Renan Vega Cantor

Renan Vega Cantor

La acumulación por desposesión, basada en la expropiación violenta de los productores directos de sus condiciones de producción, que se presentó en Inglaterra en el momento de formación del capitalismo, entre los siglos XVI y XVIII, no fue exclusiva de esa época y país, sino que desde entonces se reproduce en todos los lugares donde se ha constituido el capitalismo y se sigue presentando hoy, como un mecanismo de funcionamiento de este sistema en su expansión mundial. Eso puede verificarse en Colombia donde se presenta una expropiación masiva de indígenas, campesinos y afrodescendientes, radicalizada desde hace un cuarto de siglo.

Tuesday, 22 November 2011 11:24

Golpe de gracia a la universidad pública

El 5 de octubre de 2011 fue presentado ante el Congreso de la República el Proyecto de Ley 112 que aniquila la Universidad Pública en Colombia. Como respuesta, los estudiantes han organizado un movimiento social de protesta, que se ha extendido a lo largo y ancho del país para oponerse a un proyecto que vulnera el derecho a una educación digna. Este justo paro estudiantil se ha mantenido firme durante varias semanas, porque los estudiantes han comprendido lo lesivo que resulta este Proyecto, como puede verse al examinarlo en forma somera.

Desfinanciación
El proyecto no ataca los problemas estructurales que explican la actual crisis financiera y presupuestal de la universidad pública, en la medida en que no garantiza recursos públicos suficientes para garantizar su funcionamiento. Al respecto, en la Exposición de Motivos se indica que en el lapso 2012-2022 el Estado va a suministrar “nuevos” recursos por un total de 35 billones de pesos. De esta suma, hay que descontar 29 billones que no constituyen nuevas contribuciones, porque simplemente corresponden a los aportes normales que el Estado hace, de acuerdo al artículo 86 de la Ley 30/92, que no se modifica en el proyecto actual sino que se preserva en su artículo 143. Si restamos esos 29 billones quedan 6 billones de pesos, como los “fabulosos” aportes para los próximos 10 años. Si los dividimos por 10, quiere decir que anualmente se va a hacer un aporte adicional de 600 mil millones de pesos.

Esta cifra debe ser repartida en total entre 80 Instituciones de Educación Superior, entre ellas 32 universidades y 29 Institutos Técnicos y Tecnológicos, entidades a las cuales se les distribuirá presupuesto de acuerdo al aumento de la cobertura, como criterio principal, porque se asegura que en los próximos cuatro años se van a crear 646 mil nuevos cupos en la Educación Superior, algo así como el equivalente en número de estudiantes a cinco instituciones tan grandes como la Universidad Nacional.

Subsidio a la demanda
En la típica fórmula neoliberal, el Estado en lugar de asumir la educación como un derecho que debe garantizar a los colombianos, propone como solución el “financiamiento a la demanda”, ya que concibe a la educación como un servicio mercantil. Por eso, dispone que el ICETEX amplíe la cantidad de préstamos para el pago de matricula y crea el Fondo de Permanencia Estudiantil en la Educación Superior con el fin de hacer préstamos a los estudiantes para sus gastos de sostenimiento, con el objetivo de reducir la deserción. En pocas palabras, endeuda a los estudiantes por partida doble. Es llamativo que los “informados” burócratas del MEN no se hayan enterado que este es el típico “paquete chileno” de endeudamiento perpetuo que ha llevado a los estudiantes chilenos a organizar un paro estudiantil que se ha prolongado durante 6 meses.

En rigor, los 4 y medio billones de pesos que el gobierno anuncia para el rubro de préstamos entre el 2012-2022 no constituyen ninguna inversión.

Sólo son préstamos, que deben ser pagados por los estudiantes después de obtener su grado. No importa que se diga que no se les van a cobrar intereses a los estudiantes mientras cursan sus carreras, porque luego, cuando tengan el título, están obligados a pagar de acuerdo a los intereses del mercado. Si no lo hacen, según se dice en el artículo 159, el ICETEX “podrá ejercer el cobro coactivo para hacer efectivo el pago de sus créditos”.

