El Instituto Lingüístico de Verano (ILV) es uno de los responsables de la persecución contra estas culturas. Este instituto, bajo el manto del evangelio protestante, conformó grupos de exploradores para llevar la “civilización” a los pueblos indígenas que se encontraban en aislamiento voluntario, o que aún conservaban sus culturas. (Para mayor información sobre el ILV pueden leer la entrevista al Antropólogo José Marín González: El Fundamentalismo protestante es el peor enemigo de los indígenas de América Latina. http://www.servindi.org/archivo/2005/201. o bajar el libro: ¿Pescadores de Hombres o Fundadores de Imperio? El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina. http://www.nodulo.org/bib/stoll/ilv0a.htm). Sus tácticas de penetración iban desde arrojar regalos hasta introducir el evangelio en sus propias lenguas, luego que los investigadores lograban descifrarlas. De esta manera transformaban sus cosmovisiones de respeto por la naturaleza en consumo y acumulación de riqueza.
Precisamente el pueblo Huaorani, en las selvas del Yasuní, fue uno de los escogidos para la colonización protestante de ILV. La riqueza de sus tierras, considerada la reserva biológica más grande del mundo (con cerca de un millón de hectáreas) es el refugio de los pueblos libres que se encuentran entre Ecuador y Perú. Acción Ecológica estima que en una hectárea de bosque del Yasuní; habría mayor diversidad de especies maderables que en todo Norte América.
En un primer momento resistieron la penetración de las petroleras y madereras. Incluso asesinaron a cinco norteamericanos que intentaron penetrar su territorio. Pero esto aceleró el proceso evangelizador de los “Aucas” (palabra que en Kichwa significa salvaje). De esta manera se produjeron divisiones dentro de las castas Huaoranis. Aunque también propiciaron alianzas importantes. Los Taromenanes, por ejemplo, que habitan hacia el Perú, cruzaron sus familias con los Tagaeris, luego de ser atacados desde un helicóptero en la década del sesenta, pese a ser enemigos históricos. Desde entonces los Tagaeris y los Taromenanes recorren las selvas del Yasuní sin contacto alguno y atacan a cualquiera de estos grupos, ya sean campesinos colonos o indígenas (especialmente kichwas) al servicio de las empresas petroleras de la zona.
Sus ataques se remontan a 1971, cuando fue asesinado un cocinero de la petrolera Western en el río Tivacuno. En 1984 el jefe Taga atravesó con su lanza a Dagua Kichwa, que trabajaba para las petroleras, pero antes de morir Dagua asesinó a Taga de un disparo. De allí viene el nombre de los Tagaeris. Sin embargo, su ataque más sonado se produjo en julio de 1987, cuando fueron estacados el padre Alejandro Labaca y la monja colombiana Inés Arango de la misión capuchina que tiene su sede en Aguarico (Ecuador).
Catorce años después (cuando muchos los daban por extinguidos) reaparecieron estos “errantes de la selva” con el asesinato de dos indígenas Kichwas. Estos ataques provocaron el desplazamiento de los colonos del Yasuní. Pero la sed de dinero de las empresas originó un conflicto mayor, armando a los indígenas colonos para que exterminaran a los pueblos que se oponen a sus intereses. Tanto así que en el 2003 fuertes denuncias se produjeron por la matanza de cerca de 30 indígenas Tagaeris (entre hombres, mujeres y niños) por sus hermanos de sangre que ahora trabajan para las petroleras y madereras.
Ahora las luchas ancestrales que se desarrollaban en las selvas de la región amazónica están mediadas por los intereses transnacionales, ávidos de sus riquezas naturales en biodiversidad y minerales, en cualquiera de los nueve países que la conforman.
Amparados en el mega proyecto de la Iniciativa para la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), en su eje Amazonas, pretende penetrar las selvas indómitas de Perú, Ecuador, Brasil y Colombia para crear una serie de hidrovías que conecten a los océanos del Atlántico con el Pacífico. Una de estas hidrovías es la de Manta con Manaos que tendrá una serie de carreteras que conectarán al puerto de Esmeraldas con el río Napo, en la Amazonía ecuatoriana. Hay trechos de carreteras que pasarán por parques nacionales, como el Llanganates, mientras el puerto de la localidad de Belén es construido en las márgenes de la Reserva Biológica de Limoncocha y del Parque Nacional Yasuní, considerado una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta y hábitat de pueblos indígenas en aislamiento voluntario.
La IIRSA prevé la ejecución de 507 grandes obras en 20 años, con una inversión total estimada de 70 mil millones de dólares. De estos 21.2 mil millones de dólares ya están siendo invertidos en 145 proyectos.
Es decir, lo que está en juego con los megaproyectos hacia la Amazonia es el extermino de los pueblos ocultos, de sus culturas y sus cosmovisiones. Si dejamos que este nuevo capítulo pase sus hojas por la historia sin contemplación, habrán desaparecido los reductos de una civilización que resistió con dignidad el colapso del modelo de desarrollo que nos tiene al borde de una catástrofe humanitaria sin precedentes. Será un paso más hacia el vacío, sin derecho a retroceder en el círculo sagrado de la vida.