Conmemorar la afrocolombianidad es rendir homenaje a un grupo de seres humanos conformado por más de cuatro millones de personas, según el último censo del DANE. Sus raíces, provenientes de África, han vitalizado y enriquecido la diversidad cultural del país.
Celebrar la afrocolombianidad es reconocer la libertad legada por los cimarrones que desde los siglos XVII y XVIII se resistieron, logrando consolidar “Palenques” como espacios de libertad en medio de la esclavitud de la época, defendiéndolos con su vida y su cultura traída de África. Además, es reconocer que desde estas épocas nos quedan orgullosamente en la memoria colectiva, prácticas libertarias como la fuga, las revueltas, la resistencia, la sublevación, la danza y otras formas complejas de defensa para enfrentar formas guerreristas de represión, y así cuidar estos primeros territorios independientes.
Festejar la afrocolombianidad es engalanar las raíces que han urdido rebeldías en este territorio y recordar que miles de hombres y mujeres fueron sometidos a vivir la esclavitud en Colombia y otros lugares del mundo, pero también es recordar que esos mismos seres se revelaron y lograron una emancipación que hoy les pone en un lugar de dignidad, lugar que comparten con el movimiento social y popular, con los obreros y las obreras, con los campesinos y las campesinas, con estudiantes y artistas que tejen la historia de esta nación en las calles, en el campo, en el barrio, en la periferia; levantando sus voces y luchando por un país verdaderamente libre de todas las esclavitudes. Festejar la afrocolombianidad es agradecer el aporte más grande de la población afro que habita nuestro país y el mundo: su lucha contra la esclavitud, su rebeldía y sus conquistas que han sido triunfos para las democracias, para la cultura y para la vida.
Enaltecer la afrocolombianidad, es recordar que fue el 21 de mayo de 1851 durante el gobierno de José Hilario López, que se decretó la abolición de la esclavitud en Colombia. Y con la Constitución Política de 1991 se reconoce la construcción de un país multicultural y pluriétnico en donde “(…) las razas, colores, creencias e ideales no pueden ser un pretexto para la exclusión”. Es reconocer que pese a ello, a la fecha aún se observan cientos de casos de discriminación e injusticia hacia las comunidades afrodescendientes.
Para hacer memoria en este mes de mayo y reivindicar la afrocolombianidad, es oportuno tener presentes los siguientes datos:
· Importantes investigaciones coinciden en que el origen de la humanidad se ubica en África, en las Islas Negras, concretamente en la Melanesia, que es como decir melanina.
· La ONU proclamó en el año 2011 el decenio de la afrodescendencia (2015- 2024) como un reconocimiento a los múltiples aportes que ésta población ha hecho a la humanidad, respondiendo a las conquistas y reivindicaciones del movimiento afro mundial, con el fin de promover su plena inclusión y luchar contra la discriminación racial, la xenofobia, la exclusión social y económica, entre otras.
· En la Constitución Política colombiana de 1991, se plantea que “el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación (…)” (Art. 7), “(…) promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados” (Art. 13), siendo declarada anticonstitucional la Ley 89 de 1890, “por la cual se determina la manera como deben ser gobernados los salvajes que vayan reduciéndose a la vida civilizada”.
· Aun en la actualidad, según múltiples estudios, a ojos vistas, como se dice coloquialmente, la población afrodescendiente todavía tiene un acceso limitado a servicios de educación, salud de calidad, vivienda, seguridad social, etc. Además, son bajos sus niveles de participación política, tanto a la hora de ejercer el voto como en el ejercicio de cargos políticos.
Mayo, con herencia ancestral africana, nos invita a vivir, sentir y reconocer en las entrañas de nuestra historia prácticas, expresiones, lugares, palabras que narran a un pueblo, a un grupo humano, a una etnia, a una cultura como son: el malecón, la selva, los ríos, los cantos africanos, el bochinche, el corrinche, turbantes, túnicas, guarapo, la toma seca, el viche, el tumbacatre, el arrechón, la piangua, el carapacho de jaiba y el arroz clavado.
Mayo de conmemoración, nos invita a alzar nuestras voces junto con los sonidos de los ríos o el mar; erguir nuestros cuerpos con el ritmo en los hombros y las caderas; al ritual de levantamiento de tumbas; al canto de los alabaos; al ritual de los gualíes. Nos invita a entretejer historias que llenan de color el trasegar por esta Colombia, nación en construcción hacia una nueva alborada. Nos invita a fortalecer el tejido social roto y a conjurar tristezas de manera colectiva, por los muchos años de conflicto, mediante la recuperación de la memoria y la identidad cultural de nuestro “terruño” que se viste de muchos colores, y allí lo afro es dialecto, ritmo, sonidos naturales de los territorios, anhelos y esperanza como salida al dolor y propuesta para una paz duradera.
Para concluir, vale la pena poner en las palabras y en la memoria de lectores y lectoras, algunos nombres de seres que han contribuido a la defensa de los derechos de la población afrodescendiente en Colombia y el mundo, para que los tengan presentes, para que investiguen sobre sus aportes o simplemente para reconocerlos cuando los lean o escuchen nombrar:
Candelario Obeso, Jorge Artel, Manuel Zapata Olivella, Delia Zapata Olivella, Jaime Mercado Junior, Amalia Lú Pozzo Figueroa, Almirante Prudencio Padilla, Nelson Mandela, Malcom X, Martin Luther King, Patricio Lumumba, Benkos Biohó, Tony Morrison (Nombre literario de Chloe Anthony), Ángela Ivonne Davis,
Hija de nómadas de Somalia, Waris Dirie, Wangari Maathai, Juan Vicente de la Cruz, Langton Hughes, Martín de Porres, Manuel Ezequiel Corrales, Sofonías Yacup, Guiomar Brand, Leonor Zape, María Mandinga, Sabas Mandinga, Roberto Burgos Cantor, Oscar Collazos.
Y finalmente una invitación: a partir de hoy, ahora mismo, miremos con ojos de cercanía y de pueblo a esa mujer, o a ese hombre afros que se cruzan con nosotros y nosotras por las calles de nuestra ciudad, con quienes pisamos el mismo suelo y encarnamos las mismas luchas.