Precarización laboral de profesores y trabajadores
Como parte de la desfinanciación, en las universidades públicas se ha generalizado el trabajo precario de los profesores y empleados y su vinculación por horas cátedra o, por la inconstitucional figura de la ocasionalidad. Esto es tan grave que en muchas universidades el 80% por ciento del personal docente no es de planta, lo que supone que no goza ni de estabilidad, ni de condiciones dignas de trabajo. Con la propuesta de Ley esta situación se perpetúa porque allí se dice que los profesores de cátedra y los docentes ocasionales no son “servidores públicos ni trabajadores oficiales” (artículo 31). En ninguna parte se deja claro qué vendrían a ser los catedráticos y ocasionales, que constituyen el grueso del profesorado de las universidades públicas.  ¿No son ciudadanos con derechos? ¿Son esclavos docentes? ¿Qué tipo de nebulosa figura laboral representan?

Pérdida de la autonomía de las Universidades Públicas
La autonomía de las universidades es un derecho constitucional (artículo 69) que, sin embargo, nunca ha operado en realidad porque los Consejos Superiores son controlados por el gobierno de turno y los rectores tienen la concepción que son funcionarios de esos gobiernos y no los representantes de las comunidades universitarias. En la Ley 30 se estableció una composición antidemocrática y ajena a la realidad de la Universidad, puesto que la mayoría de miembros de los Consejos Superiores no pertenece a la Universidad. Esto es ratificado en el Proyecto actual, en su artículo 48. Además, la autonomía se restringe al máximo en la medida en que el gobierno y el MEN condicionan el presupuesto a la ampliación de cobertura y otros requisitos (con lo cual limitan la autonomía financiera) y crean el Sistema de Calidad de la Educación Superior, mediante el cual se determina la Acreditación de Alta Calidad y se autoriza el uso del nombre y denominación de “Universidad”.

Para completar, ahora se establece que para conceder el título de pregrado los estudiantes deben aprobar un Examen de Estado de Educación Superior en el que se evalúan las competencias genéricas y específicas, “de acuerdo con el criterio que establezca el gobierno nacional” (artículo 68). De esta forma, se pierde la autonomía académica y la libertad de enseñanza de las universidades, porque ahora los planes y programas deben estar sujetos a los criterios de competencias fijadas por el gobierno, que se basan en discutibles indicadores cuantitativos de rendimiento y evaluación fijados por el mercado y por los arbitrarios rankings  de clasificación de las universidades.

A comienzos del siglo XX, el humorista y cuentista O. Henry, cuyo nombre era William Sidney Porter (1862-1910), inventó el término de República Bananera (Banana Republic) para resaltar la entrega de la soberanía y de la riqueza de un territorio a una empresa extranjera. Después ese vocablo ha sido empleado para referirse a la postración de un país determinado ante los amos imperialistas del norte. El calificativo se aplica a las mil maravillas al régimen santista, que ni en el terreno de la política exterior ni en ningún otro se diferencia del uribismo, como quieren hacernos creer. No es difícil demostrar que el santismo viene rubricando con sus acciones que somos una Republíqueta Bananera, como puede verse con la postura adoptada ante Palestina en el seno de la ONU, un hecho indigno y vergonzoso.

Monday, 19 September 2011 19:00

Cinco grandes mentiras sobre el 11-s

Por estos días se repite la versión oficial de los gobernantes de los Estados Unidos sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los medios de comunicación de todo el mundo como loros amaestrados repiten dicha versión, sin cuestionarla en lo más mínimo y dándola por cierta. Todas las críticas a la versión oficial, debidamente argumentadas y con sólidos fundamentos, son acalladas con el calificativo ligero de que se trata de teorías conspirativas. Decir esto en realidad es un chiste de quinta categoría, porque si hay alguna teoría conspirativa, difícil de creer, es la que desde el mismo día de los acontecimientos dio el gobierno de George Bush II.

