre o jartera, pero saciados de tergiverso descanso, ya decía el sabio chino: ojo con lo que deseas. ¿Y la soberbia? Los semidioses del Olimpo nos han invadido. Había olvidado la envidia, esa vieja emoción humana que goza de ser buena o mala según se mire, quizás haya sido un acto fallido no remembrarla. De verdad me da escozor en el ánima no poder estar en una finca con piscina y plata en la cuenta, tomando vino y ejerciendo mi pasión de escritora a las anchas como algunos políticos de turno, con salarios pagos y pensando al nivel del confinamiento del pueblo.

Ni qué decir de la ira, con ella empecé. Esa emoción que en parte es resultado de observar cómo me configuro arte y parte de todos los anteriores pecados referenciados, y el otro medio que catapultó este escrito.

No se decepcionen si no he contado el paso a paso de mi día, hay más de interno que de externo. Quizás el universo interior les emocione más que los actos continuos efectuados al compás de un reloj que no discierne mucho sobre la humanidad de todos y que ha perdido su trono.

Que nos lleve el Diablo.

 

 

Saturday, 02 May 2020 00:00

Estoy enfermo

Por Daniel Ortega

¿Será que el coronavirus se siente en la barriga? Porque si es así creo que tengo síntomas. Últimamente siento dolor de barriga y náuseas, las náuseas a veces me hacen querer llorar, otras veces me hacen decir cosas que la mayoría de veces no quiero decir, y en últimas, hasta hago cosas que en otro caso no haría. Supongo que el objetivo de las náuseas, entonces, es que alguna cosita se deje salir. Tengo dolor de barriga y náuseas, y yo sé que las náuseas a veces se sienten en la cabeza, pero, ¿en el pecho?, ¿cómo mierdas es que siento náuseas en el pecho? Yo creo que quien vomita esas cosas es mi corazón y la barriga me duele por envidiosa, porque las náuseas le pertenecen, ¿mi cuerpo se siente solo y empezó a generar conflictos y dramas por sí mismo? Que locura.

Cada que estoy enfermo pienso en cómo se sentía no estar enfermo y no logro recordarlo muy bien, me digo que la próxima vez que esté sano voy a intentar de alguna forma hacer más conciencia sobre ese estado ¿Por qué no puedo recordarlo, si estos días estoy recordando tanto? Tengo ganas de culpar al cuerpo, decirle: ¿usted no tiene capacidad de recordar e imitar pues?, déjeme sano, como estaba. Pero yo sé que el cuerpo sí recuerda, sí que recuerda; pero recuerda lo que quiere el malparido.

Thorwald Dethlefsen dice en su libro ‘La enfermedad como camino’, que enfermedad solo hay una: la condición del ser humano de estar enfermo, y que síntomas hay muchos. También dice que los síntomas manifiestan en el cuerpo una sensación de la mente o “el alma”, porque el cuerpo por sí mismo no hace nada; o sino, miren un cadáver: es el “alma” o la mente, o lo que esté ahí adentro, lo que genera situaciones que, si no son resueltas, se plasman en el cuerpo.

Yo digo que tengo varios asuntos por resolver, en primer lugar vivo algo así como una tusa. No algo así, ¡siento una tusa! Una tusa que se transmuta a su vez en varias otras tusas. Para mí una tusa es el proceso de sentir perder algo que uno no quiere perder, y me di cuenta que mantengo perdiendo cosas: las palabras, la voz, el empuje. Creo que uno pierde las cosas porque se van cayendo mientras se busca ese sitio para habitar en el que a veces uno no cabe, y tiene que dejar cosas para entrar porque afuera hace frío y viendo ahí una casita cálida para cubrirse, es muy duro no sacrificar o decidir dejar algo. En ese sentido comprendo al virus y su necesidad de habitar los cuerpos aunque los lastime. He sentido eso también.

