Periferia

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Ya son casi dos meses desde el inicio del paro de maestros en México impulsado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y donde participa también el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), exigiendo la anulación de la Reforma Educativa que impone el Gobierno de Enrique Peña Nieto, quien ha respondido violentamente, causando hasta el momento 11 muertos, más de cien personas heridas, detenidas, desaparecidas y el congelamiento de los salarios de los maestros.
Periferia habló con Francisco Cerezo Contreras, Coordinador del Comité Cerezo de Derechos Humanos en dicho país, quien nos contó, no solo sobre la actual protesta de los maestros, sino sobre el turbio panorama que vive hoy México como fiel copia de la guerra que ya hemos vivido en Colombia.

Las razones de las protestas y el tratamiento violento por parte del Gobierno
“Fundamentalmente son protestas en contra de la profundización de las políticas neoliberales en México, en este caso disfrazada de una “Reforma Educativa” que de educación no tiene nada sino es más una situación laboral donde se está intentando destruir lo que es el Sindicato más grande de México, y el Estado ha intentado desarticular las movilizaciones a través de la represión”.

Las demandas concretas que los maestros han venido realizando son que “se derogue la reforma educativa, la cual ha tenido un largo proceso dado que en México es difícil que de un día para otro se imponga una ley, pues inmediatamente viene la respuesta social organizada y lo intentan de otra manera. Por ello el Gobierno reprime” explicó Francisco. Dicha Reforma educativa está formulada desde el año 2013, y según los docentes, atenta contra la educación gratuita en México, los derechos laborales de las y los trabajadores de la educación y además desconoce a la comunidad educativa para establecer un cambio estructural en la política educativa.

Con estas movilizaciones “también se busca la libertad de todos los presos políticos que existen no solo de esta sino también de anteriores movilizaciones, y otros puntos muy específicos sobre la represión que sufrieron los maestros en Nochixtlán, Oaxaca; además que se le pague a los familiares de los ejecutados extrajudiciales”.

Ayotzinapa y Nochixtlán: Dos caras de una misma moneda
Para el defensor de Derechos Humanos los hechos que condujeron a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y los actuales hechos de violencia y represión por parte del Estado y cuerpos paramilitares, tienen bastante en común puesto que “desde 2006 se declara una guerra contra la delincuencia organizada y entra un plan denominado Iniciativa Mérida, que es como el Plan Colombia de ustedes, y los efectos de este entrenamiento y dinero que pone el Gobierno de los Estados Unidos al Gobierno mexicano genera una guerra que nosotros decimos es contra el pueblo y no contra el narcotráfico, y empiezan a utilizar una estrategia de control social mediante el terror, es decir desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, tortura y detenciones arbitrarias de manera generalizada en todo el país”. Según cifras oficiales van 27mil desaparecidos y más de 200mil ejecutados, aunque el Comité Cerezo tiene elementos para considerar que son muchos más.

Sin embargo, pronunciamientos del actual presidente de México dan a entender que ya no existe tal guerra en el país, y como lo dice Francisco “dentro de ese contexto no se acaba el Plan Mérida ni las políticas de profundización neoliberal, y lo que va a suceder es que cambia la estrategia de terror para el control social a una estrategia de represión política dirigida contra el pueblo organizado, contra defensores de derechos humanos, organizaciones sociales y populares, y el punto en el que vemos que esta estrategia combinada va a ser una constante es el caso de Ayotzinapa, pues es el primer caso en México donde se da una desaparición forzada masiva en contra del movimiento social, porque antes se daba contra migrantes y la gente en general, lo cual de por sí es preocupante, pero aquí se evidencia un cambio en la estrategia del Estado”.

Toda esta situación, más otras medidas económicas y políticas que encarecen el costo de vida de los mexicanos y que los afecta en cuanto a servicios públicos, salud y trabajo, ha despertado el descontento social que hoy se expresa en la lucha de los maestros y la solidaridad de diversos sectores sociales fundamentalmente en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, que de acuerdo a Francisco, “son los Estados históricamente más pobres y también donde hay mayor organización”.

Una copia de la realidad colombiana pero con chile y limón

Hablar de la realidad mexicana sin lugar a dudas nos recuerda los momentos más tristes de la realidad colombiana, sobre todo durante los últimos 30 años, cuando el narcotráfico y el paramilitarismo se instalaron como los mecanismos privilegiados para ejercer control social y garantizar la profundización del modelo neoliberal.

