Periferia

Periferia

El trabajo, tal como lo demostró a mediados del siglo XIX Marx, icono de la clase obrera, es la expresión más real de la libertad humana. No solo a través del trabajo se evidencia el grado de libertad que ha alcanzado una sociedad sino que es a través de él que se logra transformar el mundo, la sociedad y al hombre mismo. Pero al postular este principio, Marx descubrió que precisamente es a través del trabajo que el capitalismo logra enajenar toda la esencia humana en función de la acumulación del capital. Sea la proximidad de este primero de mayo una oportunidad propicia para reflexionar sobre las condiciones de trabajo imperantes hoy en el mundo y volver a pensar en sus posibilidades liberadoras.

Finalizando el año 1991, Sofasa, una de las ensambladoras de autos más importantes del país presentó ante el Ministerio del Trabajo una solicitud para que le permitiera despedir 400 trabajadores. El fundamento de tal solicitud era la difícil situación económica que vivía la empresa, pero no parecía esto tan verosímil, sobre todo porque hacía poco Toyota había comprado un buen porcentaje de las acciones de Sofasa, inyectándole así un gran capital. Los trabajadores demandaron y su litigio aun hoy, más de 15 años después, no acaba de resolverse. Carlos Jurado y Pedro Luis Aguirre, dos empleados despedidos en aquel entonces, entre 169 que aprobó el ministerio, nos cuentan la historia y la situación actual de la lucha.

 

Arremetida contra los trabajadores
El despido está precedido por una huelga que acabábamos de realizar exigiendo la estabilidad laboral. Porque ya venía dándose el fenómeno de contratar para la producción trabajo temporal o contratar mejor con Cooperativas de Trabajo Asociado. Ese punto estaba prohibido por la convención colectiva. Ellos insistían diciendo que la competencia tenía un promedio de producción más alto que nosotros y por eso nos tildaban de haraganes. Eso, desde luego no era cierto, pero sobre todo nosotros no estábamos dispuestos a ceder en ese punto, pues sabíamos que si nos temporalizaban la producción perdíamos beneficios, perdíamos maniobra política y de trabajo.

Por otro lado, la resolución del ministerio le aprobó a la empresa 169 despidos, de los 400 que había solicitado. La primera tanda, de 126 trabajadores despedidos, fue en agosto del 92, la segunda fue en octubre de ese mismo año. Paradójicamente, 15 días después de tales despidos la empresa contrato 171 personas, 99 a término indefinido y 72 a término temporal. Eso no tiene presentación si lo que la empresa alegaba para justificar los despidos era su mala situación económica y contratan incluso un número mayor al de los despidos. Incluso después de la primera tanda de despidos hubo un aumento de salarios, que muchos no alcanzaron a disfrutar más de un mes.

Por otro lado, mientras se daba el trámite ante el ministerio, entre agosto de 1991 y agosto de 1992, la empresa muy hábilmente fue presionando a los trabajadores dándoles un porcentaje más sobre la tabla de liquidación convencional. Fuimos testigos incluso de cómo las trabajadoras sociales de la empresa llamaban a las esposas de los trabajadores diciéndole que el panorama estaba muy complicado, que era mejor que el trabajador arreglara para que no se sometiera a un despido; entonces muchos compañeros cayeron en esa trampa presionados por sus esposas. Fueron muchos los que negociaron; prácticamente fueron despidos concertados.

En esta situación tuvo también mucha incidencia el ingreso de Toyota a Sofasa con el convenio de Renault y Toyota. Esta última entró poniendo condiciones y su presión mayor era entonces acabar con la organización sindical. Fue con Toyota que se vinieron los despidos masivos y sistemáticos y con eso se quebró prácticamente la columna vertebral del sindicato, que había sido uno de los más fuertes en la ciudad en la década de los ochenta. En 1995 ya no existía sindicato. El 95 por ciento de los despidos fueron sindicalistas, sobre todo los líderes de la organización. El resto de los despedidos eran enfermos.

Algunos compañeros que continuaron en la empresa, al ver que se había acabado prácticamente el sindicato, se organizaron en otro sindicato, que prácticamente era desechable. Pero muy poco duró, porque rapidito siguieron los despidos con ellos. Pero interpusieron una demanda, con mejor suerte que nosotros, y ganaron el reintegro. Fue un asunto como de risa, si no fuera porque en el fondo es muy doloroso: hubo gente que fue reintegrada por la mañana, que por la tarde los volvieron a despedir, los recibían en la mañana con la carta de reintegro y en la tarde salían con la de despido en la mano

Otras formas de trabajo
Además, Toyota llegó imponiendo una nueva forma de trabajo. Ya entró con la política del justo a tiempo (Just Time) e inclusive se hacían círculos después de la jornada de trabajo donde el supervisor se reunía con los trabajadores y les preguntaba cuáles eran las dificultades que había en la producción. Empezaron de una manera muy sutil a hacerle creer al trabajador que él era partícipe de la producción, que el era importante en ella. Si el trabajador decía que tenía que inclinarse mucho porque la matriz donde se ensamblaba el chasis estaba muy alta, entonces le colocaban un banquito, o de pronto se bajaba la altura de la matriz.

El método del Just Time consistía en poner al trabajador todo a la mano para que se concentrara en hacer su trabajo sin perder un segundo de tiempo, con el objetivo de aumentar la productividad; mejor dicho, si es que el trabajador tenía que irse a cobrar su salario a tesorería, el supervisor iba y se lo reclamaba para que él no perdiera tiempo.

Todo se basaba en lo que ellos llamaban el manejo de los tiempos muertos. Lo que pasa es que de todas maneras en el proceso de producción el trabajador no solo adquiere una experiencia en el manejo de su labor sino una rapidez para la labor, es que trabaja por ráfagas. Efectivamente a este ritmo no puede trabajar de manera incesante. Pero si pasado un tiempito de jornada activa al trabajador le daba por ir al baño o hacer una pausa para tomarse un café o fumarse un cigarrillo, el patrón lo consideraba como una pérdida de tiempo productivo, tiempo muerto, que había que eliminar. Entonces ellos planteaban el asunto del Kaizen, donde se daban las reuniones en las que todos opinaban sobre la mejor manera de incrementar la productividad y eliminar estos tiempos en la medida de lo posible. Así cogían al trabajador y lo hacían supuestamente partícipe de las decisiones. Pero eran decisiones nimias, solo para hacer más rendidor el trabajo, porque las decisiones grandes las tomaban ellos en la dirección.

El viacrucis jurídico
Inicialmente después de despedidos planteamos las respectivas demandas en el juzgado de Envigado. Después de un tiempo salieron los fallos que le daban prácticamente la razón a la empresa; entonces acudimos al Tribunal Superior de Medellín, en donde también emitieron un fallo favorable a la empresa. Pero aún así no nos conformamos y llevamos el caso hasta la Corte, hasta la sala de casación. Allí también la sentencia salió por donde no era, a pesar de todas las evidencias que dejaban ver la intencionalidad de la empresa con los despidos. Y eso que los tres primeros casos, interpuestos individualmente, fueron declarados a favor de los trabajadores. Pero entonces cuando el caso llegó al tribunal como que ordenaron que ya no se diera por ganado ninguno de estos casos. Y así fue. El caso es que el propio juez de Envigado y el secretario de despacho terminaron andando en toyotas último modelo, que entonces eran prácticamente inaccesible para empleados. Puede ser suspicacia, pero todo este asunto nos lleva a pensar que ahí debe haberse movido un buen dinero.

Y otro caso que nos extrañó fue cuando fuimos algunos compañeros a la Defensoría del Pueblo. Ahí encontramos como defensor del pueblo al mismo que nos había despedido de Sofasa, Álvaro González, entonces Jefe de personal. Y el hombre nos recibió con esta pregunta: ¿si a ustedes se les muere la mamá se quedarían llorándola toda la vida? Claro, él no podía decir nada ante este caso ni ayudarnos, porque estaba bien comprometido.

Nosotros hemos caminado mucho con esto. Después de la Corte, elevamos la queja ante la OIT. Pero desafortunadamente nos equivocamos, porque la demanda estuvo mal presentada. Porque estábamos planteando la violación a la convención, la imposición del pacto colectivo, cuando el asunto que teníamos que plantear era la violación al derecho de asociación, el irrespeto al convenio 97 y 98 de la OIT. Por eso, de la OIT nos respondieron que la demanda no casaba con la situación y que debíamos allegar otras pruebas. Entonces nos dimos a la tarea de recomponer el proceso en función de esos dos convenios.