Igual el virus no le mete amor a la cosa porque el virus en teoría no está vivo, no hace parte de ninguno de los tres dominios de la vida (arquea, bacteria y eucaria), donde están los reinos conocidos como animal, plantae y fungi; pero al ser acelular es dependiente, solo puede vivir de las células de otros, entrando a un mecanismo con vida para “alimentarse” (usar su maquinaria de traducción y transcripción para poder hacer más copias del virus). Eso no lo hace vivo pero sí tóxico. Aunque parezca claro, hay una discusión sobre si vive o no, porque mucha gente dice: marica, pero si un virus se mueve, se pasa de un lado para otro, y es un agente dinámico de la naturaleza que genera cambios, la transforma, ¡cómo no va a estar vivo!.

Me he dado cuenta hace tiempo que soy muy empeliculado, eso me hace vivir las tusas y las pandemias con un valor o desvalor agregado, según el caso. No sufro solo por lo que vivo o viví, sino también por todo lo que me imagino o me imaginé. Me ha costado entender que soy yo, y solo yo, responsable de las películas de mi cabeza, pero me ha costado aún más entender que esas películas son reales, que existen en la medida en la que me hacen sentir cosas, y al generarse a partir de mis ilusiones, de mis pasiones, ideas, experiencias, miedos, percepciones, todas cosas reales.

En estos días vi una charla sobre los simbolismos de la pandemia dada por Carolina Gaviria, de Naturaleza Profunda, y Mariana Matija, de Animal de Isla, un blog sobre sostenibilidad. Muchas de las reflexiones de este texto surgen a partir de esa charla que todavía está disponible (y lo estará indefinidamente) en @naturalezaprofunda, link en la biografía de Instagram. Con respecto a si el virus vive o no, Caro hablaba de las rocas, que no están vivas, pero están compuestas de los mismos átomos que están en este planeta hace rato, los mismos átomos de los que podría estar compuesto yo, o vos. Hacía referencia a una corriente o libro o algo, llamado/a Ecología Profunda, que nombra a las rocas como nuestra parte inmortal y a nosotros como las rocas que bailan, que chimba, ¿no?

Yo amo las rocas y a varias les he dado hogar en mi casa como representación de mis recuerdos y caminos pisados. No sé si amo a los virus y creo que sí me amo a mí también, pero lo que sí tenemos en común los tres es que somos bien aventureros. Ocupamos un espacio diferente pero común en el mundo y tenemos dos partes: una que se puede ver, tocar, sentir; y otra que es más simbólica, pero que no por ser simbólica es menos real, es más bien la realidad vista desde otro punto, otra dimensión de la realidad.

Este pensamiento simbólico es cada vez más importante dentro de la ciencia para reconocer los elementos semióticos (símbolos, signos y significados) dentro de los sistemas, para encontrar relaciones entre las partes que los conforman (además de información externa que no se tendría en cuenta bajo un análisis únicamente positivista o únicamente desde la razón); y entender que, aunque cada parte por sí misma es importante, el todo es más grande que sus partes. Un ejemplo de esto es el pensamiento sistémico de la Biología.

Como esto es un diario, el diario de una pandemia, voy a seguir hablando de mi diario, pero también de la pandemia. Pandemia viene de pan (todo) y demia (pueblo), como de todo el mundo junto, en lo mismo. Pero yo siento que todos y todas estamos pasando algo bien distinto. A veces me gustaría hacer algo más que compartir en Instagram escenarios de vulnerabilidad, pero reconozco también que en este momento no es mi aporte humanitario, y dentro de mi plataforma cercana veo a mi familia, a mí mismo y a mi tusa. Tal vez todos tenemos nuestro “pan”, nuestro todo para camellarle.

Estos días he hecho ejercicio, comido mejor, aprendido a tocar el ukelele que tenía ahí hace como un año. En un principio todo esto motivado por el discurso de productividad que se había regado, pero luego motivado porque me di cuenta que no me conozco mucho, no sé cuál es mi comida favorita, ni qué partes de mi cuerpo se cansan con mayor facilidad. Ya lo estoy descubriendo. De verdad he estado preocupado por tanto, creyendo que veo el mundo y entiendo cosas, cuando tengo un sujeto aquí por resolver.

No está demás que ese alimentarme mejor esté acompañado de una reflexión sobre cómo la industria alimentaria tiene que ver con la crisis actual o la crisis planetaria. No está demás que la generalidad de cambiar o tener más tiempo para notar hábitos cotidianos nos haga ver también cómo esos hábitos tienen relación con otros asuntos y personas. (Porque si bien mi quehacer permanente o primario no es la ayuda humanitaria, querer salir de esta crisis siendo el más fit o el más productivo es mirarse el ombligo y ya).