Según relata Francisco “aquí también crearon lo que llaman autodefensas, que son aparatos paramilitares. A diferencia de Colombia, en México no existe una fuerza beligerante del tamaño de las que tienen en Colombia, aquí son mucho más pequeñas y eso va a permitir que el Estado implemente esta guerra de manera acelerada; es decir, lo que ustedes vivieron en unos diez años a nosotros nos ha tocado vivirlo en dos años, y por eso el movimiento social no ha podido responder a ese ritmo que impone el Estado”.

“Podemos decir que entre 2008 y 2012 es donde mayor exterminio se da del movimiento social con planes por ejemplo como el Plan Ciudad Juárez que era muy parecido al Plan Medellín, que aquí desapareció y asesinó a la gran mayoría de los defensores de derechos humanos; los que quedaron se tuvieron que exiliar o desplazar” puntualiza Francisco.

En ese sentido para las organizaciones populares de México reconocer la experiencia colombiana es fundamental para entender este momento puesto que “ustedes han tenido una gran experiencia organizativa para enfrentar el terrorismo de Estado”.

El reto para el movimiento social
Toda esta situación ha generado profundos debates y tensiones en el movimiento social pues como señala Francisco “al movimiento social no le dio tiempo de reflexionar qué estaba pasando, porque fue algo muy acelerado y poco a poco nos ha tocado ir entendiendo que esa era la política de Estado”.

Sin embargo los golpes que han sufrido producto de la represión también han generado fraccionamiento y divisiones en el campo popular, “entre aquellos que todavía piensan que este es un Estado fallido, es decir que es un Estado que quiere pero no puede y necesita la ayuda sobre todo de Estados Unidos; otra parte que considera que hay un desvío de poder, es decir, que el Estado debería hacer tal cosa pero no lo hace para beneficiar a grandes empresarios, y estamos quienes consideramos que esto es producto del capitalismo en su fase neoliberal y efectivamente esto ha generado un descontento generalizado en la población pero todavía no un descontento organizado”.

De acuerdo a lo dialogado con Francisco, en muchas ocasiones los sectores organizados grandes como el de los maestros solo se movilizan cuando “les llega el agua al cuello; el magisterio siempre se ha movilizado pero solo ahora que se ven en riesgo de desaparecer logra movilizarse con fuerza y solo en algunos estados donde tienen preponderancia de los 32 que existen en todo el país. En este contexto todas las fuerzas están tratando apenas de unificarse, pero ni siquiera de manera programática o muy pensada, sino como una respuesta natural, de instinto, de sobrevivencia del movimiento social. No quiere decir que no haya expresiones más avanzadas o más atrasadas, nosotros venimos de esa realidad y solo el tiempo, la organización y la conciencia van a permitir que el movimiento social pueda arribar a nuevas formas organizativas, a nuevas situaciones donde pueda frenar y revertir esta política neoliberal que está a marcha forzada en México”.

Tuesday, 26 July 2016 19:00

Panorama del paro camionero en Colombia

El pasado 16 de julio los gremios camioneros ajustaron 40 días en paro por las carreteras de Colombia. Algunas de las razones refieren a temas como el precio de los fletes de carga, los combustibles, el alto costo en los peajes, el sistema de chatarrización de los automotores de carga y el monopolio de una multinacional de carga como Impala, entre otros. Pese a que durante el gobierno de Santos se han hecho acuerdos para solucionar los problemas, otra de las razones de este nuevo paro es el incumplimiento de  los mismos, según manifiestan los camioneros.

 

Cruzada Nacional por la Dignidad Camionera. Así es como se nombra esta jornada de movilización que adelantan desde el pasado 6 de junio los camioneros de Colombia, e integrantes en su mayoría de la Asociación Colombiana de Camioneros -ACC-, la Confederación Colombiana de Transportadores -CCT-, la Asociación Nacional de Transportadores de Carga -ANT- y la Asociación de Transportadores de Carga -ATC-. El objetivo primordial de este colectivo es defender los acuerdos pactados luego del paro del 2013, y paros anteriores, y que se reconozca que el gremio camionero viene desempeñando sus actividades a pérdida.