Cabe anotar aquí también que antes tuvimos un fallo de la Corte, en donde nos respondían que aun reconociéndonos la razón no podían dar un fallo a favor nuestro porque entonces le ocasionarían un trauma a la empresa cuando volviera a resurgir el sindicato. ¡Como si el trauma que le produjo la empresa al sindicato y a los trabajadores en general no contara!

Después de recomponer la demanda ante la OIT, recibimos de esta una respuesta, que a nuestro juicio es también bastante olímpica. Por ejemplo, aquí en el documento podemos leer la siguiente cita, tan cínica como la respuesta de la corte: “En lo que respecta al despido colectivo en Sofasa alegado por la CUT, el gobierno señala que ya ha respondido suficientemente a todos los alegatos presentados y que se trata de alegatos que se remontan a un pasado lejano, resultando imposible suministrar mayor información”.

Esa es una respuesta que a nosotros nos ofendió. Es el mismo Estado el que con su negligencia y parcialidad ha impedido que una injusticia cometida por Sofasa, con apoyo del mismo Estado en cabeza del Ministerio de Trabajo, ocurrida en 1992 se pudiera juzgar debidamente. Y ahora su respuesta es que por haber transcurrido tanto tiempo no pueden suministrar mayor información. Este es simplemente un monumento a la impunidad que viene reinando en nuestro país; es más, es una legalización de tal impunidad.

Y sin embargo, a pesar del cinismo ramplón de esta respuesta, la OIT se limita a pedirle al Estado colombiano que se asegure de que los trabajadores despedidos hayamos recibido una indemnización completa. Podemos hacer abstracción del problema que significa que sea el propio Estado el que se asegure de esto, aunque sus antecedentes no den mucha confianza. Efectivamente el Estado puede decir que fuimos liquidados plenamente a la hora del despido. En ese aspecto nosotros no podemos quejarnos, la empresa no nos quitó un peso. Pero, ¿qué significa en este país indemnización completa? Pues no es lo mismo una liquidación tarifaria que una indemnización completa.

En primer lugar, nosotros fuimos terriblemente macartizados. Después del despido intentamos emplearnos en alguna otra empresa; apenas el nuevo patrón se daba cuenta que habíamos estado en Sofasa, hasta ahí nos llegaba el contrato. Eso nos pasó a la inmensa mayoría; podíamos darnos por bien servidos si nos dejaban trabajar tres meses. Pero además, casi todos los que fuimos despedidos en esta arremetida llevábamos ya más de 10 y 15 años trabajando en la empresa, pasábamos de los 40 y hasta 45 años de edad. Y con esa edad aquí y en las actuales condiciones uno ya no es útil en la producción, o al menos el empresario juzga que uno ya no sirve.

Por otro lado, muchos tuvimos que sacar de estudiar a nuestros hijos o cambiarlos de institución. Y eso también es un trauma que hay que sumar al despido. Y es que en la empresa nosotros teníamos becas para nuestros hijos, por eso no había problemas con la educación, e incluso como teníamos un buen ingreso podíamos darle algo de dinero al muchacho para que pasara en la universidad. Pero una vez despedidos todo cambió. Se acabaron las becas y sobre todo nuestros ingresos. Muchos de nuestros hijos tuvieron entonces que frustrar sus carreras.

Hubo inclusive uno de los compañeros que se suicidó. Parece que estaba viviendo endeudado, esperando que con el fallo de la OIT iba a lograr un dinero para pagar y estabilizarse. Estaba esperanzado por lo que había sucedido con los trabajadores despedidos de Empresas Varias en circunstancias muy parecidas a las nuestras. A ellos los tuvieron que reintegrar, y por lo tanto pagar brazos caídos. En eso estaba confiado el compañero. Pero cuando conoció la respuesta de la OIT ya no vio ninguna salida para su situación.

Frente a todos estos asuntos es que nosotros nos preguntamos ¿Qué es indemnización completa? La OIT nos deja como si tuviéramos entonces que recurrir para solucionar el asunto a nuestro propio Verdugo, al mismo Estado que fue el que aprobó los despidos y después hizo todo lo posible por mantener el asunto en la impunidad. En este respecto es que nosotros venimos pronunciándonos y tratando de mover el asunto. Aunque tenemos que ser claros; después de tanto inconveniente y esta salida tan fría de la OIT, ya no tenemos grandes apuestas que presentarles a los compañeros de Sofasa que fueron despedidos con nosotros. Entre otras cosas, nosotros ya no estamos en la producción, entonces nuestra capacidad de presión es más bien poca. Eso complica mucho más la situación. Muchos de los trabajadores despedidos se han dispersado y ya solo quedamos un comité pequeño. Nos interesa visibilizar este caso sobre todo para que la experiencia sirva a los otros trabajadores y a los sindicatos que se vienen renovando, para que estén pendiente y alertas ante esa alianza terrible entre el Estado y el capital en contra de los trabajadores.

 

Hace algunos años, ser médico proveía de un estatus especial y de una dignidad social única en la comunidad. El médico, además, disfrutaba de las mejores condiciones laborales y tenía, por lo tanto, mejores sueldos que la mayoría de los profesionales. Hoy, sin embargo, el médico está despojado de esta aureola y sus condiciones laborales y salariales son unas de las más precarias entre las profesiones cualificadas. De hecho, es en el sector de la medicina en donde se ha posicionado con más fuerza las formas de contratación más indignas que van desde el trabajo temporal, o a destajo, hasta el trabajo por cooperativas. A propósito de lo que acontece con las formas de contratación de los médicos, sobre todo los médicos generales, conversamos con el psiquiatra Carlos Alberto Giraldo, hasta hace poco presidente de la Asociación Médica de Antioquia, Asmedas.

 

¿Por qué se llega a estas formas tan indignas de contratación incluso en el gremio de los médicos?
Yo creo que es necesario iniciar señalando una paradoja. Las cooperativas en sus orígenes eran iniciativas organizadas por los trabajadores como una forma de solidaridad, como una forma de protegerse del capital. Con ellas buscaban, por ejemplo, estrategias de consumo o propuestas de tipo financiero más asequibles a los sectores de los trabajadores. Curiosamente, la evolución muestra que ya no es una iniciativa de los trabajadores sino de los patronos. Y no solamente de los patronos sino de los sectores financieros internacionales que han visto en la vinculación laboral una amenaza para sus ambiciones económicas. Porque, claro, los regímenes laborales de los países en general surgieron para proteger a los trabajadores y de ese modo se convirtieron en un obstáculo para que los patronos y los dueños del capital internacional mantuvieran los ritmos de ganancias que querían. Entonces ellos echan mano de esta alternativa de contratación, con la que ellos buscan hacerle un esguince a la legislación laboral que protege a los trabajadores.

Es posible que algunos principios cooperativos se sigan argumentando pero más bien con el propósito de engatusar y engañar a los trabajadores. Por ejemplo, a los médicos les dicen que ellos son los dueños de la empresa y deben tener una relación de solidaridad. Claro, eso así suena muy bonito. Pero el elemento por el cual son dueños de la empresa es porque no tienen un patrón a quien reclamarle. Eso es lo que los hace dueños del empresa, que ellos son sus propios patrones. Entonces, si hacen alguna reclamación se la están haciendo a ellos mismos que son sus patrones.

Así, estas formas de contratación logran que el código laboral se deponga, pues las relaciones que se dan a través de las cooperativas son relaciones de tipo comercial, no relaciones laborales. Estas relaciones entonces son reguladas por el código comercial y el código civil más que por el código laboral. Eso desde el punto de vista social es un retroceso enorme no solo en este país sino en el mundo. Porque los códigos laborales son una conquista social y política de la sociedad, y surgen como un contrapeso a las relaciones del capital, esta vez en favor del trabajo. Eso significa superar formas de relaciones laborales primitivas como el esclavismo, superar formas serviles de relación laboral como son, por ejemplo, las aparecerías, los arrendatarios, etc. O sea que desde ese punto de vista es una conquista social y una conquista política. Pero la deposición de los códigos laborales nos regresa a condiciones muy primitivas, evocadoras del esclavismo.