Con respecto a mi familia, que también nombro en esa plataforma cercana, algo que también nombraban Caro y Mariana en la charla es que no hay que intentar sembrar en tierra que no se ha abonado. El sentido que deseo verle ahorita es algo muy básico: todos estamos en nuestro proceso y no es buen tiempo de intentar hacerlos veganos a todos y todas, pero sí seguir haciendo lo mío, ver si mis acciones van abonando esa tierrita y podemos ir aprendiendo juntos unos de otros.

Evidentemente este texto está escrito desde el privilegio y no creo que vivir mi situación de esta forma sea romantizar una crisis y si es así prefiero romantizarla que volverla una batalla. “Llega el invasor, el sistema inmunológico lo ataca, ¡vamos ganando la batalla contra el coronavirus!” En la prensa: “medidas en esta guerra contra el coronavirus”. Una guerra es bien diferente a un conflicto y ese discurso bélico es de rechazo a una situación que está sucediendo, que nos hace fijarnos en fechas de finalización que son cambiantes y que aparte suena más feo que este músico empírico tocando su ukelele.

Me parece una cosa mágica como los cayitos de las manos se ponen duros y cómo si practico todos los días puedo pasar más fácil los acordes que antes me parecían una cosa muy imposible. El cuerpo se adapta y yo espero que el corazón o la barriga o lo que sea, también. Todas estas situaciones nuevas me hacen sentir muy feliz dentro de una serie de situaciones muy tristes y angustiantes. Me hacen sentir también que el cuerpo es un teso, adaptable, y que la mente se moldea todos los días con el masaje de los pensamientos (mañana o en unos minutos no me van a gustar muchas partes de este texto, pero bueno, es un diario).

Ese último pensamiento de la fuerza del cuerpo y la mente también es una cosa muy loca de creer frente a una situación que nos ha demostrado tantas debilidades. Tengo un conflicto con el hecho de que existan reinfectados por el virus, lo que demuestra que por superar algo no te vuelves inmune y así pasa en la vida, uno igual tiene que seguir viviendo las cosas. Como cuando me toca irme parado en el bus y solo puedo pensar: “esta no es la última vez que me toca irme parado en el bus”, o con respecto a las tusas.

Pero no quiero tener una guerra con eso, ni tampoco romantizarlo, solo reconocer que puede haber paz porque no es una guerra sino uno o unos conflictos, y la paz no es ausencia de conflictos. Efectivamente creo que no tengo coronavirus porque puedo respirar bien y entender que para exhalar primero tengo que inhalar.

Creo que por eso decidí estos días dejar de hacer parte de varios procesos que venía apoyando y me gusta pensar que personas a mi alrededor decidieron hacer lo mismo por eso. Porque antes de exteriorizar asuntos primero hay que vivirlos y tenerlos bien claros con uno, conversárselos.

Reconocerse como un conjunto sistémico por sí mismo, y como una parte de otros varios conjuntos aún más grandes, es bien complicado, y en este punto, lo juro, solo puedo pensar en mi tusa. Creo que es porque finalmente siempre termino mirándome el ombligo, ¿habrá gente que no? Es que no me entran muchas ganas de entender al mundo con este dolor de barriga, pero yo creo que por lo menos a Daniel ya lo voy entendiendo.

Thursday, 30 April 2020 00:00

La salud del Chocó está enferma

Por Angie González

“Puesto de salud no hay, la auxiliar de salud atiende en un lugar que se dice puesto de salud, pero es de la comunidad y está en malas condiciones porque es un patrimonio y el Gobierno se lava las manos diciendo que no puede invertir, tampoco contamos con un médico profesional”, afirma el Presidente del Consejo Comunitario de San Miguel. Como esta comunidad, todos los habitantes del Chocó esperan el día que los gobernantes hagan presencia en el territorio con proyectos reales que dignifiquen la vida en la zona. Están ansiosos por inversiones visibles, especialmente en el sector de la salud. Se necesita presencia real y no de grupos armados que atenten contra las comunidades chocoanas.