Lastimosamente y como quedó evidenciado en La Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular, el Estado colombiano está acostumbrado a incumplir su palabra. A los camioneros tampoco les ha cumplido, salvo el acuerdo temporal del congelamiento por tres meses en el precio de los combustibles. Y como no fue tampoco excepcional con La Minga, el aparato militar del Estado apareció agravando con desmanes la protesta camionera, causando víctimas, heridos y judicializados, como ocurrió en Duitama - Boyacá con el asesinato a manos del ESMAD de Luis Orlando Saiz, pintor de camiones. O con las constantes amenazas que van desde el decomiso de los camiones, suspensiones de licencias de conducción, multas millonarias y hasta de extinción de dominio.

John Jairo Henao laboró en el sector camionero hasta casi finales del 2014. Para él, las razones del paro camionero actual son verdaderas, tanto en el no cumplimiento de los acuerdos de anteriores paros por parte del Gobierno, como en la falta de atención integral a las exigencias justas por y para el bienestar de ese sector. Henao ejemplifica la situación así: El costo total de los peajes, por ejemplo, en la ruta Medellín-Ipiales asciende a $600.000 y muchas veces hasta más; y no los reconoce en su totalidad el operador de carga y la mayoría de ocasiones es íntegramente asumido por el conductor, y a esto se suma el bajo costo de los fletes, el precio altísimo del combustible, el anticipo del costo de la carga por parte de las empresas operadoras por debajo del real costo de la misma, entre otras cosas. Esto, en resumidas cuentas es para Henao trabajar a pérdida, por lo que considera que las soluciones a la dignificación de la profesión camionera no dan más espera, así como que también es inadmisible la entrada de 5.000 o más camiones nuevos de la multinacional Impala, a cambio de la derogación de las regulaciones legales colombianas, dado que esta sería la condena a muerte tanto a los medianos como a los pequeños camioneros que a lo largo de toda la vida han hecho patria por las carreteras colombianas.

¿Qué hay detrás del paro camionero?
Puede ser posible, o es cierto que hay un cartel de la chatarrización y que por cuenta de ello hay pequeños camioneros estafados, funcionarios del estado investigados penalmente y muchos intermediarios en medio, pero, al parecer, nadie sabe dónde están las mafias que se quedan con las grandes sumas de dinero. A la Cruzada Nacional por la Dignidad Camionera le interesa la continuidad de la regulación uno a uno, es decir, entra un camión nuevo y sale el camión viejo, y se cambia el camión pero el camionero tradicional sigue trabajando. En cambio al gobierno le interesa la chatarrización total del camión viejo a precio muy bajo y al mismo tiempo la salida del camionero tradicional del negocio para dejar su trabajo en manos de multinacionales de carga, como Impala. Así que lo que se pone en juego es la seguridad y estabilidad laboral de los camioneros tradicionales.

Por su parte, la Cruzada Nacional por la Dignidad Camionera quiere que se cumplan las actuales normas legales existentes para el sector, pero el Gobierno no solo las incumple sino que desea ejecutar proyectos en pro del libre mercado para dar cumplimiento con los Tratados de Libre Comercio firmados, y con el objetivo de atraer las inversiones, pero sin consultar con ninguno de los actores del sector camionero implicados. Así mismo, la Cruzada Nacional quiere que el gobierno modifique la fórmula de cálculo con que se da el precio de los combustibles y por ende su estabilización acorde con los precios internacionales del petróleo, pero el Gobierno insiste en seguirlos encareciendo. Sucede igual con los peajes, pues cada vez son más y con tarifas incrementadas para financiar las llamadas vías de cuarta generación que en términos económicos benefician a las empresas multinacionales más que los mismos trabajadores y al pueblo en general. La Cruzada Nacional es entonces una apuesta por la vida digna sustentada en la dignificación de su labor, que es además de alto riesgo, lo que amerita pensar en el derecho a la pensión a los 20 años de servicio cumplidos.

¿Quiénes están detrás de estas contradicciones?
La clase empresarial del gremio camionero es la que se opone a las manifestaciones de los trabajadores de este sector. Allí se encuentran ASECARGA, COLFECAR, la Cámara Nacional del Transporte (CNT), y la Asociación Gremial de Transportadores (AGT). También se encuentran la ANDI, FENALCO Y ANALDEX, quienes pretenden que el paro camionero finalice sin acuerdos y como si nada ocurriera. También las grandes multinacionales, que cuanto antes quieren irrumpir en el negocio del movimiento de carga pesada, tanto por tierra como por vía férrea y fluvial; allí está la multinacional suiza IMPALA. Igualmente está el gran caudal de políticos que desean el pedazo de la torta del transporte que hoy los camioneros humildes poseen. Y por supuesto el gobierno nacional que ve como se le complica el ambiente de conflicto y la economía.