“La verdad está tan ensombrecida en estos tiempos, y la mentira tan extendida, que, si no amamos la verdad, no sabremos reconocerla”. Blaise Pascal

 

Esa versión, en pocas palabras, afirma que varios terroristas de la red Al Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden, secuestraron cuatro aviones que mantuvieron en su poder durante dos horas volando en el espacio aéreo de los Estados Unidos  y luego los estrellaron contra el World Trade Center y el Pentágono. Como resultado del impacto de los aviones se derrumbaron las torres gemelas y fue averiada la parte baja del edificio del Pentágono. Es casi imposible encontrar en la historia de la humanidad una patraña semejante, plena de falsedad y manipulación. Por todo esto, es necesario recordar algunas de esas grandes mentiras.

PRIMERA MENTIRA: Los atentados del 11 S fueron organizados por Al Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden.
Es significativo que a pocas horas de los atentados se supiera con tanta claridad, y sin realizar ninguna investigación independiente, que el organizador de los atentados fuera el magnate de Arabia Saudita Osama Bin Laden y una pretendida red terrorista bautizada como Al Qaeda. Para comenzar, Bin Laden fue preparado y financiado por la CIA desde los tiempos de los muhadines en Afganistán, y el 10 de septiembre de 2001, el día anterior a los atentados, como está debidamente probado, estaba hospitalizado en un centro médico de la CIA en Rawalpindi, una ciudad de Pakistán, reponiéndose de un problema renal.

En cuanto a Al Qaeda se refiere, resulta difícil creer en su existencia independiente, es decir, como una red terrorista con ramificaciones mundiales que puede atentar contra intereses de Estados Unidos casi en cualquier lugar del planeta. Eso es algo imposible de realizar en nuestro tiempo, al margen del apoyo de un poderoso Estado, en razón de lo cual no se requiere mucha imaginación para concluir que Al Qaeda es un invento de la CIA u otro nombre en clave de la CIA. Adicionalmente, el propio Ben Laden negó en varias ocasiones ser el responsable de los atentados y la voz que en una oportunidad se los atribuyó era una burda falsificación, realizada por servicios secretos de los Estados Unidos. Otro hecho adicional que cuestiona la responsabilidad del millonario Saudita radica en afirmar que desde unas cavernas de Afganistán, sin ningún medio de comunicación y sin poder disponer de grandes cantidades de dinero, urdió, financió y preparó durante años los atentados del 11 S. Algo insostenible en estos tiempos de control  tecnológico y financiero casi absoluto.

SEGUNDA MENTIRA: Varios comandos suicidas, formados por 19 terroristas islámicos, secuestraron cuatro aviones y los hicieron estrellar contra los objetivos escogidos, el World Trade Center y el Pentágono. 
Resulta patético constatar que el mismo día de los atentados se estableciera con precisión la identidad de los responsables y además se descubriera que esos individuos habían preparado las acciones terroristas en propio suelo de los Estados Unidos, durante varios meses. ¿Cómo así que se les identifica fácil y rápidamente luego de los atentados pero nunca se les detectó cuando vivían en Estados Unidos, donde se matricularon en cursos de aviación? De los 19 aeropiratas que, según dijeron las propias autoridades de los Estados Unidos, secuestraron los aviones y se inmolaron con ellos, seis están con vida.

Se podría argüir que sólo es una coincidencia de homónimos. Sin embargo, los nombres de los supuestos terroristas venían acompañados de fotografías y de datos personales muy precisos, que no dejaban ninguna duda sobre la identidad de los acusados. La información sobre los seis supuestos piratas que sobrevivieron a las acusaciones, fue suministrada por la BBC de Londres el 23 de septiembre de 2001. ¿Y si eso es así, por qué la versión oficial de los Estados Unidos nunca se modificó y sigue sosteniendo el estribillo de los 19 terroristas árabes que estrellaron los aviones?

