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Internacionalistas conocieron vulneraciones a los DDHH en Magdalena Medio y Sur de Bolívar Destacado

Colón cruzó el Atlántico motivado por la avaricia, pero los nueve internacionalistas españoles que durante estos días navegaron por los brazuelos del río Magdalena y se internaron en las estribaciones de la Serranía de San Lucas, llegaron a Colombia para demostrar que les preocupa la reactivación del conflicto interno, denunciar ante el Estado español y la comunidad internacional la vulnerabilidad en la que se encuentran los liderazgos sociales y los procesos organizativos, y comprobar que es falso, tal como se cree en Europa, que Colombia atraviesa su época más pacífica de la historia.

Entre el 16 y el 18 de septiembre, los abogados, periodistas, y los defensores de derechos humanos españoles que integran la Caravana Internacionalista -organizada por Paz con Dignidad, Fedeagromisbol y el Cisca-, se reunieron con lideresas, campesinos, jóvenes, mineros, y autoridades del Magdalena Medio y el Sur de Bolívar, dos regiones golpeadas entre los años 80 y 90 por el paramilitarismo, y en la primera década del 2000 por la represión militar y estatal.

Aunque la nueva oleada de violencia tiene como protagonistas al ELN, grupos paramilitares y a la Fuerza Pública, las causas estructurales siguen siendo las mismas de siempre: el petróleo, los minerales, los corredores estratégicos y la cohesión social y organizativa presente en los territorios.

Pareciese que en estas regiones se apaga la luz de esperanza que trajo consigo lo firmado entre el Gobierno y las FARC. En repetidas ocasiones, diferentes voces del Sur de Bolívar y el Magdalena Medio manifestaron desesperanza y preocupación por el incumplimiento en los programas contenidos en el Acuerdo de Paz, el incremento del microtráfico y la prostitución, las amenazas a mujeres víctimas de falsos positivos y a candidatos a alcaldías y concejos, los abusos de las autoridades, y la persecución judicial.

Después de escuchar a funcionarios delegados por la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría para estas regiones, queda entre los caravanistas la sensación de que estos no hacen lo suficiente para salvaguardar los derechos humanos, tomar medidas eficientes que mitiguen las consecuencias de tal conflicto social, y se escudan en una exagerada imparcialidad cuando de repudiar el paramilitarismo se trata. Los funcionarios alegan que hacen todo aquello que la ley les exige. Además, admiten que el capital humano y su capacidad de decisión no basta para recuperar el control administrativo de la zona.

Justamente -a diferencia del terror que traía en los bolsillos Colón- los Internacionalistas esperan que su visita sirva para que se fortifiquen y se reinventen todas esas expresiones organizativas golpeadas y amenazadas por el conflicto. Entre el 20 y el 22 de septiembre, ese mismo propósito esperan esparcirlo por el Catatumbo.

 

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Acerca del Autor

Juan Alejandro Echeverri