Durante décadas, el departamento del Chocó ha sufrido por el abandono del Estado en todos los sentidos, al desplazamiento, el reclutamiento de menores, la casi nula existencia de políticas, se le suma el pésimo estado de la red hospitalaria en toda la región.

El Chocó cuenta con tan solo un hospital de segundo nivel, el ESE Hospital San Francisco de Asís ubicado en la ciudad de Quibdó, el cual hace días estuvo cerrado parcialmente debido a que se encontraron varios funcionarios contagiados del nuevo coronavirus. En el departamento hay seis hospitales de primer nivel que tienen atención básica. Todos públicos localizados en los municipios de Quibdó, Bahía solano, Carmen de Atrato, Tadó, Istmina y Condoto.

Infografía hecha por Asokinchas

Además, a toda la red pública de salud del departamento se les debe entre tres y cinco meses de honorarios, no cuentan con insumos necesarios para la atención de pacientes con covid-19, ni otras patologías, así lo afirma el procurador ambiental y judicial del departamento del Chocó, Acxan Duque, quien agrega que siendo éste un departamento con más de 530.000 habitantes no hay ni siquiera un hospital de tercer nivel. Cada vez que un paciente requiere hospitalización especializada, cirugía, servicios cardiovasculares, neurocirugía, y otros de gran complejidad, deben ser trasladados a Medellín, Cali u otros municipios que cuenten con la infraestructura hospitalaria de la que ésta región carece.

En la actualidad hay 13 casos confirmados de Coronavirus en el departamento, una persona fallecida y el personal médico sin implementos mínimos de protección como trajes de bioseguridad, máscaras, guantes, tapabocas.

Desde las diferentes zonas se reciben denuncias de las comunidades dado que el gobierno no se ha hecho presente con implementos de protección y mucho menos con ayudas humanitarias. En San Miguel, medio San Juan, Jhon Harold López, presidente del Consejo Comunitario, afirma que hace algunos días unas personas enviadas por la administración municipal hicieron presencia para orientar sobre el Coronavirus, pero tan solo llevaron una caja de guantes, 40 tapabocas y 40 tarritos de gel antibacterial para una comunidad que se compone por más de mil personas.

Sumado al abandono, el Gobierno ha realizado fumigaciones aéreas en el territorio por estos días, causando así afectaciones al sustento de las comunidades chocoanas. Sin embargo, los habitantes no se oponen a la fumigación, pero exigen que se cumplan los compromisos pactados que por años la comunidad de San Miguel ha solicitado. Requieren la construcción de vías de acceso a la zona para facilitar el abastecimiento de la canasta familiar y comercializar los productos que ellos mismos fabrican.

Como si fuera poco, las comunidades no solo están expuestas al covid-19, sino que diariamente se enfrentan a problemáticas de salud tan delicadas como la enfermedad diarreica aguda, enfermedad respiratoria aguda, enfermedades crónicas pulmonares y malaria. Ésta última ha aumentado en algunas zonas, en el Medio Atrato hay más de 400 casos reportados: “No se puede descuidar ésta problemática, la malaria también nos mata” dice la personera del municipio, Aurelina Quejada Palma. Asegura que no se han implementado mecanismos de prevención. En el centro de salud se están atendiendo a las personas que llegan, se les toma muestras y se les entrega el tratamiento. “El centro de salud –afirma–está en precarias condiciones”.

En el Municipio de Tadó, el panorama no es diferente. Hace más de 10 meses los funcionarios de salud no reciben sueldo y no hay insumos médicos para la atención de ningún paciente. Los empleados del Hospital San José de Tadó afirman que cada persona debe salir a comprar lo necesario para ser atendida, desde jeringas e inyecciones, hasta medicamentos de más alto costo. Edison Quintero, es el presidente de la veeduría del municipio y denuncia que “el personal hospitalario se cansó de tantos años de engaños y falsas promesas por los gobernantes”. En plena crisis sanitaria a nivel nacional, el gobierno no ha entregado elementos de protección mínimos que se requieren para enfrentar el covid-19.