Otros datos reveladores tienen que ver con la preparación que efectuaron los supuestos terroristas suicidas en escuelas de aviación de los Estados Unidos. Testimonios tanto de instructores como de otras personas que participaban en esos cursos son reiterativos en señalar que aquéllos eran tan torpes, sin ninguna actitud práctica para maniobrar una aeronave, que difícilmente podrían manejar un avión de juguete. Y sobre individuos tan limitados se nos ha dicho que fueron capaces de mantener durante dos horas unos aviones secuestrados en el espacio aéreo de los Estados Unidos –el más militarizado del mundo- y con una impresionante precisión y frialdad realizaron maniobras que sólo hubieran podido efectuar pilotos expertos, tales como estrellarlos contra las torres gemelas. Un dato complementario que no deja de sorprender radica en que dos  de los supuestos secuestradores fueron entrenados en la Estación Aérea de la Marina de Estados Unidos en Pensacola, Florida. ¿Qué se puede pensar de esto?

TERCERA MENTIRA: Las torres gemelas del World Trade Center se derrumbaron como resultado del impacto de dos sendos aviones en las horas de la mañana del 11 S.
Tal vez las imágenes más vistas en la historia de la humanidad corresponden al momento en que se estrellaban los aviones contra las torres del WTC y al momento empezaron a caer, como si fueran de juguete, las gigantescas construcciones. Al ver esto, de manera inmediata se asocia la caída con el impacto, eso es lo que capta nuestro sentido común, algo que en apariencia no puede ser discutido. Pero vaya engaño, porque no ha sido la primera vez en la historia que algún avión se ha estrellado contra edificios y éstos no se han derrumbado, aunque si se han incendiado en la zona del impacto. Como es apenas normal, un terrible choque, como el de grandes aviones, tiene que afectar esas construcciones, pero no a tal punto de derribarlas como si fueran castillos de naipes.

Hoy se sabe con exactitud que la demolición no fue producida por el choque, sino por una deflagración preparada de antemano y que se hizo coincidir con el impacto de los dos aviones. Equipos de arquitectos, ingenieros, expertos en explosivos han estado averiguando lo que sucedió y en diversos estudios han concluido que era físicamente imposible que las torres se fueran al piso como resultado del choque, porque las temperaturas que se produjeron tras el impacto no alcanzaron el nivel necesario para fundir o debilitar la estructura de acero que sostenía los edificios, y porque, salvo las demoliciones controladas, nunca antes ni después se había visto una caída libre en la que los pisos inferiores, con todo su peso en hormigón y acero, no ofrecen ninguna resistencia a los pisos de arriba.

Si eso no era posible, entonces algo diferente provocó el derrumbe y eso fue una explosión. Para ello se utilizó un explosivo llamado nanotermita que si se combina con algún oxidante puede cortar el acero en segundos, como si se tratara de mantequilla caliente. En efecto, residuos de ese explosivo fueron encontrados en el polvo cercano al lugar donde estaban las torres. Además, la nanotermita produce un color similar al que se desprendió en el momento del choque contra la torre 2. Una cuestión complementaria indica que ese explosivo tan sofisticado sólo puede ser manejado en los Estados Unidos por sectores ligados al complejo militar. Como lo ha dicho el científico danés Niels Harrit, quien comprobó sin ninguna duda que en los atentados se empleo nanotermita: “Esta sustancia ha sido únicamente preparada con contratos militares, en Estados Unidos y probablemente en los principales países aliados. Es una investigación militar secreta y seguramente no fue preparada en una cueva de Afganistán…”

Pero como si todo esto fuera poco, lo más contundente e inexplicable en la versión oficial está relacionado con el hecho indiscutible que, en realidad, no fueron dos sino tres los edificios que se cayeron en el complejo del WTC. En efecto, a las 5 y 30 de la tarde del 11 S, o sea, 9 horas después de la caída libre de las dos torres principales, se derrumbó la llamada Torre 7, situado a escasos 100 metros de la torre norte, siendo que contra ella no se estrelló ningún avión. ¿Por qué esa misteriosa Torre 7, de unos 47 pisos, se fue a tierra si no recibió impacto alguno? ¿Por qué se cayó muchas horas después del choque de los dos aviones y de manera similar como si fuera producto de una demolición? Es obvio que este suceso no puede ser explicado en el contexto de la “teoría oficial” del 11 S y por eso se procede a ocultarlo y por ello nadie habla de esa incomoda Torre 7.

