Edición 114 Febrero - Marzo 2016

Calentamiento global y desigualdad social extrema

0

Enero de 2016 ha sido un mes terriblemente caluroso en el mundo y también en Colombia. Algunos datos lo demuestran: en España la temperatura ha estado 2.3°C por encima de lo normal; en Argentina se registraron las temperaturas más altas del último medio siglo, por encima de los 40°C; en Bogotá se alcanzó una temperatura record de 25.6°C y en Puerto Salgar el termómetro rebasó los 45°C, la temperatura más alta registrada en algún lugar del país en todos los tiempos.

Mientras el planeta tierra se calienta en forma peligrosa, el 18 de enero la ONG Oxfam dio a conocer un informe sobre la desigualdad en el mundo, en la que señala que el 1% de la población mundial (los supermillonarios) tienen tanta riqueza como el 99% restante; 62 potentados poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad más pobre de la humanidad) y la riqueza en manos de esas 62 personas se incrementó en un 44% en los últimos cinco años. Colombia es, a su vez, uno de los países más desiguales del mundo: el 10% de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40% más pobre; 32% de la población es pobre, con ingresos inferiores a 200 mil pesos mensuales y solamente el 2.4% de personas tienen ingresos superiores a 2,7 millones de pesos mensuales; con razón el economista Thomas Piketty acaba de decir en una conferencia dictada en Bogotá que “la desigualdad en Colombia es una de las más altas del mundo”.

A primera vista estas dos informaciones –la de un calor abrasador sin precedentes y la acumulación de la riqueza en manos de unos cuantos individuos– no tendrían nada que ver la una con la otra. Sin embargo, están íntimamente conectadas en una estrecha relación que vale la pena desentrañar, ya que el “misterio” subyace en la esencia del funcionamiento del capitalismo realmente existente.

Ya está establecido que el calentamiento global es el resultado de la producción incrementada de determinados gases, denominados por eso mismo Gases de Efecto Invernadero (GEI), entre los cuales se encuentran el Dióxido de Carbono (CO2), el metano (CH4), vapor de agua y óxido nitroso como los más importantes. A su vez, los GEI se incrementan en la medida en que cada día se producen más mercancías de todo tipo (empezando por automóviles, aviones, barcos, aparatos microelectrónicos). Crecen las ciudades o surgen nuevas; en China en los últimos 25 años han aparecido 160, cada una de ellas con un millón de habitantes, y de esa forma se arrasan los ecosistemas y se destruyen y contaminan las fuentes de agua. Aumentan los viajes y el uso de transportes que consumen energías fósiles. Se industrializa y petroliza la agricultura, y se acaba con las economías campesinas. Se producen a gran escala mercancías desechables, que suponen el consumo destructivo de plástico, papel, cobre y mucho más. En fin, se generaliza la producción de mercancías, pero no con el propósito de satisfacer las necesidades humanas, sino para incrementar las ganancias de los empresarios capitalistas.

Para producir esas mercancías se requieren grandes cantidades de materiales, minerales y energía, principalmente petróleo. Extraer tanto los minerales como el petróleo resulta muy costoso en términos ambientales y humanos, puesto que se destruyen los lugares donde se almacenan esos depósitos de riqueza geológica y se arrasa con las sociedades que allí se encuentran. Esa búsqueda insaciable de nuevas reservas de energía y materiales, en un planeta con recursos limitados, tiene efectos devastadores sobre los ecosistemas y la base natural del planeta, empobreciendo a millones de seres humanos, mientras enriquece a una minoría, formada por los mismos dueños de las empresas de los sectores que contaminan el mundo, y generan la mayor cantidad de GEI.

En efecto, si se observa el listado de las empresas más ricas y poderosas del mundo, como lo hace la revista FORBES, que cada año publica una clasificación de las cien primeras, encontramos que entre las del sector petrolero, Exxon Mobil tiene un beneficio neto de 30.5 miles de millones de dólares, la Royal Dutch Shell, 20.1, y la Chevron, 19. Ese listado se puede extender a los sectores informático, automotriz, transporte aéreo, financiero, agrícola, y comercio mayorista, donde se confirma la misma lógica de grandes ganancias, a costa de la mayor parte de los seres humanos, explotados y empobrecidos, y a la destrucción del medio ambiente.

Al conocer esta realidad, no resulta difícil constatar que son esas mismas empresas, y los multimillonarios que se mueven alrededor de ellas, los primeros en negar el cambio climático y en sostener que no hay de qué preocuparse, porque si se acaban los recursos y la energía en la tierra, nos podemos trasladar a Marte o a cualquier otro planeta del sistema solar. En breve, puede decirse que las empresas capitalistas y los supermillonarios se dedican a destruir y calentar el planeta, buscando aumentar sus ganancias, sin importar el destino de los seres animales y las diversas formas de vida generadas durante millones de años de evolución.

Agitación y educación política del semanario Frente Unido

Previous article

El Coordinador Nacional Agrario mandata por la paz con cambios

Next article
Login/Sign up