Los trabajadores en las cooperativas de trabajo asociado no tienen ninguna relación con la empresa y por lo tanto con el producto que están produciendo pero, en cambio, si tienen un patrón que permanentemente les está diciendo que en cualquier momento puede desprenderse de ellos. Eso en los médicos es bastante claro. Las relaciones son permanentemente provisionales, los médicos se sienten pasajeros haciendo su trabajo. Hay todavía otro problema. Y es que quien contrata con la cooperativa dice a quiénes contrata y a quienes no, además pone las condiciones de cómo han de proceder los médicos. Es decir, hay una injerencia permanente en su autonomía en términos de qué medicamentos formula, cuánto tiempo gasta para ver a su paciente, qué exámenes de laboratorio le debe ordenar, a quién remite y a quién no al especialista. El asunto es que si no acepta esas condiciones, el patrón facilito se deshace del médico, no tiene sino que chasquearle el dedo al gerente de la cooperativa.

¿Cómo se manifiesta la realidad de las cooperativas en el mundo médico?
En principio hay unas cooperativas que son peores que otras, hay unas que son más o menos decentes y tratan de conservar ciertas condiciones de trabajo. En eso hay una degradación de cooperativas, por ejemplo las cooperativas de aquellos más especializados, como la cooperativa de anestesiólogos que son altamente calificados y no solo por su especialidad sino también por una capacidad grande de presión en el mercado, porque no son masivos. Por eso tienen condiciones económicas personales y de gremio que les permite una mayor capacidad de gestión. Pero a medida que va bajando la capacidad de decisión y de presión, las condiciones laborales se deterioran y uno va encontrando cosas absolutamente vergonzosas.

De alguna manera podemos decir que si se da este tipo de degradación en las cooperativas es también porque la legislación lo permite. Y es que el sistema a través del cual se regulan este tipo de asuntos son las superintendencias, que en general tienen muy poca capacidad de vigilancia y supervisión. Y, además, ellos en general lo hacen solo si encuentran que los trabajadores u otras personas están interesadas en poner una querella contra una cooperativa. Pero quienes trabajan en una cooperativa generalmente no están en condiciones de hacer esto, por su capacidad de decisión y de presión, y por sus condiciones de vida. Entonces generalmente viven en una posición resignada.

¿Cuáles otras formas de contratación de los médicos están deponiendo el código laboral?

Las cooperativas de trabajo asociado hoy son apenas la punta del iceberg, aunque ellas mismas son suficientemente perversas. Cómo estaremos de grave, que hoy los empleos temporales se reivindican como mejores que los trabajos por cooperativa. Porque, claro, en los empleos temporales se ha venido siendo más exigente en términos de que por lo menos los trabajadores tienen una relación directa con la empresa y por lo tanto esta se ve obligada a conservar los derechos básicos de los trabajadores, como la seguridad social, la cotización para salud y para pensiones. Con el tiempo la ley sobre los empleos temporales se viene haciendo un poco más exigente. Y hoy en día todo el mundo coincide en que es preferible tener un empleo temporal que un empleo por cooperativa.

Hay condiciones todavía más precarias que el trabajo por cooperativa, y todas ellas se ven en toda su dimensión entre los médicos. Hay médicos que trabajan a destajo: y es que le dicen: quédese esta noche aquí y atiende los pacientes que lleguen y de todos los que atienda le pago un porcentaje. Eso es absolutamente indignante, pero muchos médicos hacen ese tipo de trabajo y se comprometen a una gran cantidad de cosas para intentar mantener un salario más o menos decente. Pero su vida personal y familiar queda completamente inhibida, sacada de toda posibilidad. En ese tipo de trabajo ya no hay vinculación de ninguna clase, no hay a quién acudir, porque entonces hay varios médicos haciendo fila y quién está manejando el hospital señala con el dedo al elegido, igual que ocurre con los señores que están por ahí en la calle con la palita en la mano esperando a que llegue la volqueta y el conductor les de la señal para que se suban y vayan a cargar arena. Hasta ese punto hemos llegado.

¿El trabajo en las EPS es también parecido al trabajo a destajo?
Realmente una EPS lo que hace es contratar servicios con las IPS, estas son las que contratan con el médico. Le dicen al médico, hay tantos eventos, tantas cirugías, entonces el médico aprendió una cosa que es muy absurda: que el monto de sus ingresos depende del volumen de pacientes que atienda. Esa expresión volumen es muy pesada para alguien que presta servicios a una comunidad y sobre todo a una comunidad en la cual hay una deuda social muy grande. Pero además viene otra cosa: Hay épocas en donde no hay consultas o son muy pocas. Y entonces el médico no tiene ingresos, porque estos dependen del número de pacientes atendidos.

Por ejemplo, en los finales de año, una IPS tiene todavía una buena parte de su presupuesto en ciertas líneas por ejecutar. Entonces le dice al médico: tengo una represa de cirugías para tal cosa, y el médico se compromete a hacérselas en ese último mes. Y todo el mundo quedaría aparentemente muy bien: el paciente fue atendido, llevaba rato esperando por la cirugía y entonces piensa que el llamado en Navidad fue algo así como un regalo del niño dios; y para el médico el regalo de niño dios es una plata grande que se ganó con esa cantidad de pacientes que operó; y el gerente del hospital ejecuto el presupuesto y ya tiene para mostrar que está prestando un buen servicio. Pero el interés del usuario quién sabe qué tanto esté redimido, porque la atención por volumen implica riesgos, porque son atenciones rápidas y procedimientos más descuidados.

¿En este tipo de trabajo a destajo el médico tiene seguridad social?

No, porque no hay vinculación laboral. También en la mayoría de las cooperativas le birlan al médico la seguridad social - aunque cada vez la ley le está poniendo más cortapisas-. Por ejemplo, si un médico o un trabajador es beneficiario porque su esposa cotiza para la seguridad social, ese es mejor candidato para contratarlo porque se obvia el gasto de la cooperativa en seguridad social por esa vía.

Además, siguiendo con las cooperativas, encontramos que el salario de los médicos se ve reducido por la mordida de los intermediarios. La plata que recibe el médico tiene ahí tres intermediaciones: La EPS recibe una unidad dada por capitación, ahí recibe una cantidad de plata; él es intermediario, entonces contrata a la IPS y de esa intermediación saca una tajada. La IPS contrata con la cooperativa y en esa nueva intermediación elimina la segunda parte. La cooperativa esquilma la tercera. Entonces ya cuando la plata llega al médico está bastante rebajada. Por eso es que la gente dice que gana más un peluquero que un médico.

Sí los hospitales terminan pagándole a la cooperativa lo mismo que le pagarían al médico ¿Entonces por qué acuden a esta intermediación?
Digamos que ahí el aspecto económico y el político van muy de la mano. Porque el trabajador que está amparado por el código laboral tiene garantías en distintos sentidos: en términos de la estabilidad laboral, en términos de los aumentos salariales, en términos del derecho de asociación. Estas son tres cosas muy importantes, económicas y políticas, que se desvanecen completamente con este tipo de relaciones intermediadas. Entonces el hospital en este tipo de relaciones no tiene conflictos laborales, no tiene ningún problema con los médicos porque ellos no son sus trabajadores sino los de la cooperativa. Así también bajan los costos de operación, porque como ellos contratan con la cooperativa, el monto en que lo contratan es calculando esas cosas cómo van a quedar. Por ejemplo, si el contrato de este año les parece que es alto y los rendimientos fueron bajos, pues el siguiente contrato lo bajan más. Simplemente se arman y se desarman las cooperativas en función de esta situación.

Hay otra figura inquietante. Muchos de los médicos que trabajan en los municipios, trabajan por cooperativas y los fines de semana o en sus compensatorios empiezan a hacer la gira por hospitales vecinos para completar sus salarios. ¿Qué tipo de relaciones laborales se establecen en estas situaciones?

Es un trabajo a destajo, que ya están haciendo incluso muchos especialistas. Digamos, el tipo trabaja aquí en la ciudad una semana y el fin de semana se va a operar a un hospital de pueblo. Y le pagan por eso, por cada cirugía le pagan un porcentaje. Y no tiene ninguna vinculación ni con un hospital ni con una cooperativa, es apenas el evento el que le pagan.