CUARTA MENTIRA: El Pentágono fue impactado por un avión comercial poco después del ataque a las Torres Gemelas.
Esta afirmación no se sostiene de ninguna manera, porque resulta imposible que en este caso hayan dejado de operar las  leyes físicas al suponer que el choque fue de tal magnitud que todo se pulverizó hasta desaparecer por completo. Porque, en efecto, del pretendido avión no quedaron restos ni huellas de ningún tipo, ni partes de los cuerpos de la tripulación o de los pasajeros. No quedó nada, ni vidrio, ni caucho, ni los metales de los que se hacen los aviones, ni los motores, ni las cajas negras, las que, según la versión oficial, se fundieron.

Lo raro del caso estriba en que cuando se produce un accidente de avión quedan desperdigados a cientos de metros restos del fuselaje, de los asientos y de las maletas de los viajeros. Al mismo tiempo, diversas pruebas fotográficas, imágenes y testimonios  comprueban que es físicamente imposible que un avión se hubiera estrellado contra el Pentágono, porque cómo explicar que un Boeing de cien toneladas de peso, de 38 metros de largo, y 13,60 metros de alto a una velocidad de 800  kilómetros por hora se clavara contra el piso y sólo provocara un orificio de unos 5 metros de lado a lado y el césped que se encontraba a la entrada del edificio quedara completamente intacto.

Esto no quiere decir, desde luego, que el Pentágono no hubiera sido impactado, claro que lo fue, pero no por un avión, sino por un misil, como lo prueba el tamaño del orificio de entrada y el tipo de daños que produjo ya que atravesó por lo menos seis muros de hormigón. ¿Si fue un misil, porqué se sostiene, sin ningún tipo de evidencias, que fue un  avión el que se estrelló contra el Pentágono? ¿Qué pasó en realidad con el Boeing 757 que había sido secuestrado una hora antes? ¿Cómo lo hicieron desaparecer? ¿Qué les aconteció a sus tripulantes y pasajeros?  Donald Rumsfeld, Halcón de Guerra y Secretario de Defensa (sic) de los Estados Unidos en el momento del ataque al Pentágono dijo en forma textual el 12 de octubre de 2001 que un “misil se estrelló y dañó este edificio”. ¿Sólo un lapsus o una confesión de parte?

QUINTA MENTIRA:
Un cuarto avión que fue secuestrado y que iba a ser estrellado contra un objetivo determinado se estrelló porque sus pasajeros se sublevaron e impidieron que se realizara el atentado previsto.

Como la versión que se impuso sobre los atentados se hizo copiando los guiones de baja calidad de la industria cinematográfica de Holywood, no podía faltar la nota sentimentaloide y heroica sobre el sacrificio que supuestamente llevaron a cabo ciertos estadounidenses durante los trágicos sucesos del 11 S. Al respecto se sostuvo que el cuarto avión secuestrado, el vuelo 93 de United Airlines, se había estrellado en Pensilvania por la acción decidida de los pasajeros.

La pretendida prueba de esta aseveración: varias llamadas telefónicas hechas desde los teléfonos celulares que portaban los pasajeros del avión en donde le contaban a sus familiares en tierra lo que estaba aconteciendo en su terrible odisea aérea. Esas llamadas se hicieron cuando el avión volaba a 10 mil metros de altitud. Como parte de un pésimo guión hollywoodense el invento está muy bien, el único problema es que es falso de principio a fin, porque sencillamente en el 2001 las técnicas de telefonía celular por entonces existentes no permitían que se realizaran comunicaciones a esa altura.

Las afirmaciones centrales de la versión dominante sobre lo que pasó el 11 S son falsas de principio a fin, hasta el punto que se han encontrado 145 mentiras e inexactitudes en uno de los  informes oficiales sobre los atentados. Esto no nos sorprende porque Estados Unidos ha hecho suya la máxima nazista que reza que una mentira de tanto ser repetida se convierte en verdad. Además, y esto es lo importante, el 11 S se convirtió en el pretexto añorado por el imperialismo estadounidense que le ha permitido, con la compañía de todos sus lacayos y sirvientes en el planeta, invadir, bombardear y masacrar pueblos, para apropiarse de su petróleo y recursos naturales, a nombre de la “guerra contra el terrorismo”, que según los anuncios de los ideólogos del terror infinito va a durar cien años, lo cual quiere decir que al planeta le esperan otros noventa años de “conmoción y pavor”.