Oportunismo político y económico
En medio de estas manifestaciones, el senador Álvaro Uribe aparece en vídeos respaldando las peticiones de los camioneros. Sin embargo, cabe anotar que durante su gobierno, en 2008 y 2009, en menos de 9 meses, los camioneros salieron a las carreteras con las mismas exigencias de hoy. Para ese momento, Uribe firmó acuerdos que durante su mandato no fueron cumplidos, como acelerar el proceso de chatarrización y reducir los precios de la gasolina y el diesel. Por otro lado, como estrategias para enfrentar el actual paro, el gobierno de Santos ofrece caravanas de seguridad para los camioneros que continuaron trabajando, aunque nunca lo ha hecho así para todos, porque al parecer, está de por medio únicamente la defensa del interés económico de la clase empresarial, y no la defensa de las condiciones dignas de trabajo como derecho fundamental para todos los colombianos.

Sin duda los acuerdos alcanzados entre el gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC EP-, constituyen un acontecimiento histórico; no todos los días una guerrilla marxista de 52 años de lucha armada y popular con alcance y opinión internacional, logra un consenso con un gobierno heredero de 200 años de costumbres republicanas conservadoras. Quién gano y quién perdió con este acuerdo solo se podrá saber en los siguientes años; por ahora, siempre y cuando el Estado cumpla y no se empeñe en repetir la receta vieja de acribillar a la nueva fuerza legal que nazca del proceso, podríamos decir que hay una oportunidad de construir democracia a través de los espacios institucionales y la posibilidad de transformar las costumbres políticas, casi todas montadas sobre preceptos atrasados y sobre filosofías extranjeras. Si es así ganamos, si no hemos perdido todos y todas en este país. Por eso hay que acompañar el proceso de refrendación que se acoja y votar por el sí, para que no quede duda que el problema de la guerra no es un asunto del que se pueda responsabilizar al pueblo.

Este es el segundo punto que queremos tratar. La insurgencia colombiana, tanto las FARC como el ELN y el EPL surgieron en los años 60 en el contexto del Frente Nacional, una descarada componenda de los partidos tradicionales que excluyeron a todos los demás partidos y corrientes políticas de la posibilidad de llegar al poder por la vía legal. Las FARC especialmente nacieron después de que, por decisión del Estado, toneladas de bombas les cayeran encima a las comunidades organizadas en procesos colectivos en Marquetalia, El Pato, Guayabero, entre otros. Y estas comunidades y otros cientos de miles de personas en todo el territorio nacional venían de ser víctimas de otra guerra provocada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948; alevoso crimen también perpetrado por la oligarquía conservadora, que para el caso como dijo Gaitán era lo mismo que la liberal. No fueron las guerrillas ni el pueblo los que provocaron la guerra o las guerras en Colombia.

La guerra es solo una expresión del conflicto en Colombia, y tiene componentes militares, sociales, económicos e ideológicos (como el que libran los medios masivos en favor de los más poderosos), que se expresan en muchas guerras. La guerra contra los pobres, propiciada por los legisladores y materializadas en leyes como la del sistema de salud, es una de ellas, y mata más gente que la confrontación armada entre el gobierno y las FARC. Es guerra contra los pobres, por ejemplo, que el Estado se gaste el presupuesto en armas y ejércitos élites mientras encarece los costos de la educación superior; es una guerra que mueran niños, niñas, y ancianos en todas las regiones del país por desnutrición; es guerra privatizar la salud y los servicios públicos; es guerra el desempleo, y lo es también el fomento de la cultura mafiosa. Es parte de esta guerra importar los alimentos que podrían cosechar nuestros campesinos y campesinas en las tierras de las que fueron desplazados por los paramilitares; es guerra sostener la mentira de que los paramilitares no hacen parte de la política del Estado. Y como todas esas guerras se mantienen hasta ahora y algunas ha dicho el gobierno que no está dispuesto a discutirlas por ningún motivo, entonces no es el fin de la guerra.