Usted se lo imagina, pero a mí me toca vivirlo en mi consulta, porque varios de esos médicos van a mi consulta como siquiatra. Son médicos con una vida absolutamente infeliz, porque se pierde la noción de tiempo libre, pierde la idea de vacaciones, pierde la idea de familia. Porque para mantener un cierto nivel de vida, que la sociedad espera de un médico, que los hijos le piden a un médico, que la esposa le pide a un médico, tiene que trabajar tiempo extra, jornadas muy largas, a riesgo de que los tumben. Cada rato los tumban en esas cooperativas. Ya ha habido varias historias de esas, donde desaparece el gerente, desaparece la cooperativa, le debía a todo el mundo y nadie vuelve a saber del personaje. Ya tenemos varias generaciones de médicos tumbados de esta manera. Y lo pero es que si este tipo de prácticas se promueve, la dignidad del paciente también está depuesta. Y es que si usted como médico está degradado, ese efecto en su trabajo es grave, sobre todo porque una de las cosas que es clave en el trabajo de los médicos es una buena relación entre el médico y el paciente.

Editorial

Asamblea del Bid: para subastar a Colombia

Colombia, o mejor, la burguesía colombiana, se acicala para recibir con todos los honores la quincuagésima asamblea de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo- BID, la institución creada para financiar el “desarrollo” de los países americanos, y que se realizará en Medellín del 27 al 31 de marzo. También los sectores y organizaciones populares nos preparamos para recibir al BID como se merece. Esta no es solo la oportunidad para decirle al BID, al gobierno norteamericano, a los inversionistas extranjeros, a la burguesía nacional y a sus gobiernos lacayos que no queremos más el tipo de desarrollo que nos han venido imponiendo y que nos condena cada vez más a la miseria; es ante todo la oportunidad para entender la necesidad de darle un nuevo rumbo al desarrollo social y empezar a caminar en esta dirección.

Thursday, 19 March 2009 09:36

¿No pasa nada en Medellín?

¿No pasa nada en Medellín?

La noche del martes 3 de marzo fue quizá una de las peores que vivió en los últimos 10 años la familia Tapias, del barrio Las Palmas. Eran pasadas las nueve de la noche y una de las niñas, menor de trece años, estaba todavía en la calle, sin atender los llamados para que se entrara. Eso tenía esta familia al borde de un ataque de nervios. Es cierto que las nueve y media no era una hora escandalosa, ni era la primera vez que la niña estaba afuera con sus amigos a esa hora, pero esta noche la situación era de otro color, más todavía cuando la calle estaba completamente sola, situación extraordinaria en el sector y sobre todo en la calle más movida del barrio. Y es que algo raro pasaba en la ciudad, algo que al parecer anunciaba un nuevo tiempo de zozobra en Medellín.

 

Esa misma noche, a las nueve, terminaba sus actividades de la jornada la Escuela de Formación Popular, en el centro de la ciudad. Carlos, uno de sus facilitadores, no pudo evitar el asombro al ver que los jóvenes participantes de la escuela salían disparados a tomar el transporte para sus barrios. Procuró por lo menos seguir el paso de uno de ellos para enterarse de lo que acontecía.
- Es que tengo que coger el bus rápido- le dijo con preocupación el muchacho-. No ve que no podemos llegar al barrio después de las nueve de la noche- remató mientras se encaramaba en el bus.

De camino hacia su casa, Carlos pudo comprobar que el centro de la ciudad estaba vacío. Al cruzar Junín encontró la única chacita que seguía abierta a esa hora y se acercó a comprar un cigarrillo para mitigar el frío.
- Vea esto como está de horrible, tan temprano y ya no se ve un alma - le comentó la señora que atendía. Carlos aprovechó entonces para preguntarle qué pasaba.
- Yo no sé bien, pero es como si hubiera toque de queda.

En realidad, la preocupación de la familia Tapias, en el barrio Las Palmas, obedecía a un panfleto que habían metido esa mañana por debajo de su puerta, anunciando, con un discurso grotesco, una campaña de limpieza social en la ciudad, dirigida sobre todo contra las prostitutas que, según los autores del panfleto, estaban propagando el sida por todas partes. Igualmente amenazaba a todos los hombres, clientes de los bares donde estas mujeres trabajaban, y en general a los vagos, viciosos y ladrones. “Para ellos va también la limpieza sin contemplaciones”, anunciaba el panfleto. Además, advertía a los padres de familia para que no permitieran que sus hijos estuvieran en la calle después de las diez de la noche porque “no respondemos si caen inocentes”. El panfleto no estaba firmado por ninguna organización, pero en todo caso se refería a que, dado que la limpieza social se necesitaba, “La Organización” así lo había decidido.  Anunciaban pues que en poco tiempo arreciarían las masacres y- cosa extraña- pedían por anticipado perdón a la sociedad por los inocentes que pudieran caer en esta cruzada.

Este mismo panfleto había sido ya distribuido en muchísimos barrios populares de Medellín, y era el mismo que mantenía y que aún mantiene vacío el centro de la ciudad y las calles de los barrios después de las nueve o nueve y media de la noche.

La respuesta del gobierno municipal
A pesar del terror que se respira en la ciudad, el gobierno ha optado por restarle importancia al asunto, sugiriendo que posiblemente se trata de inventos de algunos ociosos. En un artículo publicado por el diario El Mundo, de Medellín, referente a la situación, el secretario de gobierno, Jesús María Ramírez, afirmó que la publicación de este panfleto no debía generar ningún temor. Su afirmación se fundaba en el hecho de que el panfleto no cuenta con slogan ni emblemas ni firmas que identifiquen el grupo armado. Esto, desde luego, no toma en cuenta en que el panfleto original (porque de él se distribuyeron copias resumidas) la organización se identifica como Ogdis y va acompañado de dos imágenes que hacen referencia a las autodefensas. El panfleto lo encabeza una bandera con un fusil atravesado en la esquina izquierda, y un combatiente caminando de frente a ella. Casi finalizando la página, a lado derecho, está la imagen de un hombre vestido de camuflado, con el brazalete de AUC y con la cara apoyada en la mira del fusil que apunta a corta distancia.

“De esos panfletos hemos conocido muchos- explica el secretario de gobierno al periodista de El Mundo- firmados por las Farc, autodefensas o Águilas Negras. Los hemos encontrado siendo utilizados para extorsionar y generar temor en la comunidad justificando las vacunas de grupos de vigilancia privada ilegal. En otros casos hemos encontrado problemas vecinales que se resuelven por la vía de estos panfletos como en un caso reciente del barrio La América donde el papá de un adolescente que se la pasaba en una tienda de su sector tomando licor, escribió y distribuyó un comunicado de estos sólo para que el joven se le quedara en casa temprano”.

Por su parte, el alcalde Alonso Salazar, en declaraciones para el diario El Tiempo, asegura que los volantes son parte de una campaña para desestabilizar a la ciudad en vísperas de la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo. "Enemigos de la ciudad, desde la criminalidad, nos seguirán haciendo daño, pero las instituciones están fuertes para enfrentarla".

Sin embargo, algunos analistas consultados por Periferia, que prefirieron mantener en reservas sus nombres debido a lo complicado del momento, ven en esta campaña un objetivo distinto, incluso muy funcional para la institucionalidad en la víspera de la asamblea número 50 del Banco Interamericano de Desarrollo, a realizarse próximamente en la ciudad. “Más bien se puede esperar que la campaña de terror desatada tenga como propósito presentar la ciudad como una tacita de plata para los inversionistas extranjeros que estarán atentos a la asamblea, y sobre todo amedrentar a las organizaciones sociales y populares, previniendo así de paso cualquier brote de protesta contra la realización de la asamblea”.

En todo caso, cualquiera que sea la causa por la que las autoridades municipales desestiman los alcances de esta campaña de terror, lo que es cierto es que la ciudad está prácticamente en un toque de queda decretado por un grupo ilegal, la gente anda temerosa por todas partes porque de hecho ya son muchos los testimonios que dan cuenta de la materialización de estas amenazas. De hecho, una de las pruebas fehacientes del terror en la ciudad es que no solo se vacía indefectiblemente antes de las 10 de la noche, sino que los albergues desde estas horas están a reventar. Los habitantes de la calle están aterrorizados. Muchos de ellos cuentan que ya se han salvado de milagro, porque han podido correr a tiempo cuando han visto a los hombres armados que se roban a sus compañeros o compañeras.