El Procurador ambiental y judicial del departamento dice que “se requiere una intervención en el hospital San Francisco de Asís, se requieren medidas contundentes del Gobierno Nacional, mejorar las instalaciones, tener máquinas de respiración, dotar de una UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) y pensar en un hospital móvil para el departamento. Incluso contemplar la posibilidad de articular con la Armada Nacional y gestionar buques medicalizados para que atiendan la población del pacífico como Juradó, Bahía Solano, Nuquí y Pizarro que en un momento dado pueden presentar síntomas de coronavirus y no hay lugar adecuado para la atención”.

El pasado viernes, el procurador Fernando Carrillo, el contralor Carlos Felipe Córdoba y el fiscal Francisco Barbosa dieron a conocer un informe llamado "Transparencia por la emergencia", que realiza investigaciones penales, fiscales y disciplinarias por posibles irregularidades en temas de contratación en medio de la crisis sanitaria. En este informe se ve implicado el gobernador del Chocó, Ariel Palacios y por tal razón fue suspendido por un periodo de tres meses. El hoy suspendido gobernador firmó un contrato por más de 2.000 millones de pesos con la Fundación Chocó Saludable para realizar actividades y capacitaciones relacionadas con la pandemia del covid-19.

Todo éste panorama exige que se garanticen los derechos a la salud, que se inviertan recursos para insumos de bioseguridad, especialmente en este momento donde no hay elementos de protección ni estabilidad laboral por la falta de pago y las nulas inversiones en las instalaciones hospitalarias con las que cuenta el departamento.

Sin duda alguna la salud del Chocó está enferma, y si bien es cierto que siempre se ha escuchado desde todos los sectores que ésta región merece ser mirada con más atención y respeto por los gobernantes de turno, más aún en tiempos tan particulares y atípicos que agravan el ya preocupante y doloroso abandono, es momento que Colombia entera se una para aminorar las brechas de inequidad entre el Chocó y gran parte del país. Este es un departamento de enormes riquezas culturales, deportivas, fluviales y mineras, que le aporta no solo a la economía del país sino a los bolsillos de unos cuántos que a través de las diferentes administraciones lo han venido desangrando.

Thursday, 30 April 2020 00:00

Lejos de casa

Por: Melissa Salazar C.

“Vea lo que está haciendo la policía. Nosotros estamos reclamando nuestros derechos, necesitamos que alguien nos solucione” –al fondo se escucha el barullo de los otros colombianos y la voz del policía que les repite: “Retírense”.

Cansados de solicitar ayuda a la cancillería, consulado, presidencia, entre otros, y no recibir respuesta o solución alguna, un grupo de aproximadamente 30 personas se dirigieron el 27 de abril a la embajada colombiana en Lima . “Estuvimos esperando un rato al frente de la embajada, plantados allí, con carteles, gritábamos: ¡Queremos volver a nuestro país, queremos volver a nuestras casas!”, cuenta Juan Carlos Puerta, uno de los voceros del grupo de colombianos que estuvo allí.

Varios colombianos nos cuentan que la respuesta de la embajada y la cancillería siempre es el mismo correo electrónico, diciendo que están haciendo todo lo posible para garantizar su retorno. Después de llenar una encuesta que fue suministrada por estas delegaciones, algunos recibieron un correo en el que se les informaba que Western Union seguía trabajando y podían recibir giros provenientes de sus familias para alivianar su situación, es decir, hasta el momento no ha existido ninguna ayuda, ni solución concreta.

Algunos colombianos han tenido que  dormir en la calle, pues fueron desalojados por falta de dinero para pagar sus hospedajes. Entre ellos, algunas familias con niños, otros que venían desde Brasil y la noche que regresaban a Colombia fueron cerradas las fronteras.

A raíz de toda esta problemática, otro colectivo de colombianos decidió unirse a venezolanos caminantes para desplazarse en conjunto hasta Colombia, sin importar los riesgos, pues el desespero el hambre, la angustia, el frío y el silencio del Gobierno, los llevó a tomar esta decisión. De hecho, esto motivó también a la realización del plantón.