No le hace bien al momento histórico de cambios y transformaciones que se hable del "fin de la guerra" y mucho menos del "último día de la guerra". Este tipo de lenguaje tiene por lo menos dos problemas: es hegemónico, y la hegemonía del lenguaje es otra de las guerras que los medios masivos de comunicación vienen librando contra el pueblo y en favor del mercado y del modelo económico neoliberal que también mata muchísima gente. No olvidemos cómo en 1990 un señor Fukuyama habló del fin de la lucha de clases y de las ideologías, sin embargo las guerras entre ricos y pobres se han multiplicado. Podríamos decir que la lucha del mercado viene triunfando a unos costos aterradores contra la vida del mismo planeta. Por otro lado, como ya se dijo, las formas de guerra son muchas y los actores que las viven y las confrontan no solo en el campo militar sino social y popular también lo son y siguen vigentes. Por el bien de la unidad de las fuerzas populares que sostienen miradas diversas del momento que vive el país, no se debería insistir en lenguajes que generen debates innecesarios; por el contrario, los lenguajes y mensajes deben llamar a acompañar el proceso de paz y a continuar en la lucha, porque no existe una mejor forma de construir la paz que con la lucha, la participación y la movilización de toda la sociedad.

Aún si las fuerzas empresariales y políticas más poderosas de Colombia, o sea la oligarquía, permitieran que se instalara la mesa de negociaciones con el ELN, y de este diálogo se llegara a otro acuerdo, tampoco se podría hablar del fin de la guerra. La guerra es la principal herramienta de acumulación de capital, es decir, es la mejor forma para que los más poderosos lo sigan siendo, por ello no es tan sencillo asumir el mensaje alentador, aunque sin duda alguna todos y todas anhelemos el verdadero fin de la guerra.

Las condiciones nuevas que el gobierno exige al ELN para instalar la mesa de diálogos no son más que una forma de prolongar la guerra, mientras finaliza el proceso con las FARC y reorganiza su máquina de guerra para llevar a esta guerrilla a una mesa de negociación en un estado de postración. En más de tres oportunidades el máximo jefe del ELN ha instado públicamente a instalar la mesa en Quito- Ecuador, y ha retado al gobierno a hablar de todo en esa mesa, inclusive de esas condiciones nuevas. A pesar de estas manifestaciones públicas y de la insistencia de reconocidas personalidades colombianas y extranjeras y sus gobiernos para que el ELN y el presidente Santos instalen la mesa, este último no ha querido tomar la decisión, tal vez presionado por las élites políticas y económicas guerreristas.

Debería el país todo, ricos y pobres, organizados y no organizados, de izquierda y de derecha, preocuparse y participar más en este debate nacional histórico. Es la única manera de que no le metan los dedos en la boca, como dicen popularmente. Sería la mejor forma de hablar sobre cuáles son las transformaciones que necesitan las mayorías colombianas. Juan Manuel Santos por cuenta propia y en nombre de los que lo pusieron en el poder, ha manifestado en repetidas oportunidades que no está dispuesto a discutir el modelo económico, pero las últimas grandes movilizaciones, protestas y paros piden a gritos el cambio de modelo económico; nadie ha realizado una gran encuesta preguntando cuál es el nivel de reconocimiento y respaldo de la sociedad al modelo económico o si la gente sabe qué es; si la mayoría de la gente supiera que la ley 100 de 1993 que sostiene el sistema de salud hace parte de su corazón, le exigiría al gobierno por unanimidad que lo cambiara de una vez por todas. La paz del país y del planeta llegará cuando se cambie el modelo y el sistema económico; mientras tanto sería necesario, pertinente y humanista llevar a cabo transformaciones democráticas que permitan que el pueblo viva y disfrute su país en mejores condiciones. Las mesas de diálogo con las insurgencias hacen parte de ese propósito, pero la participación de la sociedad es fundamental. ¿Será acaso que descubrimos que el agua moja?

Monday, 11 July 2016 19:00

Fotoreportaje: Está difícil hoy

Con un simple nylon y carnada viva tratan estos pescadores artesanales de buscar el sustento diario en el embalse de Miraflores, a 16 kilómetros por carretera destapada de Carolina del Príncipe al norte de Antioquia, que abastece la central hidroeléctrica de Troneras.

- Hoy está mucho más difícil que todos los días, no quieren picar y ni siquiera se ven -, nos dijeron.