Los testimonios que hablan del terror
En el barrio La Libertad hay una esquina muy tradicional donde los jóvenes acostumbraban parcharse por las noches a conversar. En su mayoría son estudiantes que han crecido juntos en el barrio y ahora en su tiempo de universitarios aprovechan las horas frescas de la noche para reencontrarse y compartir anécdotas. Hace días allí no se ha vuelto a parchar nadie. Eso fue después de que una de estas noches, no hace mucho, salieron como por arte de magia cuatro encapuchados y los increparon con el panfleto en la mano. Allí mismo han sido desaparecidas tres jovencitas. Recientemente también han desaparecido una niña, estudiante del colegio Héctor Abad Gómez, cerca de la Plaza de Flores.

Hace poco, dos mujeres que trabajan como vendedoras, estaban llegando a sus casas en el barrio Aures, al occidente de Medellín, después de salir de su trabajo; fueron abordadas por tres tipos armados al momento de abandonar el bus, mostrándoles el panfleto. Las mujeres intentaron explicar que venían de trabajar, pero los tipos decidieron que una debería contar el cuento para que vieran que la amenaza era real. En frente de ella asesinaron a su compañera.

En el parque de Boston se encontró también a dos jovencitas muertas, descuartizadas, en lo que parece la modalidad preferida por estos asesinos. También en el sector de Palos Verdes, en lo que ha sido utilizado como un botadero de basura y donde hoy todavía se realizan trabajos del Metroplus, se encontraron dos jóvenes asesinadas de la misma forma. Incluso cerca de la estación Niquía, un barrio estrato 4, al frente de uno de los almacenes más grandes del Éxito, se han encontrado a varias mujeres descuartizadas.

En la comuna 8 se ha puesto a circular otro panfleto dirigido a mujeres infieles, con una lista concreta de 17 mujeres declaradas objetivo militar, entre ellas una señora de 63 años y una niña de 13. Los jóvenes del sector aseguran que ya es normal ver a los encapuchados patrullar  por las calles después de las diez de la noche e incluso han sacado a algunas personas de su casa. También esto parece estarse generalizando en los barrios populares. Se tiene testimonios de que esto ocurre en Manrique, Aranjuez, Caicedo, entre otros.

La situación de terror es tan evidente que el comercio se apaga prácticamente a las nueve de la noche en todos los barrios. Un caso paradigmático es el del Café Manrique, un sitio que tradicionalmente ha sido un referente en la ciudad y reconocido por estar abierto las 24 horas; ahora lo están cerrando a las diez de la noche.

Lucha territorial
Como para mostrarle a la alcaldía de Medellín que los panfletos no han sido producidos por algún padre de familia desocupado y que tienen una dimensión más amplia de lo que los funcionarios han querido reconocerle, los panfletos se han esparcido hasta muy lejos de Medellín y su área metropolitana, y no solo los panfletos sino las acciones. En la zona del Bajo Cauca estos panfletos han sembrado también el terror. En Puerto Valdivia, por ejemplo, casi inmediatamente aparecidos los panfletos aparecieron también  dos mujeres, reconocidas en el pueblo como prostitutas, descuartizadas. Esto fue el sábado 7 de marzo; ese mismo día en la noche mataron a dos hombres en la calle principal. También han aparecido los mismos panfletos en Soacha, Cundinamarca, en Buenaventura y en Cali.

Sin embargo, la situación en Medellín se complica todavía más porque la campaña de limpieza social se realiza en medio de una abierta lucha por el control territorial entre dos mafias que en distinto momentos han estado al servicio de la ultraderecha en Colombia: las estructuras heredadas de Don Berna y las estructuras de don Mario. De hecho, algunos analistas están convencidos que por ahora esta campaña de limpieza social puede ser una estrategia de posicionamiento y legitimación de los grupos al servicio de don Mario en territorios donde antes ejercía el control la estructura de don Berna. “Esta siempre ha sido una estrategia empleada por los grupos que han querido hacerse con el territorio en toda esta larga historia de violencia en Medellín- explica uno de los analistas entrevistados-. El terror es la forma de generar respeto y la supuesta limpieza social la manera como se presentan tal cual si le hicieran un favor a la comunidad librándola de sujetos indeseables e incómodos”

Pero en los barrios donde la arremetida de don Mario encuentra todavía resistencia de las viejas estructuras, el terror puede ser incluso peor, aunque de otro tipo. Los habitantes no pueden pasar de una cuadra a otra, en cualquier momento del día o la noche se arma una balacera como si se soltara un aguacero, y la gente vive encerrada no solo en la noche sino todo el día.

La situación de zozobra generalizada en la ciudad por el panfleto y por las acciones que vienen materializando las amenazas, se complican todavía más con un panfleto aparecido en la Universidad de Antioquia el pasado viernes 6 de marzo. Quienes lo realizaban se identificaban como un grupo de paramilitares pertenecientes al Bloque Antioqueño de las Autodefensas, infiltrado en la Universidad. Allí acusaban de guerrilleros a todos los responsables de los tropeles, las marchas, los paros en la Universidad y las asambleas, además declaraban objetivo militar a las oficinas estudiantiles de las diversas facultades y agregaban una lista de 29 estudiantes, junto con todos los que entran y salen de las oficinas estudiantiles y los que con ellos se reúnen. Al final del panfleto advertían que ya tendrían noticias de ellos en el transcurso de la semana.

Y como para no desmentirse, el jueves 12 de marzo asesinaron a un estudiante, cuando estaba departiendo con sus amigos en una de las mesas de estudio de la Facultad de Derecho. Esa misma noche el noticiero RCN transmitió la noticia acompañada de un perfil superficial del estudiante en el que destacaban que este había sido más bien un estudiante mediocre, como si fuera una forma de justificación del asesinato. En el mismo sentido se pronunció ante los medios de comunicación el vicerrector de la Universidad Martiniano Jaimes, destacando también en el perfil del estudiante, a manera de justificación del crimen, que tenía antecedentes judiciales por concierto para delinquir, hurto agravado y porte ilegal de armas. Haciendo caso omiso de todo el contexto de la ciudad y, particularmente de la Universidad, el vicerrector convocó a continuar normalmente las actividades académicas al día siguiente porque, según él, lo ocurrido era apenas un caso aislado.

Así pues, en la vida social de Medellín se cierra una tenaza de terror contra su población en donde las autoridades encargadas de afrontar el problema no solo no hacen nada para solucionarlo y prevenir las masacres ya anunciadas, sino que en sus declaraciones hacen todo lo posible por minimizarlo y vendernos la idea de que en esta ciudad, modelo de pacificación, no pasa nada. Lo peor es que, tal como muestra el desdoblamiento de los panfletos que anuncian la limpieza social, esta campaña parece concentrarse en Medellín para tomar vuelo en todo el país, sin que tampoco las autoridades nacionales parezcan dispuestas a reconocer la dimensión del problema que hoy ahoga sobre todo a los habitantes de los barrios populares.

Thursday, 19 March 2009 09:34

En Medellín la cosa está que arde

En Medellín la cosa está que arde

 

Medellín es una caja de Pandora. Al mejor estilo de la mitología griega, es atrayente, bonita y seductora, por fuera,  pero por dentro contiene males que traen consigo la desgracia.  Y es que si nos acercamos lo suficientemente a ella y la miramos con profundidad y detenimiento, nos encontramos con que es un hervidero del cual son víctimas la mayoría de quienes la habitan. La ciudad ha sido mostrada al resto del país y al mundo como un ejemplo de que el miedo se puede convertir en esperanza, como lo pregona el ex alcalde Sergio Fajardo y se lo ha hecho creer a muchos dentro y fuera del país, sin embargo la realidad es otra: en Medellín siguen vigentes el temor, la desconfianza y el miedo.

 

El pasado no perdona

La Medellín de hoy, en la que se están viviendo situaciones parecidas a las de los años 90 en términos de violencia, confrontación armada, asesinatos, inseguridad, amenazas y desplazamiento intra urbano, es producto de su propia historia. Esta ha sido una ciudad en disputa que se la han peleado narcotraficantes, guerrilleros, delincuencia común, paramilitares y la llamada delincuencia de cuello blanco. Sin embargo, desde finales de 2002 se inició una gran campaña mediática por parte de las autoridades nacionales y locales, donde se decía que Medellín estaba recuperando su tranquilidad, que se estaban desactivando todos los factores de violencia e inseguridad y que estaba tomando el rumbo hacia la paz y el progreso. Pero la realidad es otra, para muchos observadores y estudiosos de la realidad de Medellín, esa ciudad que se pregona es sólo un efecto publicitario para ocultar cosas muy graves y de mucho fondo.