“A pesar de que generamos empatía en algunos senadores y estos presentaron una petición a cancillería, la respuesta ni siquiera señaló que eran turistas, sino que asumieron que todos eran residentes que estaban fuera del país”, cuenta Xiomara Castro, una de las familiares de los colombianos en Perú. Actualmente, hay alrededor de 280 colombianos varados en Perú, de los que aproximadamente 230 son turistas.

Sobre las 10:00 de la mañana llegaron policías al lugar del plantón. Primero arribó una camioneta y luego una buseta de la que se bajó un agente, este ataca a uno de los líderes y voceros del grupo que pidió fuése protegida su identidad. Fueron atacados a pesar de que el plantón se estaba desarrollando de forma pacífica, pues no estaban obstaculizando las vías o agrediendo a los policías de forma verbal ni física. De hecho, en los videos se ve a los manifestantes cumpliendo con los protocolos de salubridad (llevan guantes, tapabocas y mantienen una distancia prudente). La única normativa que estaban incumpliendo era la cuarentena obligatoria.

La policía comenzó a presionarlos para que se dispersaran, uno de ellos amenazó con llevarlos presos si no se retiraban. Les solicitaron devolverse para sus domicilios, algunos les respondieron: "¿volver a dónde? si estamos durmiendo en la calle." Finalmente, el grupo de colombianos se dispersó alrededor de la 1:00 p.m., los que tenían hospedaje fueron hasta ellos y los demás buscaron agolparse en las afueras del consulado, se desplazaron con sus pertenencias, cobijas, cajas que consiguieron para improvisar cambuches y camas en la calle.

Hoy, 30 de abril, el gobierno colombiano no ha brindado las suficientes garantías para la realización de repatriaciones humanitarias. Según el representante de colombianos en el extranjero, hasta el 20 de abril eran 3.600 colombianos en Estados Unidos, Chile, Egipto, Francia, Tailandia, India, entre otros países, los que querían y no han podido regresar a sus hogares. Algunos, incluso, denuncian xenofobia, y hasta agresiones sexuales.

 

Texto: Círculo de Formación Política ARKABUKO - Proceso de Comunidades Negras (PCN)

Imágenes tomadas de: Afrofáminas

El territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende
Proceso de Comunidades Negras (PCN)

Los pueblos negros, tanto del pacífico como del caribe, son quienes se han visto más vulnerables ante la actual pandemia del covid-19. Y es que, como lo menciona la lideresa Francia Márquez, la historia del conflicto en nuestras comunidades comienza desde la traída de millones de negros y negras en el proceso de la trata transatlántica, dejando como resultado la destrucción sistemática de la civilización negra. Por lo tanto en los procesos de (re)construcción de comunidad en los territorios, las mujeres negras han jugado un papel fundamental en la construcción de libertad, comunidad, sistemas de medicina propia, espacios de vida y de cuidado, y de justicia ancestral a lo largo del territorio nacional.

La actual crisis del covid-19 se ha convertido en una excusa para desestabilizar y romper con el tejido social del pueblo negro, la segregación es tal, que se han hecho evidentes los tipos de violencia ejercidas de manera directa hacia las mujeres, sin distinción de género, ni generación. Amenazas, persecuciones, desplazamientos, hostigamientos, feminicidios y desapariciones, se han evidenciado con el confinamiento. La falta de agua potable, electrificación, y de un sistema hospitalario que responda a la emergencia sanitaria y el hambre en las zonas periféricas del país. La marginalidad y olvido por parte de un gobierno indolente hacen aún más vulnerables a las mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes y la diversidad existente al interior de la comunidad negra, lo cual fundamenta el proyecto de exterminio étnico.

 Racismo hacia las mujeres negras.

Las mujeres negras enfrentan una triple opresión: el racismo, el patriarcado y el clasismo. En el caso de las mujeres negras trans y lesbianas, además de estas formas de opresión se enfrentan a la transfobia y lesbofobia, lo que las deja en un lugar de desventaja y a su vez son más propensas a ser violentadas de distintas formas por un sistema que evita que avancen y sobrevivan.

Con el covid-19, se han intensificado las violaciones de los derechos humanos de las mujeres en contextos donde hacen de las mujeres negras su presa, con el propósito de desestabilizar el proyecto de vida del que hacen parte como pueblo.