Orientación bibliográfíca: Para la elaboración de este artículo nos hemos basado en el libro de Éric Raynaud, 11 S. Las verdades ocultas, Editorial Akal, Madrid, 2010,  254 páginas.

Cuando se acaba de conmemorar otro 20 de julio, entre marchas militaristas y patriotismo barato de la oligarquía vende patria de este país, es bueno recordar en esta oportunidad otro 20 de julio, del que nadie ha hablado, cuando fueron masacrados los artesanos y habitantes pobres de Bogotá por la policía nacional. Eso sucedió hace un siglo, en 1911, y es hoy un hecho casi olvidado de la historia colombiana. Pero la memoria de esta trágica jornada nos muestra que, en el ámbito de la represión y la intolerancia política y religiosa, poco ha cambiado Colombia en los últimos 100 años.

La llamada ley de Víctimas es un decreto demagógico e insustancial que no ataca los problemas de fondo que han originado la tremenda impunidad que encubre el terrorismo de Estado, entre otras razones porque el Estado no asume ninguna responsabilidad en la violencia, como si hubiera sido, y lo siguiera siendo, una mansa paloma. En la mencionada ley se incurre en el esperpento de señalar que hasta los militares forman parte de las víctimas (Artículo 3, parágrafo 1o). Tamaño despropósito no se compadece con la historia de horror en que se han visto involucrados los cuerpos represivos del Estado en los últimos 50 años, sobresaliendo como el hecho más reciente los denominados “falsos positivos”, un nombre elegante para referirse al asesinato de más de tres mil colombianos por parte del Ejército.

 

Wednesday, 15 June 2011 15:01

¡Por la boca muere el pez!

En Colombia se ha llegado a tales niveles de impunidad criminal que se han vuelto un ritual burocrático los reconocimientos que ciertos personajes famosos hacen de sus acciones delincuenciales, sin que eso tenga ningún tipo de implicaciones penales, por aquello de que la justicia opera solamente para los de ruana. El asunto es más grave cuando ese reconocimiento lo efectúan altos funcionarios del Estado, entre ellos el personaje que funge como Presidente del país.

El pasado primero de mayo Barack Obama, flamante criminal de guerra que se aloja en la Casa Blanca, dio la noticia del asesinato de Osama Bin Laden por parte de un comando especial de matones del Pentágono. La versión original que hablaba de una acción tipo hollywoodense, en la que los “valientes muchachos” de los Estados Unidos habían matado en un recio combate al líder de Al Qaeda, poco a poco se ha ido demostrando falsa, porque hasta tal punto los altos voceros del régimen de Obama han modificado la versión que, hasta ahora, sobre lo sucedido han presentado por lo menos cinco relatos diferentes.

Tuesday, 12 April 2011 19:00

La bacrim de los uribeños

Cuando a comienzos de enero de este año, se conoció la noticia sobre el asesinato de dos estudiantes de la Universidad de los Andes en zona rural del Departamento de Córdoba, círculos gubernamentales declararon que ellos sabían quiénes eran los responsables de tal crimen. Los voceros del actual gobierno afirmaron que había sido una Banda Criminal (BACRIM) que opera en el norte del país y que respondía al nombre de los URABEÑOS.

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El primero de mayo próximo le será concedida la beatificación a Karol Józef Wojtyla, alias Juan Pablo II; este es el paso previo hacia la santificación que le otorgará la iglesia católica. Este proceso de beatificación ha sido verdaderamente relámpago, si se recuerda que antes se necesitaban décadas e incluso siglos para que un miembro del culto católico fuera declarado Santo o, más difícil todavía, Santa, por aquello del machismo congénito de esta religión.

 

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