                                                

Para Fernando Quijano, de la Corporación para el Desarrollo Social - Corpades, el hasta hace poco único patrón de Medellín, don Berna, se hizo al poder en la ciudad y su área metropolitana gracias a los servicios prestados a las autoridades civiles y militares, primero en su participación en el grupo llamado los Pepes, enemigos de Pablo Escobar y quienes finalmente posibilitaron que fuera dado de baja por la policía; como reconocimiento a este servicio, dice Quijano, las autoridades le permitieron a don Berna consolidar su naciente imperio narcotraficante que posteriormente llevó a la conformación del llamado Bloque Cacique Nutibara, agencia de los paramilitares agrupados en las Autodefensas Unidas de Colombia.

 

Años más tarde, según explica Quijano, más exactamente a finales del año 2002, el recién posesionado presidente Uribe da la orden terminante de atacar las milicias y guerrillas que aún permanecen en la ciudad. A juicio de Quijano, esta orden tiene el propósito de mostrar que la pregonada política de seguridad democrática se puede aplicar en los grandes centros urbanos y Medellín es el centro piloto para ello. Así se llega a la conocida operación Orión, que fue un operativo militar de gran envergadura que presentó la combinación de fuerzas entre el ejército nacional, la policía y los hombres del Bloque Cacique Nutibara, al mando de don Berna, y además contó con el apoyo de las autoridades judiciales, las cuales le dieron piso legal a todos los atropellos y crímenes que allí se presentaron.

 

En términos del propósito militar y político que se tenía, Orión fue un éxito para las autoridades, éxito que en gran parte se le debe a los paramilitares al mando de Don Berna. A partir de esto y como un nuevo reconocimiento a su colaboración con las autoridades civiles del orden nacional y local, se le otorga a Don Berna el dominio absoluto sobre la ciudad. Esto se concreta en lo que a juicio de Quijano es un pacto para la “pacificación” de Medellín y su área metropolitana. Un año más tarde se presenta en esta misma ciudad la primera desmovilización de un bloque paramilitar, producto de unos acuerdos entre el gobierno nacional y la comandancia de las Autodefensas Unidas de Colombia. Y es precisamente el Bloque Cacique Nutibara el que desmoviliza cerca de 900 personas, aunque hoy se sabe que la mayoría nunca habían sido combatientes y que los que sí lo eran se mantuvieron en sus actividades.

 

Controlar, controlar y controlar

Es justo en este momento en que ese pacto adquiere rostro propio a través de la llamada Corporación Democracia, una ONG de desmovilizados que entra, de hecho, a cogobernar la ciudad. A principios de 2004 comienza la alcaldía de Sergio Fajardo, quien prefiere mantener el pacto existente ya que a juicio de algunos analistas, no tenía la suficiente fuerza ni política ni militar para combatir la ilegalidad que imperaba en Medellín. Según testimonios obtenidos de varios analistas que prefieren no ser identificados, Fajardo optó por la vía fácil, mantuvo y, dicen algunos, profundizó los pactos que ya existían.

 

Como prueba de ello estos analistas aseguran que en las comunas de Medellín quienes controlaban el orden público y ejercían labores de control social y económico eran los paramilitares agrupados en la Corporación Democracia y mencionan algunos ejemplos de esto: las casas de expendio de drogas, dice uno de ellos, eran y aún hoy son controladas por desmovilizados; ellos mismos establecieron sitios donde se podría consumir los narcóticos y si alguien lo hacía en otro lugar era sometido a castigos por parte de los desmovilizados. Así mismo, y en cumplimiento de su compromiso de mantener la ciudad tranquila, se ejerció “justicia” por parte de los desmovilizados, quiénes eran los que decidían  sobre asesinatos, amenazas y desplazamientos de aquellos a quienes ellos veían como un riesgo para la supuesta tranquilidad de la ciudad.

 

Estos analistas cuentan además que una porción del presupuesto municipal, el que se manejaba a través del llamado presupuesto participativo, era manejado en buena parte por desmovilizados que se afincaron en las juntas de acción comunal, desbancando a los líderes naturales de los barrios, y las controlaron para poder tener acceso a estos recursos que se le entregaban supuestamente a las comunidades para el desarrollo de obras definidas por ellas mismas. Ha habido múltiples denuncias de que este presupuesto participativo sirvió para el fortalecimiento de las actividades ilegales en la ciudad, e incluso hay líderes comunitarios que fueron asesinados para apropiarse de cuantiosos recursos del presupuesto participativo. Así mismo, la Corporación Democracia creó una serie de corporaciones pequeñas en cada uno de los sectores donde tenían presencia los desmovilizados y, tanto desde ella misma como desde esas otras corporaciones, se llevaron a cabo procesos de contratación con la alcaldía de Fajardo. Contratación en la que, según estudios preliminares que están adelantando algunas organizaciones de la ciudad, se presentó un inmenso desvío de recursos tanto para compra de armas como para el montaje de nuevas plazas de vicio.

 

Pero las formas de control de la ciudad no terminan ahí. Hemos recibido testimonios de que los problemas entre vecinos e incluso intrafamiliares no se llevaban ante las autoridades competentes sino que eran los desmovilizados quiénes intervenían en ellos para resolverlos, eran ellos quienes imponían castigos y sanciones en los casos que se les presentaban; las autoridades sabían de esto, sin embargo lo toleraban porque así se mantenía la imagen de tranquilidad de la ciudad.

 

Muchas actividades económicas también son controladas por el paramilitarismo en Medellín, por ejemplo las apuestas permanentes, cuyos empresarios tradicionales sufrieron un proceso de exterminio que culminó con la conformación de un solo grupo que hoy monopoliza este negocio en la ciudad; también los negocios de maquinitas son controlados por los paramilitares, los famosos préstamos paga diario o gota a gota, las vacunas a los negociantes y comerciantes, los almacenes donde se vende todo a 1000 pesos, las panaderías que aparecieron en los barrios, que parecen todas copias de una sola, el control a la venta de minutos de celular y, obviamente, las casas de expendio de drogas. Para hacernos una idea somera de lo que significa en términos de ingresos  controlar estas actividades miremos sólo un caso: según la policía metropolitana, en Medellín existen aproximadamente 500 casas de vicio, aunque algunos aseguran que son más. Según el estimativo de la policía cada una de estas casas arroja una ganancia diaria de 600.000 pesos, el resto de la cuenta es bastante fácil y nos muestra que sólo con esta actividad mensualmente se obtienen unos ingresos de 9 mil millones de pesos.

 

Durante este periodo todo esto fue manejado por un solo actor hegemónico, el emporio de Don Berna que actuaba, bien en la legalidad a través del proceso de desmovilización con la Corporación Democracia o en la ilegalidad a través de aquellos hombres y mujeres que se mantuvieron en armas para garantizar el control económico, social y militar de la ciudad y su área metropolitana. Esto era un secreto a voces, en Medellín se comentaba pero en voz baja, algunos denunciaron lo que estaba sucediendo y, sin embargo, fueron ignorados o maltratados por la administración municipal, incluso se les llamó enemigos de la nueva ciudad que estaba en construcción.

 

Todo tiene su final

Pero la hegemonía de Berna estaba destinada a acabarse, dice Fernando Quijano, porque a pesar de la gran porción de poder que tenía en la ciudad y de que varios de sus hombres cogobernaban en algunos temas, el patrón no se conformó con eso y, a pesar de estar en la cárcel, se mostró arrogante y quiso una porción más grande de poder. Por eso, según este analista, las autoridades empezaron a minar su capacidad de maniobra. Desde la cárcel de Itagüí, donde se comunicaba y recibía la visita y los informes de sus hombres, fue trasladado a la cárcel de Combita y posteriormente extraditado a Estados Unidos. Esto fue, a juicio de Quijano, una maniobra destinada a arrebatarle el poder que las mismas autoridades le habían reconocido y habían aceptado.