Además, en la medida en que confrontan el sistema patriarcal, racista y capitalista, aquellas mujeres negras que viven en territorios étnicos, ya sean urbanos o rurales codiciados por las dinámicas del capital, son más vulnerables a las violencias de género y étnicoraciales . Ellas están expuestas a la violencia continua, pero también a la agresión planificada en el marco del contexto armado, ejercida como estrategia bélica de control en los espacios territoriales geoestratégicos para la consolidación de las dinámicas del capital.

Mujeres Negras y Diversas En Tiempos Del COVID-19

Mientras los medios de comunicación en el país muestran cómo han incrementado los casos de infección, a su vez ocultan otra problemática que es igual de importante y se expande a niveles mucho más altos que el propio covid-19. Son los casos de violencia doméstica racista y xenófoba que van en incremento sin que ninguno de los gobiernos locales pongan mayor atención. El confinamiento aviva la tensión y el estrés, dado que refuerza el aislamiento de las mujeres que conviven con compañeros y núcleos familiares violentos que les restringen el contacto, ya sea virtual o personal con personas cercanas.

A pesar de que la institución policial ha hecho acompañamientos y hay diferentes líneas de atención a las que las mujeres pueden acudir, las respuestas no han sido suficientes, incluso la institución policial aprovecha su autoridad para agredir físicamente a las mujeres. Han sido las plataformas alternativas y populares las que han acompañado a las mujeres diversas en esta lucha contra el patriarcado, el capitalismo y el racismo.

Son múltiples los medios de opresión y explotación a los que han sido sometidas las mujeres negras, las lesbianas y las trans. Todas las formas violentas de opresión se han manifestado no solo en el hogar, también en el ámbito público con las ideologías xenófobas y el odio que minimiza otras diversidades de género. Si para las mujeres negras heterosexuales es difícil la situación del confinamiento, lo es aún más para las mujeres LGBTI negras, pues corren mayor riesgo de ser agredidas. Diferentes organizaciones de mujeres han identificado que en este contexto de emergencia se ha aumentado en un 70% los índices de violencia contra la mujer.

Lo anterior es consecuencia de un sistema de dominación social que está constituido por prácticas sociales discriminatorias, fundamentadas en la exclusión e inequidad de quienes asumen una relación de poder de manera selectiva. El pico y género implementado en varias ciudades de Colombia como Bogotá y el Chocó, son un claro ejemplo de agresión contra la integridad de las mujeres que no se asumen bajo estándares blancos hegemónicos. 

Alternativas solidarias

A lo largo de la historia han sido las mayoras, las tias, las nanas, las abuelas, las madres negras, las que nos han enseñado que otras alternativas son posibles. Han sido los remedios de las ancestras, los que han permitido al pueblo negro creer que otras formas de vida son posibles.

En este momento de crisis mundial, han sido las organizaciones de base, las colectivas feministas negras, las comunidades negras, las mujeres rurales y urbanas, y otros grupos étnicos, los que han respondido con alternativas solidarias, populares y comunitarias, encaminadas a una sociedad que defiende el territorio desde las diferentes concepciones de vida.

Para hacer frente a esta pandemia  es necesario pensarnos nuevos retos y otras alternativas de ciudad y de campo que no sean las impuestas por los gobiernos de turno. Apostar por alternativas que vayan contra los modelos económicos que han fragmentado la población y nos han negado el acceso a la salud, la vivienda, la educación, etc. Han sido muchas las estrategias propias sustentadas en el bien común, el fortalecimiento del tejido social y la cooperativizacion del trabajo, planteadas por los sectores comunitarios y periféricos del país.

Para sobrevivir a esta pandemia es necesario fortalecer nuestro nivel estructural, físico, emocional y espiritual; algo que aviva las almas en confinamiento es el escuchar un currulao, un bullerengue, un mapalé. Retomar prácticas ancestrales como el trueque o la mano cambiada, también posibilitan la vivencia de nuestros pueblos. El trueque, como lo hacían nuestras mayoras de vereda a vereda, barrio a barrio, es la manera mancomunada de seguir construyendo comunidad con palabras tan sabias como: “donde comen dos, comen diez”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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