Mucho rato después se despidieron de nosotros:
-La suerte de unos no es la suerte de todos, les deseamos que pesquen algo-.

Ellos probaron suerte luego de lanzar una y otra vez el nylon durante toda la mañana al embalse, y solo alcanzaron a pescar 3 pequeños animales. Cuando los vimos irse se les notaba lo cansados, desanimados y aburridos que estaban por la dura jornada bajo el sol y por lo poco que llevaban en sus manos.

Nosotros lo intentamos pero corrimos con peor suerte, ni uno picó el anzuelo.

Antes era de la tierra y el río de donde emanaban la vida, las relaciones y la posibilidad del encuentro, en cambio ahora solo pastos desiertos, ríos estancados podridos, peces muertos, laderas infértiles y la vida en silencio; todo en aras del “progreso”.

 

Fotografías: Periferia

 

 

Monday, 11 July 2016 19:00

Fotoreportaje: Peregrinando con Camilo

Camilo no está muerto dijo la pequeña a su joven madre. ¿Por qué lo dices? - porque esos señores dijeron que Camilo está vivo -, respondió la niña señalando la peregrinación. Luego desprendió de la blusa de su madre la estampa de Camilo y la puso orgullosa en su pecho.
El milagro se podía ver a plena luz del día: cientos de jóvenes, ancianos, obreros, mujeres, niños y niñas, bajo el abrazador sol caminando a su encuentro con Camilo; a pesar de las amenazas, solo querían llegar a Patio Cemento y saludarlo... 50 años más tarde.
Camilo es un torrente; es fuerza, vigor, juventud, alegría; es revolución presente y futura.
Ya vamos llegando, nos dice Camilo; pero de pronto vestidos de negro sus asesinos aparecen, y detrás de ellos los cobardes, los que lo creían muerto; ellos tiemblan al verlo, temen a su amor eficaz; nunca se imaginaron verlo desafiante, 50 años después, frente a sus escudos para hacer de guerra.

 Fotografías: Periferia

 

 

Muchas mujeres trabajan informalmente en el centro de Medellín. Entre ropas, zapatos, cachivaches y comida la belleza de  estas mujeres resalta, esta belleza como su lucha, es algo de todos los días.

 Fotografías de Miguel Angel Romero

 

 

 

Monday, 11 July 2016 19:00

Fotoreportaje: La lucha por el agua

En la Comuna 8, una de las periferias de la ciudad de Medellín, están ubicados los barrios Llanaditas, Golondrinas, El Faro y El Pacífico; barrios en los que además de verse afectados por estar en el área del proyecto Jardín Circunvalar, 17.000 personas viven la problemática de carecer de agua potable. A falta del preciado líquido deben conformarse con acueductos improvisados por donde baja el agua de quebradas cercanas, o con recoger el agua lluvia para satisfacer sus necesidades básicas. 

Fotografías: D-cierto C-diento es una plataforma de comunicación transmedial que busca visibilizar esta problemática. Para conocer más del proyecto ingresa a https://goo.gl/aOxn6G

 

 

Colombia es claramente un país multicultural y plurietnico. Desde cada territorio las comunidades afro construyen sus formas de vida en la cotidianidad. La alegría de los niños y niñas, los sabores de la comida, los bailes, los cantos marcando las tradiciones orales, los juegos de mesa en los corredores de las casas, cuando el sonido de los dados ronda mientras el sol se oculta tras los árboles milenarios de la selva. La historia de las comunidades afro en Colombia es la historia de la resistencia; inicialmente por la conquista de su libertad y ahora en la lucha por sus territorios.

Fotografías Federico Bonfante / Texto Periferia

 

 

Monday, 11 July 2016 19:00

Fotoreportaje: Corazón Alegre

El tiempo transcurre como agua en un gotero antes de que los caminantes que llegan a Medellín procedentes del campo se atrevan a sonreír. La urbe no huele a pasto húmedo de rocío, ni se expande con libertad desde el valle hasta la cima. El futuro ya no es un campo de flores, caña o café. Sin embargo, el hombre campesino no es, a pesar del daño, un personaje gris. En su origen, allá en la finca del Alto del Cielo o en El Tejar, en el suelo donde cosechaba vida, cerca del corazón... allí siempre hay motivos para reír. 

Fotografías: Sara Castillejo

 

 

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