 

Sin embargo, otros analistas dicen que no es sólo un problema de arrogancia y ansias de mayor poder y aseguran que lo que realmente pasó es que la cara visible de la ilegalidad que manejaba don Berna, la famosa oficina de Envigado, tenía a su interior algunos jefes que conocen al detalle y tienen pruebas de los vínculos del presidente Uribe con actividades paramilitares y de narcotráfico. Algunos de ellos fueron asesinados y sólo uno de los más importantes aún sobrevive, salió del país y en Argentina se entregó al gobierno de los Estados Unidos. Este es Rogelio. Aseguran quienes hacen este análisis que ante el riesgo que corría el presidente de ser puesto en evidencia, declaró públicamente la guerra a la oficina de Envigado y le dio la orden a la fuerza pública de acabar con esa estructura, en una jugada, dicen, a tres bandas. Y lo explican así: primero, porque si Rogelio se atrevía a delatarlo, el Presidente podría decir que eso obedecía a una retaliación por haberles declarado la guerra; segundo, porque con la disminución del poder de Don Berna, el control de la ciudad estaba en disputa y había un nuevo patrón peleándose el territorio, éste es don Mario con el que sería posible hacer algún tipo de pacto para una nueva pacificación de la ciudad, y tercero, porque, como aseguran estos observadores, al presidente poco le importa que Medellín vuelva a unos altos índices de violencia porque siempre tendrá la posibilidad, mediante un pacto con el nuevo patrón, de ordenar una nueva operación Orión que vuelva a “pacificar” a la ciudad y a darle un segundo aire a la fracasada política de seguridad democrática.

 

Mientras duerme la ciudad

El control de Medellín está en disputa desde que la hegemonía de don Berna entró en crisis. Muchos han querido apropiarse del jugoso premio que ofrece la ciudad; dicen algunos que el jefe paramilitar Macaco intentó apoderarse de las casas de vicio y no pudo, el cartel del Norte del Valle también lo ha intentado, al parecer sin mayores éxitos; pero quien más ha puesto interés por quedarse con la ciudad es el llamado don Mario, hermano del comandante paramilitar conocido como “el alemán”, y que ahora se disputa barrio a barrio el control de la ciudad.

 

Cuenta un desmovilizado que mantiene contacto cercano con el llamado “bajo mundo” en una de las comunas de la ciudad, que don Mario llega hasta los barrios, contacta a los coordinadores de desmovilizados y les ofrece salario, armas y patrocinio a cambio de que ellos tomen esa zona para él, y además les autoriza exterminar a todos aquellos que sea necesario para lograr este propósito. Es así como ha ido haciéndose al control de muchas zonas de la ciudad: por ejemplo, en la comuna 13 los barrios Antonio Nariño, El Socorro y El Salado ya están bajo su dominio. En la zona nororiental de la ciudad se disputa cuadra a cuadra el control de los barrios San Blas, Manrique, Campo Valdés y Santo Domingo. En la zona noroccidental ha venido haciéndose con el control del corregimiento San Cristóbal y de los barrios Robledo, Castilla, Pedregal y el Picacho. En la zona centro oriental se asegura que el barrio La Sierra y sus alrededores están totalmente dominados por don Mario. En el centro de la ciudad, en lo que va corrido del año, se han presentado más de 15 muertes de personas presuntamente vinculadas a los combos conocidos como “convivires”, que son los que han ejercido el dominio de la zona céntrica; se dice que estas muertes obedecen a que el ofrecimiento que se les está haciendo a estas personas es bastante simple: o trabajan con don Mario o se van o se mueren. Algunos han preferido morirse.

 

Como hemos visto anteriormente, la disputa por el control de Medellín no tiene que ver única y exclusivamente con el control del espacio, aunque éste es importante, pero las condiciones para el accionar ilegal en la ciudad son bastante favorables y justifican adelantar una guerra como la que actualmente se vive en la ciudad porque el trofeo que se obtiene así lo amerita.

 

 

 

En Medellín se evidencian las falencias de la seguridad democrática

El doctor Jorge Mejía Martínez fue secretario de gobierno del departamento de Antioquia en la gobernación de Aníbal Gaviria, ha sido columnista de varios diarios, profesor universitario y analista político. También fue candidato a la alcaldía de Medellín para el periodo 2004-2007 por el Partido Liberal. Por su conocimiento de la ciudad, conversamos con él para que nos hiciera su propio análisis sobre la situación de Medellín.

 

Periferia: Para usted, ¿cuál es la situación actual de Medellín?
Jorge Mejía: Hay dos indicadores que llaman la atención y que dan cuenta de la problemática que hoy se vive en Medellín. Uno de ellos es el incremento de los homicidios del año pasado, que es un incremento superior al 15% luego de varios años de tener una tendencia a la reducción, tendencia que se quebró a partir de mediados de 2007. El otro indicador es el desplazamiento intraurbano que también está disparado; según la Registraduría, en 2008 tuvimos un desplazamiento intraurbano superior al de los últimos años, hubo por lo  menos 22.000 personas que fueron desplazadas en la ciudad y todavía está pendiente de escudriñar las características y modalidades de ese desplazamiento, aunque lo cierto es que ocurre al interior de Medellín donde de una comuna a otra, de una manera forzada, las personas se tienen que desplazar.

Yo creo que ese desplazamiento urbano tiene que ver con la confrontación, con la disputa que hay en la ciudad por el control del narcotráfico, por el control de los sitios de expendio de alucinógenos, el control de los lavaderos de carros, la extorsión, los juegos de maquinitas, el chance etc. y que una parte de esos desplazados fueron desmovilizados de los bloques diferentes de las autodefensas. Estamos viviendo una disputa territorial entre sectores claramente definidos como don Mario y don Berna, pero también hay otra disputa “intra Berna”, porque al interior del sector llamado de don Berna también hay confrontación. Estas disputas son las que llevan a que se haya incrementado la sensación muy real de inseguridad en la ciudad.

Periferia: ¿Por qué se llega a esta situación en la ciudad?
Jorge Mejía: Yo creo que son varias cosas. Primero la seguridad democrática demostró sus falencias para atender la seguridad ciudadana, particularmente la seguridad urbana. Yo creo que la seguridad democrática ha sido exitosa para recuperar la seguridad en las vías y en algunas zonas rurales, así como para la confrontación con la guerrilla. Pero no ha tenido igual éxito para brindarle a los habitantes de los centros urbanos y de algunas zonas rurales la protección que ellos requieren.

Segundo, el proceso de desmovilización de las autodefensas fue un proceso que arrancó con muchas debilidades que jamás fueron superadas, además de ser un proceso muy centralizado en Bogotá y en el gobierno nacional. De otra parte, el marco jurídico de este proceso se adoptó muy posteriormente al inicio del proceso mismo, en esa desmovilización no se contempló la exigencia del gobierno a la comandancia de las autodefensas de que desmontaran la estructura y las actividades ilícitas. Entonces esas estructuras y esas actividades ilícitas pervivieron y quedaron en manos de los mandos medios, que hoy son los grandes capos en el país; y son ellos los que están agenciando esta nueva oleada de violencia que estamos viviendo.

Tercero, las autoridades nuestras hoy tienen una gran impotencia para controlar la actividad de bandas y combos que actúan en la ciudad, lo cual se nota en el incremento de la criminalidad.

Además, el resurgimiento de esos grupos emergentes, si bien no se pueden caracterizar como estrictamente paramilitares, sí tienen una connotación de ese tipo en cuanto buena parte de sus integrantes son desmovilizados que le hicieron conejo al proceso de desmovilización. Aunque es importante destacar que estos nuevos grupos emergentes no tienen una clara vocación antisubversiva o antiguerrillera; al contrario, la tendencia es que tanto estos grupos, como una parte de la guerrilla, se identifiquen alrededor de preservar sus negocios ilícitos que los alimentan, como, por ejemplo, el narcotráfico. Y no tiene nada de raro que, por ejemplo, don Mario hoy éste siendo protegido por las Farc en el Urabá chocoano.

Periferia: ¿Por qué es insuficiente la seguridad democrática para garantizar la seguridad ciudadana? Se lo pregunto porque hay opiniones que dicen que lo que pasó en 2002 con la operación Orión fue un pacto tripartito entre el gobierno nacional de Uribe Vélez, recién posesionado, el alcalde Luis Pérez y el Bloque Cacique Nutibara liderado por don Berna, para sacar adelante una prueba piloto de que la política de seguridad democrática sí era efectiva.
Jorge Mejía: Yo creo que indudablemente la operación Orión implicó la consolidación del paramilitarismo en Medellín, precisamente de la mano de esa confabulación o complicidad de sectores de la fuerza pública con don Berna y seguramente sectores de la institucionalidad local. Esa confluencia produjo resultados inmediatos en la comuna 13 pero implicó que en el resto de la ciudad se consolidara un sector armado como las autodefensas con todas las consecuencias que posteriormente hemos vivido en la ciudad.

Ahora, sobre las falencias de la seguridad democrática tienen que ver con el excesivo énfasis que se ha puesto en la confrontación militar con la guerrilla, en considerar que el copamiento territorial es con fuerza pública dejando a un lado la atención a las comunidades que de una u otra manera estuvieron sometidas a la presencia de los paramilitares o de la misma guerrilla; o sea que la inversión social no acompañaba ese copamiento territorial por parte de la fuerza pública, lo que ha permitido que persistan las condiciones sociales, económicas, y culturales que constantemente están alimentando a los distintos grupos armados ilegales por cuanto mucha gente no tiene otra opción para sobrevivir a la de vincularse a esos grupos.

Periferia: ¿Existe o existió en Medellín la llamada “donbernabilidad”?
Jorge Mejía: Yo sí creo que en Medellín en años anteriores ha sido real la existencia de la llamada donbernabilidad, y precisamente uno de los problemas que ha tenido Alonso Salazar luego de su posesión como alcalde fue que él quiso romper con esa modalidad y cuando, en buena hora, decidió romper, se le han presentado los problemas que todos hemos conocido. Se le vinieron encima los paramilitares, igualmente un sector de la clase política tratando de originar procesos de revocatoria de su mandato y en general tratando de impedir el ejercicio de gobierno a nivel local.

En años anteriores se adoptó la actitud de que el conflicto o la paz se pueden comprar, lo que ha sido la tónica por parte de las administraciones anteriores. Comprar en el sentido de darle plata a los delincuentes, y se ha creído que eso es suficiente para garantizar la convivencia y su salida de la criminalidad, lo que no ha sido cierto. Por ejemplo, Luis Pérez planteó que él estaba dispuesto a comprar la guerra, eso fue en las postrimerías de su mandato y creo que durante la administración de Fajardo ocurrió esa misma modalidad. Esa misma visión persistió y, de hecho, hoy es muy clara la situación que se presenta. Tenemos cerca de 5000 muchachos que son financiados con recursos de la administración local; de esos, 3700 desmovilizados que reciben una mesada sin mayor control y entre 1100 y 1500 muchachos que hacen parte del programa de Jóvenes en Riesgo, que también reciben una mesada. Se ha logrado establecer que buena parte de esos muchachos destinan parte de esos recursos para comprar armas.

Mientras tanto, hay otro programa para incentivar muchachos que se destaquen en la actividad académica pero que no tienen ni la remuneración que se le da a los pillos y delincuentes de la ciudad, ni la sostenibilidad que los delincuentes sí tienen. Y es que cada año estos muchachos tienen que estar sometidos a justificar con notas sobresalientes su permanencia en ese programa, lo que no se le exige a los que ya hemos mencionado.

Periferia: Medellín es una ciudad que ha estado en disputa hace muchos años, se la han disputado el narcotráfico, las milicias y el paramilitarismo, entre otras. ¿Por qué es tan importante Medellín?
Jorge Mejía: Yo creo que Medellín es importante por varias cosas. Primero, es un corredor estratégico, por Medellín pasa buena parte de la droga que circula hacia Centroamérica y Norteamérica; igualmente Medellín es un centro muy importante de mercado negro de armas. Además, la cultura de la ilegalidad igualmente es un caldo de cultivo significativo en Medellín; aquí la cultura antioqueña se resquebrajó con la consolidación de expectativas que buscaban resolver rápidamente, y con atajos, el afán de enriquecimiento. Entonces esa quiebra de valores de la cultura antioqueña trastocó en casi 180 grados y se convirtió en una cultura permisiva con la delincuencia, en una cultura sumamente complaciente con la delincuencia en aras de lograr resultados a toda costa. Aquello de que el fin justifica los medios tiene una gran base de apoyo entre nosotros.

Periferia: Hoy Alonso Salazar no puede gobernar. Está enfrentado con sectores de la clase política, enfrentado con sectores muy poderosos de la delincuencia y en la ciudad uno puede sentir que hay quienes lo ven como una víctima de una serie de factores que atentan contra la posibilidad de que pueda gobernar, pero hay otros que dicen que parte de esa situación es responsabilidad de él porque mientras estuvo en la administración de Sergio Fajardo permitió de alguna manera que este tipo de cosas se dieran y no dio la voz de alerta frente a lo que se estaba presentando en Medellín debajo de esa aparente tranquilidad que se pregonaba en la ciudad. ¿Qué nos puede decir sobre eso?
Jorge Mejía: Yo creo que Alonso con muchas dificultades sí ha estado gobernando en Medellín, de pronto le podría ir mejor si no tuviera que dedicar esfuerzos y atención a esas escaramuzas que se le han presentado tratando de ponerle zancadillas a su labor. Sin embargo, reitero que lo deseable es que hubiese habido normalidad porque indudablemente el plan de desarrollo que Alonso Salazar logró aprobar en el Concejo de la ciudad, es un excelente plan de desarrollo, tiene un contenido muy importante para la ciudad, pero ha tenido ese problema.  Lo otro es que al equipo de gobierno le ha faltado más dinamismo, le ha faltado más fuerza, de tal manera que el alcalde no se viera tan sólo, tan aislado. A este equipo le falta experiencia y formación política, lo que en circunstancias tormentosas como las actuales es importante y es necesario. Lo otro es que, lógicamente, Alonso tiene que estar salpicado del pantanero en que estuvo la ciudad en años anteriores, fruto de esa cierta connivencia de la autoridad civil y la fuerza pública con estos sectores ilegales, pero lo importante a destacar aquí es la decisión que tomó, cuando se posesionó como alcalde, de romper toda esa herencia que se traía y que de una u otra manera lo tenía salpicado. Al fin y al cabo no era él quien tenía en sus manos los destinos de la ciudad, no era él quien decidía las políticas públicas que en este campo de la convivencia y la seguridad se adoptaban en Medellín, lo que sí hizo cuando tuvo esa oportunidad.

Periferia: Hay un ambiente muy pesado en Medellín, una sensación de intranquilidad, de inseguridad, de no saber qué va a pasar, esto producto de la confrontación por el poder territorial, del reacomodamiento de diferentes grupos ilegales y del resurgir de lo que en Medellín se ha conocido como los combos. Frente a esta realidad, ¿Cómo podemos mirar a Medellín en el futuro inmediato, en medio de una situación que, aunque la gente no quiera, le está tocando vivir nuevamente?
Jorge Mejía: Otra falencia del proceso de desmovilización, cuyas consecuencias hoy estamos observando, fue la no existencia de un marco jurídico que permitiera atender a los jóvenes que han hecho parte de los combos y las bandas en la ciudad. La ley de justicia y paz y toda la normatividad que hay alrededor de ese proceso básicamente ha estado orientada a atender jurídicamente a los desmovilizados, pero esos otros sectores, esas otras redes que eran reguladas por los paramilitares, no se atendieron, no tuvieron espacio en esa negociación. Por ello, mientras don Berna y compañía tenían las riendas, esas bandas y combos estaban apaciguadas, pero cuando ese control desapareció y se abrió campo para la confrontación y la disputa por el control, se revivió nuevamente la actividad criminal de esas organizaciones. De allí que programas como jóvenes en Alto Riesgo, mientras no exista ese marco jurídico que permita negociar, que permita brindarle alternativas judiciales a los miembros de esas organizaciones, serán programas que no podrán resolver el problema.

El otro asunto es la necesidad de una mayor depuración de la institucionalidad en lo local. Lo ocurrido con la Fiscalía seccional; lo ocurrido con algunos funcionarios de la administración local, desde Mateo el guerrillero de las FARC, que hacía parte de la junta de EPM, hasta Gustavo Villegas y sus vínculos con sectores de la sociedad civil proclives a la delincuencia desde el empresariado y la corrupción que todavía existe en la fuerza pública. Particularmente, en la policía local hay sectores que han sido sumamente complacientes con estos grupos ilegales. Mientras todo ese panorama persista, difícilmente vamos a salir de esta coyuntura.

Tuesday, 10 March 2009 16:50

Cristianismo y revolución

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